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El sexo que viene

Fuente: Vice

Los milénicos tienen la cultura más sexualizada de la Historia y un sinfín de facilidades para practicar el sexo, desde la relajación de las normas morales a las aplicaciones de encuentros. Sin embargo, lo practican menos que sus padres o abuelos. El extremo individualismo y el rechazo de lo cotidiano explican esta abstinencia voluntaria.

El 9 de septiembre de 2013 sale a la luz el videoclip de Wrecking Ball, interpretado por Miley Cyrus, una oda a la liberación sexual con la que continúa la demolición de la ya fuertemente dañada moralidad puritana estadounidense. Tras el lanzamiento del vídeo, la artista recibió numerosas críticas —además de ser diagnosticada de “síntoma de declive en los estándares morales”­— e incluso una carta de la cantante irlandesa Sinéad O’Connor, preocupada por la reducción de la joven a un simple objeto sexual de la industria musical. A pesar del escándalo, este episodio no constituye sino un ejemplo más de la creciente sexualización de la cultura popular occidental, corriente iniciada en los años 80 por Madonna. Si la joven artista representa la regla y no la excepción, ¿por qué ha causado semejante revuelo mediático? 

La importancia de Miley Cyrus reside sobre todo en su calidad de icono, abanderada de la llamada Generación Milénica o Millennial, término acuñado por los sociólogos Neil Howe y William Strauss para definir a aquellos nacidos entre mediados de los años 80 y principios del 2000. Los jóvenes de esta generación son descritos por los medios de comunicación en términos de “perezosos y narcisistas”, más materialistas e individualistas que la generación de sus padres y abuelos. Una generación, en definitiva, que tiene todo al alcance de su mano de forma instantánea —para bien o para mal—, incluido el sexo.

Cuando uno piensa en la suma de milénicos y sexo, la primera palabra que viene la cabeza es Tinder. La célebre aplicación que ha normalizado los encuentros a través de internet es el causante principal de esta visión que caracteriza los milénicos, basada en la instantaneidad y la recompensa sin esfuerzo. Sin embargo, pese a la creciente disponibilidad de encuentros y la facilidad para tenerlos, la generación que toma a la sexualizada Miley Cyrus como referente cultural es también la que menos sexo tiene.

Fuente: Millennials Rising, N. Howe y W. Strauss, 2000

A mayor sexualización, menos sexo

Suena paradójico afirmar que las sociedades occidentales actuales, marcadas por la pérdida de influencia de la religión y de los valores morales tradicionales, sean el perfecto caldo de cultivo para jóvenes asexuados, pero es precisamente la conclusión a la que llegan diversos estudios. Una de las principales publicaciones estadounidenses sobre cuestiones sexológicas, Archives of Sexual Behavior, publicó en 2015 un extenso informe sobre hábitos sexuales en jóvenes de diferentes generaciones, con lo que se deconstruía la idea generalizada sobre jóvenes milénicos promiscuos con un gran número de encuentros sexuales.

Según el estudio, el porcentaje de estadounidenses de 20 a 24 años que no han tenido compañero sexual después de los 18 años aumenta progresivamente en función del año de nacimiento —y, por tanto, de la generación a la cual pertenecen—. De esta manera, los pertenecientes a la llamada Generación X —nacidos entre 1965 y 1983— tendrán con mayor probabilidad una pareja sexual en comparación con los milénicos.

Para ampliar: “Millennials Are Having Way Less Sex Than Their Parents”, Mandy Oaklander en Time, 2016

Sorprendentemente, la generación más liberada de la Historia es también la más oprimida en términos sexuales, lo que nos lleva a preguntarnos las causas de este marcado desinterés por el sexo a la par que intentamos descubrir cuáles son sus consecuencias en aquellos ámbitos que exceden los límites del catre.

Razones para una abstinencia sexual voluntaria

Una de las características más común de los milénicos es la búsqueda de la diferenciación, la explicación de uno mismo en contraposición con el resto de la sociedad, la individualidad en su cénit. Este rasgo, sin embargo, no es aplicable a las causas que explican su abstinencia sexual, que pueden ser fácilmente agrupadas en dos categorías: cambios histórico-culturales e implicación tecnológica.

