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Grandes estrategias: huellas en Asia del sur

Unidades de infantería ligera sij en el desfile de la República India. Fuente: Antônio Milena/Wikicommons (26 enero de 2004)

Dice la mitología china que relámpagos y truenos son creados por el dragón, el animal más poderoso. El Imperio del Medio se ha ido preparando para despertar por la voz de alarma que Occidente ha dado. El resto no puede quedarse quieto ante este hecho. Este artículo trata de dar una visión general de las tensiones que existen en torno a la primacía china en Asia del sur y las respuestas de su poderoso vecino, India.

En 2012 el profesor David Scott describía las dinámicas regionales entre India y la República Popular China como una redefinición del Gran Juego, término que hace referencia a la rivalidad de los imperios ruso y británico, que en el siglo XIX buscaban imponerse el uno sobre el otro. En este caso, es la competición por la hegemonía, influencia, poder y beneficio económico la que prima. El profesor utilizaría los términos proféticos —casi conspiranoicos— de Mackinder reformulados por Spykman, el intelectual que adaptó los postulados mackinderianos para la Guerra Fría: “Quien controle el anillo continental gobernará Eurasia; quien controle Eurasia gobernará el mundo”.

Para ampliar: “Teoría del Heartland: la conquista del mundo”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2013

Las referencias a la geopolítica tradicional se completan con la recuperación del valor estratégico marítimo-oceánico en un mundo donde por este medio se mueven a diario miles de millones en comercio, pero que además es un medio clave para la movilización de tropas. Así, la trinidad geopolítica tradicional Mackinder-Spykman-Mahan queda recuperada y tanto China como India aparecen como iguales: potencias del anillo continental con salida al mar, una amenaza al statu quo y potencial foco de desestabilización territorial. Pero ¿y si el presente ya es inestable y no nos hemos dado cuenta todavía?

Dragones y leones

La República Popular China es sin duda el país ganador en términos de progreso y modernización en el siglo XXI. No solo ha sabido posicionarse como un actor político importante a nivel internacional, sino que ha aprendido el secreto de la prosperidad económica. En las últimas décadas, China ha crecido de manera inesperada y sostenida; sin embargo, en 2016 su PIB creció por primera vez menos de lo esperado: un 6,7%. En el mismo año India crecía un 7,1%.

Desde 2010 tanto el PIB de India como el de la República Popular China han entrado en una tendencia a la baja. Desde 2012 la caída de China se ha ralentizado y el crecimiento económico en India se ha disparado gracias a las reformas propuestas y un préstamo del Fondo Monetario. Fuente: Banco Mundial

Tras el XIX Congreso del Partido Comunista Chino, la figura de Xi Jinping ha salido reforzada: su pensamiento ha sido inscrito en los estatutos del partido, por lo que se ha visto elevado al nivel de Mao Zedong y Deng Xiaoping. Aun así, con el camino de los siguientes cinco años claro, la China de Xi se enfrenta a grandes retos: el cambio de la estructura poblacional china, que afectará gravemente al consumo y al crecimiento económico del país; una burbuja inmobiliaria cada día más alarmante; la caída de las inversiones —China invierte más fuera de lo que invierten otros países en China—, y las demandas de una cada vez más significativa clase media. La India, por el contrario, cuenta con una demografía sólida y dinámica y una base económica preparada para la reforma y el crecimiento. Si bien sus desafíos internos son múltiples, sus particularidades históricas y la estabilidad social a consecuencia de la tradición juegan a su favor.

Para ampliar: “India’s ascent: five opportunities for growth and transformation”, N. Kaka y A. Madgavkar, 2016

Hindi Chini bhai bhai: ‘Indios y chinos son hermanos’

Las relaciones de la República Popular China e India son buenas —el primero es el principal socio comercial del segundo—, pero tensas. Su lanzamiento en el nuevo siglo junto con la desconfianza mutua que reina como resultado a la ocupación china del Tíbet, la guerra de 1962 y el destierro del dalái lama a Dharamsala (India) son la base en el imaginario de los casi tres mil millones de personas que estos dos gigantes suman.

Tanto China como India son vecinos destinados a encontrarse. Comparten cerca de 3.500 kilómetros de frontera por el norte de la cuña territorial que ocupa la India. La cordillera del Himalaya sirve de frontera natural entre ambos países, pero a pesar de su altitud no es un muro infranqueable. Junto a ella, una falla de gran actividad que tiembla bajo el puño de Pekín. Además, la alianza de China con Pakistán y las actuaciones del primero para cercar al país hindú mediante su política en el mar Meridional, la llamada Línea de Nueve Puntos —con la cual pretende aumentar su influencia en la región e incluso su capacidad productiva mediante la incorporación de miles de millas náuticas en su zona de explotación exclusiva—, no hacen sino añadir más temperatura a este fuego.

