La migración a la Europa fortificada
La Unión Europea lleva décadas construyendo muros, físicos, legales y diplomáticos, para frenar la llegada de migrantes. Muros en el Mediterráneo, alambradas en Ceuta y Melilla, acuerdos con regímenes cuestionables para que hagan el trabajo sucio lejos de las cámaras europeas. El resultado es lo que se conoce como la Europa fortaleza: un modelo migratorio que, bajo la excusa del control, ha generado caos, violencia y una contradicción flagrante con los valores que el propio bloque dice defender. En el último episodio de No es el fin del mundo analizamos en profundidad este fenómeno: cómo funciona, de dónde viene y hacia dónde se dirige.
Este es además un episodio especial: lo grabamos en directo en el marco de la Beca GenEU, y contamos con Gonzalo Fanjul, director de investigaciones de porCausa y uno de los mayores expertos en política migratoria en España, como invitado. Su análisis es imprescindible para entender por qué el sistema migratorio global no solo es inmoral, sino profundamente irracional en un continente que envejece a marchas forzadas y que, sin embargo, sigue empeñado en cerrarle la puerta a quienes necesita.
La arquitectura de la Europa fortaleza
El modelo migratorio europeo se sostiene sobre tres pilares: el endurecimiento de las fronteras exteriores, la externalización del control migratorio a terceros países y el refuerzo de Frontex como agencia policial. Ninguno de estos mecanismos es nuevo, pero todos se han intensificado de manera notable en los últimos años. La crisis de 2015, cuando más de un millón de personas llegaron a Europa huyendo de los conflictos en Siria y Libia, fue el gran punto de inflexión: desde entonces, la lógica del cierre ha ido ganando terreno frente a cualquier atisbo de política de acogida.
Lo más inquietante de la Europa fortaleza actual es que ya no es patrimonio de la extrema derecha. Países nórdicos como Finlandia o Dinamarca, históricamente referentes en derechos humanos, lideran hoy las propuestas de suspensión del derecho de asilo y cierre de fronteras. Y el nuevo Pacto Europeo de Migración y Asilo, que entra en vigor este año tras cuatro años de negociaciones, lejos de revertir esta tendencia, la consolida: incluye listas de países de origen «seguros» que permiten rechazar solicitudes de asilo en la propia frontera, entre ellos Bangladesh y Egipto, precisamente las dos nacionalidades con más cruces irregulares detectados en 2025 según Frontex.
Un sistema roto que perjudica a todos, incluida la Europa fortaleza
Más allá de la dimensión ética, el modelo migratorio europeo es, como argumenta Gonzalo Fanjul en el episodio, profundamente insensato. Los países de la OCDE habrán perdido en 2050 unos 92 millones de personas en edad de trabajar, mientras que el número de jubilados crecerá en 96 millones. España, junto con Alemania, Japón y Corea del Sur, encabeza la lista de países más expuestos a este invierno demográfico. Y sin embargo, el sistema insiste en obstaculizar las vías legales y ordenadas de movilidad laboral que podrían paliar este problema.
La externalización de fronteras tiene además un coste humano que rara vez aparece en los titulares. Los acuerdos con países como Mauritania, Libia o Turquía han derivado en violaciones sistemáticas de derechos humanos: deportaciones masivas, torturas, detenciones arbitrarias. Con financiación europea y, en algunos casos, con materiales y obras del propio Gobierno de España, se han construido centros de detención en Mauritania concebidos incluso para albergar a niños. La reducción en las detecciones de cruces irregulares que exhiben los defensores de estas políticas no significa necesariamente que haya menos personas migrando: significa, en muchos casos, que se están quedando por el camino. Escuchar el episodio completo es la mejor manera de entender a qué precio.



