Esta funcionalidad está reservada a suscriptores. Suscríbete por solo 5€ al mes.Guardar artículo
Como los protagonistas de un mal divorcio, Estados Unidos e Irán se quisieron mucho durante unos años: en parte por eso se odian, pero sobre todo no pueden dejar de pensar el uno en el otro. Durante el último medio siglo se han aterrorizado hasta la paranoia, se han hecho daño a conciencia y han tenido brevísimos momentos en los que parecían convivir con cierta normalidad. Lo de ahora es sólo un nuevo capítulo.
La obsesión es más llamativa en Estados Unidos. Irán no deja de ser una potencia regional media con ciertas aspiraciones, pero está a 10.000 kilómetros de Washington y a años luz de sus capacidades. Pese a ello, ocupa un lugar casi mítico entre sus preocupaciones y no del todo sin motivo: a pesar de toda esa disparidad, Irán siempre ha encontrado la manera de recordarle a Estados Unidos que puede hacerle daño.
Desde el otro lado del mundo, Irán ha hundido presidencias y ha protagonizado campañas electorales en Estados Unidos. Ha obsesionado a buena parte del establishment de la política, la seguridad y la defensa estadounidense hasta el punto de que, cuando los palmeros de Donald Trump presumen de que está “haciendo lo que otros presidentes no se atrevieron a hacer”, sólo mienten parcialmente.
Jimmy Carter creía que habría sido reelegido si hubiera “borrado a Irán del mapa” durante la crisis de los rehenes de 1980, pero no quiso porque “habría matado a mucha gente inocente”. Ronald Reagan destruyó la mitad de la flota iraní en 1988 después de que una mina dañara un portaaviones estadounidense, pero se paró ahí. George W. Bush colocó a Irán en su “eje del mal” en 2002 junto al Irak de Sadam Huseín, pero no se decidió a atacar. Ahora Trump también ha asegurado que pueden “destruir el país en una noche”. ¿Qué advertencias disuadieron entonces a los anteriores presidentes y por qué el magnate las ha ignorado? ¿Qué ha llevado a Estados Unidos, finalmente, a lanzarse contra su antiguo aliado y enemigo por excelencia?
Del amor al odio
No sólo en la crisis actual, si...
Si quieres seguir leyendo este artículo, suscríbete a EOM. Lo que pasa en el mundo te afecta; comprenderlo es más necesario que nunca.