En el foco Geopolítica Asia-Pacífico

China en 2019

China en 2019

El año 2018 termina con la rivalidad entre Washington y Pekín escenificada en el plano comercial. 2019 será clave para la metamorfosis china a potencia mundial; rivalidades tecnológicas y desplazamientos geopolíticos son solo algunos de los capítulos a los que nos enfrentaremos este año.

2019 marcará el 70.º aniversario de la República Popular China y, con este, un nuevo hito para el comunismo mundial. No solo ha conseguido superar a la Unión Soviética como país socialista más longevo —la primera duró casi los 69 años que China cumplió en 2018—, sino que ha crecido de manera exponencial en estas décadas hasta convertirse en la segunda economía mundial —preparada para relevar a Estados Unidos a la cabeza de esta lista en 2032—, el primer país en materia de reservas de divisas y una potencia diplomática que comienza a tener más influencia en regiones tradicionalmente apartadas de su área de seguridad, como América Latina o África.

¿Habrá sorpresas a nivel interno?

La crisis de liderazgo hasta el relevo de Hu Jintao se salvó con la subida al poder de Xi Jinping en 2012. La nueva visión, más proactiva, participativa y responsable, de los asuntos internacionales ha hecho aparecer a Xi como una pieza clave a largo plazo. 2018 vio la consolidación de su poder y, con ello, la confirmación de la vía imperativa y centralizada, apartada de las visiones revisionistas de los ochenta.

En 2019 Xi continuará su camino de retener y ampliar su poder. La purga interna mediante la campaña anticorrupción —que ya se ha llevado por delante a más de un millón de oficiales del partido— y el renacimiento de los valores de culto a la ideología del Estado disminuyen el poder de las facciones contrarias al presidente. Asimismo, mediante la construcción de campos de “reeducación” dirigidos a los uigures musulmanes en la región occidental de Sinkiang, Xi trata de eliminar cualquier signo de disidencia. Más aún, esta tendencia parece que continuará en los años venideros, puesto que entre las filas del partido no hay nadie que pueda reemplazar a Xi.

Para ampliar: “Lo que China esconde: el encaje uigur”, Benjamín Ramos en El Orden Mundial, 2015

¿Reclamará un protagonismo mundial más activo?

A pesar de ser un país de no muy buena reputación a nivel internacional, China ha sabido posicionarse y hacer valer el peso de su diplomacia —sobre todo por su poder económico y financiero— en las organizaciones internacionales. A escala regional, Pekín seguirá apoyando a Corea del Norte, puesto que es una manera de dialogar y medirse las caras con Washington. Además, las relaciones con Estados Unidos están provocando un reordenamiento de las alianzas estratégicas.

Si bien no podemos hablar de países rivales, como India o Japón, como aliados, sí son vecinos obligados a entenderse: tienen como interés común garantizar la viabilidad de las rutas internacionales de comercio y mantener un entorno favorable para el intercambio. Al ser 2019 una fecha tan importante, es posible que China use estas nuevas alianzas y el debilitamiento de la posición de la Administración Trump en el Indo-Pacífico para avanzar en el mar de la China Meridional. Las relaciones sino-taiwanesas también podrían endurecerse: Pekín ya ha empezado a tomar la iniciativa en su objetivo de unificación tratando de atraer a los jóvenes taiwaneses al continente y presionando a los pocos aliados exteriores de Taiwán para que rompan relaciones y las establezcan con Pekín a cambio de jugosos paquetes de ayuda.

Para ampliar: “Cuando Taiwán se quede sin aliados”, Andrea G. Rodríguez en El Orden Mundial, 2018

Los reclamos territoriales chinos en el mar Meridional son parte del nuevo espacio vital que necesita Pekín para sentirse seguro. No obstante, chocan frontalmente con los intereses de otros Estados colindantes. 2019 puede ser clave en la disputa.

Asimismo, la influencia china podría consolidarse en Europa, aliado tradicional de Washington, a través de la Nueva Ruta de la Seda, aunque esta iniciativa sea vista con suspicacia en el Viejo Continente. En 2016 las inversiones de China en Europa doblaban la suma de todos los años anteriores y en 2017 Europa representaba un cuarto de las inversiones totales de China en el extranjero —frente a un quinto el año anterior—. Este movimiento sigue la tendencia de Pekín de tratar de conseguir una visión más favorable de China en los aliados de Estados Unidos y muchos países de todo el mundo se suben al carro, como Filipinas.

