Gibraltar, la última colonia en Europa
Gibraltar es una de las anomalías geopolíticas más singulares del continente europeo. Este pequeño territorio de apenas 6,8 kilómetros cuadrados, situado en el extremo sur de la península ibérica, constituye la única colonia que aún persiste en Europa en pleno siglo XXI. Más de tres siglos después de su cesión a Reino Unido mediante el Tratado de Utrecht en 1713, Gibraltar sigue siendo foco de tensiones diplomáticas, disputas territoriales y dinámicas económicas que desbordan sus reducidas dimensiones.
La excepcionalidad de Gibraltar se acentuó tras el anuncio, en junio de 2025, de un nuevo acuerdo entre España, Reino Unido, Gibraltar y la Unión Europea. El pacto promete transformar el estatus de la última colonia europea en aspectos clave como la integración en el Espacio Schengen y la armonización fiscal. Como analizamos en nuestro episodio, estas medidas podrían redefinir tanto las relaciones bilaterales hispano-británicas como la vida económica y social en toda la región del Campo de Gibraltar.
El legado del Tratado de Utrecht y la disputa territorial
La historia moderna de Gibraltar como colonia europea comienza con el Tratado de Utrecht de 1713, firmado al término de la Guerra de Sucesión Española. En él se estableció la cesión “a perpetuidad” de Gibraltar a la Corona británica, aunque con importantes limitaciones: el traspaso incluía solo “la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortaleza”, sin reconocer jurisdicción sobre el istmo ni comunicación terrestre con España.
La práctica, sin embargo, ha sido muy distinta. Con el paso de los siglos, Reino Unido amplió progresivamente el territorio bajo su control, aprovechando momentos de debilidad española. Durante las epidemias de 1815 y 1854 se solicitó el uso temporal del istmo, que nunca fue devuelto, y en 1938, en plena Guerra Civil española, se construyó el aeropuerto sobre terrenos ganados al mar. De este modo, Gibraltar ha crecido más allá de los límites originalmente estipulados, configurando el enclave que conocemos hoy.
Gibraltar como anomalía fiscal en el corazón de Europa
La condición colonial de Gibraltar se refleja también en su régimen fiscal excepcional. Con una renta per cápita cercana a los 100.000 euros —cuatro veces superior a la de los municipios españoles vecinos—, el Peñón debe gran parte de su riqueza a sus ventajas tributarias. Mantiene un Impuesto de Sociedades del 12,5%, un IRPF máximo del 28% y carece de IVA, impuesto de sucesiones o de patrimonio.
Este marco fiscal ha convertido a Gibraltar en un polo de atracción para empresas y capitales internacionales: unas 13.000 compañías están registradas en un territorio de apenas 40.000 habitantes. Además, el sistema permite que las ganancias obtenidas fuera del Peñón estén exentas de tributación y garantiza un alto grado de confidencialidad empresarial. Como mostramos en el episodio, estas condiciones han generado fuertes asimetrías: mientras el enclave prospera, la comarca española depende en gran medida de él, con unos 15.000 trabajadores cruzando cada día la frontera.
En No es el fin del mundo desentrañamos las complejidades de esta anomalía europea, desde sus orígenes históricos hasta las implicaciones del acuerdo más reciente, que podría transformar para siempre la naturaleza de Gibraltar como la última colonia en Europa.
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