La Rusia de Putin, el último eje de Oriente Próximo

Hasán Rouhaní, Vladímir Putin y Recep Tayyip Erdoğan tras su reunión en Sochi en noviembre de 2017. Fuente: Kremlin

Rusia se ha convertido en el capitán geopolítico de Siria y principal interventor en lo que al futuro de Oriente Próximo se refiere. Bajo la figura de Vladímir Putin, el país más extenso del planeta ha recuperado parte de su pretérita fuerza soviética en el orbe internacional a costa de su papel en el devenir de Siria y de sus alianzas con Teherán y Ankara. Moscú va a ser el último responsable de la diplomacia que determine el futuro de Siria y, por ende, de gran parte de la estabilidad de Oriente Próximo.

El conflicto en Ucrania, con la consecuente anexión rusa de Crimea en 2014, marcó un punto de inflexión en la geoestrategia de la Federación Rusa. Desde entonces, bajo el liderazgo de Vladímir Putin, Rusia ha proyectado una política exterior renovada destinada a recuperar la hegemonía del Kremlin. El conflicto fratricida sirio dio la oportunidad a Moscú de ganar poder en una región arbitrada durante las últimas décadas por Estados Unidos. Sin embargo, tras siete años de guerra, Rusia ha demostrado que vuelve a ser un actor capital en el estadio geopolítico, una coyuntura inédita desde los años de la Guerra Fría.

Las sanciones impuestas a Rusia por la Unión Europea tras su respuesta a la crisis en Ucrania resultaron ser un aliciente geopolítico más para que la esfera de poder rusa desarrollara una política exterior en Oriente Próximo a largo plazo. Así fue como el Kremlin se dispuso a respaldar al régimen de Bashar al Asad de forma tan contundente que es la razón por la cual aún hoy el líder alauita se mantiene en el poder. Además, durante la guerra en Siria Rusia ha potenciado su mercado armamentístico en un intento por paliar la crisis económica tras la bajada del crudo y las medidas tomadas por Occidente.

Estados Unidos encabeza la lista de países con mayor gasto militar del mundo, seguido de lejos por China y, en tercer lugar, Rusia. Fuente: Cartografía EOM

Esta coyuntura también ha ayudado a potenciar el ya arraigado nacionalismo ruso con el que Putin tanto alimenta su figura y al que saca un rédito tridimensional gracias a la constante propaganda sobre la efigie de su líder y la tendencia megalómana del Kremlin. Rusia añora presumir de poder hegemónico y, a raíz de ello, toda la propaganda ha ganado en efectividad dada la simbiosis entre la mentalidad rusa y el reciente enfoque geopolítico de su Gobierno.

La guerra en Siria como escaparate

El régimen sirio ha sido aliado perenne de Moscú, pero Ucrania y las primaveras árabes concatenaron una mayor implicación de Rusia en Oriente Próximo. Durante los primeros años de guerra civil en Siria, el Kremlin hizo de proveedor y dio apoyo diplomático usando su derecho de veto en la ONU para evitar que tomase medidas contra el Gobierno baazista sirio. Sin embargo, la aparición del autoproclamado Estado Islámico y la solidez militar de los rebeldes sirios —muchos sufragados por Estados Unidos— provocaron la intervención militar directa de Rusia en septiembre de 2015. Aun tratándose principalmente de apoyo aéreo, táctico y logístico, Rusia se había gastado para marzo de 2016, fecha en la que anunció una retirada parcial, en torno a 500 millones de dólares en su despliegue militar.

La guerra en Siria ha servido a Rusia para demostrar su despliegue y potencial militar. Fuente: AFP

Todos los años de Siria como escenario de guerra han servido al Kremlin como demostración de fuerza y eficiencia militar. También ha logrado optimizar un mercado, el armamentístico, que permite tapar las carencias de una economía totalmente dependiente de las exportaciones de recursos naturales. Afortunadamente para Rusia, Europa depende de sus recursos de manera irreversible, al menos a corto plazo, un hecho que calibra las relaciones políticas y comerciales del país más extenso del planeta con el Viejo Continente.

2017 ha sido un año clave en el avance de la guerra. Una vez desterrado el Dáesh por la coalición internacional, han quedado al descubierto las prioridades y las perspectivas de futuro de cada uno de los actores implicados. Estados Unidos, aun habiendo suministrado en su día material bélico a los rebeldes sirios, ha demostrado la ambivalencia de su presidente y preferencia estratégica sobre el autoproclamado Estado Islámico. Las cifras de Moscú dicen mucho sobre sus prioridades: Rusia lanzó el 80% de sus bombas contra posiciones rebeldes sirias; el 20% restante fueron dirigidas contra autoproclamado Estado Islámico. El coloso eslavo ha conseguido crear una red de alianzas en la región que aún hoy le permiten ser la influencia primaria, una posición que le abre la oportunidad a un mayor despliegue comercial.

