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Trabajadores y desempleados: las protestas obreras en Egipto y Túnez

Un manifestante durante las protestas en la plaza de Tahrir en la primavera de 2011. Fuente: Haaretz.

En 2008 Egipto y Túnez se vieron sacudidos por una oleada de protestas obreras sin precedentes. Miles de manifestantes tomaron las calles exigiendo mejores condiciones de vida y fueron duramente reprimidos por las fuerzas de seguridad. ¿Fueron estos disturbios un preludio de la primavera árabe? ¿Consiguieron sus objetivos? ¿Cuáles fueron las diferencias entre ambos movimientos?

A las orillas del Mediterráneo se encuentran Egipto y Túnez, dos países con mucho en común. Ambos comparten idioma, historia y cultura; también se vieron sacudidos en 2011 por la llamada primavera árabe. En las dos repúblicas la revolución triunfó en un principio, o al menos Mubarak y Ben Ali, sus respectivos presidentes, fueron derrocados por una movilización popular sin precedentes. En este artículo hablaremos de lo que algunos han calificado como el antecedente más claro de la revolución en los dos países: las huelgas y movilizaciones obreras que sacudieron ambos países en 2008 y los cambios que dichos movimientos causaron en el mundo sindical.
Egipto y Túnez comparten otras características: cuando las revoluciones triunfaron, ambos Estados eran repúblicas de partido único. Los dos países son parcos en recursos naturales y cuentan con un extenso sector industrial público gestionado por un único sindicato nacional, controlado por el Estado. Además, tanto Egipto como Túnez sufrieron una crisis de deuda externa en los 90 a la que respondieron con ajustes estructurales, privatizaciones y otras medidas inspiradas por el FMI. El sector industrial público tuvo que maximizar ganancias y minimizar pérdidas, con el consiguiente malestar que ello pudo generar en unos trabajadores cuyo sueldo es de los más bajos del planeta. En ambos países, las huelgas y manifestaciones de 2008 se centraron en empresas de propiedad estatal: Misr Helwan, una histórica fábrica textil en Mahalla el Kubra, en el corazón del delta del Nilo, y CPG-CGT, la compañía que gestiona la industria del fosfato de la cuenca minera de Gafsa, al oeste de Túnez.

Oriente Próximo y Magreb, la Primavera Árabe vuelve a la casilla de salida. Fuente Cartografía EOM.

La comparación promete, pero en seguida aparecen las diferencias. Las protestas en Egipto tuvieron lugar en una ciudad industrial de medio millón de habitantes en el centro económico del país, mientras que en Túnez lo hicieron en una región empobrecida y periférica, cercana a la frontera con Argelia. En Mahalla el Kubra, la movilización fue organizada y coordinada inicialmente por las personas que trabajaban en la fábrica y sus familias. En Túnez, los protagonistas de las manifestaciones fueron los jóvenes de la Unión de Graduados Desempleados (UDC por sus siglas en francés), descontentos con el sistema de asignación de empleo por parte de la Unión General de los Trabajadores Tunecinos (UGTT), el sindicato único del país. Ambos hechos, puede decirse, estuvieron protagonizados por la clase obrera; no obstante, en Egipto los manifestantes tenían empleo y en Túnez no. Este factor será determinante a la hora de ver el alcance y las consecuencias de las movilizaciones.

Para ampliar: “El movimiento obrero en el mundo árabe”, Daniel Roselló en El Orden Mundial, 2015

Mahalla, un movimiento de los trabajadores

En Egipto, el centro de la revuelta fue la Compañía de Hilados y Tejidos Misr, una histórica fábrica situada en Mahalla el Kubra. La fábrica tiene un simbolismo especial para el movimiento obrero egipcio: es el mayor complejo industrial del país, emplea a más de 20.000 trabajadores y ha sido la protagonista de numerosas manifestaciones y huelgas a lo largo de sus ochenta años de historia. Dado que los trabajadores son fijos y muchos de sus familiares han sido también empleados por la fábrica, una cultura de reivindicación, protesta y orgullo obrero ha pasado de generación en generación.

