La infraocupación en las viviendas de la Unión Europea - Mapas de El Orden Mundial - EOM
Infraocupación de viviendas en la Unión Europea

Cartografía Economía y Desarrollo Europa

La infraocupación en las viviendas de la Unión Europea

Descripción del gráfico

¿Y si el problema de la vivienda en la Unión Europea, más allá de alquileres disparados e hipotecas inasumibles, fuera que vivimos en casas demasiado grandes y por tanto no aprovechamos bien el espacio construido? Según datos de Eurostat de 2019, más de un tercio de los europeos, el 36%, vive en una vivienda infraocupada, una proporción que se ha mantenido estable desde 2010. De la misma forma, el número de habitaciones por habitante es de 1,6.

Pero ¿qué es exactamente una vivienda infraocupada? Según la metodología de la Oficina Europea de Estadística, se trata de un hogar demasiado grande para las necesidades de la unidad familiar que vive en él en términos de habitaciones y, más concretamente, de dormitorios. Así, se considera una vivienda infraocupada aquella que cuenta con más de una habitación por cada pareja, adulto soltero, dos adolescentes de 12 a 17 años del mismo género o dos niños menores de 12 años.

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De esta forma, si una familia compuesta por dos padres y dos hijos de cinco y siete años vive en una casa con más de dos habitaciones, su vivienda se consideraría una propiedad infraocupada. Lo mismo ocurriría en el caso de una pareja o una persona que vive sola con más de una habitación. La situación más repetida de este tipo de hogares es una pareja viviendo sola en su lugar de residencia habitual después de que sus hijos se hayan independizado.

En Malta, Chipre e Irlanda la proporción de ciudadanos viviendo en un hogar infraocupado supera incluso el 70%, un dato que contrasta con la insularidad y el reducido tamaño de las dos primeras. En el extremo opuesto, en Letonia y Rumanía la población con espacio de más es una minoría  —no supera el 10%—, una característica que comparten todas las antiguas repúblicas de la órbita comunista.

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Para evitar este tipo de situaciones lo ideal sería que la población fuera cambiando de vivienda a medida que evoluciona su situación vital. Una misma persona podría, por ejemplo, vivir en una casa con una única habitación mientras termina sus estudios o comienza su vida laboral y mudarse a una más grande cuando encuentre pareja o tenga hijos para volver a otra de tamaño más reducido cuando estos se emancipan o cuando se quede viuda.

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En la práctica no es tan fácil cambiar tantas veces de hogar. La primera razón es económica: mudarse requiere de una inversión imposible de acometer para la mayoría de la población, que ya vive de por sí endeudada con su primera hipoteca. También para los que viven de alquiler, que, aunque sí cuentan a priori con más margen, están a merced de la volatilidad del mercado y la falta del control en los precios. Cada vez resulta más difícil encontrar un piso de alquiler a un precio moderado y acorde a las necesidades de los inquilinos.

La segunda es emocional: lo normal es que para conseguir una casa en propiedad los ciudadanos hayan ahorrado durante varios años y solicitado un préstamo, por lo que en la mayoría de casos los bienes inmuebles son más un hogar, un símbolo de la unidad familiar o del éxito personal que una simple moneda de cambio. Por todo ello, suele ser la población la que se adapta a sus viviendas y no al revés.

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