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Un rayo de luz en la cooperación intercoreana

El presidente surcoreano Kim Dae-jung posa con su homólogo norcoreano Kim Jong-il tras la primera cumbre intercoreana en junio del 2000. Fuente: The Telegraph

La conocida como Política del Sol fue la hoja de ruta basada en la cooperación y la ayuda desinteresada que dirigió las relaciones entre las dos Coreas durante la primera década de los 2000. Planteada en un momento en el que tomar decisiones arriesgadas era crucial para la supervivencia del sur, muchos debaten que no fue lo suficientemente efectiva como para ser declarada un éxito. Sin embargo, el nuevo presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, no piensa lo mismo.

Al terminar la guerra civil en 1953 con el armisticio de Panmunjom, el país estaba devastado psicológicamente. La Segunda Guerra Mundial y la después cruenta guerra que separaría las dos Coreas por el paralelo 38 traumatizaron a la sociedad coreana. Miles de familias quedaron divididas y muchas ciudades, prácticamente reducidas a cenizas. Económicamente, el país tenía que empezar de cero. Las grandes acumulaciones de recursos naturales habían quedado en la República Democrática Popular de Corea, a excepción de ciertas zonas en el sureste del país y en la costa cerca de Seúl, y la mayoría de las infraestructuras habían sido dañadas. Mientras tanto, el nuevo Gobierno socialista despegaba gracias al modelo de desarrollo soviético y a la ayuda exterior que recibía de los países del bloque del este.

Las dos caras de la prosperidad

En la transformación económica surcoreana jugaron un papel fundamental el Gobierno y la sociedad en su conjunto. Se conoce como “el milagro del río Han” a los resultados de las políticas económicas desarrolladas durante las primeras décadas después de la guerra, que pueden resumirse en dos fases: preparación y aplicación. Durante la primera fase se invirtió en educación, que crearía a los ingenieros y técnicos del futuro. Se intentó atraer capital extranjero y crear productos que pudieran ser competitivos en el mercado exterior para generar economías de escala que garantizasen el flujo de inversiones e ingresos con los que financiar la innovación de los años 90. Ya bien entrados en los 70, el Gobierno apostó por la industria: Corea se llenó de fábricas dedicadas a la industria química, pesada, a los textiles, a la construcción de barcos y, en un último periodo, a la electrónica.

En la segunda etapa, que comenzó a principios de los años 80, el Gobierno llevó a cabo reformas estructurales destinadas a la liberalización de ciertos sectores, una innovación tributaria y el establecimiento de grandes conglomerados industriales donde se establecieron las grandes empresas del país, como Daewoo o Samsung. El crecimiento exponencial de la economía surcoreana fue tal que en 1987, un año antes de la celebración de los Juegos Olímpicos de verano en Seúl —muestra simbólica del crecimiento del país—, su PIB era treinta y ocho veces mayor que el mismo en 1960. En ese mismo periodo de tiempo, el PIB de Estados Unidos solo se había multiplicado unas nueve veces.


Crecimiento del PIB en Corea del Sur desde 1960. Fuente: Banco Mundial

No obstante, no todo fue un cuento de hadas. El rápido crecimiento de Corea del Sur había traído consigo errores que, aun imperceptibles, serían el cordón por el cual entraría a sufrir la crisis de 1997. Las crisis cambiarias que azotarían Asia oriental llevaron al Gobierno de Seúl a solicitar un préstamo al Fondo Monetario Internacional (FMI) con tan malas condiciones que muchos pasaron a llamarla “la crisis del FMI”. En este contexto fue en el que Kim Dae-jung fue elegido presidente del país.

Fuente: cartografía EOM

Una nueva esperanza

Las crisis asiáticas de finales de los 90 junto con la primera gran crisis con Corea del Norte, que puso fin al armisticio en 1996, hicieron evidente la necesidad de una nueva estrategia. La elección de Kim Dae-jung como presidente de la República de Corea supuso un nuevo acercamiento al problema de la pacificación de la península. Conocido como Política del Sol, este nuevo enfoque toma su nombre de la fábula de Esopo El sol y el viento, donde ambos fenómenos se debaten sobre cuál es el más fuerte. Para ello deciden nombrar vencedor a aquel que lograra quitarle la capa a un hombre que pasaba por ahí. El viento sopla para robársela con su fuerza, pero él la sujeta con más firmeza. El sol, por el contrario, decide brillar con tanta intensidad que, acalorado, el hombre decide quitársela.

Si uno viaja a Corea, se sorprenderá por los rituales llevados a cabo en los templos para evitar a los malos espíritus, causantes de todo sufrimiento en la Tierra. En vez de combatirlos, los coreanos se acercan a ofrecerles regalos en espera de una reciprocidad que les permita seguir viviendo tranquilos. La reciprocidad en Corea es un valor cultural muy distinto a lo que un occidental llamaría intercambio comercial: en este se espera una compensación inmediata por el servicio prestado, mientras que el primero implica una actitud voluntarista que no debe por qué ser premiada en el momento basada en la “piedad filial” confuciana, que establece que honrar a los antepasados y respetar su autoridad es el objetivo último de cada persona. En este contexto, la reconciliación con un hermano como Corea del Norte es primordial. Así pues, la idea de reciprocidad de la Política del Sol no era para nada utópica: recogía este principio sobre el cual toda la sociedad coreana —norte y sur— se basaba desde hace siglos.

