La ciencia y el mar: recursos, biología y descubrimientos
«Las grandes profundidades del océano nos son totalmente desconocidas». Con estas palabras, Julio Verne anticipaba en 1869 uno de los grandes enigmas de la humanidad. Apenas tres años después, el HMS Challenger iniciaría la primera exploración científica del mar, dando comienzo a una relación que transformaría nuestra comprensión del planeta. La ciencia y el mar han mantenido desde entonces un vínculo simbiótico: mientras los avances tecnológicos permiten explorar los océanos, estos impulsan descubrimientos fundamentales en biología, climatología y medicina que redefinen la geopolítica contemporánea.
Los océanos, que cubren más del 70% de la superficie terrestre, siguen siendo en gran medida un misterio para la humanidad. Conocemos mejor Marte que nuestros propios fondos marinos: mientras el 90% del planeta rojo ha sido mapeado con alta resolución, apenas el 25% de los océanos terrestres ha sido explorado. En este episodio en colaboración con Navantia exploramos cómo este desconocimiento resulta paradójico considerando que el estudio científico del mar es crucial para entender el cambio climático, desarrollar nuevos fármacos y garantizar la seguridad de las rutas marítimas que sustentan el comercio mundial.
De las carabelas a los cables submarinos
La relación entre la ciencia y el mar comenzó a cristalizarse durante la Era de los Descubrimientos, entre los siglos XV y XVI. Los avances tecnológicos de aquella época —desde la carabela y la brújula magnética hasta el astrolabio marino— permitieron las grandes expediciones de Colón, Magallanes y Elcano, sentando las bases del conocimiento oceanográfico. El verdadero punto de inflexión llegaría en el siglo XIX con la expedición del HMS Challenger, que entre 1872 y 1876 estableció la oceanografía como disciplina científica formal.
El siglo XX marcó un nuevo capítulo con el sonar, que revolucionó la navegación submarina durante las guerras mundiales. Pero el avance más determinante fue el despliegue de los cables submarinos de fibra óptica. Aunque la idea databa de 1851 con el primer cable telegráfico entre Inglaterra y Francia, no sería hasta la década de 1950 cuando experimentaron una expansión exponencial. Hoy existen cerca de 570 sistemas activos que suman más de un millón y medio de kilómetros, canalizando entre el 97 y el 98 por ciento del tráfico de datos entre continentes. Sin estos cables, Internet tal como lo conocemos simplemente no existiría.
Los nuevos escenarios de conflicto en los fondos marinos
La ciencia y el mar se encuentran actualmente en el centro de una nueva carrera geopolítica. La infraestructura submarina —cables de fibra óptica y gasoductos— se ha convertido en un activo estratégico disputado por las grandes potencias. Mientras que durante décadas Estados Unidos garantizó la seguridad de estos sistemas, China ha emergido como competidor directo mediante su empresa HMN Technologies, desplegando más de 50.000 kilómetros de cables entre 2008 y 2018, especialmente en África, como parte de su Nueva Ruta de la Seda digital. Esta competencia ha llevado a países como Australia, India y Taiwán a securitizar su infraestructura submarina, mientras el derecho internacional ofrece una protección limitada ante sabotajes o espionaje.
Pero el interés por los fondos oceánicos va más allá de las comunicaciones. El impulso de la transición energética ha despertado el apetito por la minería submarina. La zona Clarion-Clipperton, en el Pacífico, alberga cinco veces más cobalto y tres veces más níquel que todas las reservas terrestres. Países como Japón, Estados Unidos y Noruega ya han iniciado o planean operaciones de extracción, mientras China lidera las licencias concedidas por la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos para explorar recursos en aguas internacionales. Paralelamente, la búsqueda de energías renovables marinas —desde la mareomotriz hasta la undimotriz, que aprovecha el movimiento de las olas— suma otro frente en esta carrera por dominar los océanos. Como anticipó Verne hace más de 150 años, las profundidades marinas guardan secretos que apenas comenzamos a descubrir. La relación entre la ciencia y el mar no solo ha transformado nuestro conocimiento del planeta, sino que define los equilibrios de poder del siglo XXI. En este episodio exploramos en profundidad esta fascinante conexión histórica y sus implicaciones actuales, desde las primeras expediciones hasta los drones submarinos y la inteligencia artificial que hoy revolucionan la exploración oceánica.



