“Daniel Ortega es el Kim Jong-un del hemisferio occidental”. El senador estadounidense Bob Menéndez se refirió así al presidente de Nicaragua tras sus acciones más recientes contra opositores, comparando la situación del país con la de Corea del Norte. Tras su regreso al poder en 2007, Ortega se ha empeñado en centralizarlo y en desmantelar las instituciones democráticas. Los poderes legislativo y judicial nicaragüenses están a las órdenes del presidente, que también goza de leyes electorales a su favor y reelección indefinida desde 2014, y ahora está usando la Justicia para perseguir a opositores y disidentes políticos.
Desde junio, la Policía Nacional ha arrestado al menos a veintinueve personas, entre ellas siete aspirantes a la presidencia, por supuestos delitos como “traición al pueblo y a la nación”, “incitar la injerencia extranjera en asuntos internos” y contra la “soberanía”. Las detenciones contra políticos, empresarios, periodistas, organizaciones civiles y antiguos aliados del presidente muestran una forma autoritaria de gobernar que ha vuelto a alarmar a la comunidad internacional. La primera arrestada reciente fue Cristiana Chamorro, la candidata con más opciones para derrotar a Ortega en las elecciones del 7 de noviembre, como ya hizo su madre, Violeta Barrios de Chamorro, en 1990. Entre otros líderes y voces opositoras, también fue encarcelado el general Hugo Torres, quien en 1974 le salvó la vida a Ortega en una operación guerrillera contra la dictadura de Somoza.
Aunque el contexto es otro, el régimen actual se asemeja cada día más al de la dinastía de los Somoza (1937-1979), la que el mismo Ortega derrocó de la mano del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), entonces también guerrilla y su partido actual. Sin embargo, como los Somoza, Ortega ha escogido un camino autoritario, tratando de desmovilizar y desorganizar a quien no sea afín a su Gobierno. Además, ha replicado o incluso ahondado en la corrupción, el clientelismo, el culto a la ...