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México busca un nuevo presidente

México busca un nuevo presidente
Fuente: Presidencia de México

El próximo 1 de julio los mexicanos están llamados a votar para elegir al nuevo presidente. Estos comicios suponen el final del mandato de Enrique Peña Nieto, que deja numerosas cuestiones políticas y sociales pendientes. Todas las encuestas señalan como claro favorito a Andrés Manuel López Obrador, lo que supondría que por primera vez en más de 70 años el nuevo jefe del Estado no pertenecería a uno de los dos grandes partidos.

Cada seis años México se mira a sí mismo ante el espejo de las elecciones, el momento idóneo para hacer repaso de las vicisitudes que ha afrontado el país en los últimos años. Estos comicios tienen la peculiaridad de celebrarse en un contexto de enorme volatilidad política. Todos los sondeos señalan una victoria clara de López Obrador, quien se presenta como el candidato alternativo a las dos grandes fuerzas hegemónicas —el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Acción Nacional (PAN)—. La carrera presidencial se está convirtiendo en una carrera a tres entre López Obrador, Ricardo Anaya y José Antonio Meade.

El 1 de julio los casi 90 millones de mexicanos inscritos van a poder elegir no solo al nuevo presidente de la república, sino también a los 500 diputados que forman el Congreso y los 128 senadores federales. También se abren las urnas en 30 estados para renovar congresos locales, gobernadores y alcaldías. Algunos de ellos son Chiapas, Jalisco, Veracruz, Tabasco, Yucatán o Ciudad de México. En este último caso, tras la reforma constitucional de 2015, los residentes de la gran área metropolitana podrán elegir al gobernador, diputados de la asamblea local y 16 alcaldes para las nuevas demarcaciones territoriales, que sustituyen a las antiguas delegaciones.

Si bien la atención internacional se está centrando en la disputa por la presidencia, el proceso electoral mexicano es enormemente complejo y va a definir la distribución del poder nacional a todos los niveles institucionales. Estos comicios se producen en un año marcado por importantes acontecimientos políticos en Latinoamérica, con elecciones en Venezuela, Colombia, Brasil, Paraguay o Costa Rica y el cambio de presidencia en Cuba. Los resultados a lo largo de este año pueden conducir a un mapa regional cada vez más heterogéneo, donde ya no predomine claramente una tendencia política.

Para ampliar: “América Latina en 2017: el viraje continúa”, Esther Miranda en El Orden Mundial, 2017

Convocatorias electorales de América Latina en 2018. Fuente: Perú21

La crisis del régimen priista

La política mexicana está compuesta por una gran variedad de partidos políticos que abarcan todo el espectro ideológico y distintas sensibilidades. Debido al número de formaciones y colectivos en el sistema mexicano, a la hora de abordar unas elecciones el candidato no se presenta por unas siglas concretas, sino que lidera una confluencia de partidos. En estas elecciones también se da la oportunidad de que se presenten candidatos independientes, no adscritos a ningún partido, si consiguen reunir las firmas necesarias ante el Instituto Nacional Electoral. La carrera por la presidencia del país, una gobernación o un Ayuntamiento comienza mucho antes de los comicios. Normalmente, los partidos inician el proceso de elección del candidato un año antes. Posteriormente se produce la negociación para constituir candidaturas multipartidistas, que suelen agrupar partidos con un programa político parecido. La campaña electoral dura aproximadamente tres meses; durante esta, los candidatos con menos apoyos terminan renunciando, lo que provoca que la disputa termine dándose entre dos o tres nombres.

La Historia reciente de México no puede ser entendida sin el papel protagonizado por el PRI. Oficialmente, México es uno de los sistemas democráticos más longevos y duraderos de Latinoamérica, aunque durante más de 70 años ha estado dirigido por un único partido: desde la década de los 30, todos los presidentes habían pertenecido al PRI. Además, los priistas consiguieron el control de todas las gubernaturas y principales ciudades durante más de 50 años. La estructura del partido arraigó en el propio funcionamiento del Estado. Aunque el tiempo ha demostrado que no siempre el PRI gana todas las elecciones, su organización sigue siendo el actor principal de la política y sociedad mexicanas.

A principios de los noventa se apreció un agotamiento del poder hegemónico del PRI. Las siglas comenzaron a perder elecciones locales y regionales hasta el año 2000. En esa fecha, Vicente Fox, el candidato del PAN, acabó con el dominio priista. Al sexenio de Fox le siguió otro presidente del PAN en 2006, Felipe Calderón, lo que ahondó más en la crisis de liderazgo y divisiones dentro del PRI. El PAN, fundado en 1939, fue durante décadas el principal partido de la oposición, con un tinte más conservador que el PRI. En 1989 surgiría el tercer gran partido mexicano, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), que ha intentado representar una alternativa más de izquierdas a las otras grandes formaciones.

