África Política y Sociedad

Gambia: del autoritarismo a la democracia

Gambia: del autoritarismo a la democracia
Barcos pesqueros en Gunjur, Gambia. Fuente: Mishimoto (Flickr)

Gambia es el país más pequeño y más pobre del África continental. Al mismo tiempo, es uno de los países menos violentos del continente. Su Historia política desde la independencia en los años 60 se caracteriza por la ausencia de conflictos civiles, e incluso sus golpes de Estado han sido relativamente pacíficos. En enero de 2017, Gambia se ha librado del dictador que había gobernado el país con puño de hierro desde 1994 y afronta con optimismo la transición a la democracia plena. En Gambia la diversidad étnica no es un problema. ¿Cuáles han sido las dinámicas de poder en el medio siglo desde la independencia del pequeño país africano? ¿A que retos se enfrenta en el futuro?

El humor como herramienta de coexistencia

Gambia se extiende por la ribera del río homónimo desde su desembocadura en el Atlántico hasta las cataratas Burundanka, a unos 350 km. El país es muy estrecho: en algunos puntos, su anchura no supera los 30 km. La mayoría del terreno es plano y fértil. La población no supera los dos millones de habitantes, la mayoría de los cuales viven en las áreas urbanas cercanas a la costa —los llamados kombos o distritos—. El inglés es el idioma oficial para la Administración, aunque el árabe está extendido como lengua litúrgica —la gran mayoría de los gambianos son musulmanes—. Buena parte de los habitantes de Gambia pueden hablar, además del inglés, tres o cuatro idiomas locales, lo que les permite desplazarse por su país y Senegal sin problemas.

Ubicación de Gambia en África occidental. Fuente: Wikimedia

Gambia se caracteriza por una gran diversidad étnica y lingüística. Los principales grupos étnicos son los mandingas, los fulas, los wolofs y los yolas. Sin embargo, a diferencia de otros países africanos, esta diversidad no ha desembocado en conflictos o problemas de convivencia, gracias a lo que los gambianos —y algunos antropólogos— denominan “relación jocosa” o “en clave de broma”, un mecanismo que también se extiende a Senegal. Estas relaciones consisten en el intercambio de chistes y estereotipos como forma de mediar entre los potenciales desacuerdos. De este modo, grupos y comunidades sin relación sanguínea mantienen unos fuertes lazos que previenen conflictos, ya que toda discusión acaba siempre con una broma o chascarrillo. A esto se le suma que los gambianos y senegaleses suelen desarrollar numerosas relaciones interpersonales, de modo que en un país pequeño como Gambia casi todo el mundo se conoce o está relacionado de alguna forma. Este fenómeno ha contribuido a que Gambia sea un país pacífico y poco propenso a la violencia, donde los conflictos y el derramamiento de sangre han sido la excepción y no la norma.

Para ampliar: A Political History of the Gambia, 1816-1994, Arnold Hughes y David Perfect, 2010

La primera república

Los británicos se establecieron en Gambia a mediados del siglo de XIX, aunque su presencia fue reducida más allá de los límites de Banjul, la capital. Antaño llamada Bathurst, esta formaba parte de la colonia que ocupaba la desembocadura del río Gambia. El resto del país, donde los británicos no tenían mucha presencia, se denominaba protectorado. El principal legado de la colonización fueron las fronteras de Gambia, que separaron a muchas familias y grupos étnicos de sus parientes y amigos en el Senegal, ocupado por Francia.

El proceso de independencia fue pacífico y paulatino. Las reformas constitucionales de la época de la posguerra dieron ímpetu a la formación de partidos políticos en la capital que se presentaban a las elecciones locales. Los cuatro quintos de la población que habitaban en el protectorado no tenían mucho protagonismo en la política de notables urbanos que caracterizaba Gambia desde finales del XIX. Sin embargo, en 1960 los británicos instauraron el sufragio universal para todos los gambianos.

