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Geopolítica de Filipinas

Suscripción Cartografía Geopolítica Asia-Pacífico

La geopolítica de Filipinas

Descripción del mapa

Filipinas tiene en su geografía su principal baza geopolítica y, a la vez, su talón de Aquiles. Enclavada en el sudeste asiático, en la confluencia entre el mar de la China Meridional, el archipiélago de Indonesia, el mar de Filipinas y el océano Pacífico, Filipinas está compuesta por alrededor de 7.000 islas, todo un rompecabezas lingüístico, cultural y social que dificulta la integración nacional. Esa debilidad territorial la hace vulnerable a las crecientes intenciones expansionistas de China, sobre todo al oeste del país archipelágico.

Sin embargo, la ubicación del archipiélago filipino, en la entrada marítima al sudeste asiático desde el Pacífico, es también un fuerte activo del país y ha provocado que las principales potencias occidentales y asiáticas hayan tratado de acercar posturas con el Gobierno filipino e incluso hacerse con su control. No en vano, Filipinas fue colonia de España ―fue bautizada con su nombre actual en 1543 en honor al rey y entonces príncipe español Felipe II― y Estados Unidos. El país asiático está situado, además, en pleno cinturón de Fuego del Pacífico y en la actualidad cuenta con 53 volcanes activos. Esa amenaza ha sido aprovechada por Filipinas para convertirse en el tercer productor mundial de energía geotérmica, solo por detrás de Estados Unidos e Indonesia.

Las disputas territoriales en el sudeste asiático

En cuanto a su composición geográfica, Filipinas se divide en tres grandes agrupaciones de islas: Luzón, Bisayas y Mindanao. Luzón, la isla situada más al norte, concentra el músculo económico y político del país y es donde está ubicada la capital filipina, Manila. En Luzón la mayoría de la población es urbana, hasta el punto de que la Gran Manila aglutina el 20% del total de la población del país, que ronda los 100 millones de personas. La brecha económica entre norte y sur también es evidente, con la mitad de Luzón acaparando hasta el 62% del Producto Interior Bruto nacional.

Filipinas también destaca por su gran variedad lingüística: tiene cerca de 75 lenguas nativas, entre las que destacan el tagalo, del que deriva el filipino, lengua oficial del país junto con el inglés; el cebuano; y el ilocano. Además, en Filipinas también existen aproximadamente dos millones de hispanohablantes, fruto de la herencia colonial española. En cuanto a la religión, 76 millones de filipinos ―cerca de un 80%― son católicos, lo que da lugar a la tercera población católica más grande del mundo; por su parte, en la parte oeste de la isla de Mindanao, los musulmanes son mayoría con alrededor de cinco millones de fieles.

La intrincada geografía y la fragmentación de su población, no obstante, dificultan enormemente el control del país por parte del Gobierno de Rodrigo Duterte, presidente desde 2016. El sur de Filipinas lleva décadas inmerso en una lucha por el control de la zona con grupos yihadistas como Abu Sayyaf y, en los últimos años, también el Estado Islámico, que ha reforzado su estrategia en Asia-Pacífico tras los reveses militares que ha sufrido en Oriente Próximo. Al terrorismo yihadista se suman los atentados y actos violentos perpetrados por la insurgencia comunista del Nuevo Ejército del Pueblo. Fundado en 1969,  el brazo militar del Partido Comunista de Filipinas busca derrocar al Gobierno de Filipinas e instaurar un nuevo régimen liderado por la clase trabajadora que acabe con la influencia estadounidense.

Otro de los frentes abiertos de la Administración de Duterte es la denominada “guerra contra las drogas”. Aunque no hay datos concretos, el consumo de anfetaminas es muy elevado en Filipinas y, a diferencia de otros países como México o Colombia, el tráfico de drogas está controlado por pequeños vendedores que distribuyen las anfetaminas que reciben de países extranjeros como China. Esto dificulta aún más si cabe la identificación e intervención de las rutas de venta, de modo que la respuesta de Duterte ha sido lanzar una guerra sin cuartel que, tras casi cuatro años de terror, se ha llevado por delante decenas de miles de vidas, la mayoría de ellas en asesinatos extrajudiciales, y se ha cebado con los filipinos más pobres.

Duterte y su guerra contra las drogas en Filipinas