Aquellos que —erróneamente— consideran los jóvenes de la actualidad como los más promiscuos de la Historia esgrimen la alta presencia de contenidos sexuales en su vida cotidiana: anuncios, videojuegos y películas normalizan el sexo y las relaciones sexuales como un aspecto más de las relaciones humanas. Esta normalización del sexo supone que sea visto como un ámbito al alcance de todos, sin dificultad, lo que, para una generación anclada en el rechazo por lo rutinario, supone una distracción más que una necesidad. El sexo, utilizado como arma arrojadiza contra la moralidad política y social durante los años 60 y 70, tuvo una gran importancia en los movimientos revolucionarios de la época; hippies y sesentayochistas a lo largo de Occidente enarbolaron la bandera de la revolución sexual para provocar así cambios reales en el sistema. El sexo era subversivo; ahora resulta sometido.

Para ampliar: Make Love, Not War, David Allyn. 2016

“Disfrutad sin obstáculos” fue uno de los lemas de Mayo del 68. Fuente: Henri Cartier-Bresson

Los movimientos revolucionarios de la época fueron de la mano de un profundo cambio social: la progresiva pérdida de importancia de la religión, materializada con el extenso artículo de la revista estadounidense Time¿Está muerto Dios?”. La reducción del impacto moral cristiano en las sociedades, junto con los movimientos de emancipación femenina enmarcados en la segunda ola del feminismo, tuvo un peso relevante en el movimiento del amor libre, que defendía una concepción del amor no anclada en la institución del matrimonio, así como prácticas sexuales no tradicionales. Los hippies hicieron del amor libre su himno, pero, una vez entraron en declive a mediados de los 70, el movimiento cayó con ellos. El sexo fuera del matrimonio fue siendo aceptado gradualmente y con ello terminó su carácter revolucionario.

Los milénicos, aunque comparten con este movimiento el creciente desapego por el matrimonio, ven en la disponibilidad del sexo un arma de doble filo: al no ser innovador, tampoco resulta atrayente. El fin del tabú sexual conlleva el fin de su atractivo. Pero el tabú sexual no es lo único que ha terminado con los milénicos, también la era analógica, ya que la generación del milenio es la primera en haber nacido completamente encapsulada en el mundo virtual y tecnológico. La manera de comunicarse entre los jóvenes está fuertemente marcada en la actualidad por el mundo virtual, lo que se traduce en un gran peso de la comunicación a través de dispositivos como los smartphones en detrimento de la comunicación presencial. Como la forma de interactuar socialmente está afectada por la tecnología, la sexualidad, aspecto intrínseco de las relaciones humanas, se ve influenciada por ella de la misma forma.

Cantidad de horas que invierte cada generación a los diferentes medios. Los milénicos son con diferencia los que más tiempo dedican a teléfonos y redes sociales. Fuente: TNS Sofres

Tinder es un claro ejemplo de esta influencia tecnológica en la sexualidad. A pesar de la trayectoria histórica de las aplicaciones de encuentros —Meetic fue creada en 2001, PlentyOfFish en 2003—, la revolución llegó en 2012, cuando se alumbra la llama de Tinder. La aplicación ha tenido un gran calado entre los milénicos a causa —o como consecuencia— de su personalidad fuertemente individualista y enmarcada en la cultura de lo inminente. La posibilidad de conocer un alto número de personas compatibles con uno mismo sin necesidad de salir de casa, de mantener una conversación cara a cara, demuestra que un importante porcentaje de los encuentros sexuales que ocurren no son resultados de un encuentro, sino más bien de una búsqueda virtual. La utilización de datos de Facebook también ha ayudado al éxito de la aplicación al dotarla de una precisión innovadora dentro del universo de las aplicaciones de encuentros.

