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El brexit: un posible impulso a la política común de seguridad y defensa de la UE

El brexit: un posible impulso a la política común de seguridad y defensa de la UE
Cazas F-35A en la base de Lakenheath (Reino Unido). Fuente: Royal Air Force Lakenheath.

Legiones de analistas y técnicos de la Comisión Europea y Gran Bretaña están trabajando enconadamente en la negociación del brexit, cuyo impacto a medio y largo plazo se desconoce todavía. Su influencia sobre áreas supranacionales, como el comercio, el mercado o la política migratoria, se sentirá mucho menos en el campo de la política común de seguridad y defensa (PCSD) de la Unión Europea. Esto es debido básicamente a que, en este último dominio, los actores principales son los Estados naciones, fundamentalmente mediante la colaboración intergubernamental, con la Unión circunscrita a un mero papel de agente impulsor y coordinador.

No cabe duda de que Gran Bretaña continuará trabajando estrechamente con sus aliados europeos a través de foros bilaterales, regionales (OTAN, OCCAR, OSCE) e internacionales (ONU, Commonwealth), con lo que permanecerá como actor mundial, capaz de proyectar una combinación de poder blando y duro, al menos en un futuro a corto y medio plazo. En la carta dirigida a Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, que iniciaba el brexit en marzo de 2017, la primera ministra británica decía textualmente en su primer párrafo: “Dejamos la UE, pero no abandonamos Europa”, y en párrafos posteriores mencionaba hasta cinco veces la esperanza y el deseo de disfrutar de “una colaboración profunda y especial” con la UE en asuntos económicos y de seguridad.

No podemos olvidar que la retirada de Gran Bretaña reducirá en términos netos la capacidad de la UE como actor de seguridad en la escena internacional. Londres supone el mayor presupuesto de defensa de Europa y tiene capacidad nuclear militar, lo que la convierte en la mayor potencia militar de la OTAN tras Estados Unidos. Además, es miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, con capacidad de veto. Pero su contribución neta a las misiones y operaciones de la Unión ha sido bastante escasa —simbólica, podríamos decir—, con un aporte muy reducido de personal y medios, de los cuales gran parte están situados en los cuarteles de Northwood, en su propio territorio. A ello hay que sumar que Gran Bretaña siempre ha bloqueado cualquier avance en materia de PCSD para evitar que las iniciativas europeas pudieran duplicar o competir con las de la OTAN.

Así pues, el brexit podría ser una oportunidad para avanzar en PCSD. Pero antes de echar las campanas al vuelo hay que tener en cuenta varios factores que apuntan en su contra. Efectivamente, en el seno de la UE cohabitan culturas estratégicas diferentes y divergentes. Así, mientras países como Francia y España desean aumentar el foco de atención en el “caldero africano”, otros se sienten principalmente amenazados por Rusia, especialmente aquellos que están cerca de sus fronteras, quienes además apuestan mucho más decididamente por la OTAN. Los hay que centran su atención en la inmigración ilegal y quienes simplemente se dedican a disfrutar de la protección de los demás, confiando en que otros solucionen los problemas exteriores, sin participar ni desgastarse en ello económica o políticamente.

La amenaza terrorista golpea fuertemente al Sahel. La inestabilidad se propaga a través de unas fronteras muy porosas.

Por otro lado, entre el grupo de los 27 hay una gran diferencia respecto a la predisposición a emplear la fuerza militar, con países muy reticentes —como Suecia—, mientras otros son mucho más entusiastas —como Francia—. También hay que recordar que la visión geopolítica y geoestratégica de algunos Estados miembros podría calificarse de parroquiana, interesados solo en su entorno geográfico inmediato, sin querer ver que las amenazas a uno suponen amenazas para todos.

Por último, existe una persistente falta de adecuación de presupuestos en recursos militares, exacerbada por el hecho de que, junto a capacidades redundantes que todos poseen —como batallones de infantería—, existen nichos de capacidades críticas no cubiertos por ninguno —por ejemplo, el transporte estratégico—. Este y los demás problemas apuntados no se van a desvanecer sin más tras la salida británica.

Es por todo esto que no toda la culpa por la falta de progreso en la PCSD puede recaer sobre las espaldas británicas; también habría que atribuírselo a la falta de voluntad política, visión geopolítica y capacidad material de las naciones de la Unión. El futuro de la PCSD está en nuestras manos, las de los europeos, en la forma en que afrontemos los desafíos, los problemas y las oportunidades que se nos presenten, y no será más fácil porque hayan desaparecido los tradicionales frenos británicos.

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José Luis Pontijas Calderón

Coronel de artillería y diplomado de Estado Mayor. Actualmente ejerce como analista de seguridad europea en el Instituto de Estudios Estratégicos. Ha participado en misiones internacionales con destino en Bosnia, Afganistán y República Democrática del Congo. En el ámbito civil es doctor en Economía Aplicada por la Universidad de Alcalá de Henares.

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