Dos años después, el país veía reconocido su derecho a la autodeterminación, y en 1965 Gambia proclamaba su independencia como monarquía constitucional, con la reina Isabel como monarca. La principal fuerza política de esos años era el Partido Popular del Protectorado, que más tarde se rebautizaría como Partido Progresista Popular (PPP). El PPP estaba dominado por Dawda Jawara, un veterinario originario de la provincia central de Gambia y miembro de uno de los mayores grupos étnicos en Gambia, los mandingas.

El PPP ganó la mayoría de las elecciones democráticas de Gambia a principios de los años 60 y Jawara se convirtió en el primer ministro. Intentó abolir la monarquía mediante un referéndum en 1965, pero se quedó a 758 votos —el 0,8%— de obtener la mayoría de dos tercios. Cinco años más tarde, un nuevo referéndum convirtió a Gambia en una república con Jawara como primer presidente, cargo que ocuparía hasta el golpe de Estado de 1994.

Jawara estuvo en el poder durante tres décadas, aunque la mayoría de los gambianos coinciden en señalar que no fue un dictador y que gobernó de forma democrática. Sin embargo, el PPP se mantuvo como partido dominante durante todo el periodo gracias a la debilidad de la oposición —sus líderes solían ser cooptados e incorporados al PPP—, el escaso interés en la política por parte de muchos gambianos y el apoyo que Jawara suscitaba entre la mayoría mandinga. Sin embargo, a pesar de que en la práctica Gambia era un Estado de partido único, esto nunca se materializó legalmente y los procesos electorales fueron por lo general limpios.

Un punto de inflexión en la primera república fue el intento de golpe de Estado del 30 de julio de 1981. Mientras Jawara se encontraba en Londres asistiendo a la boda del príncipe Carlos y Lady Di, un expolítico marxista llamado Kukoi Samba Sanyang intentó dar un golpe de Estado. Los partidarios de Kukoi ocuparon la radio nacional, asaltaron una fábrica de armas y liberaron a algunos presos para que los apoyasen. Jawara pidió ayuda a Senegal, país con el que Gambia había firmado un tratado de asistencia mutua en 1965, y en tan solo una semana las tropas del país vecino pusieron fin a la rebelión, que dejó varios centenares de muertos.

Sellos conmemorativos de la boda real acompañados de la fotografía de Jawara. Mientras se celebraba la boda, un intento de golpe de Estado estremeció el país. Fuente: Stamps for Sale

Al año siguiente, Gambia y Senegal se aliaron para formar la federación de Senegambia. Esta unión fue establecida por motivos estratégicos, para garantizar la estabilidad de la república gambiana y neutralizar posibles amenazas internas. Gambia, que había decidido prescindir de ejército tras la independencia por su pequeño tamaño, se dotó de un ejército propio entrenado y equipado por Senegal. Siete años después, en 1989, la federación se disolvería. A pesar de que Gambia y Senegal forman una unidad cultural, las diferencias económicas y políticas entre ambos países hicieron difícil la unión. Los políticos gambianos no estaban contentos con el reparto de posiciones de poder, que no consideraban equitativo. Los líderes de Senegal, por su parte, argumentaban que el peso demográfico y económico de su país era mayor y, por tanto, merecían más representación.

Este intento fallido de integración coincidió con un giro autoritario por parte de Jawara y su PPP, que comenzaron a perseguir a políticos y periodistas disidentes y juzgarlos por difamación. A principios de los 90, el descontento con la élite gambiana había aumentado pese a sus continuos éxitos electorales. Las acusaciones de corrupción y nepotismo en el seno del PPP facilitaron el golpe de Estado de 1994.

Para ampliar: “Democracy in the Gambia: past, present, and prospects for the future”, Carlene J. Eddie, 2000.

El golpe de Jammeh y el régimen militar

Gambia ha sido siempre una anomalía en el contexto político africano. En las primeras décadas tras la independencia, mientras la mayoría de los países del continente derivaban en Gobiernos militares o dictaduras de partido único, Gambia conservó su sistema democrático pluripartidista, a pesar de que el PPP nunca perdió el poder. A finales del siglo XX, cuando la mayor parte de los países africanos abandonaban las dictaduras y adoptaban regímenes democráticos, el proceso contrario tuvo lugar en Gambia. El 22 de julio de 1994 un joven militar llamado Yahya Jammeh derrocó en un golpe no sangriento a Jawara, el último político de la época de las independencias que quedaba en el poder en África. El golpe se debió a la insatisfacción de parte del Ejército con las condiciones laborales y con la presencia de oficiales nigerianos en los altos mandos, así como cierto resentimiento de Jammeh hacia Jawara.