Ligado al fenómeno Tinder se encuentra una de las prácticas sexuales características a los milénicos: el sexting o envío de mensajes o imágenes de contenido sexual a través de dispositivos electrónicos. Skype, WhatsApp o Telegram no solo funcionan como redes sociales, sino como medios por los cuales una generación poco celosa de su privacidad mantiene relaciones sexuales desde la más analógica soledad. Por otro lado, el fenómeno del sexteo es consecuencia inherente de la globalización: la creciente movilidad de ciudadanos a escala internacional supone un crecimiento en las relaciones a distancia, cuya falta de contacto físico se suple con contacto virtual.

Para ampliar: “Couples, the Internet and Social Media”, Pew Research Center, 2014

La tecnología no solo constituye un medio por el cual tener relaciones, sino que para los milénicos supone en gran medida el aula en la cual aprender sobre sexualidad, en lo que la pornografía juega un relevante papel. Para una generación nacida en la era tecnológica, las páginas pornográficas son el primer referente sexual, lo que provoca en gran medida una visión irreal sobre el sexo y, en última instancia, el desapego hacia él. En palabras de la autora feminista Naomi Wolf, “por primera vez en la historia de la humanidad, el poder y el atractivo de las imágenes han suplantado el de las mujeres de carne y hueso desnudas. Hoy las mujeres de carne y hueso desnudas solo son mal porno”.

Las páginas de contenido pornográfico se encuentran entre las más visitadas de la red, por encima incluso de Netflix, Amazon y Twitter juntos, con un público que comprende un importante segmento poblacional. Fuente: The Huffington Post

Para ampliar: “Coming of Age: Millennials”, PornHub Insights, 2015

El impacto mundial de una generación asexuada

Mientras que las causas principales de la abstinencia milénica pueden ser clasificadas en dos grandes bloques, sus consecuencias afectan a numerosos ámbitos; además, al ser la generación más amplia en Estados Unidos actualmente, sus actitudes conformarán los cambios sociales venideros. Una sociedad progresivamente más asexuada, menos necesitada del resto para autorrealizarse, unido a factores como la creciente competitividad laboral ­—especialmente visible tras la crisis económica de 2007-2008— o el creciente mercado del ocio personalizado, favorece al desarrollo de una generación anclada en el individualismo y en la que la visión comunitaria es sobrepasada por las aspiraciones propias.

Un claro ejemplo de esta coyuntura es un estudio publicado por la Asociación Americana de Psicología que revelaba que los jóvenes nacidos después de 1982 consideran los valores extrínsecos —dinero, imagen personal o fama— más importantes que los relacionados con valores intrínsecos —aceptación personal, afiliación o comunidad—. A largo plazo, los rasgos individualistas asignados a milénicos, a pesar de liberarlos en mayor medida de imposiciones sociales, como la necesidad de comprometerse en matrimonio o tener un empleo fijo —en lo que no están exentas de influencia las consecuencias de la crisis económica—, también implican unos patrones negativos, como el consumismo o la incapacidad ante el compromiso, ya sea social, laboral o en otros ámbitos. La poca importancia del sexo constituye una causa por la cual estos patrones de comportamiento narcisistas existen; una sociedad donde la sexualidad ocupase un lugar más relevante sería también una sociedad menos individualista.

“Traje sexual” de realidad virtual desarrollado por la marca japonesa Tenga en 2016 y que “envía impulsos al cuerpo del que lo porta para hacerle sentir que otro humano le está tocando”. Fuente: UFUNK

El máximo exponente de esta realidad en la actualidad puede encontrarse en Japón. Una encuesta realizada en el año 2011 descubrió que el 61% de hombres solteros y el 49% de mujeres de entre 18 y 34 años no tenían ningún tipo de relación y que un tercio de los menores de 30 años nunca habían tenido alguna. La gran presencia de la tecnología en los jóvenes milénicos nipones suple de manera virtual lo que físicamente resulta cada vez más irreal, lo que los lleva a desarrollar comportamientos que pueden llegar a acarrear problemas de salud como disfunción eréctil, en el caso de los hombres. Más allá del plano personal, la poca relevancia de la sexualidad en los jóvenes japoneses supone que el país del sol naciente se enfrente a graves problemas estructurales.

