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El candomblé: la huella de África en Brasil

Rito Yemanyá en Salvador de Bahía. Fuente: Salvador Destination.

Siguiendo el rastro de las religiones de origen africano comprendemos más a fondo la multiculturalidad que habita en Brasil y sus desequilibrios de poder. Si bien durante el siglo XX se puso en valor la huella cultural de África, gran parte de la cultura de los afrodescendientes oscila entre la fascinación por exotismo y el desprecio. En este artículo revisamos el origen del candomblé, su papel en la sociedad brasileña y sus desafíos como credo.

Aterrizamos en Salvador de Bahía y resulta inevitable no advertir el profundo misticismo que envuelve toda la ciudad. Sus habitantes señalan con orgullo que hay más iglesias que días en el año; los símbolos cristianos se encuentran por doquier. A quien llega en autobús a la terminal Rodoviaria le da la bienvenida una iglesia de gigantescas proporciones con una paloma dentro de un corazón y una insignia en la que dice “Igreja Universal do Reino de Deus”.

Pueden encontrarse iglesias universales en todo el país, ya que se trata de una escisión del movimiento pentecostal orquestada por el multimillonario Edir Macedo. Además de su enorme poder económico, es dueño de la segunda cadena con más importancia en el país, Rede Record.

La Iglesia evangélica avanza a pasos agigantados en toda Latinoamérica y los representantes de Roma en la región observan con preocupación la reconversión de sus fieles. En Brasil el movimiento evangélico encuentra además como límite otro credo con el que competir, más invisible y con menos poder material, pero con una influencia fuertemente enraizada desde hace siglos: el candomblé.

Los misioneros portugueses, cuya labor en materia religiosa fue a todas luces un éxito, ya se enfrentaron en su época a las religiones de origen africano en el campo espiritual, social y político. Tras un pulso de influencias y estar prohibido durante cuatro siglos, el candomblé sobrevivió en la clandestinidad y a través del sincretismo. Hoy nadie puede negar su influencia cultural en Brasil. Sin embargo, su mera existencia sigue molestando a otros actores religiosos que buscan aumentar su poder embistiendo contra este credo.

África llegaba a Brasil

Brasil es el país fuera del continente africano . El comercio de esclavos entre África occidental y las Américas tuvo entre 1676 y 1800 su etapa más intensiva; el triángulo oro-azúcar-esclavos enriqueció los bolsillos lusos y de otros europeos mientras convertía al Atlántico en un eje gravitatorio del comercio mundial entre los siglos XVI y XIX.

Para ampliar: “Atlas de la Migraciones. Las rutas de la humanidad”, Le Monde Diplomatique, 2010

Entre el siglo XVI y el XIX millones de esclavos africanos fueron enviados desde a otras zonas del planeta, en especial las colonias europeas en América. Fuente: Naciones Unidas

La mayor parte de la población negra se concentra al este de Brasil, especialmente en la zona de costa; en el estado de Bahía puede encontrarse el mayor número de afrodescendientes. En Salvador el 80% de la población desciende de esclavos y en esta ciudad se materializan los vínculos con el legado africano tan connaturales como los adoquines portugueses. La arquitectura colonial del Pelourinho se entremezcla con las baianas y las ornamentaciones africanas, lo que da un carácter inconfundible a esta metrópoli.

En la imagen aparece el Pelourinho, el centro de Salvador de Bahía. Fuente: Grupo NVI Noticias. Abdiel Velasco Escudero (2015).

Pero tras la estética se encuentra un profundo legado espiritual que revive en las fiestas dedicadas a los orixás o dioses del candomblé. El sincretista está relacionado con las etnias bantú, yoruba y fon procedentes de África occidental, especialmente Nigeria, Angola y el Congo. Los esclavos llegados a tierras brasileñas rememoraban a sus ancestros en rituales que pronto fueron censurados y perseguidos por la mano evangelizadora portuguesa, que los consideraba a ratos supersticiones paganas y a ratos magia negra y satánica.