Los disturbios de abril de 2008 fueron el producto de dos años de evolución. En 2006 a los trabajadores de la fábrica se les prometió un complemento salarial, el primero desde 1984, que fue anunciado como un éxito por la delegación local de la Federación Sindical Egipcia (ETUF por sus siglas en inglés). A finales del año, los trabajadores aún no habían recibido el prometido aumento, lo que hizo surgir la indignación. Las primeras en detener la producción fueron las mujeres, que incitaron a los hombres a unirse a la huelga. Finalmente, los trabajadores obtuvieron su salario mediante la acción directa y sin mediación del sindicato.

El éxito de la huelga desencadenó una ola de acciones similares en el sector textil egipcio, que ya llevaban varios años reclamando mejoras salariales. El tamaño y la importancia de Misr la convirtieron en un símbolo de la lucha laboral, lo que aceleró el desarrollo de un movimiento obrero hasta entonces limitado al entorno local. El uso de la huelga, sin precedentes desde la época anterior a la independencia, demostró ser una herramienta poderosa. Los trabajadores egipcios aprendieron que podían organizarse de forma efectiva y obtener victorias sin la protección de un sindicato único. Millares de trabajadores dimitieron públicamente y en masa del ETUF y trataron de establecer comités obreros alternativos y democráticos. En 2007 los trabajadores de Misr y otras fábricas textiles iniciaron una campaña para cambiar las estructuras del ETUF. También intentaron coordinar un movimiento nacional en demanda de un salario mínimo.

Para ampliar: “Egyptian Textile workers Confront the New Economic Order”, Joel Beinin y Hossam el Hamalawy en MERIP, 2007

Enfrentamientos en Mahalla el Kubra durante las protestas de Egipto. Fuente: RTVE

Los obreros de Mahalla el Kubra hicieron un llamamiento a la huelga general para el 6 de abril de 2008 al que se unieron algunos grupos de activistas como Kifaya (en árabe, ‘Basta’). Sin embargo, las autoridades impidieron la huelga ocupando la fábrica y obligando a los trabajadores a operar la maquinaria. Esa tarde, las calles de Mahalla se llenaron de manifestantes descontentos con el deterioro de las condiciones de vida y el aumento de los precios de la comida. Por primera vez en años, las masas de trabajadores entonaban cánticos en los que se criticaba a Mubarak, cuyo retrato fue destruido en varias ocasiones. La represión policial fue dura y tres protestantes murieron.

Posteriormente, el movimiento de los trabajadores de Mahalla se fragmentó a causa de las diferencias políticas entre sus líderes. A pesar de ser incapaces de volver a coordinar campañas similares, los obreros de Misr allanaron el camino para la revolución de 2011. No formaron un partido político ni articularon un programa complejo, pero su experiencia inspiró y sirvió de lección a numerosos grupos de activistas, que comprendieron que el movimiento obrero colaboraría en la caída de Mubarak si llegara a darse el caso. El número de huelgas y acciones colectivas disminuyó en los años posteriores, pero aun así siguió siendo superior al de los años 90.

Para ampliar: The Factory , documental de Al Jazeera, 2012

Gafsa, una revuelta de desempleados

En Túnez, las manifestaciones tuvieron lugar en varias localidades de la cuenca minera de Gafsa: Redeyef, Umm Al Arais, Mdhila y Métlaoui, que no suman más de cien mil habitantes en total. La Compañía de Fosfatos de Gafsa (CPG), de propiedad estatal, gestiona las explotaciones mineras e instalaciones de lavado en la región y es el principal empleador de la zona; los trabajos son asignados por el comité regional de la UGTT. La industria de fosfatos tunecina llegó a ser la quinta del mundo en términos de producción e ingresos, aunque las protestas y disrupciones en la producción la han hecho caer al noveno lugar. En la última década, la compañía fosfatera ha llevado a cabo un plan de reestructuración que ha reducido el personal en un 75%. El desempleo y la pobreza son endémicos en la región, aunque las redes de solidaridad familiar consiguen paliar sus efectos. Por lo general, los habitantes de Gafsa se sienten excluidos y marginados.

