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Los países con más casos de lepra en relación a su población

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Los países con más casos de lepra

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La lepra, también conocida como la enfermedad de Hansen en honor al médico noruego que identificó su bacteria en 1874, es una enfermedad infecciosa producida por el bacilo Mycobacterium leprae. Afecta principalmente a la piel, los nervios periféricos, las vías respiratorias y los ojos, lo que suele traducirse en lesiones cutáneas, disminución de la sensibilidad de los sentidos, debilidad muscular y entumecimiento o pérdida de la sensibilidad en las articulaciones.

Se trata, en realidad, de una enfermedad que está presente en nuestro mundo desde la Antigüedad. Debido a las heridas y manchas que provoca en la piel, los enfermos de lepra han sido siempre rechazados y condenados al ostracismo. De hecho, durante gran parte de la historia se creyó que la lepra era una forma de castigo divino por los pecados cometidos por el enfermo, además de ser considerada altamente contagiosa, lo que llevó a muchos de los infectados a ser expulsados de sus hogares.

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Pero lo cierto es que la lepra es una enfermedad curable, tratable —si se ataja en sus fases iniciales, se puede evitar incluso la discapacidad— y poco contagiosa, ya que, para que una persona sana se infecte, esta ha de tener un contacto estrecho y muy prolongado en el tiempo con un enfermo no tratado. Sin embargo, es cierto que durante muchos siglos el tratamiento de la lepra fue muy pobre y la enfermedad constituía una grave amenaza. No fue hasta la década de 1940 cuando tuvo lugar el primer gran avance médico: el desarrollo de la dapsona, un tratamiento que aumentó la efectividad contra la lepra pero que duraba años e incluso toda la vida del enfermo, lo que dificultaba su aplicación. Por si fuera poco, en los sesenta la lepra comenzó a presentar resistencia a la dapsona.

No obstante, a principios de esa década se descubrieron la rifampicina y la clofazimina, que combinadas junto con la dapsona dieron lugar al tratamiento multimedicamentoso (TMM). Desde 1981, es el tratamiento recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), ya que con una duración de entre seis y doce meses consigue matar al patógeno y curar al paciente.

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A pesar de la notable mejora en su tratamiento, la realidad es que la lepra está lejos de ser erradicada. En 2019, la OMS calcula que se detectaron un total de 202.185 casos en 120 países distintos, a los que habría que sumar otros tantos que no pudieron ser diagnosticados ante el estigma que sigue acompañando a la enfermedad. La principal razón es que la lepra es una afección crónica, silenciosa en su primera etapa y por tanto difícil de detectar.

Su incidencia es especialmente elevada en África y el sureste asiático, aunque, a nivel absoluto, India, Brasil e Indonesia concentran el 80% de los nuevos casos. El de Brasil es especialmente sensible, ya que acumula el 94% de las infecciones de toda América y presenta una incidencia de 1,51 casos por cada 10.000 habitantes. La mayoría de ellas se producen en las regiones más pobres del país, donde muchas personas viven hacinadas. Para combatir el estigma social, Brasil prohibió la utilización del término “lepra” y optó en su lugar por el de hansaníase (enfermedad de Hansen).

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