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Un nuevo futuro para Arabia Saudí

Un nuevo futuro para Arabia Saudí
Imagen oficial del proyecto de megaciudad saudí. Fuente: Neom

Arabia Saudí ha decidido apostar todo su futuro al ambicioso proyecto conocido como Neom, una megaciudad tecnológica a orillas del mar Rojo en una zona que hoy no es más que desierto y costa virgen. Neom transformará o destruirá el reino tal y como lo conocemos. Su líder, Mohamed bin Salmán, será la persona que haga o deshaga el nuevo futuro que contempla Arabia Saudí. De llevarse a cabo, Neom tendrá importantes repercusiones geopolíticas en la región

A pesar de no ser el primer proyecto megalómano en el que se embarca el reino saudí, Neom será una apuesta más decidida y decisiva que todas las anteriores. Si se ejecuta tal y como está proyectada, la creación de esta nueva smart city —‘ciudad inteligente’— a orillas del golfo de Ácaba, en el mar Rojo, tendrá profundas repercusiones sociales, económicas y geopolíticas, tanto a nivel nacional como para la región y para el conjunto de la economía mundial.

Por lo que sabemos hasta la fecha, a falta de la publicación de un plan, este macroproyecto —quizá el más ambicioso de la Historia— es la piedra angular de la Visión Arabia Saudí 2030, un plan integral para reformar y diversificar la economía del reino con vistas puestas al mundo pospetróleo. Neom se concibe sobre el papel como una de las futuras fuentes de generación de riqueza, inversiones e ingresos de forma sostenible y duradera para el Estado saudí.

El nombre elegido para este proyecto viene de la palabra griega neo —‘nuevo’— y la primera letra de la palabra árabe mustaqbal —‘futuro’—, en clara referencia a la necesidad del reino saudí de reformarse para seguir ocupando un lugar importante en el mundo pospetróleo. No cabe la menor duda de que el reino necesita un nuevo futuro si pretende seguir existiendo a medio plazo tal como lo conocemos.

Presente complicado, futuro en entredicho

El reino de Arabia Saudí es probablemente uno de los países más singulares que existen, con una Historia y una estructura político-social muy peculiares. El Estado saudí no es una república totalitaria moderna al estilo de la República Popular Democrática de Corea —Corea del Norte—, sino más bien un Estado wahabí autoritario, lleno de contradicciones, que gobierna sobre una sociedad ultrarreligiosa y conservadora.

La Visión 2030 y el proyecto Neom implican un grado de liberalización y apertura social que permitan el crecimiento del sector servicios —en concreto el turismo—, el aumento de la productividad laboral, la introducción de la mujer al mercado laboral y amplias reformas del sistema educativo, tradicionalmente un bastión religioso. Neom cambiaría las relaciones entre el Estado y sus ciudadanos política, social y económicamente, transformaría el contrato social vigente y afectaría también a la relación del Gobierno con las élites religiosas.

A pesar de los intentos por parte de los dos pilares principales que gobiernan el país —la extensa familia real saudita y las élites religiosas— por mantener a la sociedad anclada en la tradición, la situación es cada vez más frágil y los gobernantes son conscientes de ello. Con unos recursos económicos cada vez más diezmados y la necesidad de reformas económicas, la situación del país se hace insostenible. Los líderes saudíes también saben que las reformas y la modernización económica deben venir acompañados de cambio y apertura social, pues no existe lo uno sin lo otro.

Para ampliar: “Arabia Saudí, el reino del Corán y la espada”, Adrián Albiac en El Orden Mundial, 2016

Un estudio del año 2011 revelaba que la mitad de la población saudí es menor de 25 años y dos tercios es menor de 30 años. Además, el estudio también muestra como el acceso de los jóvenes a internet es cada vez mayor, algo que queda claro al ver el nivel de penetración de las redes sociales en el reino. Sin embargo, la otra cara de la moneda se encuentra en el hecho de que el sistema educativo, basado en las madrasas wahabíes, forma a una juventud con unos niveles educativos muy bajos, con escasas posibilidades de encontrar empleo y altamente inexperta, que además tiene que competir con los expatriados extranjeros, actuales dominadores del mercado laboral saudí.

Con una economía disfuncional, corrupta y llena de rivalidades internas, la necesidad de atraer capital humano extranjero a Arabia Saudí se hace más importante que nunca. Pese a las dudas que rodean al proyecto, ya se han otorgado los primeros contratos y se han firmado los primeros acuerdos entre Arabia Saudí y Egipto. Países como Japón o Rusia han confirmado su interés en invertir en el proyecto y se espera que en el futuro muchos más países y empresas se sumen a él.