Aquí las protestas no fueron iniciadas por los trabajadores de la empresa, sino por jóvenes desempleados. Las primeras manifestaciones fueron convocadas por la UDC tras las sospechas de que un reciente reparto de empleos en la CPG había sido fraudulento. Los manifestantes exigían trabajos, justicia y el fin de la corrupción; montaron campamentos permanentes y organizaron sentadas y asambleas. Durante cuatro meses, las masas de estudiantes, desempleados y sus familiares ocuparon las calles y plazas de las principales localidades de la cuenca minera y trataron de detener, o al menos ralentizar, la producción de fosfato. La mayoría de los protagonistas carecían de experiencia previa en movimientos de protesta.

Manifestación en Redeyef el 17 de febrero de 2008. Fuente: Nawaat

En cada una de las localidades donde hubo protestas los manifestantes se organizaron de distinta manera, y solo Redeyef, los representantes de la UGTT apoyaron al movimiento y consiguieron crear un comité negociador. Los mineros de la CPG, por su parte, rechazaron unirse a las protestas. Las autoridades regionales trataron —infructuosamente— de apaciguar los ánimos prometiendo empleos en el futuro. En abril, la policía encarceló a algunos de los instigadores y líderes del movimiento, lo que fue respondido con una intensificación de las protestas. La violencia escaló y en junio las fuerzas de seguridad mataron a varios manifestantes. Finalmente, el ejército tuvo que intervenir y se hizo con el control de las ciudades. Para contrarrestar la represión, el presidente Ben Alí denunció la corrupción en la CPG y destituyó a su director general, así como al gobernador de Gafsa. La UGTT, por su parte, trató de restaurar su imagen reinstalando en su cargo al líder del sindicato de Redeyef y exigiendo la liberación de los prisioneros.

Para ampliar: “The Gafsa Mining Basin between Riots and a Social Movement”, Eric Gobe en HAL, 2010

Las consecuencias de dos revoluciones

¿Fracasaron estos movimientos? ¿Fueron un comienzo abortado de las revoluciones de 2011? La respuesta es compleja. Si consideramos las protestas de 2008 en Egipto y Túnez como movimientos revolucionarios en lugar de simples revueltas, debemos preguntarnos contra qué se rebelaban los manifestantes de Mahalla y Gafsa. Las manifestaciones no estaban inicialmente dirigidas contra el sistema político o las élites del país, sino contra unas instituciones con las que los trabajadores y desempleados tenían contacto directo y constante: los sindicatos.

Tanto en Egipto como en Túnez, los dos sindicatos mayoritarios, ETUF y UGTT, se vieron cuestionados en 2008 y 2011. En Egipto han surgido varios sindicatos alternativos sin conexiones con el Gobierno que han cuestionado el liderazgo y la legitimidad del antiguo sindicato único. En Túnez la UGTT sigue siendo la principal fuerza sindical, pero su liderazgo y sus estructuras se han visto sacudidos y transformados.

Para ampliar: “Trade unions: the revolutionary social network at play in Egypt and Tunisia”, Eric Lee y Benjamin Weinthal en The Guardian, 2011

Egipto: sindicatos independientes y resurgimiento de las huelgas

Aunque no llegó a extenderse en otras ciudades, la huelga de Mahalla El Kubra de 2008 tuvo efectos muy significativos en el mundo laboral egipcio. En primer lugar, mostró a los trabajadores que las huelgas son una herramienta de negociación colectiva muy eficaz. En segundo lugar, animó a muchos activistas y trabajadores a buscar alternativas a la ETUF estableciendo comités locales gestionados de forma asamblearia e incluso sindicatos autónomos. Tras la caída de Mubarak en 2011 y a pesar de que el Gobierno intentó apaciguar al movimiento sindical con un lavado de imagen de la ETUF, se estableció un sindicato nacional independiente del Gobierno, la Federación Egipcia de Sindicatos Independientes (EFITU por su acrónimo en inglés).

