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“¿Por qué ha crecido el independentismo en Cataluña?”, por Steven Forti

Manifestación independentista en Barcelona. Fuente: Rob Shenk/flickr

En las últimas semanas, desde que Cataluña se ha convertido en portada de los mayores diarios internacionales, una pregunta es recurrente tanto en España como en otras latitudes: ¿cómo podemos explicar el crecimiento del independentismo en Cataluña? Efectivamente, hace una década tan solo el 17% de los catalanes se definía independentista. A partir de finales de 2012, según distintos sondeos de opinión, los que abogan por un Estado propio superan el 40%, y en algunos momentos se acercan al 50%. Confirmarían estos datos, aunque con matices, también los resultados del “proceso participativo” del 9N de 2014, de las elecciones “plebiscitarias” del 27S de 2015 y del referéndum unilateral de autodeterminación del pasado 1 de octubre. ¿Cuáles han sido las razones de este rápido aumento?

Antes de todo, es menester tener en cuenta que durante todo el siglo XX el independentismo fue una corriente absolutamente minoritaria y marginal en Cataluña. El catalanismo, movimiento cultural y político que vio la luz a finales del siglo XIX y que se asentó en la primera década del siglo XX, nunca defendió la separación de Cataluña del resto de España. Al contrario, el proyecto era el de reformar y modernizar España, de hacerla grande otra vez a partir del dinamismo de la sociedad catalana.

Para ampliar: El imperialismo catalán. Cambó, Prat de la Riba, D’Ors y la conquista moral de España, Enric Ucelay-Da Cal, 2003

Con los inevitables matices, podemos interpretar con este prisma también las otras etapas de la España democrática del siglo pasado, tanto la republicana como la autonómica. Es sintomático, por ejemplo, volver a leer las aportaciones de los diputados catalanes en la Asamblea Constituyente en 1977 y 1978, cuando nadie defendió la independencia de Cataluña. La etapa autonómica que se abre en 1980, marcada por la hegemonía de Convergència i Unió (CiU), federación liderada por Jordi Pujol, se apoya en la lógica del peix al cove —‘pájaro en mano’—, una política que permite, cuando es necesario, la estabilidad de los Gobiernos en Madrid —con un apoyo externo puntual o durante toda la legislatura, pero sin asumir responsabilidades de gobierno— a cambio de conseguir mayores cuotas de autonomía para Cataluña.

Para ampliar: La cuestión catalana. Cataluña en la transición española, Carme Molinero y Pere Ysàs, 2014

La reforma del Estatuto de Autonomía

Este esquema entra parcialmente en crisis a principios del nuevo milenio. En primer lugar, el Partido Popular (PP), que gobierna con mayoría absoluta a partir del año 2000, da un giro en sus políticas respecto a la legislatura anterior, en la que había gobernado con los votos de CiU tras el pacto del Majestic, promoviendo un nacionalismo español desacomplejado y una interpretación más centralista del Estado de las autonomías. En segundo lugar, CiU, tras 23 años ininterrumpidos de gobierno en Cataluña, pierde las elecciones en 2003 y vive con desdén la travesía en el desierto de la oposición. El Tripartito de centroizquierda, liderado por Pasqual Maragall, empieza un proceso de reforma del Estatuto de Autonomía —que algunos interpretan como un intento de reforma en un sentido federal de España— que concluirá con la aprobación en referéndum del texto —rebajado por las Cortes de Madrid— en junio de 2006.

La campaña contra el Estatuto catalán de un PP en la oposición —en el momento de máximo esplendor de Zapatero— lleva a la sentencia del Tribunal Constitucional (TC) de junio de 2010, en la que se anulan 14 artículos del texto aprobado y la referencia, contenida en el preámbulo, de que Cataluña es una nación. Sería este el momento que marcaría un antes y un después; lo probaría la manifestación del siguiente 10 de julio, organizada por Òmnium Cultural bajo el lema “Som una nació. Nosaltrem decidim” —‘Somos una nación. Nosotros decidimos’—, que congregó en Barcelona alrededor de un millón de personas.