Neom, un nuevo futuro

El espacio elegido para este enorme proyecto son unos 100 km de costa virgen situados al norte del golfo de Ácaba —26.500 km² en total, el doble del tamaño de Catar y algo menos que Bélgica— en una zona limítrofe con Egipto y Jordania, no muy lejos de Israel. Será también la primera zona franca del mundo que se sitúe en torno a tres países.

Neom se vende como una ciudad filosófica y tecnológicamente moderna, donde las tareas mecánicas y repetitivas serán llevadas a cabo por robots y el transporte público estará 100% automatizado. Se cultivará comida en el mar, toda la energía necesaria provendrá de fuentes renovables —solar y eólica—, albergará industrias de alta tecnología —biotecnología, tecnología informática…— y manufacturas avanzadas —drones, robótica y vehículos autónomos— y prestará servicios digitales de vanguardia en diferentes sectores claves de cualquier Estado moderno —gobierno, educación y finanzas—.

Pese a situarse en una zona desértica, las condiciones geográficas y climáticas del territorio donde se ubicará son altamente favorables: cuenta con una temperatura media 10 ℃ inferior a la media del resto de países del Consejo de Cooperación del Golfo y un viento suave y constante, además de abundante sol, perfectos para la producción de energía eólica y solar. Se localizará a menos de ocho horas de vuelo del 70% de la población mundial, por lo que puede convertirse en un importante centro de transporte de pasajeros y turístico a escala mundial.

Neom se ubicará en una región privilegiada —marcada en rojo—, a ocho horas de vuelo del 70% de la población mundial. Fuente: We Build Value

El presupuesto total para este macroproyecto es, de momento, de 500.000 millones de dólares. A pesar de los petrodólares y de la oferta pública parcial de venta de Aramco —la petrolera estatal saudí y empresa más rentable del mundo—, parece que esto no sumará todo el capital previsto para financiar el proyecto. Por otro lado, la ciudad parece que dispondrá de su propia legislación —y las empresas tendrán un lugar privilegiado a la hora de redactarla— y funcionará de manera completamente independiente del resto del reino saudí, excluyendo la política exterior, de soberanía y de seguridad.

Todo esto puede parecer excesivamente ambicioso. Resulta más fácil diseñar una nueva ciudad e integrar en ella innovaciones disruptivas que fusionar todas estas innovaciones para crear una nueva ciudad. Para que Neom llegue a ser un éxito, el Estado saudí necesita principalmente dos cosas: una campaña de marketing agresiva para lavar su imagen en el exterior —y dentro del propio reino— y conseguir atraer mucho dinero. Y lo cierto es que ya se ha puesto manos a la obra con ambos temas.

En este aspecto, un hecho relevante es la reciente “purga anticorrupción” liderada por el milénico heredero al trono Mohamed bin Salmán, conocido como “el Sr. Todo” debido a la multitud de altos cargos que ostenta y la concentración de poder de la que goza. La purga es un perfecto ejemplo de campaña intensa de marketing, ya que busca mostrar una profunda reforma político-social y a Bin Salmán como su líder y promotor, y una manera de obtener fondos y capital para el proyecto.

Sin embargo, permitir conducir a las mujeres no tiene nada de revolucionario y encerrar a líderes empresariales del país y expropiar sus propiedades quizás no sea la mejor manera de obtener confianza y credibilidad de cara a atraer capital extranjero. A diferencia de sus antecesores, Bin Salmán reinará potencialmente durante un largo periodo de tiempo. Si no quiere enfrentarse a una rebelión, no puede seguir posponiendo los drásticos cambios y reformas que la economía y el sistema político del reino necesitan.

Para ampliar: “Mohamed bin Salmán, el rey del desierto”, David Hernández en El Orden Mundial, 2017

Intentando imitar a Singapur o Dubái

Tanto Singapur como Dubái son ciudades —y zonas francas— que se encuentran en estrechos marítimos claves para el comercio y la economía mundial: Singapur se encuentra cerca del enlace del océano Pacífico con el Índico —el estrecho de Malaca— y Dubái en la entrada al golfo pérsico desde el Índico —el estrecho de Ormuz—. Ambos son ciudades Estado tremendamente exitosas, centros financieros de referencia mundial con valiosos puertos que los convierten en núcleos del comercio marítimo mundial. Son los cuellos de botella marítimos naturales más importantes del mundo y su control otorga una enorme influencia geopolítica y económica a escala mundial.