El negocio de la prevención

La guerra en Siria se encuentra en un punto de determinación política; la ostentación militar ya ha pasado y Asad y su ejército han salido victoriosos. Si Rusia fue clave para la victoria militar del régimen baazista, también lo va a ser a la hora de configurar el futuro político del país árabe, como quedó patente tras las conversaciones de Astana, en las que Rusia lideraba un programa diplomático completado por Turquía e Irán.

El objetivo final del simposio era crear una nación federal que satisficiese a kurdos, árabes —suníes y chiíes— y a la amalgama de minorías que convergen en Siria. Por complejo que resulte, estas potencias no quieren ver a Siria romperse: Turquía quiere evitar a toda costa la independencia total del Kurdistán sirio; Irán, como aliado más próximo de Asad, usará todos sus medios por mantener íntegra la soberanía del régimen, y Rusia, por encima de todos, ve la situación como una oportunidad para capitanear el alineamiento de Estados fuera de la órbita occidental.

Durante el conflicto, Rusia e Irán compartían intereses; ahora Siria ha entrado en una fase en donde Moscú y Teherán comienzan a diferir. La guerra no ha terminado oficialmente, pero el cierre del conflicto resultará de la política, no de la fuerza militar. Moscú quiere que Siria suponga una nación que dé consistencia a la presencia rusa en la región, aun si para ello significa mantener a figuras del régimen. No obstante, también es consciente de la complejidad diplomática y la disfunción interna de mantener a Bashar al Asad en la misión de normalizar política y socialmente la nación siria.

Por su parte, Irán ve en esta familia la clave para que Siria continúe siendo el aliado árabe-chií que ha sido desde que Háfez al Asad se hiciera con el poder en 1971. Las aspiraciones de Teherán van más allá y pretende apostar bases fijas en territorio sirio para tener presencia física y, por ende, una mayor capacidad de intervención y facilidades para sufragar a su satélite en Líbano, la milicia chií de Hezbolá. De hecho, esta es una de las muchas milicias que han tenido un papel determinante durante la contienda, y no la única bajo parapeto de la república islámica persa.

Para ampliar: “Dentro de las bases secretas de Irán en Siria”, Daniel Iriarte y Pablo López Learte en El Confidencial, 2016

Además de estas naciones, involucradas en primera línea, también hay que atender las posibles consecuencias en el caso de que el futuro de Siria no contente y levante tensiones en la región. El pasado diciembre Israel lanzó misiles a 40 kilómetros de Damasco contra una supuesta base iraní, una línea roja que Tel Aviv ya ha recalcado que no tolerará por la cercanía armamentística de su mayor enemigo, Irán.

Las discrepancias teológicas entre suníes y chiíes sirven de instrumento para un conflicto de poder hegemónico en la región entre Irán y Arabia Saudí. Fuente: Emol

De modo semejante sucede con las potencias del Golfo, encabezas por Arabia Saudí, también enemigo de Irán por su hegemonía islámica de dogma chií. La Casa Saúd ha sido uno de los mayores proveedores de armas de los rebeldes sirios dada su animadversión a ver a un país árabe de mayoría suní dirigido por una minoría, la alauí, cercana a la chií. Arabia Saudí es, de hecho, uno de los países que más ha invertido en armamento en los últimos años. El fugaz auge del príncipe heredero, Mohamed bin Salmán, y la guerra en Yemen han demostrado la disposición bélica del reino del desierto.

El nuevo fiscal de Oriente

Los acuerdos de Astaná, en vigor desde el 5 de mayo de 2017, abrieron la veda para el cierre de la contienda por la vía política; continuaron en Sochi el 22 de noviembre en un proceso inacabado que tiene disposición para seguir a principios de este año recién comenzado. Estos hechos son la prueba empírica de que Estados Unidos, y Occidente en general, han perdido peso en la región. Aun así, cabe resaltar que el proceso llevado a cabo por Teherán, Ankara y Moscú es un pacto de poder político entre tres regímenes que depositan su determinación en su autoritarismo.