Sin embargo, la sentencia del TC no lo explica todo. Dos ejemplos son sintomáticos: en la Diada —Día de Cataluña— del siguiente 11 de septiembre, la manifestación independentista, que históricamente había sido siempre anecdótica, sigue reuniendo tan solo unas diez mil personas —lo mismo pasa en la de 2011— y en noviembre de 2010 CiU vuelve a ganar las elecciones autonómicas con un programa en el que lo máximo a que se aspira es un pacto fiscal. La sentencia del TC fue percibida como una frustración por una parte no despreciable de la sociedad catalana —no se equivocó el entonces presidente de la Generalitat, José Montilla, que por esas fechas advirtió del riesgo de una “desafección” de Cataluña hacia España—, pero esto no aumentó los apoyos a la independencia, como muestran las encuestas realizadas en ese periodo.

Fuente: El País

La gestión de la crisis económica

Para entender cómo hemos llegado aquí hay que añadir otro elemento: en mayo de 2010, apenas un mes antes de la sentencia del TC, el Gobierno de Zapatero aplica las primeras medidas de austeridad. La crisis, luego reconvertida en gran recesión, llegaba de golpe también en una España que había vivido, al menos hasta 2007, con unas tasas de crecimiento económico jamás vistas. Lo siguiente es harto conocido: tasas de paro por encima del 25%, cierre de empresas, emigración de los jóvenes con estudios, decenas de miles de desahucios y un largo etcétera en un contexto de crisis mundial y, de modo especial, de la eurozona.

Es en este bienio —2010-2012— en el que debemos hurgar para entender cómo cambia la sociedad catalana y cómo cambian sobre todo sectores importantes de las élites políticas catalanas. Efectivamente, el Gobierno de Artur Mas a finales de 2010 se presenta con un marcado programa business friendly y con la voluntad de aplicar a rajatabla las medidas de austeridad que llegan desde Bruselas y Berlín. Cosa que efectivamente hará al recortar el Estado del bienestar como ningún otro Gobierno europeo se atrevió a hacer en las mismas fechas. Aún en marzo de 2012, Mas, que estaba gobernando en Cataluña gracias a los votos del PP, reprochaba a Rajoy no ser lo suficientemente merkeliano.

Hay un día que, visto a posteriori, resulta clave: el 15 de junio de 2011, cuando el movimiento del 15M, que tuvo un arraigo notable en Barcelona, rodeó la cámara autonómica para bloquear la aprobación de un paquete especialmente consistente de recortes, lo que obligó a Mas y otros consejeros del Gobierno catalán a llegar al Parlamento en helicóptero. Ahí el pinyol de CiU empieza a reflexionar sobre cómo salir del atolladero de una protesta social que habría podido llevarse por delante al Gobierno. A esto se suma la victoria por mayoría absoluta del PP en las elecciones generales de noviembre de 2011, que implica que los votos de CiU ya no son necesarios en Madrid. Tampoco se pueden olvidar otros dos elementos: por un lado, en verano de 2012 la Generalitat pidió adherirse al Fondo de Liquidez Autonómico por la desastrosa situación de sus cuentas; por otro lado, CiU estaba en el centro del huracán debido a distintos casos de presunta corrupción —Palau, Pretoria, ITV…—.

El inicio del procés

El 11 de septiembre de 2012 tiene lugar la gran manifestación de la Diada, organizada por la recién fundada Assemblea Nacional Catalana (ANC) bajo el lema “Catalunya, nou Estat d’Europa” —‘Cataluña, nuevo Estado de Europa’—. Se sigue debatiendo si la manifestación fue organizada solo por la sociedad civil o si fue heterodirecta. Posiblemente, la verdad está en el medio: la protesta social espontánea —que mezcló al pos-15M con un activo movimiento independentista que tuvo un cierto protagonismo con las consultas sobre la independencia de Cataluña organizadas en los municipios catalanes entre 2009 y 2011— se juntó a una atenta labor del Gobierno catalán de canalización. La semana siguiente Mas se reunió en Madrid con Rajoy y, tras la negativa de este a aceptar un pacto fiscal para Cataluña —España acababa de obtener un préstamo de 100.000 millones de euros de la extroika—, regresó a Barcelona y convocó nuevas elecciones con el objetivo de capitalizar la situación y obtener la mayoría absoluta en la cámara catalana.