Para ampliar El imperio de los sin sexo, documental de Pierre Caule, 2011

La falta de relevo generacional es una consecuencia directa de esta situación: por décimo año consecutivo, los fallecimientos superan los nacimientos, lo que pone en jaque las perspectivas económicas a largo plazo e incluso amenaza el Estado del bienestar. A pesar de las diferentes iniciativas del Gobierno de Shinzō Abe, la actual situación demográfica no presenta ninguna perspectiva de cambio, lo cual no solo compromete la vida sexual de los jóvenes japoneses, sino también el futuro del país.

A pesar de que Japón no constituye el paradigma mundial, el creciente desapego y desinterés por el sexo y la sexualidad en los jóvenes milénicos supone un importante reto para el largo plazo, pues pone en peligro las bases del desarrollo económico y el bienestar social. La normalización del sexo y la progresiva sexualización de la sociedad han hecho más accesibles las relaciones esporádicas, no convencionales y libres, pero a su vez han terminado con el interés que su misterio generaba. El foco se centra en el desarrollo personal y en la imagen que uno proyecta en contraposición al resto, en detrimento de las interacciones sociales. El creciente individualismo del siglo XXI, en su afán liberador, ha acabado constriñendo uno de los aspectos más liberatorios de las relaciones humanas: el sexo. El escándalo provocado por el alto contenido sexual del videoclip de Miley Cyrus solo es un ejemplo más de esta ironía que acompaña a la asexuada Generación Millennial.

Acerca de Alejandro Maroño 5 Articles

A Coruña, 1995. Graduado en Relaciones Internacionales e interesado en temas de género, inmigración y minorías. La mayor parte del tiempo me expreso mejor a través de mi cámara.

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18 comentarios en El sexo que viene

  1. ¡Hola! Me ha parecido un artículo muy interesante, Mi tesis doctoral trabaja el concepto de individualismo desde una perspectiva filosófica y me ha parecido que no lo usamos en los mismos términos… ¿Podrías darme, si no es mucho trabajo, una definición tentativa o algunos rasgos del uso que le das?

    En mi ámbito se refiere a la construcción de una identidad al margen de la corriente predominante, la independencia en los distintos ámbitos y la búsqueda de una alternativa activa de vida. Sin embargo, aplicado a las nuevas generaciones me ha resultado chocante puesto que han crecido inmersos en una cultura de masas que deja poco margen a la iferencia más allá del: “sé diferente, pero dentro de la imagen de diferencia que nosotros te ofrecemos”. No hay nada como un individualismo de cartón piedra para que la gente piense que es “diferente” y no tenga que indagar demasiado en las alternativas. Ay, no sé si me explico.

    ¡Muchas gracias! ¡Sigue escribiendo! ^_^/

    • Hola, en este caso empleo el término individualismo entendido como la supremacía de del individuo sobre el colectivo. Las nuevas generaciones, inmersas en las redes sociales, desarrollan a través de ellas una imagen propia,muy trabajada que les distinga del resto. El gran número de identidades sexuales con las que mucha gente se identifica es un claro ejemplo de la realidad de este grupo, que trata de buscar definiciones cada vez más cerradas que los distingan del “resto.” Según mi punto de vista, como bien dices, esta definición de individualismo es cerrada, y no supone ningún tipo de ruptura total con la sociedad, pero este tipo de reflexiones requería de otro artículo.

      Muchas gracias por tu comentario y reflexión.

  2. He leído este artículo y me ha encantado, toda la razón y un montón de reflexiones interesantes. Espero leerte más, seguiré tu carrera!