No obstante, Rusia debe encontrar la manera de hilvanar un futuro para Siria que contente a todos y mantenga las tiranteces en un marco de tensión y beligerancia limitada. Si bien su alianza con Irán y Siria es firme, Moscú no está interesada en una guerra entre Teherán y Tel Aviv. El Kremlin quiere continuar su ascendencia en el mercado armamentístico, pero más en un marco de prevención que de beligerancia. Si alguno de sus aliados de Oriente Próximo entra en guerra, Rusia se verá obligada a intervenir de alguna forma y perdería la oportunidad de convertirse en proveedor de cada uno de los bloques enfrentados. La constancia de este plan se vio el pasado octubre cuando las empresas de defensa nacionales de Rusia y Arabia Saudí firmaron un acuerdo para la venta y producción de armas.

Rusia siempre ha entendido que su mejor defensa es conquistar sus territorios más cercanos. Sin embargo, con Estados Unidos priorizando su geopolítica en el eje Asia-Pacífico y la Unión Europea con su indeterminación exterior, Moscú ha visto la oportunidad de erigirse como potencia en Oriente Próximo sin necesidad de una estrategia sumamente agresiva, aun cuando su diplomacia siempre ha ido de la mano de demostraciones de fuerza.

Tras más de un lustro de guerra civil, parece improbable que el orden político anterior al conflicto pueda mantenerse con unanimidad; Asad tiene un historial bélico demasiado sangriento. Es en este escenario donde se verá si Rusia tiene las mismas dotes diplomáticas que visión geopolítica en Siria. Moscú será el principal aval de la transición de poderes en este país y el primer responsable de cuánto poder logre retener la vieja guardia baazista. Hay que tener en cuenta la diversidad de actores que hay en el terreno, cada uno con sus alianzas externas y sus enemistades internas. Todos querrán ver traducidos sus intereses del terreno a la representación política. Y, de telón de fondo, cada uno de sus aliados internacionales, que querrán ver los resultados de una inversión de siete años.

Esta situación tiene detrás un nombre propio: Vladímir Putin. El ahora presidente ha sabido temporizar los movimientos rusos y sacar partido de las coyunturas que han ido surgiendo desde que se alzara con el poder a principios de milenio. Putin personifica la nueva Rusia; ha sido capaz de proyectar de nuevo a su nación como potencia tras años de transición por la desaparición de la Unión Soviética. En un mundo cuya única potencia era Estados Unidos, Putin ha devuelto a la nación eslava su calibre ecuménico.

Rusia y la Unión Europea mantienen una relación de enfrentamiento y necesidad mutua. Fuente: AFP

Tras ver el camino que han tomado los acontecimientos, queda patente que la falta de decisión política de Occidente es una realidad, una realidad aprovechada por naciones que han hecho valer su determinación gracias a la concentración de poder de sus Gobiernos, pero que también dejan en tela de juicio la eficacia internacional de las democracias del siglo XXI. Rusia ha dado un salto geopolítico con esta situación y se ha convertido en el eje de Oriente Próximo en una esfera política de la que también saca tremendos beneficios económicos. Tiene acuerdos con Arabia Saudí, Israel, Turquía y Egipto, además de la constante mercantil y las alianzas consolidadas con Irán y Siria. El Kremlin ha aprovechado su momento y ahora es el actor que tiene la última palabra en las relaciones de poder en la zona con más conflictos solapados del planeta.

Acerca de Jacobo Llovo 2 Articles
Rías Baixas, 1990. Empecé con la publicidad, acabé con el análisis; la curiosidad y los viajes decantaron la balanza. Persona que quiere salir de la pecera, averiguar la talla del mundo y saber lo que sucede en él. A partir de ahí, intentar contar lo que veo e investigo.

2 comentarios en La Rusia de Putin, el último eje de Oriente Próximo

  1. Hola!
    En primer lugar, gracias por el artículo! El análisis es bastante objetivo dentro de lo que cabe.

    Me gustaría, no obstante, tratar de acalarar, si es posible, la información acerca de un punto que se trata en el artículo.
    Se menciona, citando datos del Instituto Elcano, que solo el 20% de los bombardeos de la aviación rusa han sido dirigidos contra el EI, el 80% han sido contra los denominados “rebeldes” que cuentan entre ellos con numerosos grupos terroristas salafistas como Jabhat Fateh al-Sham, Ahrar al-Sham, Yeish al-Islam, etc. ¿Exactamente de donde proceden estos datos sobre los bombardeos? Parecen salidos de la nada.
    Si se contrasta la situación del mapa Sirio en diciembre de 2016 con Enero de 2018, se ve claramente que gracias a la intervención Rusa, el EAS no ha hecho más que ganar terreno al EI. De hecho, el EI perdió gran parte de su territorio (mucho más que los “rebeldes) en las gobernaciones de Hama, Aleppo y Deir Ezzor entre diciembre de 2016 y enero de 2018
    https://maps.southfront.org/military-situation-in-syria-on-december-2-2016/
    https://maps.southfront.org/military-situation-in-syria-on-january-17-2018-map-update/

