La Llama Verde contra la corrupción de Odebrecht

Cientos de dominicanos se congregaron en el Parque Independencia (Santo Domingo) para encender la ‘Llama Verde’ de fin de la corrupción, 19 de marzo de 2017. Fuente: Hispanistan.tv

El 15 de mayo de 2016 Danilo Medina revalidaba su cargo de presidente de la República Dominicana convertido en uno de los líderes más carismáticos del Caribe. Pocos meses después, estallaba la noticia de corrupción de la empresa brasileña Odebrecht y sus lazos con distintos Gobiernos de la región, incluido el país dominicano. Esto ha provocado una contestación social sin precedentes en la isla, protagonizada por el movimiento Llama Verde, que intenta promover cambios políticos hacia una mayor transparencia y rendición de cuentas de los cargos electos.

Aquella tarde del 16 de mayo de 2016 salió exultante al escenario que miraba a la avenida Sarasota de Santo Domingo, donde le esperaban centenares de seguidores emocionados por la contundencia del resultado. Lo había vuelto a hacer: había hecho Historia al superar en apoyo electoral a referentes políticos dominicanos como Juan Bosch o Leonel Fernández. Después de unas interminables horas de intenso recuento en la noche del domingo y la mañana del lunes, se confirmaba lo que todos los sondeos llevaban semanas anunciando: Danilo Medina repetiría como presidente de la República Dominicana por un segundo mandato tras postularse como claro ganador de las elecciones con más del 61% de los votos escrutados. El candidato centrista del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) se reafirmaba como uno de los líderes caribeños más populares y carismáticos del momento.

Arropado por su mujer, sus tres hijas y su equipo de campaña, el economista de 65 años miraba a la multitud con un inusitado optimismo y con la seguridad que le daban unas elecciones que habían sido el espaldarazo definitivo a su gobierno. En los carteles, en las pantallas de televisión y en las camisetas y gorras de sus acólitos se podía leer “Danilo Medina presidente. Siempre con la gente”. Los cuatro años anteriores de gobierno habían estado protagonizados por un crecimiento sin igual de la economía, que había alcanzado cotas cercanas al 7%, lo que lo convertía en el país referente de la zona. La presumible buena gestión realizada, junto a las innumerables políticas sociales y programas de cooperación realizados, le habían granjeado la simpatía de la mayoría de la sociedad dominicana.

Danilo Medina asume su segundo mandato el 16 de agosto de 2016. Fuente: AFP

El afamado dirigente se prometía una legislatura tranquila, con su partido controlando las dos cámaras, así como las principales provincias y ciudades del país. Además, las perspectivas sobre la economía seguían siendo enormemente favorables; solo el problema de los miles de haitianos desplazados y las presiones internacionales por la polémica medida de restringir el acceso a la nacionalidad iban a ser —supuestamente— sus mayores complicaciones. Nadie imaginaba en aquel escenario de caras felices y de palabras llenas de ilusión que unos meses después todo el sistema político de la nación y la credibilidad del presidente llegarían a estar tan en entredicho.

Para ampliar: Biografía de Danilo Medina Sánchez, Roberto Ortiz de Zárate en CIDOB, 2016

Odebrecht, el imperio de América Latina

En poco menos de un año, Marcelo Odebrecht pasó de codearse con las principales personalidades de Latinoamérica y Europa, participar en foros y reuniones mundiales del más alto nivel y erigirse como uno de los hombres más poderosos del Cono Sur a ocupar una pequeña celda de la prisión de la policía federal en Curitiba. Su imagen esposado y rodeado por agentes armados, que le escoltaban hacia los tribunales para escuchar su sentencia, se convirtió en la imagen icónica de los graves problemas de corrupción que habían sacudido a la república brasileña durante décadas. Odebrecht había sido uno de los apellidos más importantes de la nación carioca y daba nombre a una de las mayores empresas de construcción e infraestructuras de toda América Latina.

Marcelo Odebrecht, camino del juicio sobre el caso Lava Jato el 8 de marzo de 2016. Fuente: EFE

Desde los años cuarenta del siglo pasado, el clan Odebrecht se había hecho un hueco en los poderosos círculos de poder brasileños, tanto en la dictadura como en la democracia, gracias a una empresa familiar convertida en un gran imperio de negocios. Gracias al empeño de su economía y a la celebración del Mundial de fútbol y los Juegos Olímpicos, una parte importante de las construcciones e infraestructuras realizadas en los últimos tiempos en Brasil llevaban el reconocible sello de Odebrecht. Más aún, del brazo de la ambiciosa política exterior de Lula da Silva y Dilma Rousseff, esta marca había logrado hacerse un hueco en los principales mercados de la región y asentarse en más de 25 países por todo el mundo, con cerca de 128.000 empleados y unos ingresos brutos aproximados de más de 40 mil millones de dólares.