  3. La verdad es que el sexo es guay pero tampoco es pa tanto. Tiene mucho que ver lo mitificado que estaba antes dentro de su tabú, nuestra generación simplemente tiene muchas más opciones de ocio. Si tengo un follamigo pues mola más quedarse la noche jugando un videojuego o haciendo o lo que sea, si luego caen unas mamadas pues guay. Creo que también entra el poco tiempo que tenemos (precisamente porque unos socializan mucho más que antes por mucho que haya una conspiración para decir que no), y otros tienen en internet un mundo lleno de información con la que saciar sus ganas de SABER. A mi me dicen de follar y si encuentro cualquier mierda interesante, como los propios podcast de el ordenmundial, igual prefiero quedarme escuchándolos xd.

    • Totalmente de acuerdo. Hace poco alguien me dijo que fuera a su casa y tener sexo, le dije: la verdad prefiero quedarme a ver vídeos en youtube, y fueron de esos mismos temas, orden mundial, masones, etc.

    • Pero… “no es para tanto” “prefiero quedarme viendo videos” “opciones de ocio”
      Por dioss!!!

      Ahora entiendo porque si creen que relaciones sexuales son una “opción de ocio” o un placer como comer helado, o como ver una peli, claro q es diferente o podría ser “peor” si lo prefieren medir mediante establecer diferencias, si embargo expongo algo:
      El sexo es muy placentero, une a la pareja, es un momento de intimidad, si no es visto como “dame placer y cada vez más q me aburro”…

  4. Me sumo a las felicitaciones: buen artículo sobre un tema candente y provocativo. Pero, a la vez, haría unos comentarios críticos:

    1) Sobre el concepto de individualismo sin duda se ha escrito mucho y se puede entender de muchas maneras. Creo que es correcto suponer que el individualismo lleva (puede llevar) a tener menos relaciones sexuales, pero no lo es suponer que tener más relaciones sexuales es necesariamente menos individualista. Tú, por lo que dices, lo defines como la preponderancia de la vida individual “aislada” sobre formas de socialización colectivas. Yo creo que este enfoque no es adecuado para la sociedad postindustrial, sino que me parece que lo más importante son los valores que legitiman las acciones individuales (y acción individual es incluso ir a relacionarse con los colegas en el centro comercial), cómo se construye la personalidad y la identidad, cómo se actúa con respecto a los demás… Encuentro interesantes a este respecto autores como Baudrillard y Lipovetsky.

    (Sigo en otro comentario porque no me deja publicar un comentario tan largo!!)

    • No obstante, hay algo complejo en este planteamiento, y es que, según lo que he dicho antes, tanto se puede ser individualista teniendo muchas relaciones sexuales como no teniendo ninguna. ¿Y, entonces, cómo puede ser la sociedad igualmente individualista con dos maneres totalmente opuestas de entender el sexo? Pues en primer lugar porque el individualismo es una consecuencia del desarrollo societal, y no una causa; y, en segundo lugar, por esto mismo, porque, según evolucione la sociedad (pero evidentemente se presupone un orden capitalista), el individualismo tomará una u otra forma, pero siempre sus premisas serán las mismas.

      Veámoslo: se puede ser individualista teniendo muchas relaciones sexuales y siendo promiscuo porque el cuerpo ha devenido un objeto más de consumo, porque las personas buscan el disfrute inmediato, porque se da preponderancia a la imagen, a los estereotipos de tipos de personas (el tío cachas y la tía tetona, por ejemplo), que la industria cultural promueve y la cultura popular asimila y devienen los que psicológicamente buscamos. Uno mismo se convierte en producto de consumo y busca en los otros la imagen que tiene proyectada, lo cual le da satisfacción. Esto es narcicismo. (Dicho así tan brevemente no sé si queda claro…).

      (Sigo en otro…)

      • Y también se puede ser individualista no teniendo relaciones sexuales si, supongo, se ha llegado a un extremo de tecnificación o cerrazón de la comprensión del mundo sobre uno mismo.

