El servicio militar obligatorio tal y como se concibe hoy en día nació con la Revolución francesa y la necesidad de disponer de grandes ejércitos. También conocido como conscripción, el reclutamiento forzoso permitía preparar para la guerra a todos los hombres de un país y mantenerlos después del entrenamiento en la reserva, disponiendo así de grandes contingentes de tropas semiprofesionales que podían ser movilizadas cuando fuera necesario.
Sin embargo, entre finales del siglo XX y principios del XXI la conscripción fue perdiendo apoyos por su alto coste, la penetración del ideario pacifista en la sociedad, la reducción de grandes conflictos en gran parte del mundo y la cada vez mayor capacidad de los ejércitos para nutrirse de soldados profesionales bien preparados.
En la actualidad, aproximadamente un tercio de los países del mundo mantienen el servicio militar obligatorio, aunque la invasión rusa de Ucrania ha llevado a que varios países de Europa recuperen o amplíen la conscripción: Letonia volvió a introducir el reclutamiento forzoso en 2023, mientras que Dinamarca tiene planes de hacer el servicio obligatorio también para las mujeres.
En este sentido, la mayoría de Estados que siguen aplicando el reclutamiento forzoso lo hacen solo para la población masculina, siendo pocos los casos donde también se aplica a la población femenina. Pero en Israel, por ejemplo, el servicio militar es obligatorio para hombres y mujeres, siempre que no sean judíos ultraortodoxos, drusos o población árabe.
Además, y aunque muchos países mantengan en sus legislaciones el servicio militar obligatorio, pocos son los que lo imponen de forma general. En muchos casos, como en Chile o China, el número de voluntarios es suficiente para cubrir cuotas, por lo que el reclutamiento forzoso no se aplica. Otros países someten a sorteo la obligatoriedad del servicio para un porcentaje muy pequeño de su población, mientras que los hay que directamente deciden no recurrir a la conscripción pese a estar en vigor, como en Costa de Marfil o Nigeria.
En último término, algunos Estados se reservan la potestad de recuperar el servicio militar obligatorio en circunstancias excepcionales, como España, Argentina o Uruguay, que pueden reactivarlo cuando se declara una emergencia nacional.
Aunque el servicio militar obligatorio se ha ido eliminando o limitando en muchos países a lo largo de los últimos años, el reclutamiento forzoso sigue siendo una práctica muy habitual en el Sahel y el norte de África, en Rusia y el espacio postsoviético y también en Oriente Próximo, el sudeste asiático y América Latina.
Más allá de la amenaza exterior, la inseguridad regional o el crecimiento de lógicas militaristas y securitizadoras, otro argumento habitual para recuperar el servicio militar obligatorio es que este pueda funcionar como cohesionador nacional en sociedades cada vez más diversas y heterogéneas, o como herramienta para acercar a la población más joven a las instituciones y organismos de un país.







