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Compra de vacunas y dosis reservadas

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La carrera en la compra de las vacunas

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Corría el mes de marzo de 2020 cuando, en medio de un caos de curvas de contagios descontroladas, cierres fronterizos y prohibiciones a la exportación de material médico en Europa, una reunión al otro lado del Atlántico hacía saltar todas las alarmas en Bruselas: Donald Trump se había reunido con Daniel Menichella, el director ejecutivo de CureVac. La empresa de biotecnología alemana había desarrollado una vacuna experimental contra la rabia basada en la nueva tecnología de ARN mensajero y podría adaptarla al coronavirus en cuestión de meses. Al parecer, Trump había ofrecido “grandes cantidades de dinero” a cambio de acceso exclusivo a la futura vacuna.

La Unión Europea, lejos de estar rezagada, apenas había escuchado el pistoletazo de salida de la carrera por la compra de las vacunas. Las noticias provenientes de Washington sirvieron de despertador: el 16 de mayo Ursula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, se reunió con los directivos de CureVac para prometerles una inversión de 80 millones de euros si manufacturaban su vacuna en la UE. “Su hogar está aquí”, dijo después Von der Leyen en una rueda de prensa.

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Sin embargo, la compañía alemana estaba muy por detrás de otros competidores estadounidenses, británicos e incluso europeos, como su compatriota BioNTech, que ya había anunciado un acuerdo de colaboración con la farmacéutica estadounidense Pfizer para fabricar su vacuna contra el coronavirus. La Comisión había perdido la carrera por la inversión en vacunas experimentales y partía con una gran desventaja en la compra de las soluciones que ya prometían neutralizar el virus.

Además de seguir los movimientos de Estados Unidos y Reino Unido, Bruselas también tenía que convencer a los Estados miembros para llevar a cabo una compra conjunta. La Unión Europea, con una población de 500 millones de habitantes, tenía mayor fuerza negociadora si actuaba en conjunto y, además, quería evitar una guerra sin cuartel entre las capitales por hacerse con los mejores contratos.

Lo consiguió el 12 de junio, pero para hacerlo tuvo que perder varias semanas valiosísimas en ganarse la confianza de los Estados miembros, durante las cuales otros países no perdieron el tiempo. Así, Estados Unidos y Reino Unido fueron los más rápidos de la clase y se aseguraron 90 y 300 millones, respectivamente, de la vacuna desarrollada por la británica AstraZeneca el 21 de mayo, tal y como los datos del UNICEF COVID-19 Vaccine Market Dashboard. Pronto sumaron más acuerdos con Novavax, Pfizer/BioNTech, Sanofi y Janssen, al igual que países como Israel, Japón o Canadá.

La UE, por su parte, después de superar el desafío de poner de acuerdo a las capitales, prefirió priorizar la seguridad de los contratos —si las vacunas provocaban efectos secundarios serios, las farmacéuticas deberían responsabilizarse— y el precio a pagar por cada dosis en la negociación con las distintas distribuidoras. Tanto es así que Bruselas no anunció la firma de su primer contrato hasta el 27 de agosto (300 millones de dosis mas 100 opcionales de AstraZeneca), sin ser consciente de que Reino Unido había introducido condiciones más duras en su negociación y había obligado a la farmacéutica a priorizar el envío de dosis a Londres.

Poco a poco la Unión Europea fue cerrando su cartera de vacunas, en lo que se vendió como un éxito de la estrategia de compra común, pero meses después el reparto de las dosis provocó un nuevo terremoto en el grupo comunitario. El retraso y los recortes en las entregas pusieron contra las cuerdas a Bruselas, que se convirtió en el chivo expiatorio de los políticos europeos que veían cómo Estados Unidos y Reino Unido avanzaban rápidamente en sus campañas de vacunación mientras Europa esperaba y esperaba.

Ahora que la UE ya ha conseguido igualar el ritmo de vacunación de sus dos principales competidores, las voces críticas han ido apagándose y los pinchazos han acaparado toda la atención. La vacunación es una carrera a largo plazo y Europa está recuperando el terreno perdido, pero aún hay muchos países que apenas están comenzando a correr. Por desgracia para las naciones con menos recursos —la Unión Africana firmó su primer acuerdo el 13 de enero de 2021—, la compra de vacunas se convirtió pronto en una competición entre los países ricos, que no dudaron a la hora de acaparar la producción y asegurarse más dosis de las que necesitaban. Covax y las donaciones de estos países son las grandes y únicas esperanzas de los países más pobres.

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