Europa Política y Sociedad

Córcega, la isla que da la espalda a París

Córcega, la isla que da la espalda a París
Bandera corsa. Fuente: Wikimedia

Europa está sufriendo una profunda crisis política. En diversas regiones del continente, movimientos nacionalistas ponen en entredicho la integridad territorial de los Estados. Últimamente la atención mediática se ha dirigido hacia Escocia, Cataluña y Flandes, pero en Francia también ha emergido una corriente independentista. Las aspiraciones soberanistas de Córcega son el primer gran desafío de la presidencia de Macron.

Los tiempos de prosperidad económica dentro del seno de la Unión Europea habían acallado las aspiraciones nacionalistas de ciertas regiones. Antes de 2008 parecía que una veintena de Estados europeos avanzaban hacia una gran unión supranacional que intentaba superar las singularidades y distintas sensibilidades. Diez años después, la organización se encuentra en una profunda crisis política. El brexit marca un episodio sin precedentes en el seno europeo. Al problema británico le han acompañado el resurgimiento de tensiones territoriales, como es el caso de Cataluña en España, la Región Flamenca en Bélgica o el norte de Italia.

Para ampliar: “Una Europa de naciones”, Álex Maroño en El Orden Mundial, 2018

Mientras la atención mediática se ha centrado durante estos últimos meses en la cuestión catalana y las negociaciones con el Gobierno británico, el país de las esencias jacobinas está comenzando a tensarse por el auge del nacionalismo corso. En apenas un año de presidencia, Emmanuel Macron está apostando por una agenda netamente europeísta, que renueve la voluntad política por una mayor integración. Pero sus propósitos de liderar una Europa más unida se están viendo frenados por un creciente problema interno. Parecía que nada o nadie podía hacer sombra en Francia al presidente, menos cuando su partido y sus socios políticos controlan la Asamblea Nacional; no obstante, la isla de Córcega ha emergido como el gran reto político del estadista francés.

En diciembre de 2017 se celebraron las elecciones regionales corsas. La coalición Por Córcega, que aglutina a independentistas, nacionalistas y autonomistas, se hizo con casi el 60% de los votos y 41 de los 63 escaños de la cámara regional. Nunca antes en los 60 años de Historia de la V República una fuerza política corsa había logrado tanto poder. Mientras los partidos tradicionales franceses de derecha e izquierda se derrumbaban para dar paso al fenómeno ¡En Marcha! y al Frente Nacional, en Córcega su espacio fue rotundamente ocupado por el espíritu identitario corso. Macron prometió una Francia renovada, unida y fuerte cuando llegó a la presidencia; ahora tiene ante sí un movimiento que viene a cuestionar su visión del país.

Para ampliar: “Nationalism on the island: the legitimacy of Corsican nationalist movements in question”, Stéphanie Vieille, 2009 

Una isla que siempre quiso ser independiente

“La Historia de Córcega es solo una lucha perpetua entre un pueblo pequeño que quiere vivir libre y sus vecinos que quieren oprimirlo”

Napoleón Bonaparte, junio de 1789

Por su situación geográfica cercana a la costa francesa e italiana, Córcega tiene un valor estratégico reseñable. Durante siglos fue lugar de paso para griegos, cartaginenses y romanos, que utilizaron sus puertos como refugio para los navíos. En la Edad Media estuvo bajo el control de pisanos y aragoneses hasta mediados del siglo XV. Génova se hace con el control total de la isla en 1460 y comienzan casi tres siglos de control genovés. Durante este tiempo, los dirigentes genoveses trataron a Córcega como una colonia. Los habitantes eran considerados ciudadanos de segunda clase, sin oportunidad de participar en la vida política ni en la administración de la república italiana. El escaso desarrollo económico de la isla y la situación de exclusión serán los factores que desencadenarán a principios del siglo XVIII un fuerte sentimiento independentista.