No obstante, el primer sindicato independiente fue formado cuatro años antes de la revolución por los recaudadores de impuestos. A pesar de que no se trata de trabajadores industriales, sino empleados estatales de cuello blanco, sus líderes afirmaron actuar animados por los éxitos de los trabajadores textiles en los años 2006 y 2007. Al igual que los obreros de Mahalla, los recaudadores organizaron una exitosa huelga en la que obtuvieron un incremento del 325% en su salario. Uno de sus líderes, Abu Eita, sería más tarde un miembro fundador de la EFITU y ministro de Trabajo en el Gobierno de Mursi.

Abu Eita en una manifestación por un salario mínimo (2010). Fuente: Hossam el Hamalawy (Flickr)

Tras la revolución, los trabajadores egipcios han seguido demandando mejoras en sus condiciones de trabajo y un salario mínimo nacional por medios legales e ilegales —huelgas—. No obstante, las clases medias y los jóvenes estudiantes que protagonizaron la revolución no se han unido a ellos, y en la prensa egipcia las huelgas y acciones industriales han empezado a ser caracterizadas como egoístas, irresponsables y contrarias a los intereses nacionales.

Para ampliar: “Egyptian Workers after June 30”, Joel Beinin en MERIP, 2013

Túnez: renovación de la CGTT y oleadas de protestas periféricas

En Gafsa, las protestas se dirigían contra la corrupción y el nepotismo en la asignación de empleos. Dado que la mayoría de los protagonistas eran desempleados, carecían de la capacidad de producir un impacto económico significativo, aunque consiguieron ralentizar la producción de fosfato. La situación periférica de la región, unida a una narrativa extendida en Túnez que caracteriza a los habitantes de Gafsa como problemáticos y levantiscos y una eficaz estrategia de bloqueo informativo, evitó muestras de solidaridad en otras zonas del país.

Los disturbios de 2008 marcaron el inicio del fin de la legitimidad del régimen de Ben Alí. La estrategia de palo y zanahoria seguida por las autoridades no evitó que la región volviera a estallar tras la inmolación de Mohamed Bouazizi, que dio inicio a la revolución tunecina. A diferencia de Egipto, en Túnez la revolución comenzó en las áreas rurales y periféricas y finalmente se extendió a las grandes urbes gracias a que Internet y los teléfonos móviles permitieron a los activistas superar el bloqueo informativo.

A nivel nacional, la UGTT apoyó la revolución y ha participado activamente en la transición democrática. En lugar de formar sindicatos nuevos e independientes, los trabajadores tunecinos han optado por reformar y democratizar el mayor sindicato nacional. Al contrario que la ETUF egipcia, la UGTT tiene la reputación de haberse mantenido independiente del régimen de Ben Alí —a pesar de haberle brindado su apoyo político— y una larga historia de éxitos en la defensa de los derechos laborales.

Sin embargo, los grandes sindicatos son más vulnerables a la corrupción y el nepotismo, como muestran los escándalos por la distribución de empleos en las empresas del sector público. La sana competencia entre sindicatos independientes podría ser más efectiva a la hora de movilizar a los trabajadores y exigir cambios institucionales. A la UGTT le han surgido varios pequeños sindicatos rivales, como la Organización del Trabajo Tunecino, ligada al partido islamista Ennahda. Aun así, la UGTT sigue siendo uno de los mayores y más activos sindicatos del mundo árabe.

Para ampliar:Tunisian Labor Leaders Reflect Upon Revolt”, Chris Toensingen en MERIP, 2011

La revolución no ha terminado

Las protestas de 2008 en Egipto y Túnez tuvieron como protagonistas a diversos elementos de la clase obrera: trabajadores industriales en el caso egipcio y jóvenes desempleados en Túnez. Las diferencias entre ambos movimientos se dieron también en las revoluciones de 2011. En Túnez, el primer país árabe que se vio sacudido por la primavera árabe, las protestas se extendieron de las áreas periféricas a las ciudades. Los primeros en manifestarse fueron los desempleados, los trabajadores precarios y los pequeños comerciantes, hartos de la corrupción del régimen; a ellos se sumaron posteriormente los trabajadores liderados por el sindicato nacional.

