La economía circular: ¿podemos aprovechar los residuos?
La economía circular parte de una premisa tan sencilla de entender como difícil de aplicar. Si el esquema productivo que prima actualmente se fundamenta sobre la producción, el consumo y desechar los residuos —un enfoque lineal—, el circular plantea algo muy diferente: que la mayor cantidad posible de residuos sean reaprovechados. Así, también, se limitaría su generación, y el consumo estaría más orientado a la durabilidad que a adquirir un nuevo producto al más mínimo inconveniente.
Esto tiene incluso derivadas geopolíticas. Ahora mismo uno de los grandes problemas para los países europeos, por ejemplo, es la gran dependencia de materias primas o de largas cadenas de suministro. De implementarse un enfoque basado en la economía circular, la menor necesidad de este tipo de materiales reduciría la exposición comunitaria a minerales estratégicos como el litio, el coltán o las tierras raras.
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Incluso países como China han apostado por este enfoque. En Pekín son conscientes de que su modelo económico, basado en una voracidad de materias primas que poder transformar en sus fábricas, les ha hecho muy dependientes del comercio. Al mismo tiempo, la poca sostenibilidad de su modelo ha convertido a la potencia asiática en el país más contaminante del mundo en CO2.
Es evidente que cambiar de moldeo exige pensar de otra manera. Nuestras sociedades actuales siguen unos esquemas consumistas que no priman —ni premian— el reciclaje, el consumo responsable o reducir la generación de residuos.
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