Durante más de tres décadas los corsos protagonizarán numerosas revueltas contra el dominio genovés hasta que en 1755 Pascal Paoli se convierte en general jefe de la República Corsa independiente. Unos años antes de la guerra de la independencia estadounidense (1775-1783) y de la Revolución francesa (1789), Córcega atrajo la atención de los políticos, juristas e intelectuales ilustrados: bajo el mandato de Paoli, la isla se constituyó como una república independiente y se dotó de una Constitución propia. Este texto fue un referente para su época por introducir ideas novedosas, como la creación de una Asamblea Legislativa elegida por sufragio universal. Pero el monarca francés Luis XV no se podía permitir un Gobierno revolucionario a pocos kilómetros de la costa francesa. Después de más de cuatro años de lucha, los revolucionarios corsos se rinden en 1769 ante el ejército francés. El mismo año que nacía el corso más famoso de la Historia, Napoleón Bonaparte, la isla quedaba en manos de Francia.

Fuente: ABC

Durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, los Gobiernos de París nunca consiguieron sofocar las aspiraciones independentistas corsas. De hecho, la clase política de la capital tendió a desatender la región, sobre la que no existió ningún tipo de política de inversión ni de integración en la seña francesa. Entre la población de la isla siempre existió un sentimiento identitario distinto al resto del Estado, acentuado por el uso de un idioma diferente. La Segunda Guerra Mundial enterrará momentáneamente el problema político; Córcega será uno de los centros de resistencia ante el avance nazi y, desde 1943, sede temporal de las fuerzas aliadas para operaciones sobre Italia y Francia.

Avivado por las luchas de liberación en Indochina y Argelia, en la década de los cincuenta resurgirá un movimiento nacionalista que ha llegado hasta nuestros días. Se crearán diversas formaciones políticas regionalistas: algunas de ellas apostarán por un encaje autonómico dentro del centralismo francés; otras, por un programa claramente independentista. Los problemas económicos de la isla y las prácticas caciquiles de los principales partidos políticos profundizarán la sensación de la población de sentirse desamparados por el Estado francés. En la década de los setenta surge el Frente de Liberación Nacional de Córcega (FLNC), activo hasta 2014, cuando anunciaron un cese permanente de la lucha armada.

El FLNC es responsable de más de 600 ataques terroristas, que incluyen el asesinato de una veintena de personas, entre ellas el prefecto del Gobierno central Claude Erignac en 1998. Sus acciones se centraron en ataques a infraestructuras turísticas, extorsión a empresarios extranjeros y el cobro de un impuesto revolucionario a los ciudadanos corsos. Durante los noventa se producen luchas intestinas en el seno de la organización, que derivan en violencia callejera y en un aumento de los crímenes en la isla. Desde entonces, la inseguridad ha sido uno de los mayores problemas que afronta Córcega, golpeada repetidamente por las disputas entre distintas bandas rivales, así como una creciente tensión social entre corsos y emigrantes.

Para ampliar: An Account of Corsica: The Journal of a Tour to That Island; And Memoirs of Pascal Paoli, James Boswell, 1768

El auge del nacionalismo corso

“Córcega. Córcega francesa. Córcega amada y tan admirada. Parece haberse convertido en el sol de la liberación. Toda Francia se estremeció porque en Córcega el enemigo se retiró”

Charles de Gaulle, octubre de 1943

El independentismo corso tuvo escasa representación en las instituciones locales a finales del siglo XX y principios del siglo XXI, cuando los socialistas franceses y el partido conservador se fueron turnando en el Gobierno regional y ocupando las principales alcaldías de la isla. Además, las fuerzas corsas han estado tradicionalmente muy divididas; las diferencias han residido entre quienes defienden mayores cotas de autonomía y quienes directamente apuestan por la independencia. El panorama social tampoco ha sido propicio para los soberanistas, con una sociedad fragmentada, regida por diversas familias y clanes que actúan con prácticas caciquiles.

