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No es el fin del mundo

Cada semana el equipo de El Orden Mundial analiza los temas que mueven la política internacional para intentar desentrañar cómo funciona el mundo.

El sionismo, la ideología más exitosa del siglo XX

El 14 de mayo de 1948, David Ben-Gurión proclamó la fundación del Estado de Israel en una tierra que, a ojos del movimiento sionista, era la patria histórica del pueblo judío. Pero ese momento no fue un punto de partida, sino la culminación de décadas de construcción ideológica, estrategia política y colonización gradual de Palestina. El sionismo llevaba medio siglo cuajando entre las comunidades judías de Europa central y del este, y su triunfo, porque de triunfo se trata, no fue ni casual ni inevitable. Fue el resultado de un proyecto muy consciente de sí mismo. Hoy, en «No es el fin del mundo», analizamos qué es el sionismo, cómo se construyó y por qué sigue siendo la ideología más exitosa del siglo XX.

Para entender su alcance real, hay que remontarse a sus orígenes. El sionismo nació en el siglo XIX como respuesta al antisemitismo europeo, de la mano del político austrohúngaro Theodor Herzl, y muy pronto se fijó en Palestina como destino para ese Estado judío que proponía. Desde entonces, el movimiento no fue homogéneo: el sionismo religioso, el socialista, encarnado por Ben-Gurión y dominante hasta los años setenta, y el revisionista de Zeev Jabotinsky configuraron corrientes con visiones distintas sobre cómo construir ese Estado, aunque todas compartían un mismo objetivo. Lo que comenzó como una corriente minoritaria y rechazada por amplios sectores de la propia población judía acabó transformándose en un proyecto político con Estado propio, reconocido internacionalmente y prácticamente blindado frente a cualquier consecuencia por sus acciones.

Los mitos que sostienen al sionismo

Una de las claves del éxito del sionismo reside en la arquitectura mítica sobre la que se construyó. Desde la idea del «pueblo elegido» y el derecho divino sobre la tierra prometida hasta el relato de Palestina como un territorio vacío o inculto antes de la llegada judía, el movimiento elaboró un conjunto de narrativas que justificaban moralmente la colonización y la expulsión de la población palestina. Estas narrativas no se quedaron en el ámbito ideológico: se tradujeron en carteles, proyectos arqueológicos patrocinados por el Estado, rebautizados de lugares con nombres hebreos y borrado sistemático del patrimonio árabe. Todo ello con un objetivo: presentar la llegada judía a Palestina no como colonización, sino como retorno.

En paralelo, el sionismo supo instrumentalizar el Holocausto para blindarse frente a cualquier crítica. La equiparación entre antisionismo y antisemitismo, es decir, entre criticar la política del Estado de Israel y odiar al pueblo judío, se convirtió en una herramienta eficaz para silenciar la disidencia, incluso la de las propias voces judías que rechazan el proyecto sionista. En el episodio exploramos cómo estos mitos siguen operando hoy, con jefes de Estado occidentales repitiendo los mismos marcos narrativos mientras Israel actúa con impunidad en Gaza, Cisjordania, el sur del Líbano y los Altos del Golán.

El sionismo hoy: éxito, impunidad y horizonte palestino

Las pruebas del triunfo del sionismo no son solo históricas. Son también del presente. Más de 53.000 personas muertas en Gaza, el 90% de la población desplazada, infraestructuras civiles destruidas de forma sistemática y un bloqueo de ayuda humanitaria que ha llevado a la población al borde de la hambruna: todo esto ocurre sin que la comunidad internacional haya impuesto consecuencias reales a Israel. El contraste con el tratamiento dado a Rusia tras la invasión de Ucrania es, en este sentido, muy revelador.

Lejos de mostrar fisuras, las encuestas dentro de Israel apuntan a una sociedad mayoritariamente alineada con los pilares del proyecto sionista: el 72,7% de los judíos israelíes se opone a la creación de un Estado palestino, y el 84% rechaza un Estado binacional con igualdad de derechos. El sionismo, a diferencia del nazismo, el comunismo soviético o el panarabismo, no ha quebrado ni ha sido relegado a un plano marginal. Sigue siendo el marco que articula la política de uno de los Estados con mayor influencia en Oriente Medio.