Mapa sobre cómo conseguir la nacionalidad por nacimiento en el mundo, con ius soli o ius sanguinis

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¿Cómo se puede lograr la nacionalidad al nacer en un país?

Descripción del mapa

La ciudadanía, entendida como la relación entre una persona y un Estado que implica determinados derechos y deberes jurídicos, puede obtenerse por lo general a través de dos formas al momento de nacer: ser hijo de un ciudadano de ese país o simplemente naciendo en ese territorio.

La primera opción, ser hijo de alguien que ya posee esa nacionalidad, se conoce en Derecho con el latinismo ius sanguinis (“derecho de sangre”) y entiende la nacionalidad como una identidad colectiva que se transmite de generación en generación. De esta forma, una persona adquiere la nacionalidad de sus ascendientes por su filiación, ya sea biológica o adoptiva.

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Por su parte, la segunda, nacer en el territorio de ese país, recibe el nombre de ius soli (“derecho del suelo”) y reconoce que la identidad viene determinada por el lugar en el que se encuentran los progenitores de la persona en el momento de su nacimiento, independientemente de su origen.

En términos generales, los países que aplican el ius soli son territorios que favorecen la inmigración, mientras que en su lugar los que utilizan el ius sanguinis priorizan la cohesión étnica y social. Según los datos de 2018 del Global Citizenship Observatory, “una red de investigación comprometida con el análisis no partidista y basado en hechos de las leyes de ciudadanía y los derechos electorales en todo el mundo”, la gran mayoría de Estadis opta por esta segunda opción (130 países y territorios dependientes), restringiendo incluso la herencia de la nacionalidad ya no solo a la ciudadanía de los padres, sino también a su residencia, como ocurre en Australia, Portugal, Alemania o Colombia.

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Por el contrario, los países que apuestan por el ius soli son 39, la gran mayoría de ellos ubicados en América. En Estados Unidos, por ejemplo, el llamado birthright citizenship (derecho de ciudadanía por nacimiento), no distingue entre padres estadounidenses e inmigrantes, y otorga la nacionalidad a cualquier nacido en suelo nacional, sin ningún tipo de matiz. Esta interpretación, recogida en la enmienda XIV de la Constitución, fue aprobada en 1868, justo después de la Guerra Civil estadounidense. La victoria de la Unión, partidaria de abolir la esclavitud, posibilitó este cambio, que tenía como objetivo convertir en ciudadanos estadounidenses a los que hasta ese momento habían sido esclavos.

En el caso español, por ejemplo, el artículo 17 del Código Civil establece desde 1982 que “son españoles de origen los nacidos de padre o madres españoles, los nacidos en España de padres extranjeros si, al menos, uno de ellos hubiera nacido también en España, los nacidos en España de padres extranjeros, si ambos carecieren de nacionalidad o si la legislación de ninguno de ellos atribuye al hijo una nacionalidad y los nacidos en España cuya filiación no resulte determinada”.

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De esta manera, lo que prevalece es la nacionalidad española de los padres, aunque si ambos progenitores son extranjeros basta con que al menos uno de ellos haya nacido en España, una excepción del ius soli. También se obtiene la nacionalidad española al nacer si los padres del niño son apátridas o directamente no se tiene constancia de ellos.

Otros países utilizan criterios distintos. En Uganda, por ejemplo, también recibe la nacionalidad aquella persona nacida en el país “uno de cuyos padres o abuelos sea o haya sido miembro de alguna de las comunidades indígenas que existen y residen dentro de las fronteras de Uganda al primer día de febrero de 1926”, mientras que en Papúa Nueva Guinea también ocurre si alguno de los padres o abuelos no era ciudadano del país pero debería haber sido considerado como tal tras el Día de la Independencia —16 de septiembre de 1975—.

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