En la década de los sesenta, el Gobierno francés llevó a cabo un plan de desarrollo de la economía local centrado en el turismo. Sin embargo, esta estrategia a largo plazo no ha aportado los réditos esperados para la población corsa. Córcega tiene una extensión de 8.600 kilómetros cuadrados, con una población de cerca de 300.000 habitantes. Es la región que cuenta con el mayor grado de autonomía en el Estado francés, pero también con mayores índices de desigualdad y pobreza del país. Los corsos suelen lamentarse de que incluso las provincias de ultramar reciben más atención por parte del Elíseo.

Los nacionalistas corsos creen que el escaso desarrollo de la isla se debe a la despreocupación del Gobierno central. La solución pasa por tomar un mayor control de sus propias instituciones y recursos económicos para hacerse cargo realmente del desarrollo de la isla. La defensa de su soberanía se lleva incluso al terreno de la propiedad y la vivienda. Desde hace varias décadas, las tierras dedicadas al cultivo o las playas públicas han ido disminuyendo para dejar sitio a espacios turísticos. Una de sus reclamaciones más significativas es la de establecer una nueva regulación que prohíba el acceso a la compra de propiedades a aquellos que no sean residentes.

Asimismo, están preocupados por preservar su identidad cultural y su pasado histórico. Uno de sus principales esfuerzos ha sido favorecer la divulgación de la lengua corsa y reclamar que el corso sea reconocido como idioma cooficial. A estas reclamaciones económicas y culturales se unen otras referidas a la seguridad. Por un lado, los independentistas corsos llevan años demandando una amnistía para los condenados por terrorismo, que están en cárceles fuera de la isla. Por otro lado, debido a la inseguridad en los principales municipios de Córcega, propiciada por las luchas de poder entre clanes, los líderes locales siempre han pedido más medios para la policía local, más aun teniendo en cuenta los graves enfrentamientos que se están sucediendo en los últimos años contra la presencia de poblaciones musulmanas. Todas estas pretensiones nunca han llegado a ser contempladas por los distintos jefes de Estado.

Aunque cuenta con una de las mayores poblaciones musulmanas del país, la radicalización es mínima en Córcega.

Entre 2009 y 2015 se producen una serie de acontecimientos que han precipitado que en apenas diez años los nacionalistas e independentistas corsos hayan alcanzado los máximos órganos de poder en la isla. Este período coincide con una etapa de crisis económica que se hace notar en toda Francia y deteriora aún más la frágil actividad insular. Además, salieron a la luz una serie de casos de corrupción de líderes socialistas y conservadores corsos que dinamitan el apoyo electoral de estos partidos y abrieron nuevas posibilidades a las fuerzas de carácter soberanista. Es en este momento cuando se da una confluencia acelerada de los distintos partidos isleños.

Dos abogados liderarán el movimiento corso. Jean-Gut Talamoni se hace con las riendas del principal partido independentista en el año 2009; su primer objetivo fue aglutinar a todos los soberanistas en torno a unas mismas siglas. Un año después, Gilles Simeoni se convierte en la cabeza visible de los nacionalistas corsos. En 2015 se produce un hecho transcendental para la política local: ambos dirigentes deciden unir fuerzas y confluir bajo las siglas de Por Córcega. Esta unión de partidos se convertirá en apenas tres años en el poder hegemónico en Córcega.

Simeoni preside el Gobierno regional mientras Talamoni dirige la Asamblea regional. Después de décadas de disputas fratricidas entre independentistas y nacionalistas, ambos han conseguido por el momento aglutinar en un mismo equipo todas las aspiraciones isleñas. Comparten unos puntos programáticos básicos: el reconocimiento de la singularidad de Córcega en la Constitución francesa, la instauración del corso como lengua cooficial, mayor descentralización de competencias del Estado francés, amnistía para los presos condenados por terrorismo, mejorar los medios de las fuerzas de seguridad, mayor inversión pública para la isla, un cambio en la ley de propiedad para limitar el acceso solo a residentes y la celebración de un referéndum.

