Durante los últimos años, la Unión Europea ha asistido al fin del bipartidismo como modelo dominante entre sus Estados miembros. Esta era la forma de gobierno más característica de los países de Europa occidental, en los que todo el poder político se repartía entre dos grandes partidos, uno socialdemócrata y otro democristiano, que se iban sucediendo en el Gobierno. Sin embargo, los sistemas bipartidistas han ido cayendo debido a la entrada de partidos de diferente signo: verdes, liberales, o de extrema derecha, por ejemplo. En este contexto, Malta resiste como el único país que mantiene un bipartidismo puro, donde las dos grandes formaciones se reparten todos los asientos parlamentarios.
La supervivencia del bipartidismo maltés se debe a una sociedad muy dividida en torno a unos pocos debates, donde los partidos se enfrentan igual que lo hacen sus ciudadanos. Esta división sigue vigente en la actualidad, donde el Partido Nacionalista (PN) y el Partido Laborista (PL) concentran el 98% de la intención de voto en las últimas encuestas. Estos números muestran la fortaleza del bipartidismo maltés desde las últimas elecciones, en 2017, a pesar de que, desde ese año, el país haya atravesado también la mayor crisis política de su historia reciente.
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