Chile, un espejismo de estabilidad
Cuando se habla de América Latina es común que suenen palabras como «inestabilidad», «violencia» o «crisis». Sin embargo, Chile se ha posicionado durante décadas como la gran excepción del continente: una economía estable, crecimiento sostenido y gobiernos aparentemente tranquilos. Pero esta imagen de calma esconde profundas grietas: la sombra de la dictadura, una desigualdad estructural, las ansias de cambio y el descrédito de las instituciones ponen en entredicho ese espejismo de estabilidad que ha caracterizado al país austral.
En nuestro último episodio de «No es el fin del mundo» exploramos cómo Chile ha oscilado constantemente entre la reforma y la reacción, un péndulo político que viene marcando su historia desde el golpe contra Salvador Allende hasta el presente. Ahora, entre la primera y segunda vuelta electoral que definirá el futuro inmediato del país, resulta fundamental entender este movimiento pendular y qué nos dice sobre el estado actual de la democracia chilena.
Del sueño de Allende a la pesadilla de Pinochet
La historia reciente de Chile no puede entenderse sin el Gobierno de Salvador Allende y su «vía chilena al socialismo». Como analizamos en profundidad en el episodio, Allende llegó al poder en 1970 con un programa de nacionalizaciones y reformas sociales que pretendía transformar el país por medios democráticos. Su proyecto, sin embargo, chocó con la oposición interna, la inestabilidad económica y, fundamentalmente, con el intervencionismo estadounidense en plena Guerra Fría.
El golpe de Estado de 1973 no solo terminó con el Gobierno de Allende, sino que inauguró una de las dictaduras más brutales del Cono Sur. Durante 16 años, Augusto Pinochet combinó una represión sistemática —que incluyó la Operación Cóndor y miles de desaparecidos— con un experimento neoliberal radical de la mano de los llamados «Chicago Boys». Los economistas formados en la Universidad de Chicago convirtieron al país en el laboratorio del neoliberalismo, privatizando todo lo privatizable: desde las pensiones hasta la educación superior. Esta transformación económica creó el «milagro chileno» en términos macroeconómicos, pero profundizó dramáticamente la desigualdad social.
En el episodio exploramos cómo esa dualidad —crecimiento económico y desigualdad extrema— sigue siendo el gran dilema no resuelto de Chile. La privatización de la educación, las pensiones y la salud, todas ellas blindadas por la Constitución de 1980 heredada de la dictadura, mantienen al país como el más desigual de la OCDE. Esta herencia dictatorial es precisamente lo que sigue alimentando la polarización actual.
El péndulo entre Boric y Kast: ¿hacia dónde va Chile?
Las protestas masivas de 2019 fueron la expresión más reciente de ese descontento acumulado. Lo que comenzó como manifestaciones estudiantiles contra el aumento del transporte público escaló rápidamente hasta convertirse en el mayor cuestionamiento del modelo chileno en democracia. La respuesta fue la promesa de una nueva Constitución, un proceso que, como detallamos en el podcast, fracasó en dos ocasiones.
Gabriel Boric llegó a la presidencia en 2021 como la encarnación de las esperanzas de cambio surgidas del estallido social. Su victoria parecía marcar el inicio de una nueva era progresista para Chile, con promesas de transformación profunda del modelo heredado de Pinochet. Sin embargo, el fracaso del proceso constituyente en dos ocasiones consecutivas y la percepción de inseguridad creciente —aunque Chile sigue siendo uno de los países más seguros de la región— han erosionado su legitimidad. Ahora, Chile se encuentra ante la posibilidad de que José Antonio Kast, representante de la derecha radical y abierto reivindicador del pinochetismo, acceda al poder en las elecciones de diciembre.
El auge de Kast no es un fenómeno aislado, sino que se enmarca en la ola global de derechas radicales que hemos visto en Brasil con Bolsonaro, en Argentina con Milei o en Estados Unidos con Trump. Como analizamos en el episodio, su discurso combina ultraconservadurismo social, defensa del modelo neoliberal y una reivindicación del orden autoritario frente al «caos» democrático. La pregunta que queda flotando es si Chile podrá finalmente romper con ese péndulo entre reforma y reacción, o si está condenado a repetir el ciclo indefinidamente.
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