Corea del Norte, por su parte, se guía por la ideología juche, el resultado de aplicar los valores confucianos a la fórmula del socialismo. Se concentra en torno a tres directrices: autosuficiencia, independencia y autodefensa. Esta última pauta ha llevado al régimen de los Kim a hacer del Ejército el corazón del sistema —songun—: progreso, en términos norcoreanos, es progreso en la industria armamentística. Por lo tanto, el cuidado del Ejército garantiza la autodefensa, que a su vez garantiza la independencia.

Al terminar la guerra, la centralización de poder en torno a la figura de Kim Il-sung hizo que su vecina socialista entrara en una próspera etapa gracias a la veloz industrialización, sobre todo de su tecnología militar. En 1971, tras recibir asistencia de la República Popular China y siguiendo el modelo de misiles soviéticos, como la gama Scud, Corea del Norte comenzó a desarrollar su programa balístico aprovechando la aparente distracción de Estados Unidos por la guerra de Vietnam. Así, empezó a movilizar masivamente fuerzas a la frontera.

Para ampliar: “Conociendo Corea (1/3) – Una mirada a su historia“, Adrián Vidales en El Orden Mundial, 2014.

Sunshine policy

El entorno internacional favorecía la aplicación de la Política del Sol. Meses después de su implementación, el antiguo secretario de Defensa de la Administración Clinton, William Perry, emitió un informe en el cual recomendaba a los Estados Unidos llevar a cabo una política más tolerante hacia Corea del Norte. Así, si el régimen de Kim Jong-il daba suficientes garantías de no tener un arma nuclear ni querer desarrollarla, los Estados Unidos reducirían la presión sobre el país por medio de embargos comerciales.

Esta visión coordinaba perfectamente con la que tenía el presidente Kim Dae-jung. Su política de acercamiento al norte estaba basada en tres puntos: la no absorción del norte por el sur, la cooperación y la intolerancia ante las provocaciones de Pionyang. El presidente prometía no querer terminar con el gobierno del norte, sino buscar la apertura y reforma de la sociedad norcoreana para el desarrollo de una vía compartida hacia la unificación. La Política del Sol fue concebida para crear un entorno cordial en el cual Corea del Norte cambiara de actitud por sí misma, no por las presiones exteriores, que habían resultado absolutamente ineficaces durante las décadas anteriores.

Bajo el amparo del nuevo enfoque de Kim, Corea del Sur se volvió el segundo gran socio comercial del Pionyang, solo por detrás de China. Canales de comunicación cortados desde hace décadas se reabrieron, se comenzó a planificar la reunión de familias separadas por la guerra y toneladas de ayuda fueron transportadas al norte, que había sufrido recientemente una de las mayores hambrunas de su Historia, cuyo número exacto de víctimas se desconoce todavía. Otros síntomas de cooperación fue la apertura de un resort en las montañas Kumgang, en Corea del Norte, por parte del grupo Hyundai-Asan y la apertura de la zona económica especial de Kaesong durante el mandato de su predecesor, Roh Moo-hyun, donde empleados de las dos Coreas trabajaban juntos.

El presidente de la multinacional Hyundai, Chung Ju-yong (de blanco), cruza la frontera entre el sur y el norte con quinientas reses (1998). Fuente: The Korea Times

No obstante, el gran problema de la Política del Sol fue que no supo resolver la gran incógnita de la seguridad en la región, principalmente por la negativa de Pionyang de abandonar su programa nuclear. Se celebraron dos cumbres —junio de 2000 y octubre de 2007— donde no hubo propuestas concretas, lo que mostraba la falta de compromiso real de todas las partes.

Evaluando los efectos de los diez años de la Política del Sol, puede afirmarse que su éxito fue parcial. Por un lado, ayudó a rebajar la tensión en la zona, asegurar la confianza de los inversores extranjeros y paliar las consecuencias de las crisis asiáticas de finales de los 90. Además, se intensificó el número de cruces de la frontera intercoreana y los diálogos culturales, sociales y humanitarios destinados a crear las condiciones ideales para una reunificación pactada y organizada.

Por otro lado, la conclusión a la que llegaron los ciudadanos surcoreanos es que los millones de wones de ayuda que fluyeron al norte sirvieron en gran medida a la consecución de sus objetivos armamentísticos. Así, en el año 2006, dos antes de terminar el mandato de Rho, Corea del Norte llevó a cabo con éxito su primer ensayo nuclear, con el cual le decía al mundo que definitivamente no respetaría el Tratado de No Proliferación Nuclear, ratificado en 1985, y que era un Estado fuerte, listo para la guerra. Fue entonces cuando la sociedad surcoreana vio traicionado el principio de reciprocidad confuciana que apoyaba toda la idea de la Política del Sol y empezó a abogar por medidas más conservadoras en cuanto al trato con su hermano norteño. La subida del conservador Lee Myung-bak al poder en 2008 dio el adiós definitivo a la Política del Sol.

