Los estrechos marítimos de Turquía, el Bósforo y los Dardanelos, son dos puntos estratégicos que conectan el mar Negro con el Egeo y el Mediterráneo, funcionando como la única vía de salida marítima para cuatro países: Bulgaria, Rumania, Ucrania y Georgia. Además, son clave para el tránsito de los hidrocarburos rusos, pues el 40% de la producción bruta de petróleo de Rusia atraviesa este enclave.
Con cerca de 436.400 km², el mar Negro actúa así como puente entre las rutas comerciales de Europa y Asia, especialmente aquellas centradas en el transporte de recursos energéticos procedentes del mar Caspio. Los estrechos, por tanto, son un activo geoestratégico vital tanto para los países petroleros como para los que dependen del suministro de hidrocarburos.
Pese a esto, el interés por el control de estos cuellos de botella turcos no es algo nuevo. En n el siglo XV, los otomanos ya fortificaron su litoral para consolidar su dominio regional. Este control otomano y luego turco ha permitido históricamente bloquear la salida de Rusia al Mediterráneo, lo que ha sido una fuente constante de tensión que Rusia supera en la actualidad gracias a la fuerte dependencia energética tienen los estados ribereños, incluida la propia Turquía.
Por su parte, es tensa también la relación con Grecia, que con la caída del Imperio otomano recuperó su influencia sobre el Egeo y sobre las posiciones estratégicas cercanas a los estrechos. Ambos estados vecinos mantienen una fuerte disputa sobre la delimitación de sus respectivas zonas económicas exclusivas (ZEE) en el mar Egeo.
https://elordenmundial.com/mapas-y-graficos/la-geopolitica-de-turquia/
Turquía defiende su derecho a una ZEE extendida basada en la plataforma continental de Anatolia, lo que resultaría en un reparto del Egeo según una línea 'mediana'. Por su parte, Grecia sostiene que sus islas también tienen derecho a una plataforma continental propia, y apoya su postura en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, au...