El camino hacia la abolición de la esclavitud en Brasil fue largo y tortuoso. Empezaría con la prohibición del tráfico de esclavos, que por supuesto devino en un crecimiento inusitado del mercado clandestino: la dependencia económica de la élite brasileña de esta actividad no iba a rendirse tan fácilmente ante la Corona. Gran Bretaña y Francia siguieron presionando a los emperadores brasileños para terminar con la esclavitud en el país, dado que en aquellos momentos ambas potencias buscaban dar salida a sus productos y se encontraban con una ingente población de esclavos sin poder adquisitivo.

Este pulso llevó a que se firmara en 1871 la Ley del Vientre Libre, por la que los hijos de esclavos no nacían como tales. Esta ley no estaba exenta de trampas: los hijos de esclavos nacían libres sobre el papel, pero la falta de recursos llevaba a que sus gastos se apuntaran a nombre del patrón y terminaran en un estatus de servidumbre por deudas. La Corona brasileña, también presionada por la élite del país, buscaba eludir la presión internacional con pequeños caramelos que contentaran a las grandes potencias, pero manteniendo a toda costa el statu quo.

En 1888 la presión se volvió insostenible para los reyes y se aprobó la Ley Áurea, firmada por Isabel, regente de Pedro II, por la que se abolía directamente la esclavitud en todas sus formas. Aplastados entre la presión internacional y las demandas de la élite local, este fue el envite final a la casa real, que tuvo que abandonar el poder en 1889 tras un golpe de Estado con el que se proclamó la república. La Ley Áurea supuso un duro golpe para la Corona y la élite, pero fue el primer capítulo de libertad para los numerosos afrodescendientes del país, cuyo camino hacia la emancipación no hacía más que empezar.

Ya existían organizadas en los llamados quilombos, en los que recreaban las aldeas africanas en tierras latinoamericanas, pero la pobreza, la exclusión y la persecución religiosa eran aspectos con los que se veían forzados a convivir. El establecimiento de Brasil como un Estado moderno no mejoró esta situación: el origen mismo de las favelas se encuentra vinculado a esta concepción de un progreso discriminatorio.

En la imagen aparece una escultura de Zumbi dos Palmares situada en Salvador de Bahía. El Quilombo dos Palmares era uno de los más grandes del país, y Zumbi lideró una lucha central a favor de los esclavos africanos en la segunda mitad del s.XVII en el estado de Bahía.

La exclusión social y la económica iban de la mano con la crítica cultural y religiosa, pero en los años de clandestinidad el candomblé se había fusionado con el catolicismo y resultaba difícil diferenciar dónde comenzaba una práctica y terminaba la otra. Tras la persecución explícita, se mantuvo una crítica a los rituales de candomblé como supersticiones ligadas al subdesarrollo, crítica que se mantiene hoy desde grupos conservadores de la Iglesia católica y, especialmente, desde el lobby evangélico.

Creencias y rituales

En el candomblé es —u Olodumaré— el ser supremo que mandó crear la Tierra a la que llamó Ile Ife —‘Casa Sagrada’—. Antes de retirarse a una dimensión superior, repartió sus poderes entre diferentes orixás, deidades intermediarias entre lo divino y lo humano, con lo que dispersó su poder en un panteón de dioses. Así, Oshalá es el orixá de la creación y Yemanyá, la del océano y quien daría lugar a otros muchos orixás. Junto con estas divinidades originarias, hay orixás que son antepasados divinizados en la cultura ancestral africana o fuerzas de la naturaleza, lo que dota de un carácter animista a la religión, que también cree en el poder sagrado de la tierra.

Estas divinidades intermedias acuden a las fiestas celebradas en los terreiros, lugares de culto de estos rituales, y se comunican con los allí presentes a través del cuerpo de los iniciados. Estos entran en un estado de trance y usan el baile y la estética como forma de comunicación con los presentes en la ceremonia; los orixás nunca se pronuncian verbalmente.

Para ser iniciado es preciso haber realizado los rituales de renacimiento que establece este credo. Estos incluyen raparse el pelo y un periodo de reclusión de 21 días, durante los que se realizarán una serie de rituales, ofrendas, cánticos y bautismos. Solo los sujetos iniciados podrán ejercer algunas labores de sacerdocio —babalorixás—. Cada individuo, iniciado o no, está vinculado a un orixá en concreto. Para saber qué orixá le corresponde, los fieles acuden a un ritual por el que se le leen las conchas, que establecen con qué deidad se está vinculado.