En 2014 comenzó a descubrirse que este aparente éxito empresarial escondía numerosos puntos oscuros y unas cuantas dudas que resolver. En marzo de ese mismo año, la policía federal brasileña arrestó a cerca de una treintena de personalidades del mundo político y empresarial próximas a la gestión de la compañía estatal Petrobas que presuntamente habían creado una trama de corrupción dedicada al desvío de fondos públicos. Ese número de acusados no dejaría de crecer en los tres años siguientes. Altos ejecutivos de la empresa petrolera y otras constructoras, como Odebrecht, se dedicaron aparentemente desde principios de 2000 a orquestar una amplia red de corrupción en la que se amañaban contratos de obra pública a cambio de cuantiosos sobornos, que se repartían entre funcionarios y políticos de diferentes cargos y partidos.

Aunque esta corruptela se había iniciado durante el segundo Gobierno del conservador Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), todo parece señalar que alcanzó su máximo apogeo durante los Gobiernos de Da Silva (2003-2010) y Rousseff (2011-2014). Las rápidas pesquisas fueron llenando los titulares de periódicos de nombres de políticos y empresarios cada vez más relevantes, cercando a la presidenta del país y su antecesor en el cargo. Un año después de comenzar con las detenciones e imputaciones, en un episodio inaudito en la democracia sudamericana, la policía entraba en la casa del exmandatario para llevarlo a comisaría y someterlo a un intenso interrogatorio de más de cuatro horas.

La fiscalía ha sabido jugar la baza de la negociación y reducción de condena con muchos de los implicados si facilitaban más información sobre el caso. De esta manera, los agentes consiguieron en tan poco tiempo detener a figuras de renombre del país, incluidos los máximos dirigentes de la empresa Odebrecht. En junio de 2015 los jueces encontraron culpable al entonces director ejecutivo Marcelo Odebrecht de sobornar sistemáticamente a altos funcionarios y políticos en favor de contratos con la Administración Pública. La condena inicialmente iba a ser de 19 años, pero el empresario decidió colaborar con las autoridades a cambio de una reducción.

Cuando se supo que Odebrecht y sus principales asesores iban a facilitar información sensible a la policía brasileña y el FBI, que también participa en la investigación, el nerviosismo se apoderó de la mayoría de gabinetes presidenciales de toda América Latina. El gigante de la construcción no sólo había dominado la esfera brasileña, sino que había extendido sus tentáculos por los países vecinos. En pocas semanas, como si fueran fichas de dominó, se sucedieron nombres de candidatos, dirigentes y presidentes de Gobierno que de una manera u otra se veían salpicados por lo que ya era conocido como el caso Odebrecth, uno de los mayores casos de corrupción internacional y que afectaba directamente a República Dominicana.

Para ampliar: Lula y Dilma, Marilena Chaui y Sader Emir, Traficantes de Sueños, 2014

La Llama Verde que ilumina la isla

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos; los expresidentes de Perú Alejandro Toledo, Alan García y Ollanta Humala, el entorno de los Kirchner y del actual presidente argentino Mauricio Macri, la petrolera mexicana Pemex, funcionarios e intermediarios en Panamá, Venezuela y Ecuador… Estos son solo algunos ejemplos que han ido saliendo a la luz en los últimos meses relacionados directa o indirectamente con el caso Odebrecht. La empresa brasileña contaba con un departamento internacional dedicado exclusivamente a facilitar contactos con los principales responsables políticos de cada país y supuestamente negociar el pago de sobornos para la adjudicación de obras.

El presidente de la República Dominicana se vio afectado tras la detención a finales de febrero del asesor político brasileño João Santana, un reconocido publicista que había trabajado con numerosos candidatos políticos. Mantenía una estrecha amistad con los expresidentes brasileños, había aconsejado personalmente a Hugo Chávez, Nicolás Maduro o al presidente angoleño José Eduardo dos Santos. También había participado en las campañas presidenciales de Medina en 2012 y 2016; se le consideraba un hombre muy próximo al presidente y habituado a trabajar en el mismo palacio presidencial. Las principales líneas de investigación parecen apuntar a que João Santana era uno de los intermediarios y conseguidores con los que contaba Odebrecht para acercarse a las estructuras de poder de los distintos países.

Manifestación en Santiago de los Caballeros el 26 de marzo de 2017. Fuente: Diario Libre

Una de las sospechas fundamentales es que la empresa Odebrecht financió, a través de un complejo entramado que pasaba por paraísos fiscales y empresas ficticias, las campañas electorales de algunos candidatos, tanto en Brasil como en otros Estados de la zona, con el propósito de abrirse así la puerta a la adjudicación de grandes obras e infraestructuras públicas. Danilo Medina, los expresidentes Leonel Fernández (1996-2000) e Hipólito Mejía (2000-2004) y algunos altos cargos de la Administración comenzaron a estar bajo la atenta mirada de la opinión pública dominicana. Mientras la Procuraduría General de la República —es decir, la fiscalía— llegaba un acuerdo económico con la compañía en compensación por los reconocidos sobornos que había realizado, el pueblo dominicano comenzó a movilizarse en un gesto sin precedentes en la democracia del país.

