¡Lanzamos nuestro crowdfunding! Apóyanos en Goteo ¡Apóyanos! Crowdfunding en Goteo

Laos, amor por China

Imagen de jóvenes agricultores en Laos. Fuente: trekkingyaventura.com

La República Democrática Popular de Laos está rodeada por tres de las grandes potencias regionales asiáticas: China, Tailandia y Vietnam. Comparada con estos vecinos, su desarrollo es menor, por lo que ha procurado mantener buenas relaciones con los tres para evitar reducciones en las inversiones. El país asiático, sin salida al mar, permanece en un segundo plano para las potencias occidentales, aunque no podemos olvidar que el río Mekong cruza su territorio y lo sitúa en una posición de poder respecto a los países circundantes.

Laos desconocido

En el siglo XIV, Laos era capaz de lidiar con sus vecinos —Siam, Birmania, Camboya y Vietnam—, pero sus divisiones internas y la inestabilidad lo hicieron sucumbir ante el reino de Siam en el siglo XVIII. La que hoy conocemos como Tailandia utilizó el territorio laosiano para frenar a los colonos franceses, pero el temor a acabar siendo una colonia francesa como Vietnam hizo que en 1893 Siam renunciara a los territorios que ocupa actualmente Laos, los cuales se convirtieron en un protectorado francés. El final de la Segunda Guerra Mundial significó, por un lado, el fin de la breve invasión japonesa; por el otro, la reanudación del dominio francés, aunque también el debilitamiento del nacionalismo indochino creado por los franceses para mantener la unidad en sus colonias, transformado en los nacionalismos de cada colonia, incluido el laosiano.

A pesar de sus deseos de soberanía, el control de facto seguía en manos francesas y el país solo disfrutaba de cierta autonomía. Fue en 1954, después de la primera guerra de Indochina (1945-1954), cuando Laos consiguió su plena independencia y se estableció como monarquía constitucional, lo cual dio comienzo a una cruenta guerra civil entre monárquicos y comunistas —Pathet Lao— que duró veinte años. Ese mismo año (1954), Laos fue considerado territorio neutral en el contexto de la guerra de Vietnam —y, más en general, de la Guerra Fría—, aunque la realidad era otra: Estados Unidos preparaba militarmente al ejército estatal mientras que los norvietnamitas contaban con el apoyo de su homólogo en el país, el Pathet Lao, para abastecerse de armas y otros suministros. En 1964, Estados Unidos empezó a bombardear el territorio hasta alcanzar una intensidad escalofriante: durante los nueve años posteriores, Laos sufrió más bombardeos que durante toda la Segunda Guerra Mundial. Este país es un ejemplo de cómo un territorio neutral fue atacado brutalmente por las potencias enfrentadas durante la Guerra Fría; los bombardeos no terminaron hasta que en 1975 los Estados Unidos se retiraron de Indochina y los comunistas asumieron el poder.

Imagen de la “guerra secreta” en Laos. Fuente: ABC News

Laos es un país con mucha historia, pero que en muchas ocasiones ha sucumbido a las presiones de sus vecinos: hace tres siglos, frente a Siam, y hace menos de cincuenta años le pasó lo mismo con Vietnam. Los perjuicios que supone no tener salida al mar y encontrarte en medio de destacables potencias comerciales y económicas han determinado el desarrollo de uno de los países más pobres del mundo. La historia reciente, marcada por su involuntaria participación en la guerra de Vietnam y la subida al poder de los miembros del Pathet Lao, han seguido definiendo su rol en la región surasiática. Después de unos años de fuerte aislamiento, en 1997 Laos entró en la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN por sus siglas en inglés), y, aunque sigue siendo uno de los pocos países comunistas que quedan en el mundo, en 2004 Estados Unidos levantó su embargo y restablecieron sus relaciones comerciales, lo cual es significativo porque la ausencia de relaciones exteriores —principalmente comerciales— diversificadas ha provocado que hoy sea uno de los países del Sudeste Asiático con un PIB per cápita más bajo, solo por encima de Camboya y Timor Oriental. A pesar de su Historia poco visibilizada y turbulenta, Laos no va a pasar nunca desapercibido, porque tiene importantes extracciones mineras y un recurso fundamental en la región y en el mundo: el gran río Mekong.