Fuente: Statista.

Con razón se considera la Diada de 2012 como el pistoletazo de salida del que se ha llamado “proceso soberanista” —un proceso “gubernamental”, según Guillem Martínez—. De ahí en adelante, de hecho, la protesta no sería más contra el Gobierno catalán, sino en apoyo de este a favor de un proyecto aparentemente compartido: la independencia de Cataluña. Fue en esa coyuntura —otoño de 2012— cuando se dio el giro soberanista de CiU, partido que siempre había defendido un nacionalismo autonomista, con la explícita inclusión en el programa electoral para los comicios de noviembre de 2012 de la referencia a unas “estructuras de Estado” para Cataluña y los “agravios” que en el lenguaje común se traducen con el sintagma de “expolio fiscal”. Fue también en esas mismas semanas cuando los apoyos a la independencia llegaron al 40%.

Para ampliar: La gran ilusión. Mito y realidad del proceso indepe, Guillem Martínez, 2016

Cabe matizar dos cosas más. Por un lado, a Mas el tiro le salió por la culata: perdió doce escaños y tuvo que gobernar en minoría con los votos de ERC. La competición entre CiU y ERC, dos partidos tradicionales que luchan por la centralidad política en Cataluña, marcará toda la etapa siguiente. Por otro lado, el PP aprovechó la aplicación de las medidas de austeridad para implementar su programa recentralizador. De aquellos polvos, estos lodos.

Una “utopía disponible” para tiempos de crisis

Lo demás es de sobra conocido: aceleración del proceso independentista y falta de diálogo con el Gobierno del PP, “proceso participativo” del 9N de 2014, miedo a los comunes tras la victoria de Barcelona en Comú en mayo de 2015 y creación de la lista de país llamada Junts pel Sí (JxSí), ruptura de CiU y refundación de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) en el Partit Demòcrata Europeu Catalá (PDeCAT) —formación explícitamente independentista—, elecciones “plebiscitarias” del 27S de 2015 —con una victoria de los independentistas en escaños, pero no en votos—, “paso al lado” de Mas y apoyo al Gobierno de Carles Puigdemont por parte de la Candidatura d’Unitat Popular (CUP), convocatoria del referéndum unilateral de autodeterminación —celebrado el pasado 1 de octubre—, “choque de trenes” con el Estado central…

Contestar a la pregunta que se formulaba al principio de este texto es más complejo de lo que muchos quieren admitir, ya que hay múltiples factores que se yuxtaponen. La sentencia del TC sobre el Estatuto de Autonomía y las consecuencias de la crisis económica juegan un papel clave; sobre todo, llevan a una profunda crisis del sistema político español nacido en la Transición, una crisis que es económica y social, pero que en tan solo un par de años se convierte en política, institucional y territorial. El fin del bipartidismo con el ingreso de Podemos y Ciudadanos en el Parlamento y la abdicación de Juan Carlos I son una muestra de esta crisis, de la cual el independentismo catalán representa la faceta territorial.

Pero esto no es suficiente para entender por qué alrededor del 40% de la sociedad catalana apuesta por la independencia. Debemos añadir un último elemento. En el contexto de crisis multinivel existente, en Cataluña la independencia se ha convertido en una “utopía disponible” que ha permitido conformar un movimiento transversal —de la derecha neoliberal a la izquierda anticapitalista— que ha podido ser controlado por las élites políticas locales en el Gobierno. Solo si tenemos en cuenta todos estos elementos podemos empezar a resolver el rompecabezas catalán.

 


El Orden Mundial en el Siglo XXI no se hace responsable de las opiniones vertidas por los autores de la Tribuna. Para cualquier asunto relacionado con esta sección se puede escribir a [email protected]

Acerca de Steven Forti 1 Article

Profesor asociado de la Universitat Autònoma de Barcelona e investigador del Instituto de História Contemporânea de la Universidade Nova de Lisboa. Entre sus últimos libros: Ada Colau, la città in comune (con Giacomo Russo Spena, Roma, 2016) y El proceso separatista en Cataluña. Análisis de un pasado reciente, 2006-2017 (con Arnau Gonzàlez i Vilalta y Enric Ucelay-Da Cal [Eds.], Granada, 2017). Colabora como analista político con diferentes medios en Italia, España y Grecia.