¿Adiós definitivo o “Hasta luego”?

Durante la campaña electoral a la Casa Azul en 2017, el candidato y después presidente Moon Jae-in rescató el diálogo y la cooperación con el norte como una de las partes más importantes de su propuesta para llevar la paz a la península en medio de uno de los periodos más tumultuosos de la Historia moderna coreana.

Moon Jae-in gana las elecciones presidenciales el 9 de mayo en Corea del Sur. Fuente: The Telegraph

Corea del Norte ha realizado con éxito cinco ensayos nucleares constatados y ha desarrollado misiles balísticos capaces de golpear Seúl a solo seis minutos de su lanzamiento o Japón en diez. Además, está terminando de perfeccionar su tecnología de misiles de largo alcance, aunque se debate la posibilidad de que ya sea capaz de hacer llegar un misil a la costa oeste de los Estados Unidos. No obstante, aún no ha logrado miniaturizar la bomba nuclear, por lo que no sería capaz de utilizarla en ningún ataque.

Moon trabajó para la Administración de Roh desde 2003 a 2007 e incluso asistió a la segunda cumbre en Pionyang como resultado de la Política del Sol. Hace dos años, ya argumentaba que la clave para terminar con las tensiones era reanudar el diálogo y la cooperación económica ente los dos países reabriendo de nuevo los complejos de Kumgang y Kaesong y creando nuevas oportunidades para los coreanos del norte y del sur. Sin embargo, reiteró la necesidad de que el plan estuviera respaldado legalmente tanto por la Asamblea Nacional surcoreana como por la Asamblea Popular Suprema del norte para garantizar que los fallos y desvíos del compromiso de interrelación no volvieran a terminar con el acercamiento progresivo entre las dos mitades. Para él, ampliar la cooperación económica con el norte —hablando incluso en términos de “integración”— ayudaría a sufragar las pérdidas del sistema, así como dar trabajo a más de 50.000 ciudadanos al año.

En respuesta a su elección el 9 de mayo, Corea del Norte llevó a cabo dos nuevos ensayos balísticos el 14 y el 21 del mismo mes. A pesar de que las provocaciones se han intensificado, Moon ha seguido abogando por la cooperación entre dos países. Hoy las charlas para la reapertura de la zona industrial de Kaesong ya han comenzado y se ha dado luz verde a varias ONG surcoreanas para contactar con el Gobierno de Pionyang y reanudar los flujos de ayuda humanitaria. Asimismo, se está valorando la posibilidad de una nueva cumbre intercoreana 17 años después de la primera, celebrada el 15 de junio del 2000.

¿Qué se puede esperar?

Los esfuerzos de Moon por rebajar las tensiones rescatando los pilares fundamentales de la Política del Sol de Kim y Rho son el reflejo de la actitud general del pueblo coreano de probar de nuevo una vía que gozó de cierto éxito hace casi veinte años. La economía del sur, tal y como lo era entonces, necesita de nuevas oportunidades para seguir creciendo, y las nuevas propuestas de desnuclearización de la península necesitan nuevas estrategias que ayuden a tornar la voluntad de Pionyang hacia la cooperación y el respeto —o, al menos, la tolerancia— de los distintos Estados que la rodean.

No obstante, la situación internacional no es la de entonces y la gran cantidad de sanciones económicas que afectan a la economía norcoreana, así como la agresividad de Estados Unidos ante las manifestaciones militares de Pionyang, hacen muy probable que Kim Jong-un intente nuevas maneras de utilizar los acuerdos a los que pueda llegar con el sur para el mantenimiento de su programa nuclear, ya que el mantenimiento de un ejército bien nutrido es fundamental para la supervivencia del régimen.

La única esperanza es que en lo sucesivo tanto Moon como Kim acuerden medidas que también lleven el desarrollo a la población y a la economía norcoreana. Solo entonces Pionyang pensará que la diversificación es más efectiva que la concentración en la industria armamentística y, si la actitud de su entorno se lo permite, comenzar con la desnuclearización de sus capacidades militares. Hasta entonces, solo nos queda esperar que esta nueva Política del Sol 2.0 venga con los suficientes mecanismos para garantizar el éxito que la Historia todavía no le ha brindado.

Acerca de Andrea G. Rodriguez 4 Articles

Madrid, 1995. Estudiante por pasión y profesión. Próximamente graduada en Relaciones Internacionales después de cuatro años divididos entre Madrid (UCM), Praga (Charles University) y Taiwán (NTU). Interesada en geopolítica y geoestrategia, Asia-Pacífico e Israel.

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1 comentario en Un rayo de luz en la cooperación intercoreana

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