Jammeh, procedente de una comunidad rural de la etnia yola, tuvo una carrera militar fulgurante. Llegó a formar parte de la guardia personal del presidente a principios de los 90 durante cuatro meses, dirigió el operativo de seguridad durante la visita del papa y fue elegido para recibir formación militar en los EE. UU. en 1993. El día del golpe Jammeh y otros cuatro compañeros, que posteriormente serían ascendidos a capitanes, se hicieron con el control del aeropuerto y los medios de comunicación nacionales. El presidente Jawara consiguió escapar a un buque militar estadounidense, desde donde exigió a los rebeldes que depusieran las armas. El Ejército estadounidense no quiso ayudarle a sofocar el golpe, pero le llevó hasta Senegal, donde pudo refugiarse.

Jammeh acusó a Jawara y su partido de corrupción y de haber estancado la economía del país, estableció una junta militar que gobernó por decreto durante los dos años siguientes y prometió una serie de reformas para acabar con los problemas de Gambia. Comenzaba así una nueva época dictatorial, cuyos dos primeros años se caracterizaron por las purgas en el seno del Ejército, los encarcelamientos y deportaciones de políticos disidentes y miembros de la sociedad civil, el acoso a los periodistas, las ejecuciones sumarias y un nivel de violencia hasta entonces inédito en la pacífica Gambia.

Para ampliar: Military Rule in the Gambia: An Interim Assessment”, John A. Wiseman en Third World Quarterly, 1996.

Las presiones y sanciones internacionales y el desplome del número de turistas extranjeros en Gambia, una de las principales industrias del país, forzaron a la junta militar a llevar a cabo una “transición hacia el Gobierno civil”. El 26 de septiembre de 1996 la nueva Alianza para la Reorientación y Construcción Patriótica de Jammeh ganó las elecciones con un 56% de los votos. El militar se convertía así en el primer presidente de la segunda república gambiana, con un mandato de cinco años. Sin embargo, las acusaciones de fraude electoral por parte de la oposición y las reservas de la Unión Europea y la Commonwealth agriaron las celebraciones.

Póster de elogio a Jammeh: “Hizo la educación accesible para todos”. Fuente: Nichol Brummer

Las elecciones de 2001 volvieron a estar salpicadas por el escándalo al saberse que unos 50.000 senegaleses pertenecientes a la etnia yola habían cruzado la frontera para votar irregularmente por Jammeh. La oposición, que tuvo mayor libertad de acción, fue incapaz de organizar una coalición debido a sus diferencias ideológicas y personales. La victoria del presidente, no obstante, fue tan solo por un ajustado 53%, lo que llevó al presidente a reformar la Constitución para evitar una segunda vuelta electoral. Las irregularidades y el caciquismo en las áreas rurales continuaron durante las elecciones de 2006 y 2011. Jammeh siguió organizando elecciones con la intención de dotarse de legitimidad internacional, algo que consiguió hasta cierto punto.

Con el tiempo, Jammeh se volvió más confiado. Si bien la política en Gambia no había estado especialmente centrada en líneas étnicas, el presidente privilegió a los yolas, su grupo étnico, quienes tenían una mayor representación en los órganos de gobierno. Su aversión a los mandingas, el mayor grupo étnico de Gambia, se hizo manifiesta en varias ocasiones, y en junio de 2016 pronunció un controvertido discurso en el que atacaba a los mandingas y los acusaba de no ser verdaderos gambianos. A estos agravios se sumaron los informes constantes de violencia política por parte de las fuerzas de seguridad y el encarcelamiento de uno de los principales activistas y líderes de la oposición, Amadou Sanneh, actual ministro de Finanzas. Esta falta de libertades políticas, unida a la mala situación económica por la que pasa Gambia, facilitaron la caída de Jammeh.

