No hace falta esperar a la final de Eurovisión para saber que Rumanía y Moldavia van a votarse entre sí, que la propuesta griega va a estar entre las favoritas de Chipre o que Polonia va a volcarse con Ucrania. Y mucho menos hay que saber de música o conocer las canciones que se presentan al festival para predecir, con bastante probabilidad de acierto, quién votará por quién dentro de los bloques que existen en Eurovisión.
Para ello, basta con echar un ojo a las dinámicas geopolíticas y al registro histórico de votos que arroja el concurso. Y es que por mucho que el acontecimiento no deportivo más visto del mundo trate de proyectar una imagen apolítica, su celebración no escapa nunca de polémicas partidistas y rivalidades entre países que instrumentalizan la competición.
El año pasado, sin ir más lejos, Rusia fue expulsada de Eurovisión por invadir Ucrania y esta, por el contrario, se erigió en la gran ganadora de la edición celebrada en Turín. También está el ejemplo de Reino Unido, que hasta la edición de 2021 llevaba años cayendo a los últimos puestos como consecuencia de su salida de la Unión Europea. O el del italiano Mahmood, que en 2019 a punto estuvo de hacerse con el micrófono de cristal gracias al apoyo social que le granjeó su pertenencia al colectivo LGTBI y su ascendencia árabe en un país que contaba entonces con el ultraderechista Matteo Salvini como ministro del Interior.
De la misma forma que las tensiones externas son un factor clave en las votaciones eurovisivas, las afinidades culturales también influyen. Grecia ha evitado dar puntos a Macedonia del Norte en el pasado por su disputa onomástica, de la misma forma que Moldavia y Rumanía o Irlanda y Reino Unido se apoyan entre sí por los lazos históricos que comparten.
Todas esas dinámicas permiten distinguir un mapa de Eurovisión dividido en grandes bloques atendiendo al país más votado por cada participante: el nórdico, con Suecia en el epicentro; el del Este, donde Rusia recababa la mayoría de votos; el balcánico; el de Europa occidental, con las islas británicas incluidas; y el ibérico. Fuera quedan Israel, Australia y Marruecos, los candidatos más alejados geográficamente de Europa y que no se enmarcan en ningún grupo concreto.
Dentro del mapa de los bloques de votos de Eurovisión, eso sí, también hay países que rompen con las dinámicas del grupo al que pertenecen y que optan por opciones alternativas, como Suecia, que suele decantarse por Irlanda, o Alemania, que diversifica mucho su votación y, a pesar de que dejó de participar en 2013, Turquía sigue siendo su propuesta más votada.
También hay países que reciben muchos más votos de un participante concreto de los que este recibe a cambio. El caso más sangrante es el de Italia y Portugal: desde 1975, Roma ha recibido 154 votos más de los que ha otorgado a Lisboa. Ese desequilibrio también está presente en las relaciones de Rusia con Estonia, Letonia y Bielorrusia, o de España con Alemania —Madrid le ha dado 111 puntos más a Berlín de los que ha recibido de esta— o Suiza —ha recibido 110 puntos más—.