Para ampliar: “Laos. La historia que nadie cuenta”, Agencia Tigris, 2017

La influencia del Mekong

A consecuencia de su pasado, la estrategia diplomática de Laos desde su independencia ha sido la de no atarse excesivamente a ningún protector, ya que su principal interés ha residido en crear alianzas con todos sus vecinos y evitar el control hegemónico de alguno de ellos. Recientemente, a pesar de tener un régimen comunista, también ha llevado a cabo algunas reformas en la línea de las economías de mercado para no ahuyentar a los inversores occidentales. La visita de Obama en 2016 mostraba la voluntad de mejorar las relaciones con Estados Unidos y viceversa, ya que fue el primer presidente en visitar el país durante su mandato.

Asimismo, como miembro de la ASEAN ha asumido un rol para fomentar el acuerdo en las resoluciones y evitar su posicionamiento incondicional con China. Aun así, antes de asumir estos equilibrios y cuando el comunismo iba tomando forma, Laos mantenía fuertes relaciones con Vietnam y era considerado su principal aliado. Los partidos que gobiernan en ambos países tienen origen en Ho Chi Minh y la mayoría de los líderes del Pathet Lao recibieron su formación en el país vecino. En agradecimiento a su complicidad en el abastecimiento de armas durante la guerra de Vietnam, el Gobierno de Hanói ha protegido siempre a los comunistas laosianos y, en algunas ocasiones, incluso ha mandado sus tropas en el norte del país para evitar sublevaciones. De hecho, Vietnam define su relación como “más unidos que los labios y los dientes” y Laos como “más profunda que las aguas de Mekong”.

Pero los acontecimientos y crónicas recientes parecen demostrar que las aguas del Mekong no son tan profundas y que su neutralismo puede ser mera fachada, ya que su preferencia creciente por China es cada vez más evidente y está provocando una cierta competencia entre vietnamitas y chinos: los primeros reivindican su devoción por la cultura laosiana y dicen sentirse marginados en este triángulo, mientras que los segundos invierten incansablemente en infraestructuras en el país. Quien queda en un claro segundo plano es Tailandia que, a pesar de sus relaciones comerciales con Laos, se está convirtiendo en un opositor al régimen político, acusado de financiar a grupos opositores.

Para ampliar: “Laos: Caught between its neighbours”, Tim Luard en BBC, 2001

Aunque se debiliten las relaciones con Tailandia, Vietnam y Camboya para el beneficio de China, todos ellos dependen de Laos y procurarán seguir seduciendo a su Gobierno, ya que el país se sitúa en la parte alta del Mekong y sus decisiones influyen directamente en la disponibilidad de recursos hídricos del resto. El gran río atraviesa China, Birmania, Laos, Tailandia, Camboya y Vietnam y es la fuente de vida para un total de 60 millones de personas que viven en zonas rurales y se dedican a la pesca. Además, el río recibe el sobrenombre de “la batería de Asia” por su potencial energía hidroeléctrica, que Laos quiere controlar, lo que provoca tensiones entre sus vecinos en el presente que aumentarán en el futuro. El Gobierno de Vientián desea ser la auténtica batería asiática para exportar la energía a sus vecinos, con la previsión de que esta sea la principal fuente de ingresos del país en 2025. Para ello, en 2014 ya tenía 23 presas en funcionamiento y en 2020 quiere tener 93 más.