Para ampliar: En Shipmap se puede ver de manera interactiva la distribución del tráfico marítimo mundial y la importancia de los estrechos marítimos en él.

Neom se situará muy cerca del estrecho marítimo artificial más importante del mundo: el canal de Suez. Por él circula a diario alrededor del 7% del comercio marítimo mundial y es un paso de tránsito comercial estratégico, con profundas repercusiones para la economía mundial, como la Historia ha demostrado en varias ocasiones.

En una región del mundo llena de ciudades en el desierto repletas de rascacielos, es una incógnita hasta qué punto este proyecto tiene sentido y si puede llegar a ser viable a largo plazo. No es el primer proyecto de semejante índole en el que se ve inmersa Arabia Saudí; existen ejemplos de proyectos similares a menor escala, como el distrito financiero de Riad o la Ciudad Económica del Rey Abdalá, situada también en la costa del mar Rojo, al norte de la ciudad de Yeda. Ambos proyectos son rotundos fracasos, a pesar del torrente financiero del que han gozado durante años.

El príncipe Bin Salmán confirmó que el Estado saudí se comprometía a seguir apoyando el desarrollo de ciudades económicas, que “no habían alcanzado todo su potencial”; con respecto a Neom, recalcó que “es una historia totalmente diferente […]. Hay un compromiso claro del Gobierno; estamos poniendo nuestro nombre en primera línea”. Añadió que será una ciudad libre de todo lo “tradicional”, a diferencia de los casos anteriores, y aseguró que Arabia Saudí volverá a una versión “moderada” del islam. No queda muy claro qué significa esto y si bastará para lavar su imagen de cara al exterior o cómo reaccionará la propia población saudí.

Para ampliar: “El comercio marítimo en Oriente Próximo y el subcontinente indio”, Joaquín Domínguez en El Orden Mundial, 2017.

Aunque Bin Salmán transmita tranquilidad, el proyecto está lleno de incógnitas y no existen garantías de que se acabe llevando a cabo como está planeado. Ya existen ciudades con una vocación similar en la región, como Abu Dabi o Doha, y en ninguna de ellas se han logrado los objetivos marcados. Tan solo Dubái se ha convertido en una historia de éxito como ciudad mundial moderna; las demás intentan seguir su estela. Si esto ha sido así es debido a que Dubái ha sido capaz de situarse como centro financiero y marítimo mundial al atraer grandes cantidades de capital extranjero —también humano— y haber realizado en paralelo una apertura social mucho más profunda que en otras partes de Oriente Próximo. Por ejemplo, en Dubái se toleran los bikinis en la playa y el Gobierno ha cedido espacios para la construcción de diferentes templos e iglesias, algo completamente inconcebible hoy en un país como Arabia Saudí.

El impacto geopolítico de Neom

Uno de los aspectos más interesantes del proyecto son sus repercusiones geopolíticas en una región tan volátil como Oriente Próximo, dado que afectará a multitud de coyunturas, como la balanza de poder en la región o el siempre presente conflicto palestino-israelí.

En junio de 2017 Egipto y Arabia Saudí llegaron a un acuerdo final para la transferencia —a cambio de 16.000 millones de dólares en inversiones y préstamos para la maltrecha economía egipcia— de la soberanía de las pequeñas e inhabitadas islas de Tirán y Sanafir, en la entrada al golfo de Ácaba, con un fuerte rechazo de la población del país faraónico. Aunque no lo pareciese, esto tendría fuertes repercusiones en las relaciones entre Egipto, Arabia Saudí e Israel.

El tratado de paz firmado por Egipto e Israel en 1979 otorga a este último acceso libre e incondicional al mar Rojo a través del golfo de Ácaba. De hecho, las restricciones impuestas por Egipto al tráfico de buques israelíes por los estrechos de Tirán fueron una de las razones de la guerra de los Seis Días. Hoy la ciudad israelí de Eilat y su salida al mar Rojo son un punto clave del comercio marítimo israelí con sus socios comerciales del sudeste asiático.