Para ampliar: “El día que mataron a Solo Sandeng”, José Naranjo en El País, 2017

“La economía iba mal, no había trabajos, los hospitales estaban en mal estado… La gente dejó de ver el valor del Gobierno de Jammeh, que además era muy desagradable con sus oponentes, a quienes insultaba, acosaba, arrestaba e incluso mataba”

Omar G. Jallow

Para las elecciones de diciembre de 2016, muchos gambianos se involucraron activamente en la campaña electoral. La diáspora gambiana, muy activa, colaboró enviando dinero a organizaciones políticas y organizaciones de la sociedad civil, intentando concienciar a la población para acudir a las urnas. La insistencia de los activistas gambianos logró que los votos fueran contados de forma independiente y finalmente Jammeh fue derrotado en las urnas por Adama Barrow. El papel de los emigrantes gambianos fue fundamental, no solo por su aportación económica, sino por su papel como periodistas y líderes de opinión. Los medios digitales de la diáspora, como Gainako, Freedom Newspaper o el Gambia Echo, permitieron a los gambianos superar la censura de su propio país y organizar un movimiento contra Jammeh.

Sin embargo, este se resistió a abandonar el poder y anunció que las elecciones eran ilegítimas. Esto desató las protestas de la mayoría de las organizaciones civiles gambianas —uniones de abogados, médicos y otros profesionales liberales con influencia—, así como de la prensa, los partidos y los sindicatos. La Comunidad Económica de Estados de África Occidental exigió a Jammeh que respetase los resultados de las elecciones y finalmente intervino en Gambia para asegurar una transición de poder pacífica. Las tropas gambianas no ofrecieron resistencia y finalmente Jammeh se exilió en Guinea Ecuatorial.

Nuevo presidente, nuevos retos

Barrow, el nuevo presidente de Gambia, es un magnate inmobiliario de la región del Río Superior, una de las áreas más alejadas de Banjul. No era una figura muy prominente en la vida política, aunque era conocido en Gambia por su papel como hombre de negocios. Sin embargo, cuando Ousainou Darboe, el principal líder de la oposición —que se había presentado como candidato en todas las elecciones anteriores—, fue encarcelado, Barrow se convirtió en el líder de la oposición.

Tras su victoria, el nuevo Gobierno de Barrow estableció una Comisión de la Verdad y la Reconciliación para investigar los abusos y la corrupción de Jammeh, además de sus acuerdos comerciales y sus transacciones financieras. La economía de Gambia presenta un gran reto para el nuevo Gobierno: la deuda externa del país representa más del 120% del PIB. La oposición en el exilio ya ha organizado protestas contra Barrow, y en el país las manifestaciones contra el nuevo Gobierno han sido disueltas a tiros por la coalición africana que se encarga de supervisar la transición democrática.  Si bien esta coalición tenía previsto quedarse en Gambia durante seis meses, su presencia se extiende hasta la actualidad.

Sin embargo, Barrow es popular y no necesita el apoyo de un ejército extranjero. La presencia de las tropas se explica por la necesidad de asegurarse de que no haya un intento de golpe de Estado de los partidarios de Jammeh, que siguen siendo un número considerable. A pesar de las dificultades, los gambianos son optimistas con respecto a su futuro. Casi un año después del fin de la dictadura, Gambia intenta reincorporarse en la comunidad internacional y ha solicitado su readmisión en la Commonwealth y la Corte Internacional de Justicia. La economía ha mejorado moderadamente, con un incremento en el número de turistas, y la actividad portuaria ha aumentado. Los crímenes de la dictadura están siendo investigados y juzgados y la confianza en las instituciones se ha restaurado. El futuro siempre es incierto, pero la corrupción y la represión de Jammeh han quedado definitivamente atrás.


Nota del autor: Agradezco de todo corazón la ayuda de mi compañero y amigo Omar G. Jallow, quien me proporcionó abundante bibliografía y se tomó el tiempo para responder a mis preguntas sobre Gambia. Espero que el artículo haga justicia a su país.

1 comentario

  1. Excelente, gracias. Un país desconocido, que ahora apetece visitar.