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No es el fin del mundo

Cada semana el equipo de El Orden Mundial analiza los temas que mueven la política internacional para intentar desentrañar cómo funciona el mundo.

¿Vamos hacia un orden internacional chino?

El mundo atraviesa una reconfiguración profunda. Los conflictos se multiplican, el modelo liberal internacional se resquebraja y Donald Trump ha apostado por un unilateralismo que sacude los cimientos del orden que Estados Unidos mismo contribuyó a levantar tras la Segunda Guerra Mundial. En este contexto de incertidumbre, una potencia observa, crece y proyecta una imagen cada vez más atractiva para un número creciente de países: China. Hablar hoy del orden chino ya no es una hipótesis de futuro, sino una pregunta urgente sobre el presente.

En el último episodio de No es el fin del mundo, abordamos precisamente esta cuestión con Claudio Feijoo, ingeniero de telecomunicaciones, economista y uno de los mayores expertos en China en España, autor de libros como El gran sueño de China. Tecno-Socialismo y capitalismo de Estado. Junto a él, analizamos si China aspira realmente a liderar un nuevo orden internacional y si tiene los medios para hacerlo.

¿Tiene China un proyecto de mundo?

Una de las claves para entender el orden chino es comprender cómo el país se concibe a sí mismo en la escena global. A diferencia de Estados Unidos, que ha construido a lo largo de su historia un armazón teórico explícito, China ha operado de forma más opaca para los ojos occidentales. Su historia reciente está marcada por una insistencia en la autonomía, la no injerencia y la igualdad de categoría entre naciones. Como recoge Kissinger en su libro sobre China: la negativa a inclinarse ante prescripciones extranjeras no es una táctica, sino un imperativo moral.

Sin embargo, algo está cambiando. Desde su incorporación a la OMC en 2001, China ha jugado con habilidad las reglas del sistema internacional existente, acumulando poder económico y tecnológico de forma sostenida. Hoy, líderes de países tan distintos como Francia, Alemania o Corea del Sur aterrizan en Pekín buscando alternativas. La pregunta ya no es si China tiene peso global, sino si ese peso aspira a convertirse en un nuevo orden chino con vocación hegemónica.

El soft power y la batalla cultural

Establecer un orden internacional no depende solo del poderío militar o económico. También requiere ser percibido como un referente cultural y civilizatorio. Y aquí es donde el episodio se adentra en uno de los debates más sugerentes: ¿está emergiendo un Chinese way of life similar al American way of life que nos hizo adoptar vaqueros y hamburguesas?

Los datos apuntan en esa dirección. Según el Índice de Percepción Democrática de 2025, en 76 de los 96 países encuestados la ciudadanía tiene mejor imagen de China que de Estados Unidos. En España, un 74% valora positivamente la relación bilateral con Pekín. Mientras tanto, los labubus, el hot pot, los móviles Huawei y los coches eléctricos chinos forman ya parte del paisaje cotidiano occidental. El orden chino no llega solo con instituciones o acuerdos comerciales: llega también a través de la cultura popular.

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