¿Seremos testigos de la competición tecnológica entre Estados Unidos y China?

Tras llegar a la Casa Blanca en noviembre de 2016, Donald Trump apuntó a China como una de las grandes causas del detrimento a nivel nacional de la manufactura y la extracción de productos como el carbón. La subida de los aranceles, que probablemente seguirá escalando pese a de la tregua de 90 días pactada en la reunión del G20 a finales de 2018, afecta sobre todo a productos como automóviles, carbón o acero. Sin embargo, estos productos —aunque claves— pertenecen al siglo pasado. La supremacía se basa en las patentes, las nuevas tecnologías, la robótica, la inteligencia artificial, la industria militar y el espacio. Es por todo ello por lo que las rivalidades que la guerra comercial ha personificado entran en una nueva etapa que desvela, al fin, la competición tecnológica entre ambos países.

Para ampliar: “‘Made in China 2025’ o la vuelta de la Gran China”, Eduardo Saldaña en El Orden Mundial, 2018

En el plano militar, la construcción de una marina de altamar, capaz de alcanzar todos los rincones del planeta y operar en mar abierto, es uno de los ejes inexplorados previamente por Pekín, que siempre ha sido una potencia terrestre para la que el mar era una barrera natural que la protegía de los enemigos —normalmente del norte—. Ello muestra la psicología de una China más mundial, que se siente amenazada por el otro lado del Pacífico y que además necesita supervisar la viabilidad de los cinturones parte de la Nueva Ruta de la Seda.

La Nueva Ruta de la Seda se compone de varios corredores o cinturones que apoyan la travesía principal, de Pekín a Madrid.

Los planos comercial y científico se encuentran estrechamente ligados. En el primero, será la batalla por los semiconductores —materiales muy presentes en elementos tecnológicos claves, como chips, transistores o silicona—, caros de importar y de vender y necesarios para la industria 4.0 —inteligencia artificial y robótica—. Esto tiene, además, un impacto en la competición por el espacio: así como Moscú y Washington competían por ser el hegemón tecnológico en todos los ámbitos, el espacio es la nueva frontera de China.

Para ampliar: “Chip Wars: China, America and Silicon Supremacy”, The Economist, 2018

La visión de China de convertirse en el indiscutible líder tecnológico a nivel mundial para el centenario de la república comienza por conseguir los objetivos programados para 2025: igualar a Estados Unidos y otras potencias en lo tecnológico e industrial. Y para ello quedan seis años. La supremacía tecnológica mediante la inversión en inteligencia artificial tiene grandes consecuencias para la seguridad nacional. Por un lado, ayuda a la superioridad militar al ampliar la eficacia y la variedad de armas; en el ciberespacio, amplía el escudo ante los ciberataques y genera nuevos modos de actuación. Por otro lado, favorece la superioridad informativa, la capacidad de generar noticias e influir en todo el mundo con ellas —el denominado sharp power—. Todo ello tiene su impacto en la supremacía económica, y estas tres visiones combinadas — militar, tecnológica y económica— son la receta de una superpotencia.

Las primeras consecuencias diplomáticas de la competición tecnológica ya han comenzado. La batalla por el control de las tecnologías 5G —nueva generación de redes móviles— enfrenta directamente a China con Occidente y se agudizará en 2019. Países como Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos o, recientemente, Japón tienen prohibido vender en su territorio dispositivos Huawei, la marca que ha vendido más teléfonos que Apple en 2017, y está previsto que otros países se sumen a la prohibición.

2019 será un año clave para China y tendrá grandes consecuencias en el devenir de la geopolítica mundial. La competición con Estados Unidos será esencial para barajar nuevas alianzas regionales y la importancia de la fecha —el 70.º aniversario de la República Popular— alentará un papel más activo por parte de Pekín. La incidencia de un cada vez más fuerte Xi Jinping y la necesidad de llegar a los objetivos de 2025 sentarán las bases de la nueva manera de afrontar la competición tecnológica entre los gigantes de Oriente y Occidente, para recrudecimiento de la contienda entre estas dos superpotencias.