Contacto: Twitter

19 comentarios en “¿Por qué ha crecido el independentismo en Cataluña?”, por Steven Forti

  1. La teoría q se intenta vender desde el estado de q es un movimiento impulsado por las elites y por CiU para tapar sus vergüenzas pierde total credibilidad cuando estamos en 2017 y el movimiento independentista q es popular de base sigue con más fuerza q núnca. CiU se aprovecho de este movimiento en algún momento pero se ha visto superada desde hace mucho tiempo por el mismo, igual q todo el panorama político catalán q ha cambiado radicalmente en pocos años con el proceso independentista, hasta el punto q la misma CiU tal i como la conocíamos ya no existe. Por último llamar utopía a pocos días de la declaración de independencia me parece algo osado. Puede ser q al final no se alcance el objetivo pero de ahí a calificarlo de “utopía disponible” me parece muy poco riguroso y esconde un menosprecio al mayor movimiento político en la europa del siglo XXI. Me parece un analisis muy pobre del crecimiento del movimiento independentista q claramente tiene su orígen en la apropiación por parte del PP de estamentos del estado como el tribunal constitucional y la suspensión de facto de la autonomía de Catalunya vía recursos e intervención económica mediante el FLA. El resto me parece también importante pero circumstancial.

  2. No repitamos bulos, el 27S la victoria del independentismo también fue en votos:

    – Partidos favorables a la independencia (Jxsí, CUP): 47.8%
    – Partidos opuestos a la independencia (PP, PSC, C’s, Unió): 41.6%
    – Partidos no alineados (CSQP, PACMA): 9.7%
    – Otros partidos: 0.4%
    – Blancos: 0.5%

    El porcentaje de independentistas dentro de CSQP es de alrededor del 20-30%, según algunas encuestas que he ido leyendo.

    El no alineamiento respecto a la independencia de algunos partidos fue el problema de las “plebiscitarias” y por eso es necesario un referéndum.

    • JxSi se presentó a las elecciones diciendo que si no obtenía más del 50% de los votos no iniciaría el proceso de la independencia. Se quedó muy por debajo y tuvo que recurrir a la CUP para tener mayoría absoluta de escaños. Pero ni con la CUP llegó a ese 50%, que era el objetivo de esas elecciones plebiscitarias. Hubo fracaso, pues.

      Por otro lado, pensar que el referéndum es la solución al conflicto… La realidad es que ganen los independentistas o los unionistas en una consulta legal al día siguiente el problema seguiría ahí: habría fractura social, Cataluña se partiría por la mitad.

      La única solución, en mi opinión, es un nuevo pacto constitucional en toda España que reconozca el hecho diferencial catalán de verdad, no descafeinado como ahora. Pero los independentistas dicen algo así como “es demasiado tarde”; “ya no nos vale eso…”, como si la única salida final fuese la independencia; lo están considerando todo en términos de victoria o derrota (eso es el referéndum), algo terriblemente dañito para un país, Cataluña, al que siempre he admirado.

      Es mi humilde opinión.

    • 47,8% no representa a la mayoría. Además, según las propias leyes que se pusieron los nacionalistas para blindarse, para cualquier decisión de este tipo, se debe contar con dos tercios del parlament. Cambiar la ley autoritariamente cuando no te interesa tiene un nombre. Y no es demócrata…

  3. Resumen:
    El auge del independentismo proviene de un plan de la burguesía catalana que consiste en aprovechar unas circunstancias coyunturales para mantenerse en el poder aprovechándose de la ingenuidad del 40-45% de la población.

    Dudas:
    ¿A Artur Mas, gran exponente decla burguesía catalana y la élite política, le ha salido bien el plan?
    ¿Puigdemont, otro exponente, tiene pinta de estar llevando a cabo este plan? ¿Está tomando las mejores decisiones para mantenerse en el poder?
    ¿La evolución en las encuestas de CiU/PDeCat muestra alguna señal de que este supuesto plan haya exustido?
    ¿Las grandes empresas (también son élite, que yo sepa), están ayudando a este plan o lo están entorpeciendo?