        2) Creo que también es importante precisar la diferencia entre sexo y sexualidad, y sobre este diferencia actúa también el concepto de individualismo que acabo de explicitar. El sexo es vivido según la concepción y definición que se dé de sexualidad. Así, para mí lo importante es la sexualidad, que es el valor social que inunda la percepción para con los otros respecto del tema del sexo. Y la sexualidad, por supuesto, se ha construido de forma individualista: la “revolución sexual” supuso una sexualidad más libre y vivir el sexo de forma más “individual”, en el sentido de no tan sujeto a las normas sociales”, pero eso mismo permite que más fácilmente entre en el discurso de la diferencia y la mercantilización, lo cual condiciona las relaciones humas, de aquí que, por ejemplo, lo guay hoy en día sea tener un ligue de una noche, cada noche que se sale de fiesta. Usar un cuerpo y ya está, para el disfrute personal, incluso si no se tienen ganas, simplemente la pauta de socialización asocia tener sexo por tenerlo, igual como asocia alcohol y fiesta.

        • 3) En último lugar y ligado con lo anterior, no me queda claro el uso del concepto de “promiscuidad” que se está usando en el artículo. Creo que hay un problema de definición. Según el artículo enlazado referente al Tinder, se define allí la promiscuidad como encuentros sexuales casuales. Me parece una manera de entenderlo errónea y que genera confusión, de aquí que cuando se afirma que la generación milenial es menos promiscua genere un choque que parece contradecir lo ultrasabido por todos: que los jóvenes tienen sexo más y, sobre todo, con muchos. Me parece evidente que esto es lo que siempre se ha dicho de las nuevas generaciones, y esto mismo explica por qué también cada vez se pierde la virginidad siendo más joven. El problema, pues, radica en la definición: ser promiscuo no es tener más o menos encuentros casuales (por oposición a los, podríamos llamarlos, “concertados”, como por aplicaciones, por ejemplo), sino liarse sexualmente con mucha gente.
          A mi parecer, el mal empleo de este término supone concebir mal el sexo vivido por la generación milenial. Ahora bien, a pesar de esto, de que, por el contrario, la promiscuidad puede crecer, esto no quita otras tendencias que también pueden darse paralelamente, como no querer tener relaciones sexuales.

          • Hola, disculpa que irrumpa así en tu comentario, pero he visto que no soy la única que ha reparado en el término “individualismo”. De hecho, me ha gustado encontrar las referencias a Baudrillard y Lipovetsky.en tus comentarios… Esto se acerca un poco más a la perspectiva que intentaba remarcar, pero creo que he tocado el tema demasiado por encima. Antes debo decir que me centro sobre todo en la filosofía de finales del XIX, así que estos autores me quedan un poco a demano y no los conozco en profundidad más que a través de La era del vacío y la teoría del simulacro. Así que, ruego perdón si meto la pata hasta el fondo.

          • Una vez dicho esto, me llama la atención hablar de “individualismo” en una época en la que la sociedad de mercado y el marketing ejercen un poder tan grande sobre las nuevas generaciones. El resurgir de las ideologías es terrorífico, las esperanzas de la juventud están machadas y tengo la impresión de que hay un sentimiento de apatía generalizada. En ese contexto, ¿dónde queda la construcción del yo? Es cierto que hay un “yo” por delante de un “nosotros”, pero a mí muchas veces se me antoja más un egocentrismo que un individualismo en cuanto a la construcción del individuo. (A lo Kierkegaard, Nietzsche, existencialismo, vitalismos varios). El deseo de ruptura está ahí, pero no sé hasta qué punto hay un deseo consciente de construcción individual.

  5. Me parece muy actual e interesante el artículo. Particularmente, me llaman la atención las elecciones sexuales de las nuevas generaciones (nacidas despues del 2000). En ellas observo que lo planteado en el artículo, o se profundiza o muta, en lo relativo a la elección de diversas orientaciones sexuales y cómo esos jovenes tienden a no mostrar un género definido, sino mas bien se identifican con estilo “androgino”.

    • Totalmente de acuerdo. En el caso de las identidades de género, la frontera es mucho más fluida que en las generaciones anteriores, y lo mismo pasa con la orientación sexual, todo es mucho más flexible y cada vez con menos etiquetas. Respecto a comportamientos sexuales, aún es pronto para hacer afirmaciones, pero es un estudio muy interesante.