Existen muchos otros partidos en México, como el Partido del Trabajo, el Partido Ecologista, Movimiento Ciudadano o Nueva Alianza, de creación más reciente y que intentan canalizar el descontento de gran parte de la población con los partidos más tradicionales. En este sentido surgió en 2011 el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), una plataforma creada para la candidatura a la presidencia para 2012 de López Obrador, que retoma de nuevo un papel principal en estas elecciones. La mayoría de estas formaciones comparten un mismo discurso contra la corrupción, la violencia y el desprestigio de la clase política, si bien desde diferentes posiciones ideológicas. Esta creciente atomización de la política mexicana junto a una dinámica social más contestataria son reflejo de un régimen con signos de agotamiento. En 2012 Enrique Peña Nieto volvió a recuperar la presidencia para los priistas, con muchas más dificultades de lo esperado. Queda por ver qué ocurrirá si el 1 de julio es elegido otra vez un candidato no perteneciente a la familia del PRI.

Para ampliar: “La crisis política, los movimientos sociales y el futuro de la democracia en México”, Alberto Olvera, 2016

La herencia de Peña Nieto

El 1 de diciembre de 2018 Peña Nieto cederá la banda presidencial al vencedor de las elecciones federales de julio. Con este gesto dejará atrás seis años de presidencia y más de 20 años dedicados a la actividad política. Ganó las elecciones de 2012 frente a López Obrador y Josefina Vázquez Mota por el PAN. La jornada electoral y las semanas posteriores estuvieron marcadas por las denuncias de fraude electoral, lideradas por el movimiento estudiantil #YoSoy132, que supuso la primera gran oposición social al líder mexicano.

La agenda política de Peña Nieto ha estado caracterizada por el empeño en aplicar grandes reformas para atajar algunos de los problemas más importantes. Estas intenciones quedaron inicialmente planteadas en el Pacto por México, un acuerdo firmado por las tres grandes fuerzas políticas —PRI, PAN y PRD— con un consenso de mínimos para abordar conjuntamente temas como la reforma educativa, una mayor democratización del sistema político, la lucha contra la pobreza, cambios en el sector energético y de telecomunicaciones, así como en el sistema fiscal, y la lucha contra el crimen organizado.

Para ampliar: “El narcotráfico en México, historia de un fracaso político”, María Fernández Sánchez en El Orden Mundial, 2017

Como la mayor parte de los presidentes de México, la popularidad del inquilino de Los Pinos ha pasado por altibajos. La figura del político no ha sido ajena a las sospechas de corrupción, que en ocasiones han afectado a miembros de su entorno más cercano. El caso de la constructora brasileña Odebrecht, cuyos directivos supuestamente sobornaron a diferentes dirigentes latinoamericanos y financiaron campañas para obtener facilidades en contratos públicos, afectó al PRI y a los principales coordinadores de la campaña del presidente. A ello hay que añadirle algunos escándalos que salpicaron a la primera dama, Angélica Rivera, en relación con propiedades en México y Florida que la relacionaban con constructoras que optaban a la licitación de obras públicas.

Economía mexicana golpeada por el crimen.

Las cuentas pendientes que deja Peña Nieto son variadas. Sus políticas centradas en la educación y universidad dejan un ambiente enfrentado con los principales representantes estudiantiles y profesorado. A ello hay que sumarle los intentos de reforma del mercado laboral y los altos índices de pobreza y desigualdad, cerca del 44% de la población. Aunque las previsiones económicas son optimistas, con un crecimiento en torno al 2,8%, la incertidumbre crece ante las conflictivas relaciones con Estados Unidos. Pero el tema más apremiante para el país es la inseguridad y la violencia organizada. 2017 fue uno de los años más violentos en la Historia reciente del país, con cerca de 80 asesinatos al día y sin que se haya encontrado una solución.

Para ampliar: “México: hacia una segunda transición”, Vicenç Sanclemente en Real Instituto Elcano, 2013

La carrera hacia la presidencia

“A la tercera va la vencida” es el dicho recurrente que podría utilizarse actualmente para López Obrador. El candidato de 65 años se afianza cada vez más como el favorito en la encuestas, sin que parezca que su respaldo electoral se resienta según se acercan los comicios. López Obrador tiene un amplio bagaje en la política mexicana; ya optó a la presidencia en 2006 y 2012. En la última ocasión, las sospechas de irregularidades cometidas por el PRI lo convirtieron en uno de los referentes políticos de los sectores sociales más críticos con el sistema.

Fue gobernador del Distrito Federal entre 2000 y 2005, cuando se granjeó una gran popularidad. Con el paso de los años ha ido perfilando su figura política como el estandarte independiente del sistema mexicano, especialmente combativo contra las prácticas del PRI y el PAN. Las principales propuestas de su candidatura apelan a la indignación y descontento de gran parte de la sociedad mexicana, con temas como la corrupción, la pobreza, la desigualdad o los servicios sociales. Sus claras opciones de victoria se cimentan en el hecho de que ha sabido llegar con un discurso sencillo y directo a segmentos de la ciudadanía en los que imperaba la desafección política. Plantea una tercera vía con posibilidades reales de superar a las fuerzas tradicionales, erigida como la única salida posible para aquellos que desean una renovación profunda del país. El resto de contrincantes no han sabido, por el momento, hacer sombra a sus planteamientos, por lo que comienza a existir un convencimiento generalizado de que esta vez López Obrador logrará la presidencia.