    ¿Cómo ha recuperado el EAS todo este terreno en tan poco tiempo al EI si Rusia estaba tan focalizada en los rebeldes?
    Yo opino que se trata de socavar el esfuerzo de ambos, es evidente, como mencionas en el artículo, que a EEUU lo que le interesaba es el no avance del EAS frente al EI. Por ende se intenta socavar el esfuerzo ruso para apoyar al EAS dando datos falsos e intentado ocultar que la derrota y desaparición (al menos territorial) del EI en Siria se debe al importante apoyo aéreo que Rusia ha prestado al ejército sirio.

    Un saludo!

  2. Hola: El articulo me parece globalmente aceptable. Sin embargo al autor pareciera que se le quedaron en el fondo de la maleta los aspectos centrales de esta no guerra-civil, de caracter regional. Antes de ir al fondo, es menester constatar que el occidente, lo que yo llamo : “EL GRAN OCCIDENTE” (USA, Francia, Inglaterra, màs El sionismo internacional, etc) han ganado la batalla politica e ideologica, en relacion de las verdaderas razones de la guerra en Siria.
    Ellos, a traves de los medios y la propaganda han instalado la idea segùn la cual esta guerra debe hacerse, y hasta las ultimas consecuencias, como unica alternativa posible, para deshacerse de un dictador sanguinario, que masacra a su pueblo. Como argumentacion es bastante simple, pero terriblemente eficaz.
    El autor de este articulo, cuando hace alusion a los llamados “REBELDES” no pone comillas. Esas comillas en este caso, como en el sirio, cambian todo, pues reflejan una voluntad politica, se inscriben en la estrategia de asimilar grupos terroristas,salafistas a rebeldes, otros van aùn màs lejos pues hablan de; revolucionarios, etc. Lo mas aceptable que podria existir entre los “rebeldes” sirios podrian ser unas reducidas y minoritarias escuadras de militantes al interior de Ejercito Libre Sirio que luchan realmente por una Siria sin Bashar, por una Siria ligada a occidente. Es decir por una vision global occidentalizada de la manera de hacer politica, de hacer las relaciones internacionales y de implementar una politica economica, (sabemos cual)
    L El resto de “rebeldes”, es decir la inmensa mayoria, son agrupaciones terroristas, de las màs duras y sanguinarias que han existido en el planeta. En la historia reciente solo Sendero Luminoso podria rivalisar,timidamente cons estas huestes del terror.
    El fondo de esta guerra regional son muy profundas, y hacen parte de aquello que se denomina la geopolitica.En esta ocasion yo acudo solo sumariamente a dos causales centrales: 1- Por lo pronto una de sus causas es la cuestion de un gran gaseoducto descubierto por Iran en la frontera con Catar.
    Habian dos proyectos que surgieron para explotar este gaseoducto, uno catari que pasaba por Siria, pero que desembocaba en los puertos turcos y de ahi se distribuye para Europa.
    Otro que partia de Iran que atravezaba Irak y que llegaba al terminal gasero de Tartous en Siria, y de ahi distribuirlo en Europa. Comienzo de 2011 Bashar al Assad con esos dos proyectos en mano, decidio optar por el proyecto irani en detrimento del proyecto catari. Tres semanas después comenzo la “revolucion” siriana, seguramente pura coincidencia. Està demàs decir que occidente estaba “vivamente interesado en el proyecto catari.
    2-La otra causa central y tal vez la màs estrategica, es la posicion de Israel. El sionismo necesita y busca consolidar una pocision de: TRANQUILIDAD ESTRATEGICA. Es decir Israel pretende reducir a su màs minima expresion todo atisbo de resistencia a su politica de potencia ocupante, y de continuar con su politica de anexion y robo de tierras. Para ello necesita deshacerse del gran obstàculo que representa el “EJE DE LA RESISTENCIA”, es decir Iran, Siria y el Hezbola libanés. Con el desmembramiento de la nacion Siria, la neutralisacion de Iran y la destruccion de Hezbola, el sionismo podrà asegurarse una impunidad total. De continuar a dominar con la tranquilidad de haber aniquilado a sus enemigos estratégicos.
    No podria concluir sin plantear una pregunta:
    Alguien ha leido alguna vez o ha tenido conocimiento del programa, politico, economico, cultural, etc. de la llamada oposicion o de alguno de los componentes de los llamados “rebeldes” sirios? muchas gracias. Manuel Rios

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