La geopolítica del I+D
Un descubrimiento aparentemente pequeño puede cambiar el curso de la historia. La penicilina, la imprenta, la máquina de vapor o la bomba nuclear son ejemplos de cómo la innovación nos hace avanzar y nos enfrenta a lo mejor y lo peor de nosotros mismos. En este episodio de «No es el fin del mundo», exploramos la geopolítica del I+D, un indicador fundamental para medir el poder de un país y entender cómo la inversión en investigación y desarrollo articula nuestro mundo actual.
La geopolítica del I+D nos revela dinámicas de poder que van más allá de los ejércitos y los recursos naturales. Desde Israel, que dedica el 6% de su PIB a I+D y se ha convertido en potencia en tecnología militar, hasta Estados Unidos, con su ecosistema de universidades punteras, veremos cómo la innovación marca la diferencia entre los centros ricos del mundo y su periferia. Analizamos los retos que enfrenta el sector en un mundo cada vez más tensionado.
Del laboratorio al poder: cómo el I+D se convirtió en un sector estratégico
La geopolítica del I+D moderna nace en los años cincuenta, cuando la generación de conocimiento aplicado se institucionalizó en la cadena productiva industrial. Antes de la Primera Revolución Industrial, los avances científicos no seguían un sistema organizado y tardaban décadas en permear en la sociedad. Alemania fue pionera al crear institutos estatales que promocionaban la ciencia a finales del siglo XIX, y empresas como Siemens o Krupp abrieron laboratorios propios para ganar competitividad.
Las dos guerras mundiales aceleraron definitivamente la geopolítica del I+D. El esfuerzo bélico llevó a crear programas estatales para superar al enemigo, y no entenderíamos el desarrollo armamentístico, aeroespacial o de telecomunicaciones sin estos conflictos. Los aviones de combate sentaron las bases de la aviación comercial, y muchas vacunas se desarrollaron durante la Segunda Guerra Mundial. Paradójicamente, las guerras han propulsado el avance científico, estableciendo una relación compleja entre innovación y conflicto.
Esta institucionalización del conocimiento también refleja la desigualdad global. El planeta se divide entre centros ricos donde se acumula la generación de conocimiento y una periferia de la que se extraen materias primas, con dinámicas de dependencia que aseguran la primacía de quienes dominan la geopolítica del I+D.
Los nuevos centros de poder: China desafía el dominio occidental del I+D
El panorama actual de la geopolítica del I+D está experimentando cambios profundos. Israel lidera la inversión mundial en I+D con un 6% de su PIB, dedicada principalmente a defensa y tecnologías de vigilancia. Le siguen Corea del Sur, centrada en electrónica, y Estados Unidos con su ecosistema de universidades punteras. Estas instituciones no solo generan conocimiento, sino que atraen talento de todo el mundo, un poder blando fundamental en la geopolítica del I+D. Desde la Segunda Guerra Mundial, miles de científicos han emigrado a Estados Unidos, contribuyendo a proyectos como la carrera espacial.
Sin embargo, este dominio occidental enfrenta su mayor desafío con el ascenso de China. El gigante asiático registró más de 70.000 patentes en 2024, superando a Estados Unidos. Este cambio es revolucionario: hasta 1984, China ni siquiera tenía una ley de patentes. Hoy abandona su posición de productor de manufacturas baratas para liderar las redes 5G, energía renovable y automoción eléctrica. La geopolítica del I+D ya no permite que Estados Unidos y Europa se alcen como únicos generadores de conocimiento.
Esta competición crea una paradoja en la geopolítica del I+D: por un lado, acelera la innovación, como demostró la carrera espacial. Por otro, la frena al romper vías de cooperación esenciales. La Estación Espacial Internacional será desmantelada tras la guerra de Ucrania. Las restricciones estadounidenses a la tecnología 5G china o los bloqueos de exportación de minerales críticos frenan al rival pero también al propio desarrollo.
El futuro del sector pasa por campos revolucionarios: medicina y farmacéutica, inteligencia artificial, tecnología militar con drones autónomos, y transición energética. La geopolítica del I+D de las próximas décadas se jugará en estos terrenos, donde quienes lideren la innovación determinarán el equilibrio de poder global.
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