Cultura Política y Sociedad Europa

Generación del 68: más allá del mayo francés

Generación del 68: más allá del mayo francés
Grafiti en una clase de la universidad de Lyon tras la ocupación de parte del campus en mayo de 1968 en Francia. Fuente: George Garrigues

Simone de Beauvoir escribió en 1949 El segundo sexo, una de las obras más transcendentales en el desarrollo de la corriente feminista. La afroestadounidense Rosa Parks niega el asiento delantero de un autobús a un blanco en 1955. En 1964 El hombre unidimensional, de Herbert Marcuse, uno de los grandes exponentes de la Escuela de Fráncfort, ponía en tela de juicio las sociedades industriales por el autoritarismo que escondían los sistemas políticos. Feminismo, discriminación racial e imperialismo occidental, tres de los pilares básicos en la construcción de una nueva sociedad: la contracultura de 1968.

El nuevo orden internacional de la Guerra Fría reflejaba una dicotomía ideológica que, poco a poco, iría desquebrajándose. El desarrollo de las dinámicas capitalistas chocaba con la crítica social contra la explotación y el abuso de poder del sistema. Mientras, en el otro extremo, empezaba a emerger una nueva izquierda reacia al acomodado socialismo soviético arraigado en gran parte de Europa del Este.

Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre se reúnen en 1960 con Ernesto Che Guevara en Cuba. Serán tres grandes emblemas para la generación del 68. Fuente: OpenCulture

Pero, más allá de este reproche ideológico a las polarizadas corrientes políticas, los baby boomersaquellos nacidos entre 1946 y 1964— asumían una cierta ruptura en la cohesión social con la generación de sus padres. La expansión de la música pop, la visibilización del feminismo como movimiento y concienciación social, el auge del pacifismo como política internacional o la liberalización en el consumo de drogas son algunos de los síntomas de esta nueva contracultura que surgiría en la década de los 60 y desembocaría en las revueltas de 1968.

Sin embargo, no ha existido revolución que naciera de la noche a la mañana. En el caso de las revueltas de 1968, el estallido de nuevos conflictos sociales creaba un movimiento internacional particularmente enriquecido por su heterogeneidad. Las interrelaciones de todos estos acontecimientos iniciarían un proceso de globalización ideológica hace 50 años.

¿Guerrillas urbanas justificadas?

El statu quo estructurado desde 1945 había presionado a las grandes potencias occidentales para desvincularse del proceso de autonomía de sus respectivas colonias. La mayoría de los países africanos, sobre todo del protectorado británico, lograron su independencia de forma pacífica. No fue el caso en la guerra colonial portuguesa en Angola, Guinea y Mozambique (1961-1975) ni, particularmente, de la guerra de independencia en Argelia (1954-1962).

El continuo trato denigrante de los soldados franceses a los argelinos —los cuales habían colaborado con el ejército francés para la expulsión nazi de la madre patria— llevó a la independencia del país con un conflicto bélico protagonizado por el Frente de Liberación Nacional. La postura imperialista de las fuerzas francesas, así como la organización de los movimientos de liberación en guerrillas urbanas, abrió el camino de la crítica occidental al autoritarismo imperialista de sus Gobiernos.

La mayoría de los países africanos consiguieron emanciparse entre la década de los 50 y los 60. Fuente: Wikimedia

Cruzando el mar Atlántico, las políticas opresoras del régimen dictatorial de Fulgencio Batista habían causado grandes fracturas en la sociedad cubana desde 1952. Duramente castigados por la tiranía vivida en Cuba, se organizó el Movimiento 26 de Julio, compuesto por fuerzas militares que acordaron levantarse contra el régimen. Algunos de los ilustres personajes que encabezaron esta revolución fueron Camilo Cienfuegos, Raúl y Fidel Castro y, por supuesto, el comandante argentino-cubano Ernesto Che Guevara. La independencia de Batista se consiguió en 1959 y, al igual que en Argelia, el triunfo cubano vendría determinado por la expansión de guerrillas urbanas alrededor del país.

Siguiendo la estrategia bélica de guerrillas, el Libro Rojo de Mao Zedong, líder de la República Popular China desde 1950, recogía la importancia que habían tenido las guerrillas urbanas para la victoria final del Partido Comunista de China. La Revolución Cultural de Mao había demostrado el fraccionamiento en los postulados del comunismo soviético.