Para ampliar: “The Nine-Dash Line in the South China Sea: History, Status, and Implications”, Zhiguo Gao y Bing Bing Jia en The American Journal of International Law, 2013

China se encuentra cercando a India en dos dimensiones: directamente por tierra y mar e indirectamente por medio de la diplomacia con vecinos y rivales directos de Nueva Delhi y sus conexiones terrestres y marítimas con ellos. La mejora de las estructuras de comunicación con los vecinos de India, así como la construcción de carreteras y vías de tren más rápidas, modernas y directas que conectan la República Popular con Tíbet, suponen un desafío a la percepción de seguridad india, ya que posicionarían ventajosamente a China en un eventual conflicto, con la posibilidad de transporte y abastecimiento más veloz. Diplomáticamente, la estrategia de Xi de extender los tentáculos chinos de este a oeste mediante el complejo plan de la conocida como Nueva Ruta de la Seda no es nada ventajoso para Modi. Además, el gobierno de hierro chino les proporciona otro punto de partida desde el cual replantearse las relaciones con sus vecinos centroasiáticos, los istanes, con los cuales la provincia china de Sinkiang tiene más proximidad por motivos históricos-religiosos.

La India, uno de los países más grandes del mundo por extensión, cuenta con varios frentes abiertos. Las tensiones y los territorios en disputa se acumulan en el norte frente a dos países aliados: Pakistán y China. Fuente: Cartografía EOM

Remando en la inestabilidad

“Antes de comenzar un trabajo, siempre pregúntese tres cuestiones: por qué lo estoy haciendo, qué resultados puedo conseguir y si será un éxito. Solo cuando piense profundamente y encuentre respuestas satisfactorias a esas preguntas, siga adelante”

Chanakia en Artha-shastra

De los diez puertos más importantes por cantidad de contenedores enviados y recibidos, siete de ellos están en China. El primero del “país de la rueda” en la clasificación se encuentra en el puesto 34. No obstante, durante los últimos años la máquina india se ha puesto en marcha y se encuentra escalando rápido en los puestos. Desde su elección en 2014, el primer ministro indio, Narendra Modi, comenzó a llevar a cabo un ambicioso programa de reformas que tenía como meta utilizar la privilegiada situación de su país en el mapa. Así, la geoeconomía pasó a tener un lugar clave en la redefinida política exterior india y el aumento del comercio apareció como una de las medidas concretas destinadas a sostener un crecimiento económico sin rivales en la región. Esta inocente percepción de lo que pasa en las aguas de Asia tiene una interpretación ambivalente: por un lado, los flujos de dinero que entran y salen mediante el comercio, el fortalecimiento de los vínculos con las empresas y actores estatales por el incremento de la frecuencia de las relaciones, y, por otro lado, la ocupación de espacio físico en unas aguas muy transitadas y, por tanto, la capacidad de llenar un espacio disputado con muchas naciones —entre ellas, la china—.

El Imperio del Medio bien sabe de esta estrategia. En verano de 2016 envió a las islas Pinnacle, territorio disputado entre Japón —islas Senkaku—, China —islas Diaoyu— y Taiwán —islas Diaoyutai—, 230 barcos pesqueros, civiles, para bloquear el tránsito y presionar a Tokio, que administra las islas. Son las zonas grises de cualquier situación en tensión las que suelen provocar más malestar a los principales involucrados.

Mientras China sigue creciendo de facto, India lo hace con más velocidad. Solo entre 2010 y 2014 el volumen de contenedores transportados casi se triplicó. Fuente: Andrea G. Rodríguez

El sudeste asiático, en términos de flujos comerciales, está colapsado. La deslocalización de empresas occidentales en este subcontinente debido a la proximidad de las materias primas, en muchos casos, y la mano de obra barata hacen que por aquí pase cerca del 90% del comercio marítimo mundial. La compleja geografía, con miles de islas, hace que los lugares de paso sean escasos y repetidos. El estrecho de Malaca, compartido por Singapur, Tailandia, pero sobre todo Malasia e Indonesia, es uno de los puntos más transitados del planeta. De 65 kilómetros de anchura en su parte más estrecha, siempre ha sido uno de los puntos preferidos de la piratería asiática. Es por ello por lo que existe la necesidad imperante de buscar nuevas rutas que hagan respirar al estrecho y sean más sencillas de realizar. Los analistas llaman “collar de perlas” a la maniobra diplomática-militar de la República Popular China por la que busca este espacio vital, a través del cual sus miles de barcos sigan navegando hacia Occidente. Mediante la apertura de bases en países vecinos, como Camboya o Sri Lanka, China busca proyectar su influencia y garantizar su propia seguridad desde Hainan a Sudán.