Lo estético es una parte fundamental de los rituales de candomblé. Cada ornamento tiene su simbología y todo el evento es cuidado al detalle: la forma de guisar, la construcción de los instrumentos, los trajes para antes, durante y después de la ceremonia, la vestimenta de los visitantes o los cuadros colgados. Además, dado que la ceremonia busca rendir homenaje a los orixás a través de una fiesta, no se escatiman recursos y en lo posible se tiende al exceso. Esto es esencial, porque generalmente quienes realizan estos ritos son comunidades de escasos recursos que abandonan para estas fiestas la extrema austeridad para mostrar exuberancia y contentar así a las deidades.

Dado que con frecuencia estos rituales se tuvieron que realizar en secreto, los salones de algunas casas se convierten en terreiros para rituales específicos y se suelen dedicar a un orixá en concreto. Así, la señora Sampaio nos recibió en su salón de forma cordial, aunque con cierto temor, para presenciar un ritual de candomblé en una favela en Salvador. Se nos pidió que no sacáramos fotos y que no llevásemos prendas negras que atrajeran energías negativas; a poder ser, debíamos ir vestidos de blanco o de colores claros.

La disposición del salón estaba minuciosamente estudiada: a un lado se encontraban confinados los músicos con instrumentos de percusión —algunos típicos son el atabaque, el berinbau, el pandeiro, el agogó, el cachichi o el shekere—; pegadas a la pared encontramos algunas sillas y el resto de la sala estaba libre de muebles para que los iniciados pudieran bailar en círculos. La decoración era colorida y barroca y el suelo estaba cubierto de hojas y pétalos. A cada rato aparecían miembros jóvenes de la comunidad que repartían agua y comida; esto sería así durante toda la ceremonia, que en este caso duró algo más de cuatro horas.

Todos iban vestidos con una ropa colorida que recordaba a la vestimenta nollywoodiense y las mujeres, muy numerosas, llevaban el traje típico baiano. Dentro de esta religión las mujeres juegan un papel central, ya que los primeros terreiros fueron fundados por ellas, muchos se heredaban y se siguen heredando por línea materna —son matrilineales— y las mujeres ocupan puestos de autoridad dentro del credo.

A golpe de tambor comenzaba la fiesta y los iniciados empezaban a bailar y a cantar en círculos. Poco a poco el ritmo se aceleraba. En este salón salvadoreño había personas de todas la edades y orígenes raciales, y entre los iniciados podían encontrarse varios niños con no más de catorce años. Alrededor del círculo, la gente observaba mientras comía o cantaba.

Después de más de una hora, los orixás toman el cuerpo de algunos iniciados. Los anfitriones de la ceremonia dirigen a las personas en trance a otra sala, donde proceden a cambiarlos de ropa; con su nuevo traje, comienzan un baile totalmente diferente que representa a la divinidad que los está poseyendo. En algunas ocasiones sacan a bailar a los asistentes o los abrazan; algunos de estos entran también brevemente en trance. No está de más recordar que candomblé significa ‘baile en honor a los dioses’.

Estas fiestas sirven para rendir homenaje a las deidades y poder pedirles así protección y bienestar, pero en ellas también se da una ruptura en la franja de separación entre lo divino y humano, que entran en contacto durante la ceremonia.

Religión contra superstición: el estigma del candomblé

Aunque algo opacada, puede encontrarse simbología cristiana en estos rituales. Con frecuencia estos rituales se realizan después de asistir a misa. Los misioneros portugueses condenaban ferozmente el candomblé, pero si esos mismos ritos se realizaban en honor a santos cristianos se mostraban más benevolentes. Así, Yemanyá era con frecuencia representada como la Virgen María, San Jeremías como Xangô, dios del fuego, la tormenta y la justicia, y Jesucristo como Oxalá, dios del cielo y el universo. En vista de ello, gran parte de esta doctrina sobrevivió amoldando las religiones ancestrales africanas al cristianismo.

A finales del siglo XX, muchos sacerdotes del candomblé reivindicaron una ruptura con el cristianismo desvinculando a los orixás de los símbolos bíblicos para , pero el sincretismo en esta religión es también fruto de siglos, por lo que estos intentos solo prosperaron en parte.