    Conclusión:
    A mi, poner en marcha un plan que de entrada me va a cortar los contactos con la élite política española, con la élite empresarial catalana y española y que a la larga me va a llevar ante los tribunales con riesgo de prisión y cuantiosas indemnizaciones me parece una decisión pésima.

    O tal vez la importancia de la burguesía catalana en todo este embrollo no sea tanta.

  4. Por fin alguien capaz de analizar lo que está sucediendo en Catalunya de forma objetiva y no partidista. Muchas gracias por el artículo; viene bien para que los que estamos en Catalunya entendamos cómo hemos llegado hasta aquí, pero también para lo que viven en el resto de España.

  5. Creo que faltaría mencionar los agravios del Gobierno como por ejemplo los déficits en inversiones del Estado en Cataluña, el déficit fiscal (hace pocos días el mismo ministro De Guindos hablaba de los famosos 16.000 millones) y la negación de que España es pluricultural y plurilingüe.

    Por otro lado desde Cataluña también se ve que España no apuesta por una reforma industrial, vuelve a apostar por el ladrillo y reduce a la mínima expresión, por ejemplo, el presupuesto en investigación, es decir, en España no hay futuro y no se prevén soluciones más allá de las cortoplacistas electorales.

  6. El artículo es interesante, pero hay cosas que puntualizar. Artur Mas es un oportunista político y no es independentista ni nunca lo ha sido. En pleno paso de l’Estatut de Maragall por las Cortes de Madrid, viaja a la capital y colabora a “cepillarlo” con los socialistas , en especial Alfonso Guerra, y lo hace porque su preocupación es volver a gobernar en la Generalitat, y si el estatuto de Maragall hubiera funcionando, se veía muchos años en la oposición. De independentista nada, más bien todo lo contrario.
    La Diada del 2012, nace de la presión popular que ya se manifestó masivamente en 2010, con todas las autoridades catalanas encabezadas por el señor Montilla. El señor Mas no participa en la Diada del 2012, porque no cree en su finalidad, pero queda anonadado por su éxito y su oportunismo le hace intentar ponerse al frente del movimiento, de ahí la celebre foto en la que recuerda al Mesías prometido, y convoca elecciones y se empieza a enredar. Pacta con su rival electoral, ERC, para seguir mandando y sigue encabezando un movimiento en el que no cree.
    El “referendum” del 9-N de 2014, no se realiza de “verdad”, porque el señor Mas no se atreve, pero el simulacro le permite seguir un año más en el poder. En las elecciones de 2015, la sorpresa es la CUP, con sus 10 escaños imponen a JxSi, necesitados de apoyos, el cese de Mas y la vía directa al referendum. Después de una atroz campaña de CiU contra la CUP, in extremis se llega al acuerdo de que Puigdemont sea quien le sustituya como Presidente de la Generalitat.
    Puigdemont es un independentista de CiU, de los que van emergiendo mientras la coalición se rompe por la parte de Unió y también van desapareciendo algunos convergentes no independentistas. Convergencia antes de perder el poder y quedarse sin todos los puestos de trabajo que ello significa, se pone en manos de los independentistas, tanto de sus propias filas como de ERC y la CUP.
    A partir de aquí, los dos últimos años son de sobras conocidos, pero la puntualización que hay que hacer, es que es la fuerza de la base de los independentistas, la que lleva al “procés” adelante, nunca el control ni la inducción del gobierno catalán que sólo lo canalizan. Hay que pensar que ERC, que es quien en realidad capitaliza el movimiento, es el partido político, que aunque medio desde la sombra, controla el movimiento y el que más ha crecido en votos y expectativas. La estrategia de Junqueras de dejar quemarse a los convergentes a la vez que dejarles satisfacer sus ansias de poder, está funcionando a la perfección y cada vez es un hecho más palpable.
    En las elecciones de 2015, muchos votantes naturales de ERC votaron a la CUP, por dos razones, la primera porque llevaba en su programa la independencia y segundo por no votar a Convergencia. En próximas elecciones se verá esta tendencia a favor de ERC, si es que llegan a realizarse, dado el panorama creado por las amenazas del 155 y de la declaración de independencia.
    Para terminar, el movimiento popular nace de la sentencia del TC, que provoca que la juventud catalana, decepcionada por este hecho y por la situación de crisis, se despierte y vea en la independencia la solución a sus problemas. A ellos se unen los independentistas de toda la vida y muchos de los que mientras todo “funcionó” con los acuerdos del 78 fueron tirando, pero que se sintieron engañados y menospreciados por la famosa y desdichada sentencia.