Hasta ahora, El Cairo había sido el responsable de asegurar la libre circulación marítima por los estrechos de Tirán, como establece el tratado de paz. Sin embargo, tras la transferencia de la soberanía de las islas a manos del reino saudí, ahora será Riad la responsable de mantener las cláusulas del tratado relativas a la navegación israelí a través de los estrechos. Arabia Saudí no ha firmado un tratado de paz con Israel y, al menos oficialmente, no tiene relaciones diplomáticas con él, pues ni siquiera lo reconoce como Estado, pero sin ninguna duda esta situación cambiará y lo más probable es que acabe oficializando el reconocimiento antes o después, de manera notoria o por la puerta de atrás.

El golfo de Ácaba y el mar Rojo enmarcan la localización de Tirán, entre Egipto y Arabia Saudí; al este se encuentra Sanafir. Se trata de las dos islas cuya soberanía fue transferida a Arabia Saudí, que pretende conectar Asia y África mediante el puente del Rey Salmán utilizando las islas. Fuente: Jack Smith

Resulta también difícil de imaginar que las autoridades israelíes no hubiesen dado luz verde a tales intercambios —aunque haya sido a través de canales extraoficiales o usando a EE. UU. como interlocutor— entre sus dos aliados más importantes en la región. Cada vez queda más claro que el sistema de alianzas está viviendo tremendos cambios y se está produciendo un realineamiento de fuerzas en la región, con un eje Arabia Saudí-Israel-EE. UU. tomando cada día una forma más nítida. Neom es el ejemplo más claro de ello.

Una verdadera alianza toma forma cuando dos o más Estados —o diferentes actores de la escena internacional— comparten intereses y, en muchos casos, enemigos. La alianza durará tanto como dure al menos uno de estos factores. En este caso, comenzando por el factor del enemigo común, no hay duda de que este existe: es notoriamente conocida la cada vez más caliente guerra fría de Israel y Arabia Saudí con Irán, con múltiples escenarios de conflicto, como Siria, Yemen o Líbano, que en cualquier momento podría hacer estallar un conflicto regional —e incluso mundial— mucho mayor. Sin embargo, no es solo su animadversión compartida en contra de Irán lo que los une; también existen intereses económicos y geopolíticos comunes.

El surgimiento de esta nueva alianza formal forzará a países como Jordania o Egipto a sumergirse en acuerdos de cooperación en materia de seguridad mucho más profundos con sus vecinos y otorgará a Israel una influencia aún mayor en la región, en especial en la imposición de su resolución de la cuestión palestina.

Por otro lado, Israel lleva años trabajando en el proyecto conocido como Red-Med, un sistema de transporte ferroviario de alta velocidad de unos 350 km que cruza todo Israel enlazando las ciudades portuarias de Eilat, cerca del mar Rojo, y Haifa, en el Mediterráneo, con lo que une sus dos puertos más importantes. Red-Med y Neom se convierten en dos proyectos potencialmente complementarios; juntos se podrían convertir en un complemento comercial al canal de Suez e incluso en una alternativa directa. De igual modo, Israel puede aportar conocimientos claves a Neom en sectores importantes como la ciberseguridad —sector en el que es líder mundial— o en el tratamiento y conservación de aguas.

Ambos proyectos son muy llamativos para potencias marítimas mundiales como China. Una China que ya ostenta relaciones extraordinarias tanto con Israel como con Arabia Saudí y que dentro de su plan de crear una nueva Ruta de la Seda es una potencia comercial cada vez más importante, siempre deseosa de encontrar alternativas comerciales a los puntos de presión que se puedan usar en su contra, como es el canal de Suez.

De fondo quedan también la creciente militarización del mar Rojo y una serie de preguntas. ¿Cómo afectarán todos estos cambios a la cuestión palestina? ¿Cómo reaccionarán las poblaciones de los distintos países ante estos desarrollos históricos? El tiempo dirá si los planes dan sus frutos y Riad logra mantener su influencia en el mundo pospetróleo o si, por el contrario, el reino se ahoga en su propio ego y sus planes acaban como sueños rotos en el desierto.

Para ampliar“Escalada de tensiones al oeste del mar Rojo”, Juan Bautista Cartes en El Orden Mundial, 2018

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Álvaro Conde

Álvaro Conde

Madrid (1994). Graduado en Relaciones Internacionales por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Interesado especialmente en la geoeconomía y la globalización. Intento conectar y enlazar diferentes temas para lograr comprender el mundo de manera más integral. Curioso sin límites.

1 comentario

  1. Excelente artículo, gracias !