Imagen tomada en Río de Janeiro (2017).

El candomblé tiene un corte racial y de clase importante; de ahí que con frecuencia se vincule esta doctrina con un movimiento de resistencia que recuerda las desigualdades del Brasil de ayer y de hoy. Aunque el cristianismo penetró en esta doctrina, la sombra del candomblé se propagó por todo el país. Los fieles de esta religión no se limitan a los afrodescendientes del estado de Bahía, aunque tengan en ellos su principal público: brasileños de todas las clases sociales y orígenes raciales acuden en ocasiones al candomblé en busca de respuestas y cumplen con los designios rituales de los orixás.

Muestra de ello es la celebración del Año Nuevo en Río de Janeiro, en la que sus habitantes lanzan flores al mar en honor a Yemanyá. La importancia de la dimensión estética de esta religión se ha trasladado a las sambas que se celebran por todo el país, al capoeira y al evento más conocido del poder blando brasileño, el Carnaval, cuya decoración bebe directamente de esta tradición.

Aunque combinada con el catolicismo, esta religión tiene un poder de convocatoria nada desdeñable. Establecer un porcentaje fijo de fieles es una tarea hercúlea; primero, porque muchos se consideran católicos y, por tanto, aparecen en los censos como tales; segundo, porque las religiones afrobrasileñas son, más que un credo único, un espectro de creencias entremezcladas con otras doctrinas. Hoy puede encontrarse incluso candomblé con influencia islámica.

Asimismo, muchos temen expresar su inclinación religiosa por temor a los prejuicios que eso pueda acarrear. Aunque en la segunda mitad del siglo XX se dio un proceso de revalorización de las tradiciones procedentes de África, sigue teniendo un marcado carácter negro y pobre, ligado en muchos discursos al subdesarrollo.

El auge en los últimos años de la Iglesia evangélica ha supuesto un duro golpe para los fieles del candomblé, ya que defiende que los orixás son demonios y que es preciso exorcizar a los iniciados en trance. Solo en Río de Janeiro , una religión afrobrasileña muy vinculada al candomblé, pero con una vinculación más clara con el catolicismo. Aunque en muchos censos el porcentaje de fieles del candomblé no llega al 1%, numerosos estudiosos señalan que la cifra real se mueve en realidad y va en aumento.

Foto tomada en la Escalera de Selarón, en Río de Janeiro (2017)

En una entrevista tras el impeachment, Dilma Rousseff decía que Brasil era “una mujer negra”. Invisibilizada, infrarrepresentada y desheredada, el candomblé es sin duda una de las dimensiones de esa desconocida mujer que representa el Brasil de hoy.

 

“Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan

los nadies con salir de pobres, que algún mágico día

llueva de pronto la buena suerte, que llueva a

cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni

hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la

buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque

les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie dere-

cho, o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.

Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la

liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos.

Que no son, aunque sean.

Que no hablan idiomas, sino dialectos.

Que no profesan religiones, sino supersticiones.

Que no hacen arte, sino artesanía.

Que no practican cultura, sino folklore.

Que no son seres humanos, sino recursos humanos.

Que no tienen cara, sino brazos.

Que no tienen nombre, sino número.

Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica

roja de la prensa local.

Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata”

 

Los nadies (El libro de los abrazos) – Eduardo Galeano

 

 

 

Acerca de Inés Lucía 16 Articles

Inés Lucía Orea (Madrid, 1992). Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense. Máster en Gobernanza Global y Derechos Humanos por la Universidad Autónoma de Madrid. Ha realizado prácticas en el Institut de Drets Humans de Catalunya. Twitter: @inesorea

1 comentario en El candomblé: la huella de África en Brasil

  1. Hola Inés! Que tal? Soy Luciara Ribeiro, brasileña y investigadora en Arte y Cultura Afro-brasileña. Creo mucho en la importancia de su artículo, pero hay algunas cosas conceptuales que són importantes tenermos más atención mientras escribe. Yo hice unos apuntes en su texto y, se quieres, yo puedo compartir con tu. Tú puedes pasar un email? Gracias. Un saludo. Luciara.

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