La dimensión internacional de ETA
Durante casi cinco décadas, ETA marcó la historia reciente de España con una actividad terrorista que dejó al menos 853 víctimas mortales. Pero más allá de los titulares sobre atentados y la polarización política que aún genera, existe un aspecto poco explorado: la dimensión internacional de ETA. Detrás de los asesinatos y las bombas se escondía un entramado que atravesó fronteras y conectó a la izquierda abertzale con organizaciones de todo el mundo. Desde los campamentos de entrenamiento en Argelia hasta sus colonias en América Latina, pasando por sus alianzas con el IRA y grupos guerrilleros marxistas, ETA desarrolló una estrategia global que buscaba legitimar lo que denominaban «el conflicto vasco» ante la comunidad internacional.
En nuestro nuevo episodio de «No es el fin del mundo», analizamos cómo ETA forjó relaciones internacionales que definieron su evolución como organización terrorista, desde sus orígenes en la España franquista hasta su disolución en 2018. Un recorrido imprescindible para comprender un fenómeno que no puede entenderse únicamente en clave nacional.
El nacionalismo vasco que cruzó fronteras
Para entender la dimensión internacional de ETA, es fundamental conocer sus pilares ideológicos: el nacionalismo vasco y el socialismo. Euskadi Ta Askatasuna, que significa «Patria vasca y Libertad», nació en 1959 como escisión del Partido Nacionalista Vasco. Los fundadores de ETA recuperaron gran parte del pensamiento de Sabino Arana, quien a finales del siglo XIX había reivindicado la independencia de Euskal Herria basándose en la lengua vasca, el euskera, como núcleo vertebrador de la nación.
Sin embargo, la gran transformación llegó en los años sesenta, cuando ETA abrazó el socialismo influenciada por el contexto internacional. La Revolución Cubana de 1959 y los movimientos de descolonización en África y Asia impulsaron dentro de ETA una corriente tercermundista que buscaba replicar el modelo de los movimientos de liberación nacional del Tercer Mundo. Bajo esta interpretación, España era una potencia colonial ocupante y Euskal Herria, un territorio oprimido que luchaba por su independencia. Así, ETA no se percibía a sí misma como una organización terrorista, sino como un movimiento de liberación nacional.
El maoísmo también proporcionó inspiración ideológica a ETA. Mao Zedong defendía el uso del sentimiento nacional dentro de la lucha revolucionaria, lo que convenció a la organización de que la lucha por la liberación de Euskal Herria tenía que venir desde dentro. Esta amalgama ideológica generó tensiones internas que provocaron múltiples escisiones, pero consolidó el nacionalismo revolucionario como base de ETA durante décadas.
Alianzas globales: del IRA a las FARC
La proyección internacional de ETA alcanzó su máxima expresión a través de sus alianzas con otras organizaciones. En Europa, su principal aliado fue el IRA provisional irlandés, con quien compartía un objetivo común: la liberación nacional frente a un Estado que consideraban opresor. ETA y el IRA mantuvieron una relación estrecha que incluía intercambio de experiencias tácticas y apoyo mutuo. De hecho, la izquierda abertzale ha intentado sistemáticamente equiparar el conflicto norirlandés con la situación en el País Vasco para ganar legitimidad internacional.
ETA también estableció vínculos con organizaciones terroristas de extrema izquierda como las Brigadas Rojas en Italia, la Fracción del Ejército Rojo en Alemania o Acción Directa en Francia, aunque estas relaciones fueron más limitadas debido a que ETA priorizaba su causa nacionalista por encima de la revolución socialista global. Más significativa fue su colaboración con grupos terroristas bretones en Francia, con quienes compartía la reivindicación de una lengua y cultura propias dentro de un Estado centralista.
Pero donde ETA desarrolló su actividad internacional más intensa fue en América Latina. La organización recibió entrenamiento en campamentos de Argelia, Libia, Líbano y Yemen del Sur, pero en Latinoamérica encontró un terreno fértil para difundir sus planteamientos políticos. La proximidad cultural, el idioma y la proliferación de guerrillas marxistas facilitaron que ETA creara colonias en países como México, Venezuela, Cuba, Colombia o Argentina.
Las relaciones de ETA con las FARC colombianas fueron especialmente estrechas en los años noventa, basadas en el intercambio de información y el asesoramiento en tácticas de combate, particularmente en el uso de explosivos. ETA también trabajó para los servicios secretos de la Nicaragua sandinista y mantuvo contactos con el cártel de Medellín de Pablo Escobar. Sin embargo, estas relaciones fueron cambiantes y pragmáticas: tanto las FARC como Cuba congelaban sus lazos con ETA cuando necesitaban mantener buenas relaciones con España como mediador internacional.
Descubre todos los detalles sobre esta faceta desconocida de ETA en nuestro episodio completo. Analizamos cómo el contexto de la Guerra Fría, la entrada de España en la OTAN, la aparición de los GAL y el impacto del 11-S transformaron las relaciones internacionales de la organización terrorista hasta su disolución definitiva.