Reencontrar el equilibrio

El futuro no es muy prometedor para las potencias con intereses contrarios a los de Pekín. Ante tal escenario, la India ha reforzado sus alianzas en Asia-Pacífico: Japón, Australia y Estados Unidos. Japón, otra democracia asiática consolidada, comparte los mismos intereses estratégicos indios en cuanto a la necesidad de garantizar las líneas de navegación. La respuesta a la iniciativa del nuevo cinturón comercial chino no se ha hecho esperar y desde noviembre de 2016 ambas potencias se han unido en la creación de su propia Ruta de la Seda bajo el nombre Corredor de Crecimiento Asiático-Africano.

Los cuatros pilares sobre los que se sustenta esta iniciativa indo-japonesa son muy similares a aquellos en los que se enmarca la gran estrategia china: proyectos de desarrollo y cooperación, mejora de las infraestructuras y conectividad institucional y mejora de las capacidades y habilidades mediante la asociación bilateral. El enfoque abarcador con que el Corredor ha sido planteado se encuentra con varios problemas. En primer lugar, al ser una iniciativa con dos patrocinadores, necesita del constante diálogo entre ambas partes y el consenso para poder avanzar. Además, exige desarrollar estrategias comerciales y una política exterior similar respecto a Asia para no llegar a contradicciones que pudieran acabar con el proyecto. En segundo lugar, debido a la extensión de la ruta indo-japonesa, la estabilidad regional es un imperativo. El tiempo para poder establecerse como algo duradero y beneficioso para todas las partes es amplio, con la dificultad añadida de que muchas de las alianzas pueden estar ya comprometidas a proyectos chinos, que normalmente suelen ser más eficientes a la hora de desarrollar políticas donde la persuasión es necesaria.

Situación de seguridad en Asia-Pacífico. Fuente: Cartografía EOM.

La Administración Trump ha respaldado el proyecto. Las relaciones entre Washington y Nueva Delhi han pasado por momentos de apoyo e indiferencia. En la actualidad, vivimos uno de los momentos de mejor relación entre ambas potencias, fomentado por el sentimiento de alianza en contra del terrorismo islámico, así como el compromiso de la potencia asiática de hacer un uso responsable —dentro de los límites del interés nacional— de la tecnología nuclear. Ello no significa que la Administración Modi sea trumpista per se —de hecho, las relaciones bajo el mandato de Obama eran más que buenas—, sino que, ante el nuevo panorama de incertidumbre internacional, parcialmente potenciado por la elección del presidente estadounidense, ambos países ponen de manifiesto la mutua necesidad de cooperación para reforzar sus economías y contener a China.

Mirando hacia el este

Desde principios de los años 90, bajo el mandato del Narasimha Rao, la política exterior india estuvo marcada por la cooperación y la forja de alianzas estratégicas con países del entorno. Primando el poder blando —soft power— sobre el duro —hard power— y desde una perspectiva que podría ser tachada de poco arriesgada, la India buscaba mantener su influencia y consolidar un sistema de contrapesos que lograra mantener el statu quo en la región. Sin embargo, con Modi y la ayuda de la mejora de las relaciones con Washington, esta política de “mirar al este” se convirtió en una de “actuar al este”: la comprensión de la necesidad de tomar un rol más activo en Asia para frenar el avance chino.

La mejora de las relaciones con sus vecinos, sobre todo en el marco de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, se ha convertido en una prioridad en la política exterior india. Además, la implicación en la seguridad regional, motivada por la gran estrategia china, ha tenido como consecuencia asociaciones más estrechas de colaboración militar con sus países vecinos. De esta manera, la gran estrategia de Modi se perfila sobre la geopolítica y la geoeconomía regional, pero con alcance mundial. La India contemporánea se alza en parte como heredera del pensamiento de Chanakia, llamado “el Maquiavelo indio”: “Hay algo de interés detrás de cada amistad. No hay amistad sin interés. Es la cruda realidad”.

Acerca de Andrea G. Rodriguez 4 Articles

Madrid, 1995. Estudiante por pasión y profesión. Próximamente graduada en Relaciones Internacionales después de cuatro años divididos entre Madrid (UCM), Praga (Charles University) y Taiwán (NTU). Interesada en geopolítica y geoestrategia, Asia-Pacífico e Israel.

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