Uso de antirretrovirales en África para luchar contra el VIH

Cartografía Política y Sociedad África

El mapa del uso de antirretrovirales en África

Descripción del mapa

El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) provoca una infección que altera o anula las células del sistema inmunitario. Esta se produce de forma lenta y progresiva y acaba por impedir la lucha contra infecciones y enfermedades. Por su parte, el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), también conocido como VIH etapa 3, se refiere únicamente a la fase más avanzada de la infección por VIH, cuando el virus ya ha provocado la aparición de alguna de las más de veinte infecciones o cánceres asociados a él. Por lo tanto, la principal diferencia entre VIH y SIDA es que el primero es el virus y el segundo la enfermedad que provoca dicho virus.

La transmisión del VIH puede ocurrir a través de relaciones sexuales vaginales, anales u orales con una persona infectada, la introducción de sangre contaminada en el torrente sanguíneo de una persona sana o el uso compartido de jeringuillas. Además, una madre infectada también puede contagiar al hijo durante el embarazo, el parto o la lactancia. En las últimas décadas del siglo XX —los primeros casos se detectaron en 1981— un diagnóstico de VIH equivalía prácticamente a una sentencia de muerte, pero gracias al desarrollo de nuevos tratamientos las personas infectadas pueden disfrutar de una vida normal e incluso tener una esperanza de vida muy cercana a la media de las personas sanas.

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De hecho, una infección de VIH no tiene por qué evolucionar a la etapa 3 o SIDA si se trata a tiempo, aunque la falta de una cura definitiva o el desarrollo de una vacuna que prevenga la infección —por primera vez en diez años una solución ha entrado en la última fase de ensayos— imposibilitan la erradicación del virus. Por tanto, el tratamiento más efectivo descubierto hasta la fecha continúa siendo la terapia antirretroviral, una combinación de fármacos diseñada para impedir la propagación del VIH dentro del organismo. De esta forma, la terapia antirretroviral impide que se desarrollen las infecciones y enfermedades a las que conduce el VIH y, en última instancia, el SIDA. Otros de los tratamientos más utilizados son la profilaxis pre-exposición (PrEP) y la profilaxis post-exposición (PEP), fármacos en este caso orientados a prevenir la infección antes y después de tener un contacto íntimo con una persona seropositiva.

En ese contexto, el uso de antirretrovirales es especialmente necesario en África, la región que presenta una mayor incidencia del virus: concentra el 70% de las infecciones de VIH y el 61% de las muertes relacionadas con el SIDA. Y es que, tal y como reflejan los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 2019, la lucha contra el virus es muy dispar en el continente. Tan solo un grupo pequeño de países (Esuatini, Namibia, Botsuana, Zimbabue, Zambia, Burundi, Ruanda, Uganda y Cabo Verde) son capaces de proporcionar terapia antirretroviral a al menos el 80% de los infectados de VIH, mientras que en otros como Madagascar o Túnez esta proporción se encuentra por debajo del 20%. Por si fuera poco, la OMS alertó de que en caso de que la pandemia interrumpiera los servicios de prevención y tratamiento del virus de la inmunodeficiencia humana se podría producir un exceso de muertes de hasta 500.000 personas en África subsahariana.

La batalla pendiente en la lucha contra el VIH

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