  6. Explicado desde la neurociencia, los primeros estímulos sexuales voluntarios suceden de manera individual, esto hace de nosotros cerebros más egocéntricos, queda implícito que nuestro sistema nervioso se basta con nuestra propia voluntad, la masturbación. Ahora bien, el placer de una relación sexual compartida sólo es eficaz y placentera cuando el acto en sí cumple su propia naturaleza, la de engendrar un nuevo ser, sólo y remarco el sólo, cuando estamos preparados genéticamente para ser padres y congeniamos con el sexo opuesto podemos llegar a satisfacer nuestro deseo sexual innato, que ademas estará rodeado de roles sociales y económicos (da igual cual y en que momento histórico), los cuales harán de el nuevo círculo humano un lugar seguro para el desarrollo de la descendencia. Resumiendo, estudia lo que más te guste para satisfacer tu estructura cerebral, riete a fuego y confía en tu instinto, si algo huele mal no te lo comes, cuando algo sienta bien repites, y sobre todo no olvidemos ser milenians y disfrutar de este momento histórico en el que lo único que hay que cuidar es la tierra. Un saludo.

  7. Muy interesante contrastar lo dicho en el artículo con la realidad social. Se aportan buenas herramientas de análisis. También muy divertido leer algunos comentarios, supongo que esgrimidos por personas bastante jóvenes, comentando que prefieren ver videos o jugar videojuegos antes que “echar un polvo”. La verdad que se corrobora totalmente lo postulado en el artículo: el sexo, totalmente desvirtuado de su sentido trascendente, como unión y comunión con la otra persona, y convertido en producto de consumo, como el que se compra una camiseta. También me hizo mucha gracia lo de los “videos de masones, NWO etc.” Es otro campo muy interesante, como las magufadas están ganando un mercado brutal: zeitgeist, conspiraciones hasta en la sopa oiga. jaja amerita un artículo el tema.

    ¡Saludos!

  8. Comparto en su totalidad el artículo de Alex. No añado ni quito un sólo punto. Enhorabuena por el carretilo de los enlaces e información que aportas.
    Para mí, Alex ha realizado un “gran estudio”, para escribir este inmejorable artículo.
    Espero con mucho interés tus próximos articulos, que no dudo que serán tan excelentes como el que nos ocupa.

  9. No estoy de acuerdo en que esta situación sea negativa. Si el sexo siempre ha sido un tabú y ya no lo es, ¿Cómo se espera que las generaciones que hemos crecido con la sexualidad en el punto de mira veamos el acto sexual como algo especial?
    Con la misma facilidad que compramos toallas desde casa y llegan en un par de días, nos apetece follar y buscamos pareja en una red de encuentros. O simplemente buscas en Instagram o Facebook alguien que según sus fotos está solterx y te gusta su imagen, le sigues y esperas que él/ella a ti también, y abrís conversación para conoceros y quedar. Tengo muchos amigos que son pareja y se conocieron así, pero también tengo amigos que les encanta el sexo y utilizan las redes sociales para quedar cada semana con varixs “amantes de una noche”. Incluso hay parejas que utilizan Tinder, Badoo, etc para añadir a un/a tercerx a sus noches especiales. Para mí, que he nacido en una sociedad en la que afortunadamente (para mí) es normal tener relaciones sexuales fuera del matrimonio o no estar comprometidx con el/la que quedas una vez al mes solamente para eso, lo que no es normal es pensar que practicar sexo es especial. Las personas pueden ser especiales para ti, los lugares, los momentos… Pero el sexo, el sexo es una forma de relacionarse y si simplemente lo deseas, tendrás sexo con facilidad y aunque será un acto vacío de amor, te aportará lo que buscas: sexo. En cambio, cuando sientes algo especial por alguien, al sexo se une lo que esa persona te hace sentir y entonces probablemente el acto de la penetración te parecerá una experiencia religiosa. Por eso, no estoy de acuerdo con que la generación millenial esté asexuada; simplemente ve el sexo como algo natural.

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