“Gracias por abrir la puerta a una Venezuela mejor”. La reverencia televisada del consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, ante Donald Trump a principios de enero sorprendió por el tono y la forma. Pero lo que hizo Imaz en público en la Casa Blanca es lo que hacen la mayoría de empresas del Ibex 35 en privado: el America first ha encontrado un aliado fiel en las multinacionales españolas.
Estados Unidos es un mercado al alza, con unas infraestructuras aún muy mejorables y una demanda voraz de centros de datos. Ante esto, un puñado de constructoras y energéticas españolas han sabido ganarse un puesto en su desarrollo. Lo han hecho mediante la apertura de filiales que les permiten esquivar los aranceles y asistir al proteccionismo de Trump desde dentro del sistema, como ACS con Turner, Ferrovial con Webber o Iberdrola con Avangrid.
Como consecuencia, Estados Unidos concentra ya el 57% de las ventas de ACS, el 36% de Ferrovial, el 33% de OHLA y el 17% de Iberdrola, según se desprende de sus cuentas anuales de 2024. Además, el país norteamericano es el principal destino de la inversión española en el exterior, el primer origen de la inversión extranjera en España y su séptimo socio comercial. Se trata, por tanto, de una relación demasiado rentable como para quedarse fuera del baile, por mucho que la élite empresarial patria evite posicionarse en público. Prueba de ello es que todas las compañías consultadas para este reportaje han declinado pronunciarse sobre el actual contexto geopolítico.
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