La mañana del 22 de enero miles de personas abarrotaron la plaza de la Independencia en Santo Domingo, convocadas por la Marcha Verde, una plataforma creada por varios foros ciudadanos, asociaciones e intelectuales del país que tenía entre sus máximas reclamaciones la identificación y condena de todos los funcionarios sobornados por Odebrecht, la recuperación del dinero del soborno después de una auditoría independiente, la cancelación de los contratos públicos con la empresa, la creación de una Comisión Especial contra la Impunidad bajo el amparo de Naciones Unidas y que la Cámara de Cuentas presentara un informe del patrimonio de presidentes, ministros y demás altos funcionarios.

La capacidad de concentración de la Marcha Verde desbordó todas las expectativas, tanto de los organizadores como del propio Gobierno, lo que acrecentó el ánimo de los participantes de llevar sus acciones más allá de la manifestación. En los meses siguientes ha ido creciendo el respaldo social a este movimiento, que a su vez ha ido ampliando sus demandas, ya no únicamente centradas en el caso Odebrecht. Cuando a mediados de marzo una llama recorrió el país, custodiada por ciudadanos de a pie vestidos de verde, el mensaje quedaba totalmente nítido: una parte importante de la población quería que el sistema político y judicial dominicano se consolidara como una democracia consistente, en la que la corrupción y la mala praxis no volvieran a ser la costumbre.

La Llama Verde prende en Santo Domingo el 19 de marzo de 2017. Fuente: AFP

Aunque la estrategia del Gobierno ha sido la de dejar pasar la polémica para que se desvanezca entre interminables e incongruentes procesos judiciales, las voces críticas en la calle, redes sociales y medios de comunicación no han dejado de crecer. A pesar de trascurrir ya varios meses, la Llama Verde sigue teniendo un considerable apoyo social; su falta de una estructura y organización definida le impiden plasmarse institucionalmente, pero sus objetivos son compartidos por tantos ciudadanos dominicanos que resulta imposible que un partido o líder puede capitalizarlos por sí mismo. No es una cuestión meramente partidista o un ataque directo al presidente Medina; es un asunto que afecta directamente a los pilares del sistema democrático del país, y quienes gobiernan no pueden desatenderlo. El pueblo dominicano ya ha evidenciado que está dispuesto a salir a la calle y prender la Llama Verde las veces que sean necesarias para romper definitivamente con la tradición lampedusiana de aparentar que toda cambia para que todo siga igual.

Para ampliar: Más allá del “resort”. Descubriendo República Dominicana, Santiago Tejedor Calvo, 2008

 El futuro no se escribe en el silencio

El verde, color que simboliza esperanza, ha inundado las principales ciudades dominicanas y llegado a las conciencias de sus ciudadanos. La Llama no es un acto circunstancial, surgido espontáneamente ante un problema concreto, sino que representa un movimiento social mucho más profundo y con atisbos de no difuminarse en el tiempo. La sociedad de este país caribeño está sufriendo importantes transformaciones demográficas, culturales y políticas que anuncian que el siglo XXI en República Dominicana será bien distinto a todo lo acontecido durante las décadas pasadas. Los dirigentes políticos ya no pueden actuar del mismo modo que antes, porque la mirada de sus compatriotas es mucho más crítica y deja claro que el inmovilismo y la pasividad no serán nunca más sus señas de identidad.

Las mareas verdes que recorren la parte oriental de la isla son reflejo de una sociedad que crece en cultura democrática y en ética cívica. Los ciudadanos dominicanos ya no se conforman exclusivamente con unos Gobiernos que les aseguren unos servicios mínimos; sus exigencias se elevan hacia requerimientos de mayor transparencia, participación y rendición de cuentas. Las pancartas de las manifestaciones señalaban tanto al actual presidente como al sistema político y judicial, del que la mayoría desconfía o siente una alta desafección. La falta de una reacción contundente por parte de los responsables políticos y judiciales ante el caso Odebrecht ha supuesto el punto definitivo para que el malestar social se canalice más allá de las instituciones tradicionales —partidos y sindicatos— para saltar a la calle en una corriente transversal y heterogénea de la que participan ciudadanos de distinta clase y procedencia.

La Llama Verde intenta alentar una nueva visión de entender la política tanto por parte de los cargos electos como de los votantes. La opacidad y el clientelismo en que muchos casos ha funcionado la Administración Pública dominicana ha empezado a encontrar una fuerte resistencia y contestación, que exige con determinación cambios en este modelo democrático dañado. La credibilidad de Danilo Medina, de toda la clase política y de la justicia dominicana está pendiente de su respuesta ante este problema, que no solo trata de la diligencia de los recursos públicos, sino también de poner fin a la erosión constante de unos principios y valores entendidos como fundamentales. El futuro se escribe con una nueva tinta que quiere recomponer la patria de las hermanas Mirabal.

Para ampliar: La fiesta del chivo, Mario Vargas Llosa, 2006

 

Acerca de David Hernández 9 Articles
Madrid, 1991. Doctorando en Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Máster en Economía Internacional y Desarrollo (UCM). Especialista en geopolítica, comunicación y estrategia política y gobernanza.

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