Para ampliar: “Los ases bajo la manga de las guerrillas”, Álvaro Fernández en El Orden Mundial, 2016

Estos tres sucesos fueron acontecimientos importantes en la estructuración ideológica y social de los nuevos valores culturales. Los procesos de descolonización en África —y, en menor medida, en Asia y América del Sur— originaron un movimiento tercermundista y pacifista que defendía la independencia de los países colonizados frentes a las potencias imperialistas. Este tercermundismo protagonizará, paulatinamente, una fractura política entre la izquierda tradicional y la nueva izquierda no conformista. Mientras, el maoísmo chino también manifestará una nueva alternativa particular al comunismo soviético extendido en varios rincones de Europa.

Para ampliar: “La Conferencia de Bandung, el nacimiento del altermundismo”, Fernando Rey en El Orden Mundial, 2016

La revolución será universitaria o no será

La emersión de la televisión fue esencial para el desarrollo de la cultura sesentayochista. Sería el principal vehículo en la demostración del empoderamiento social que poco a poco se iba extendiendo en ciudades como París, Nueva York, Tokio o Roma. Y sería la generación más joven, aquellos que prácticamente habían crecido y se habían socializado con el boom televisivo, quienes asumirían mejor los nuevos cambios sociopolíticos en el contexto internacional.

En 1966 se había fundado el Comité Vietnam Nacional en Francia, una organización representada mayoritariamente por universitarios y personalidades como Jean Paul Sartre y que criticaba la presencia de las tropas estadounidenses en Vietnam. Este comité, apoyado por la Unión Nacional de Estudiantes de Francia, reflejaba en cierta medida el sentimiento de buena parte de los estudiantes universitarios, reacios al belicismo occidental. Las manifestaciones de febrero de 1968 en contra de la participación estadounidense en la guerra no fueron apoyadas por el Partido Comunista Francés, lo cual demostraba las discrepancias ideológicas entre los manifestantes y el establishment de la izquierda tradicional francesa, al mismo tiempo que De Gaulle intentaba calmar las aguas.

Para ampliar: 1968. El nacimiento de un nuevo mundo, Ramón González Férriz, 2018

Daniel Cohn-Bendit, un estudiante franco-germano de Sociología en la Universidad de Nanterre, será una de las grandes figuras durante el mayo del 68. De hecho, el carácter asambleario característico de las revueltas sesentayochistas apareció en las asambleas universitarias celebradas en marzo y amparadas por Cohn-Bendit, lo que desembocará en el nacimiento de la organización universitaria Movimiento 22 de Marzo.

Mientras, en Alemania Occidental la ciudadanía clamaba contra las reformas legales realizadas, consideradas antidemocráticas. Esta indignación acabó movilizando a miles de estudiantes y originando la Oposición Extraparlamentaria, un movimiento estudiantil que, al igual que el movimiento francés, va a tener un papel esencial entre las manifestaciones. Aunque realmente el asunto más transcendental en este contexto era el hecho de que personalidades del nazismo siguieran ocupando puestos de responsabilidad, asunto que abría aún más la brecha generacional entre padres e hijos.

Para ampliar: “El eterno tabú alemán”, Astrid Portero en El Orden Mundial, 2018

A diferencia de los movimientos estudiantiles analizados, en Italia no solo se mediatizó la actividad de los estudiantes en las manifestaciones contra la inestabilidad política del país. También fueron importantes las discrepancias entre los sindicatos de las ciudades del norte, con trabajadores bien cualificados, y los sindicatos del sur, con trabajadores menos formados y compuestos mayoritariamente de inmigrantes recién llegados.

Como en Alemania, el legado del fascismo estaba presente en las universidades italianas. Las revueltas sesentayochistas se iniciaron así en febrero de 1968 con la ocupación de la Facultad de Letras, Arquitectura y Estadística en Roma por parte de estudiante antifascistas. El conflicto entre estudiantes maoístas, organizaciones neofascistas y los carabinieri se extendió durante todo el mes. Finalmente, tras la batalla del valle de Giulia entre militantes —de izquierdas y derechas— y la política italiana, se fueron diluyendo los enfrentamientos en pro de una lucha conjunta contra el establishment italiano e internacional.

Nuevos valores culturales, nueva Guerra Fría

La participación en la guerra de Vietnam produjo fuertes tensiones en la sociedad estadounidense. No se comprendía la necesidad del conflicto indirecto entre EE. UU. y la URSS, sobre todo si influía directamente en la ciudadanía y, particularmente, en la constante incorporación de jóvenes a la guerra. Los yippies del Partido Internacional de la Juventud se volvieron influyentes en la crítica al sistema conservador y autoritario del país.