Presas operativas, en construcción y propuestas en el Mekong. Fuente: CGIAR

Pero ¿de dónde proviene el dinero necesario para construir todas estas nuevas infraestructuras? China tiene interés en muchos de los proyectos, todos ellos sin planificación ni estudios de viabilidad, por lo que pueden tener consecuencias graves en la economía poco diversificada de la zona y en la biodiversidad de la región. Obviamente, estos planes no gustan al resto de vecinos y, a pesar de que la Comisión para el Río Mekong exige la consulta y aprobación de todos los países de la cuenca del río para iniciar la construcción de presas que cambien el curso y caudal, la decisión final de construir o no una presa reside en la soberanía de cada Estado. Además, la comisión —que recibe el apoyo de las potencias occidentales— podría verse debilitada por la creación en China del Fórum de Cooperación Lancang-Mekong, que apoya e invierte en la construcción de presas en Laos y Birmania principalmente siguiendo los intereses del gigante asiático. Teniendo en cuenta el curso de los hechos y el trato de China hacia Laos, se puede afirmar que la presa Don Sahong, junto a todas las que están en proceso de planificación, serán proyectos inevitables que perjudicarán principalmente a las comunidades y a la pesca de uno de los países más pobres del mundo: Camboya.

¿Futuro protectorado chino?

Hace treinta años, Martin Stuart-Fox, periodista especializado en Laos, escribió un artículo llamado “Laos: la conexión vietnamita”. Hace pocos años elaboró otro con el título “Laos: la conexión china”. Este cambio en los títulos resume claramente el cambio en las relaciones del país asiático, algo que se reproduce en muchos otros países en vías de desarrollo a escala mundial. En el período 2005-2010, China ya era el mayor inversor en Laos. Es tanta la magnitud de sus inversiones económicas que la vía ferroviaria que unirá los dos países tenía un coste en 2014 equivalente al 75% del PIB de Laos de ese mismo año.

Inversión de China, Tailandia y Vietnam en Laos. Fuente: Asia Nikkei

China construye hospitales, invierte en mejoras en el aeropuerto de la turística ciudad de Luang Prabang, compra grandes extensiones de tierras cultivables, ayuda en la construcción de presas y participa en la explotación minera después del levantamiento de las moratorias en la concesión de explotaciones en 2015. Por si fuera poco, construye redes ferroviarias, grandes autopistas y moderniza ciudades que parecían abandonadas. Para los laosianos todo esto se percibe como regalos caídos del cielo, pero estas mejoras se llevan a cabo con préstamos que deben devolverse junto con la provisión de cobre y potasa —entre otros recursos—, lo que genera beneficios a largo plazo únicamente para China, que además disfrutará de la facilidad del tránsito de mercancías gracias a la mejora en carreteras y a un mercado exclusivo para productos chinos llamado San Jiang Shopping Mall. Por el contrario, los costes de la sobreexplotación para la sostenibilidad económica y la biodiversidad serán asumidos por Laos y el resto de los receptores.

La insostenibilidad de estas inversiones se hace evidente a los pocos años. Un ejemplo es el de Boten, un pueblo situado en la frontera entre China y Laos en el que hace poco más de quince años sus habitantes vivían de la agricultura y de los animales exóticos que vendían vivos en el mercado. A principios del milenio, el Gobierno de Vientián declaró Boten, de seis kilómetros cuadrados, como “zona económica especial china” para atraer la inversión de la potencia vecina gracias a los precios bajos del suelo y los sueldos y así poder convertirla en una zona industrial. Sin embargo, desde entonces y hasta hace pocos años, el pueblo fue conocido por sus casinos, restaurantes, clubs y hoteles, que recibían mensualmente a miles de visitantes en busca de diversión provenientes de la provincia de Yunnan (China).

A pesar de situarse en territorio laosiano, era el Gobierno chino el que tenía el control: la moneda de pago era el yuan y no el riel, la prostitución y la policía —no oficial— eran controlados desde China, se hablaba mandarín y se utilizaba China Mobile en los teléfonos móviles. Boten se convirtió en un centro de libertinaje totalmente impensable en territorio chino por ser ilegales la práctica totalidad de las actividades que allí se llevaban a cabo. En 2016 estaba todo abandonado y el turismo había desparecido, igual que sus habitantes —pasaron de 10.000 a 500 en menos de una década—, pero parece que los inversores chinos están dispuestos a darle una segunda oportunidad con una inversión de 1.500 millones de dólares para un programa que llaman Zona Económica Específica del Bello Boten. El modelo será parecido, pero habrá hueco para las oficinas, fábricas, tiendas libres de impuestos, un campo de golf, etc. Laos, a cambio de esta zona especial, recibe dinero para un ferrocarril y una autopista que unirán los dos países, lo que facilitará el tránsito de mercancías y personas.