  7. Es un muy buen análisis. Sólo un matiz: el Constitucional no anuló el preámbulo que decía en el Estatut que Cataluña es una nación. Lo que dijo es que esa declaración no tiene efectos jurídicos. Por tanto, no anuló la denominación de nación, sino que la interpretó. Saludos.

  8. Las “Cortes de Madrid”… que yo sepa la Asamblea autonómica de Madrid poco o nada tiene que ver en todo esto. Si us plau! Dejemos de decir “Madrid” si queremos decir “España”…
    Que se supone que es un análisis serio de un profesor universitario…no de Al Rojo Vivo

  9. Artículo interesante y que resume los grandes vectores que inciden el procés. Personalmente pienso que hay tres claves principales para entender el fenómeno independentista catalán: 1. Lo identitario; 2. El acceso de una nueva clase al poder y 3. La competencia por el poder económico. Si te interesa ampliar información sobre mi punto de vista puedes consultar:
    http://pacomarfull.blogspot.com.es/2017/10/el-tripode-del-independentismo.html
    Un cordial saludo.

  10. Además: ¿Está el Rey alentando el castigo a Cataluña? ¿Explica el PP solo tanta miopía e incompetencia política? Ver CNEWS: Marti Anglada: «Le roi en personne a téléphoné à Volkswagen pour leur dire de quitter Barcelone».

  11. Bien, en todo esto se suele olvidar el sustrato, el caldo de cultivo necesario para que todos esos hechos objetivos se utilicen para transformarlos en sentimientos y sean analizadis partiendo de axiomas previos indiscutibles implantados e impregnados desde la educación e información suministrada a la población durante el tiempo necesario para que una estrategia y visión de Cataluña, muy minoritaria en un inicio pero con objetivos muy claros y a largo plazo, hayan producido nuevas generaciones, casi suficientes, que han entrado en el escenario de Catalunya canalizando sus deseos y frustraciones a través del nacionalismo omdeoendentista, con un relato de efecto placebo.

  12. Quizá sería también interesante investigar cuanto dinero y de qué procedencia se ha invertido en difundir las ideas base del independentismo y sus promesas;crear un estado de opinión favorable a sus tesis y en desarrollar un estado de emocionalidad aprovrechando el descontento de la crisis económica

  13. Por favor, analicemos también de donde sale la gente que apoya al independentismo. La conpetencia de educacion transferida a Cataluña se ha utilizado desde los años ochenta para crear una idea sin precedentes reales de identidad. Esto está reflejado en documentos oficiales de CIU. La gente que pasamos por ella podemos dar ejemplos, siempre que hayamos creado un sentido critico por nosotros mismos, ya que la escuela nunca lo ha promovido.

  14. Estupendo artículo para aclarar todo esto. Pero sigo teniendo una gran duda, siendo españolas la ideología de los partidos catalanes se me escapa totalmente y su conexión con la ideología del independentismo. En el artículo da a entender que este movimiento es tanto por parte de partidos de derechas como de izquierdas, cosa que se me escapa bastante del entendimiento (¿Porque? ¿Que diferencias tiene cada partido respecto al proceso en base a su ideología de base? ??) Noto que en Cataluña la política en plan derecha/ izquierda es muy distinta al concepto.que tenemos en España, no se si me equivoco.

  15. Me parece que faltan algunas cosas, como la persecución del catalán y el intento de sacarlo como lengua vehicular en las escuelas, los altos impuestos y pocas retribuciones, el ataque constante de cadenas de televisión tanto públicas como privadas, la manipulación informativa, etc.

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