Tanto para Talamoni —que lidera a los independentistas— como para Simeoni —que encabeza a los nacionalistas no soberanistas—, la única salida es alcanzar mayores cotas de autonomía. Sin embargo, el presidente de la Asamblea regional y sus compañeros soberanistas apuestan por un referéndum negociado con el Gobierno francés en el que se pregunte al pueblo corso si desea ser un Estado independiente. El actual presidente regional no sigue esa línea de confrontación tan directa; los nacionalistas corsos reclaman mayor autogobierno, pero sin renunciar a un encaje político dentro del Estado francés.

Por ahora, ambos líderes parecen actuar al unísono. Su propósito a medio plazo es mantener a todas las fuerzas corsas en un mismo bloque bajo un programa de mínimos con la prioridad de intentar reactivar la economía de la región y reducir las elevadas tasas de desempleo y desigualdad. Al mismo tiempo, quieren mantener la unidad política para presionar al Ejecutivo de París. Por ahora, se imponen las tesis de los nacionalistas no independentistas de Simeoni, con un perfil poco agresivo frente al Estado francés al apostar por una vía de diálogo y conciliación de posturas. Talamoni es más partidario de una línea semejante a la seguida en Cataluña. Queda por ver cuál será la respuesta de los líderes corsos si Macron se niega a hacer concesiones.

Para ampliar: “De patrias, patrones y protestas: la Francia heredera de la crisis”, Esther Miranda en El Orden Mundial, 2017

El desafío constitucional de Macron

“La identidad corsa está hecha de viajes, conquistas y reconquistas. De apego a la República. De apertura. No debe ser una fuente de división”

Emmanuel Macron, febrero de 2018

Entre el 6 y el 7 de febrero, Macron realizó su primera visita oficial a la isla como jefe del Estado. Cada paso, encuentro y discurso durante esos dos días estuvo marcado por un gran simbolismo. El presidente francés se está caracterizando por cuidar mucho tanto sus palabras como la escenografía. Durante la campaña presidencial de 2017, mostró un talante descentralizador, dispuesto a escuchar las demandas de regiones como Córcega. Esto fue un intento por granjearse la confianza del voto periférico y distanciarse del programa nacionalista de Marie Le Pen. Sin embargo, en sus primeros meses en el Elíseo sus intenciones políticas a este respecto parecen seguir la línea de sus predecesores.

Resultados de las elecciones en Córcega (diciembre de 2017). Fuente: ElElectoral

En cada acto en la isla, Macron fue dando respuesta a las principales demandas de los nacionalistas e independentistas corsos. Según bajó del avión presidencial en Ajaccio, se dirigió a un acto en homenaje al prefecto Claude Erignac, asesinado por terroristas corsos en 1998, donde aclaró que bajo ningún concepto se produciría algún tipo de indulgencia o amnistía hacia los condenados por terrorismo. Seguidamente, se reunió con empresarios y políticos de la ciudad, siempre acompañado por las banderas de la república y la Unión Europea y ningún signo identitario de Córcega. Por la tarde tuvo un encuentro con los presidentes del Ejecutivo corso y la Asamblea regional, Simeoni y Talamoni, en el que rechazó las propuestas de reconocer el corso como lengua cooficial y los límites de acceso a la vivienda y a la propiedad de tierras a no residentes.

Su viaje terminó al día siguiente en Bastia. Ante una numerosa representación de la clase política local, Macron realizó su única concesión a las aspiraciones corsas: reconocer la singularidad de la isla en la Constitución. Los dirigentes nacionalistas e independentistas acabaron con una sensación agridulce. Recogen el renovado compromiso de París de prestar más atención a las necesidades de la población corsa favoreciendo el desarrollo de la región más pobre y violenta del país, pero sus principales promesas electorales, con las que arrasaron en los comicios regionales, se han vuelto a topar con la negativa del Elíseo. Como el resto de jefes del Estado de la V República, Macron no va a poner en riesgo la unidad territorial; rechaza abrir un debate que saque a relucir posibles tensiones territoriales. Tampoco va a consentir que se cuestione la pertenencia corsa a la tierra del emperador Napoleón.

Para ampliar: Une histoire de l’identité corse des origines à nos jours, Michel Vergé-Franceschi, 2017

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