Pero no solo había una acusación social a la explotación capitalista de EE. UU. El hecho de que una gran proporción de jóvenes afroestadounidenses participase activamente en la guerra de Vietnam mostraba notablemente la discriminación racial que caracterizaba la cultura estadounidense. Fue en esa crítica donde destacó el activista Martin Luther King, símbolo esencial de las manifestaciones pacíficas —influido por la doctrina pacifista de Gandhi— realizadas en todo el país para concienciar sobre la necesidad de equiparar los derechos civiles de la población negra a los blancos.

Marcha de la paz de 1967 en Harlem contra la opresión racial. Fuente: Builder Levy

En México también se vivían las tensiones sociales características de las grandes potencias mundiales. El autoritario Partido Revolucionario Institucional (PRI) había mostrado la dureza del Gobierno de Díaz Ordaz a la hora de paliar las insurgencias civiles del país. Por eso, los movimientos organizados en 1968 englobaban no solo una parte del sector universitario, sino también profesores, trabajadores e intelectuales de diversas ramas.

En vísperas de la inauguración de los Juegos Olímpicos de México de 1968, se produjo uno de los conflictos más violentos ocurridos durante 1968 cuando las fuerzas de autoridad del PRI llevaron a cabo la matanza de la plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco contra los estudiantes exiliados el día anterior de la Universidad Nacional Autónoma por las fuerzas armadas, así como transeúntes y residentes del lugar. La cifra de muertos varía mucho dependiendo de la fuente consultada: se calcula que alrededor de 300 personas perdieron la vida aquel 2 de octubre de 1968.

Para ampliar: La revolución divertida: Cincuenta años de política pop, Ramón González Férriz, 2012

En la órbita del comunismo, las exigencias de la ciudadanía checoeslovaca de un aperturismo soviético en el país se hacían incontrolables. La llegada de Alexander Dubček a principios de 1968 propulsó el nuevo programa de acción del Partido Comunista de Checoeslovaquia, “El socialismo con rostro humano”, un documento que exigía abolir la censura de los medios de comunicación, estructurar un país federal con una república socialista checa y otra eslovaca y acabar con la ortodoxia soviética por un socialismo democrático. La población mantenía esperanzas; la Primavera de Praga empezaba a tomar forma.

Para ampliar: “La primavera de la revolución”, Lorena Muñoz en El Orden Mundial, 2018

Todo esto derivó en el descontento soviético y de parte del Partido Comunista checoeslovaco, que precipitó la entrada de tropas militares del Pacto de Varsovia por territorios limítrofes a Checoeslovaquia —Alemania del Este, Polonia y Hungría— en agosto de 1968. Si bien se consiguió paliar el enfrentamiento entre el comunismo soviético y el socialismo democrático de Dubček, este acontecimiento marcará la pérdida de la secretaría general por este último en el siguiente año.

El terrorismo de izquierdas: la década de plomo

Una vez calmadas las aguas, las revueltas de 1968 quedaron oxidadas. Los jóvenes protagonistas terminaron sus estudios y siguieron las dinámicas sociales y laborales de sus padres. Si por algo destacaron los movimientos de 1968 es que ninguna de las insurrecciones civiles se tradujo en verdaderas revoluciones de facto. No obstante, cabe resaltar que todos estos movimientos sí que conllevaron la estructuración de nuevas organizaciones violentas: comenzaban los años de plomo.

Con la conjura común en contra del sistema político italiano, en 1969 surgieron las Brigadas Rojas, una organización crítica con el Partido Comunista Italiano que acabo transformándose en un grupo de lucha armada dividido entre varias ciudades del país y apoyado por otros grupos violentos. El asesinato del político Aldo Moro en 1977 desembocó en la desestructuración de la corporación y su posterior desaparición.

En Alemania, la organización de varios estudiantes participantes en las revueltas —Oposición Extraparlamentaria— y su posterior dilución desembocó en 1970 en la configuración de la Fracción del Ejército Rojo, la organización terrorista de la izquierda radical con más muertos en sus manos: 34 asesinatos. La preparación de varios de sus miembros en campamentos de la guerrilla palestina Al Fatá resultó clave en los violentos acontecimientos de los años posteriores, hasta su desaparición en 1998.

El desgaste franquista en España se hizo notable con la aparición de dos organizaciones que, si bien al principio podían parecer similares, se basaban en caracteres diferentes. Por un lado, destacaron en 1975 los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre o Grapo, una organización más cercana a la ideología y acciones del terrorismo de izquierdas europeo. Mientras, País Vasco y Libertad —más conocidos por sus siglas en euskera, ETA— había surgido como un movimiento emancipatorio y crítico contra el franquismo, aunque paulatinamente fuera sufriendo una transformación —y división— hacia una deriva fuertemente nacionalista, al estilo del Ejército Republicano Irlandés y, en menor medida, el Frente de Liberación Nacional de Córcega.

