La lucha entre el Vaticano y la derecha radical
El pasado abril, Donald Trump publicó una imagen generada con inteligencia artificial en la que aparecía vestido como Jesucristo. La imagen llegó horas después de que el presidente estadounidense atacara al papa León XIV por sus críticas a la guerra contra Irán. Este cruce de declaraciones no es un episodio anecdótico: simboliza un conflicto de fondo que está redefiniendo el mapa político global. La tensión entre la ultraderecha y la Iglesia católica ha dejado de ser latente para convertirse en uno de los fenómenos más relevantes de nuestro tiempo. En el nuevo episodio de No es el fin del mundo lo analizamos en profundidad, aprovechando además la visita apostólica de León XIV a España, que tendrá lugar entre el 6 y el 12 de junio.
Durante años, la derecha radical encontró en el cristianismo un aliado ideológico. Figuras como Viktor Orbán, Giorgia Meloni o Santiago Abascal han utilizado los símbolos religiosos para construir su relato identitario y presentar la defensa de la llamada civilización judeocristiana como el eje de su proyecto político. Sin embargo, ese matrimonio de conveniencia muestra hoy grietas profundas. La pregunta ya no es si hay tensión, sino hasta dónde puede llegar.
Las raíces del enfrentamiento entre la Iglesia y la ultraderecha
El conflicto tiene raíces más largas de lo que puede parecer. La Iglesia católica es, por definición, una institución universalista: su vocación es aglutinar a creyentes de cualquier nación bajo una misma fe, sin distinción étnica ni cultural. Ese universalismo choca frontalmente con el nacionalismo excluyente que promueve la derecha populista radical, que antepone la soberanía nacional a cualquier autoridad moral exterior, incluida la del papa.
A esto se suman diferencias doctrinales de calado. La doctrina social de la Iglesia defiende la acogida al migrante, la redistribución de la riqueza y la justicia social, postulados que generan una fricción inevitable con una derecha que hace del rechazo a la inmigración su bandera y que apoya el libre mercado sin cortapisas. En el episodio exploramos cómo estas discrepancias se han ido agudizando desde el Concilio Vaticano II, que impulsó una Iglesia más abierta y descentralizada, y cómo el fin de la Guerra Fría eliminó el anticomunismo como pegamento que mantenía unida a la democracia cristiana y a la derecha más conservadora.
El auge evangélico y el futuro de la Iglesia católica frente a la ultraderecha
Detrás del choque entre la Iglesia y la derecha radical hay otro fenómeno que lo alimenta y lo complica: el crecimiento imparable de las iglesias evangélicas, y en particular del neopentecostalismo. Estas congregaciones, descentralizadas, emocionalmente intensas y políticamente activas, han sabido conectar con la derecha populista de una manera que la Iglesia católica no puede ni quiere emular. Los evangélicos blancos constituyen uno de los pilares del movimiento MAGA, y su influencia se ha extendido desde Estados Unidos hasta América Latina y Europa.
Frente a este escenario, la respuesta de la Iglesia ha sido inequívoca. Primero con Francisco y ahora con León XIV, el Vaticano ha optado por reivindicar su independencia política y su compromiso con los más vulnerables, aunque eso implique enemistarse con la ultraderecha. En el episodio analizamos si ese posicionamiento es sostenible, qué divisiones genera dentro de la propia institución y si el enfrentamiento entre la derecha radical y la Iglesia puede abrir, paradójicamente, una nueva sintonía entre el Vaticano y ciertos sectores de la izquierda. Una conversación imprescindible para entender la política de los próximos años.
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