En Egipto la revolución comenzó en las grandes ciudades, donde grupos de estudiantes, grupos de activistas de clase media como el Movimiento 6 de Abril —cuyo nombre está inspirado por la fallida huelga general de Mahalla— y trabajadores del sector público intentaron un cambio de régimen inspirados por el éxito de la revolución tunecina. Mubarak cayó, pero, tras un breve interludio en el que los islamistas se hicieron con el poder, el ejército volvió a tomar las riendas del país, depuso a Mursi y reprimió toda oposición.

Los trabajadores egipcios siguen siendo uno de los pocos colectivos que continúa protestando de forma habitual organizando manifestaciones, sentadas y huelgas. Aunque ha conseguido algunos éxitos como la subida del salario mínimo para los trabajadores públicos, el movimiento sindical egipcio aún no ha alcanzado sus objetivos. En 2017 el Gobierno egipcio ha aumentado el nivel de represión y detenciones contra los trabajadores, según denuncian Amnistía Internacional y Human Rights Watch.

Un desempleado tunecino en Kasserine (julio de 2011). Fuente: Samuel Aranda

En Túnez, la transición democrática no ha conseguido paliar las desigualdades económicas y el desempleo en las regiones periféricas del país. En Gafsa, el desempleo sigue siendo rampante. Las manifestaciones y disturbios se han sucedido en el área, especialmente en Umm Al Arais, donde las oficinas de la CPG, la UGTT y la Policía local han sido objeto de la ira local.

Aunque el movimiento de 2008 no llegó a trascender las fronteras de la cuenca minera, su influencia en otras regiones ha sido notable. Desde  entonces, especialmente tras la revolución, se han producido oleadas de disturbios y protestas similares en Gafsa, donde en 2016 la producción de fosfatos fue paralizada, y otras áreas periféricas de Túnez. Las protestas más recientes, en mayo de 2017, han tenido lugar en la región de Tataouine, donde muchos jóvenes desempleados demandan trabajo en la industria del petróleo.

Hace casi una década, la clase obrera egipcia y tunecina empezó a hacer oír su voz. Para muchos, la revolución aún no ha terminado.

Para ampliar: “Túnez, la transición frágil”, Pablo Moral en El Orden Mundial, 2016

Acerca de Alejandro Salamanca 4 Articles

Madrid, 1992. Grado en Historia por la UAM y máster en Estudios Islámicos por la Universidad de Edimburgo. He trabajado como profesor de inglés y guía turístico. En 2017 he sido becado por la UE para realizar el Máster Europeo en Migraciones en Oldenburgo (Alemania) y Stavanger (Noruega). Me apasionan la Historia contemporánea y la divulgación. Creador del blog Desvelando Oriente

3 comentarios en Trabajadores y desempleados: las protestas obreras en Egipto y Túnez

  1. Gracias Alejandro, buen artículo, es de agradecer.
    Pero me veo obligado a señalar un error conceptual y semántico que ya está desde el título. “Trabajadores y desempleados” no son categoría diferentes. Hablando con propiedad, las personas desempleadas son igual de trabajadoras que las personas ocupadas. Se debe suponer siempre que la condición de persona trabajadora ocupada y/o desempleada dependerá de circunstancias del mercado de trabajo, la mayor parte de las veces ajenas a la persona.

    • Gracias por el comentario.
      Hablo de trabajadores y desempleados porque en las huelgas egipcias los implicados eran empleados de la fábrica y podían afectar a la producción y los ingresos, mientras que en Túnez los manifestantes eran parados y no podían afectar tan fácilmente a la industria fosfatera. De ahí la distinción.

      Por supuesto que un parado es tan trabajador como el que tiene empleo, pero su capacidad de influir en la economía mediante la desobediencia civil es distinta. Un parado no puede hacer una huelga y paralizar la producción de una fábrica, de modo que salvo que sus protestas sean masivas y causen disrupciones graves, va a tener más dificultad en hacerse oir.

      No se trata de un juicio de valor, sino un recurso para contraponer el caso egipcio (trabajadores) y el tunecino (desempleados).

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