El segundo en los sondeos es Ricardo Anaya Cortés. Con 39 años, es el aspirante más joven a la presidencia. Su carrera tiene enormes similitudes con Peña Nieto, con una trayectoria política muy cuidada dentro del PAN. Sus inicios se remonta al 2000 como diputado local en Querétaro; a partir de ahí fue ascendiendo en el organigrama del partido hasta llegar a diputado nacional. En 2015 se hizo con la presidencia del PAN sin apenas oposición interna y a finales de 2017 fue confirmado como candidato a la presidencia. Su carrera parecía estar escrita para alcanzar el bando presidencial este año, convertido en el candidato idóneo de los sectores conservadores y liberales; sin embargo, tras meses de campaña no ha conseguido acercarse a López Obrador.

El programa de la coalición que lidera Anaya pone énfasis en la cuestión de la seguridad. Además, se presenta como adalid de la lucha contra la corrupción, la principal sombra del PRI, y se distancia de las premisas económicas de López Obrador. Sabe que con estas propuestas puede distinguirse de los otros candidatos. No obstante, pese a recurrir a un discurso que asocia estabilidad y centrismo a su nombre, sigue sin atraer más votos. Su principal problema está en que la credibilidad del PAN está tan tocada como la del PRI y que existe un líder carismático a la izquierda que ha sabido construir su imagen alejado de la política tradicional mexicana.

José Antonio Meade Kuribreña, de 49 años, es el tercer candidato en liza, si bien las encuestas señalan que está muy alejado de los dos anteriores. Su carrera profesional de ha estado ligada a las secretarías de Hacienda y Energía. Con la llegada al poder de Peña Nieto en 2012, pasó a tener nuevas responsabilidades directas en el gabinete del presidente en Relaciones Exteriores, posteriormente Desarrollo Social y luego en Hacienda. Pese a no ser militante del PRI, en 2017 logró postularse como candidato con el respaldo directo del presidente.

Los principales problemas del candidato son estar acompañado por las siglas priistas y haber formado parte del gabinete de Peña, impopular para muchos por sus políticas y por las sospechas de corrupción. El programa electoral de Meade recoge medidas a favor de la igualdad de género, mejorar el sistema de sanidad pública y combatir la pobreza y la desigualdad. Pese a todo, si se confirma su tercer puesto en las próximas elecciones, vendría a representar uno de los peores escenarios para el PRI, que se vería en una situación parecida a la de hace 18 años. Pero la responsabilidad no sería directamente de Mease, sino de todo un partido con signos claro de desgaste y agotamiento, incapaz de reconectar con las bases de su electorado.

Para ampliar: “Elecciones en México: prueba de fuego democrática”, Aldo Adrián Martínez-Hernández en Política Exterior, 2018

Promedio de los sondeos para la presidencia de México. Fuente: El País

El futuro de los Estados Unidos Mexicanos

El Instituto Nacional Electoral aprobó la celebración de tres debates electorales en abril, mayo y junio. La retirada de Margarita Zavala de la carrera presidencial puede reportar unos votos más a Anaya, ya que ambos habían intentado obtener el respaldo del PAN para la campaña. Ahora la carrera a la presidencia se ha reducido a cuatro candidatos: López Obrador, Anaya, Meade y Jaime Rodríguez Calderón, el Bronco, exgobernador de Nuevo León, que se presenta a estas elecciones como independiente y sin el respaldo de una gran plataforma política. En los debates, los tres últimos aspirantes se esforzaron en atacar al gran favorito, López Obrador, sin que sirviera realmente para contrarrestar sus programas.

Las posibilidades de López Obrador parecen afianzarse cada vez más. Su discurso apela a las clases populares y al descontento acumulado con el PRI y el PAN durante años. En las últimas semanas, Meade ha conseguido crecer en las encuestas a costa de Anaya; los dos parecen luchar por hacerse con la imagen del candidato moderado frente a la tendencia izquierdista de López Obrador. Meade lo tiene realmente complicado debido a la desgastada imagen del PRI, aunque se esfuerza por alejar su imagen de las siglas. Por su parte, Anaya no está consiguiendo movilizar a todos los sectores conservadores y liberales para contrarrestar el empuje social de López Obrador.

La agresiva política de Donald Trump con respecto a México está muy presente en estas semanas de gira electoral, convertido en uno de los temas centrales. Lidiar con el vecino estadounidense será uno de los retos del nuevo presidente. Sobre la mesa también tendrá temas como la pobreza, el sistema educativo, la corrupción y, sobre todo, la violencia organizada. Ningún presidente de la Historia reciente ha conseguido generar el mínimo consenso para abordar estas cuestiones y el pueblo mexicano mira al futuro con resignación. El nuevo inquilino de Los Pinos no solo tendrá que dirigir un país con numerosos problemas, sino también un estado de ánimo nacional anclado en el pesimismo.

Para ampliar: “Liderazgo político: el caso de Andrés Manuel López Obrador en el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena)”, Rosendo Bolívar Meza, 2017

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