Los ataques terroristas han resurgido en el siglo XXI, aunque con menor intensidad y menos mortíferos que en la época de 1970-1990. Fuente: El País

También en Estados Unidos aterrizó este tipo de terrorismo revolucionario. El asesinato de Luther King precipitó la actuación violenta del colectivo afroestadounidense por la defensa de los derechos civiles y surgieron las Panteras Negras, así como la guerrilla marxista del Ejército Negro de Liberación. Por otro lado, los críticos con el imperialismo capitalista se organizaron en Weather Underground, grupo derivado de la nueva izquierda estadounidense y con un carácter menos violento en cuanto a asesinatos se refiere.

Las revueltas civiles no violentas de 1968 quedaron en un segundo plano por la posterior aparición de organizaciones terroristas de corte marxista-leninista. La guerrilla urbana fue la técnica más repetida por estos grupos y el objetivo general era desenmascarar la cara opresora de los Gobiernos y la ineficaz izquierda tradicional, organizada en partidos políticos. Como escribía Frantz Fanon en Los condenados de la tierra, estas organizaciones veían en la violencia política una función moralmente emancipadora. La no violencia característica del mayo del 68 parecía haber fracasado.

Para ampliar: Los condenados de la tierra, Franzt Fanon, 1961

Medio siglo después, la mitad del espíritu

“Tan solo ha habido dos revoluciones mundiales. La primera se produjo en 1848. La segunda en 1968. Ambas constituyeron un fracaso histórico. Ambas transformaron el mundo. El hecho de que ninguna de las dos estuviese planeada y fueran espontáneas en el sentido profundo del término explica ambas circunstancias: el hecho de que fracasaran y el hecho de que transformaran el mundo”

Movimientos antisistémicos, I. Wallerstein, T. K. Hopkins y G. Arrighi, 1999

En Europa destacaron otras organizaciones terroristas, como las Células Comunistas Combatientes —Bélgica—, la Organización Revolucionaria 17 de Noviembre —Grecia— o las Fuerzas Populares 25 de Abril —Portugal—, que compartieron la ideología y acciones de sus homólogos europeos. El Ejército Rojo Japonés ayudó a consolidar la revolución terrorista y, por supuesto, las organizaciones palestinas tuvieron un fuerte impacto durante esta década: el Frente Popular para la Liberación de Palestina, Al Fatá y su escisión Septiembre Negro, protagonistas de los asesinatos de los Juegos Olímpicos de Múnich en 1972.

Algunos de los grupos surgidos entonces continúan su actividad por la vía política. Pero resulta obvio que los cambios culturales y sociales promovidos en 1968 aún están perfeccionándose 50 años después. Los movimientos pacifistas siguen marginados por los permanentes conflictos políticos que sufren países y sociedades; el feminismo, a pesar de sus avances, sigue siendo considerado más una teoría política y no una necesidad estructural del sistema social, y la discriminación racial, por superada que parezca, permanece escondida entre las desigualdades que sufren las minorías étnicas.

Posiblemente, el 15M español de 2011 fue el acontecimiento contemporáneo que mejor reflejó el espíritu de mayo del 68: una sociedad desarraigada del sistema político organizada por medio de la concentración asamblearia de la ciudadanía para exponer los diferentes problemas que incumbían al país. La expansión internacional del 15M hacía prever el surgimiento de una nueva contracultura, aunque de nuevo el movimiento se disolviera paulatinamente sin provocar grandes cambios estructurales.

Los politólogos Lipset y Rokkan establecieron el siglo pasado que la sociedad de 1960 se articulaba igual que la de 1910 en cuanto a las líneas de división social —teoría del congelamiento de los alineamientos políticos—. Medio siglo después, tal vez volvamos a encontrarnos ante una situación similar en relación con los valores surgidos en 1968. Solo el futuro nos dirá si nos mantenemos en un momento de pasividad alienada o si se encuentra en germen un proceso latente de trasformación sociocultural.

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Javier Esteban

Javier Esteban

Madrid, 1994. Estudiante de Sociología y Ciencias Políticas. En mi tiempo libre, también me dedico a estudiar Derecho. Apasionado por comprender cómo se estructuran las sociedades, cómo la política orienta su funcionamiento y cómo se fraguan las luchas de poder en las relaciones internacionales.

1 comentario

  1. Javier: En relación con ETA, no se de dónde sacas lo de la “deriva fuertemente nacionalista”. Creo que deberías leer la bien trabajada tesis de Imanol Lizarralde:

    http://www.historiadelmlnv.com/wp-content/uploads/2016/09/TeoriaFrancesayEstrategia90.pdf

    Un saludo