Para ampliar: La silenciosa conquista china, Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo, 2011

El peligro de la seducción

Parecía un buen trato: recursos a cambio de infraestructuras. Es evidente que las infraestructuras son indispensables para el desarrollo de un país, sobre todo en este caso, al estimular el comercio, ya que Laos no dispone de ninguna salida al mar. Pero el país tiene más vecinos, algunos de ellos más estables económica y políticamente, como Vietnam o Tailandia. Hasta hace unos años, procuraba no posicionarse de forma incondicional con el gigante asiático, una postura muy inteligente para evitar enemistades; un país en vías de desarrollo como Laos debe mantener unas relaciones exteriores neutrales con aquellos que le rodean, especialmente si dentro de sus fronteras tiene recursos naturales importantes para ellos. Estos recursos pueden ser una bendición o la causa de conflictos y tensiones. Si finalmente el Mekong se convierte en la “batería de Asia” a manos de Laos, puede ser una importante fuente de ingresos, pero parece ser que el control efectivo quedará en manos de los inversores chinos, que desde principios del milenio posaron sus ojos en este pequeño país falto de grandes amigos.

Su acercamiento desmesurado a China puede acarrearle muchos problemas a largo plazo. Ninguna de sus inversiones es gratuita: hay préstamos que devolver y recursos que regalar para compensar la construcción de grandes autopistas y líneas de ferrocarril. Si bien estos medios de transporte facilitarán el comercio de Laos hacia los países de su alrededor, la deuda será mucho más elevada que los beneficios que esto podría aportarle con los años. Lo que hace China no es nada nuevo: durante la época colonial, la estrategia era similar, pero tropezar con la misma piedra siendo uno de los países más pobres del mundo puede dificultar mucho más el avance. La conquista china es cada vez menos discreta, pero puede que ya sea demasiado tarde y este sea un proceso imparable.

Acerca de Gemma Roquet 7 Articles

Barcelona, 1992. Graduada en Ciencias Políticas por la UB y Máster en Relaciones internacionales, Seguridad y Desarrollo por la UAB. Interesada en conflictos internacionales, principalmente en la región de Asia.

2 comentarios en Laos, amor por China

  1. Hola, Gemma:
    Me ha parecido muy interesante tu artículo.
    ¿Podrías añadir información sobre Boten? ¿A qué se debió su declive? Hong Kong y Macao siguen atrayendo a muchos chinos adinerados. ¿Fallaron los clientes o fue una decisión de las autoridades chinas o, más improbablemente de las laosianas.
    Un saludo y muchas gracias.
    Miguel.

    • Puedes encontrar información sobre el caso de Boten en el libro “La silenciosa conquista china”. Muy recomendable para darnos cuenta de cómo funciona el nuevo imperialismo. Igualmente, hay muchísima información online sobre el caso ya que fue un escándalo.

      Por lo que he leído entiendo que su declive se debe a la insostenibilidad de un sistema basado en el consumo sin sentido. Es imposible que una vez pasada la novedad, 10 casinos en una ciudad pequeña sigan estando llenos.

      También podría explicarse por la existencia de otros paraísos del consumismo y el juego en Birmania, que puede que con su inestabilidad política sean territorios donde la ilegalidad es más ignorada.

      Espero haber resuelto tus dudas. Si no es así, vuelve a escribirme y intentaré contestarte lo antes posible.

      Muchas gracias por tu comentario,
      Gemma.

Si tienes algo que aportar o comentar sobre este artículo no dudes en hacerlo!