30 años del genocidio de Ruanda
Hace treinta años estalló uno de los episodios más cruentos de la historia global: el genocidio de Ruanda. Más de 800.000 personas, en su mayoría tutsis, fueron asesinadas en apenas cien días. Un estallido de odio que marcó a la región de los Grandes Lagos y obligó a la comunidad internacional a reflexionar sobre su rol en sucesos así.
El genocidio de Ruanda no se puede entender sin mirar a la historia colonial del país y a las divisiones artificiales que se fijaron en la sociedad. La llegada de los europeos a la región alteró las dinámicas sociales de la zona. Los alemanes y, posteriormente, los belgas proyectaron su visión étnica sobre la sociedad ruandesa. Dividieron como dos etnias diferenciadas a hutus y tutsis, tradicionalmente dos clases económicas y políticas. Esto estableció el caldo de cultivo para los enfrentamientos posteriores.
El genocidio tuvo un alcance regional. Los enfrentamientos durante el periodo de independencia de Ruanda en los años sesenta hicieron que muchos tutsis huyeran hacia países vecinos. Fue desde allí desde donde organizaron los ataques que desataron la guerra civil de los noventa y que desembocaría en el genocidio de 1994. Países como la República Democrática del Congo aún hoy siguen sufriendo las consecuencias: campos de desplazados, grupos armados y conflictos regionales.
Actualmente Ruanda se ha convertido en una potencia en África con una fuerte proyección internacional. Sin embargo, sigue gobernada por el mismo hombre que se hizo con la victoria tras el genocidio: Paul Kagame. Kagame gobierna con mano firme el país, ha instrumentalizado el genocidio para afianzar su poder en Ruanda y en la región. En “No es el Fin del Mundo” analizamos el genocidio de Ruanda y las consecuencias que ha tenido.
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