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De Saigón a Ho Chi Minh

Lago Hoan Kiem (Hanói). Imagen cortesía de Francisco Vidal (2016)

Viajamos al sudeste asiático para seguirle la pista a Vietnam en el nuevo escenario internacional. La inserción económica, el crecimiento y la industrialización son algunos de los vectores que mueven al Ejecutivo de Hanói en busca de convertir al país en un tigre asiático. A los desafíos del desarrollo los acompaña un difícil equilibrio en materia de política exterior marcado por la relación con Pekín y Washington. 

Tomamos un té con la familia Phuong en su residencia en Ho Chi Minh (antigua Saigón). Su hospitalidad contrasta con su franqueza al comunicarse: en Vietnam la cortesía y andarse con rodeos no van de la mano. Al tiempo que damos un sorbo, observamos el rostro de las tres generaciones, por las que tanta Historia ha transcurrido. La abuela Qui conoció la Indochina francesa y fue testigo de la invasión japonesa cuando aún era muy joven. Su hija, la sosegada Anh, llegó al mundo para vivir la guerra por la independencia y el conflicto civil entre norte y sur, internacionalizado por el contexto de la Guerra Fría. La implicación de Estados Unidos llevó a un desequilibrio de fuerzas que aún despierta en nosotros cruentas imágenes de niños desollados por el napalm. Anh también vivió la invasión de Camboya y el casi enfrentamiento con China en 1979 y en 1988.

Probamos un dulce de cacahuete servido con el té mientras ponemos los ojos sobre el miembro más joven de la familia, el joven Bao, que, camino ya de formar su propia familia, recuerda cómo su nacimiento coincidió con la caída de la Unión Soviética. Momentos menos convulsos que los anteriores, pero en sus ojos se testimoniaba un cambio de modelo en el país que se decidía a abrir sus fronteras al mercado mundial y pasaba a convertirse en uno de los tigres asiáticos de la segunda generación, aunque, eso sí, empezaba a conocer la verdadera cara de la desigualdad económica.

Té vietnamita. Fuente: Smooth Trader

Un modelo de desarrollo

Vietnam se ha convertido junto con Bangladés en la nueva fábrica del sudeste asiático. Mano de obra barata y unas condiciones fiscales sumamente favorables atraen cuantiosas inversiones extranjeras. Algunos sectores, como el textil, aprovechan los bajos salarios de los vietnamitas y el escaso apego de las instituciones a los derechos laborales y al cuidado del medio ambiente, ambos sacrificados por el imparable tren del crecimiento económico. Una senda que recuerda en mucho a la que emprendían China y los llamados tigres asiáticos, considerados los paradigmas del desarrollo en la región. Existen, sin embargo, importantes diferencias.

Mientras que sus vecinos se cuidaron de proteger de manera indirecta buena parte de su sector industrial y agrícola, el país de Ho Chi Minh abre sus fronteras por completo en un desesperado intento de alcanzar los niveles de desarrollo de Singapur o Corea del Sur. Ellos seguían discretamente la tónica de Japón e implementaban un modelo de libre mercado, pero con tintes proteccionistas y guiados por el Estado; Vietnam, en cambio, parece aconsejado por el ala más neoliberal y privatiza sus empresas sin apenas condiciones y dejando arrasar el tejido industrial local.

Imagen de un arrozal seco en Vietnam. Fuente: IRIN News

Para ampliar: “El segundo taller del mundo”, Martine Bulard en Le Monde Diplomatique, 2017 [solo para suscriptores]

La idea que subyace es la de acelerar el proceso de deslocalización ya observado en el pasado: los bajos salarios atraen la inversión extranjera, se inicia un proceso de industrialización y crecimiento que se traduce en un aumento de los salarios y las empresas buscan otro lugar donde anidar sus fábricas. De acuerdo con el Gobierno vietnamita, este proceso dura unos quince años, transcurso en el que se pretende formar a la población para poder reorientar la economía una vez estas empresas busquen otro emplazamiento; en suma, aprovechar la productividad a la baja con el objetivo de hacerse competitivos en el futuro.

Para ello, el burocratizado partido-Estado, con ojos en el medio y largo plazo frente al cortoplacismo liberal-democrático, entiende que el sacrifico de la actual generación es necesario para alcanzar el desarrollo económico y que de lo que las instituciones deben encargarse en ese tiempo es de tomar medidas para evitar las futuras consecuencias de la deslocalización, cuando las empresas se terminen retirando del país.

Se trata de una estrategia fruto de la experiencia: han sido testigos de las andaduras de sus vecinos. No obstante, el plan de acotar el sacrifico a una generación tiene sus lagunas: arrasar con el tejido industrial local e ignorar el coste medioambiental ya está afectando a la estructura económica del país. Vietnam ha puesto pocos límites al capital extranjero y su voracidad de crecimiento ha dejado tocado incluso uno de sus pilares: el sector agrícola.

La dependencia de este sector ha ido disminuyendo en los últimos años en términos de porcentaje sobre el PIB, aunque un importante segmento de la población aún vive de la agricultura. Este país era hasta hace poco netamente agroexportador, pero su rápida industrialización ha hecho que la mitad de sus exportaciones sean productos textiles y maquinaria. Todo ello ha llevado a un acelerado éxodo rural y a la mecanización del sector primario en detrimento de la agricultura a pequeña escala. Los efectos del crecimiento industrial desenfrenado se hacen sentir también en la pesca, sector gravemente afectado por la contaminación y por las disputas territoriales con China.

Pese a que este ha sido generalmente el proceso de desarrollo seguido en muchos países, en Vietnam confluyen factores que lo pueden convertir en problemático. Para empezar, el índice de fragilidad medioambiental del país es muy elevado, pero, además de los argumentos materiales, el ocaso de la agricultura a pequeña escala tiene también una carga simbólica.

En Vietnam fue la población rural la que rodeó Dien Bien Phu y lanzó una ofensiva contra los franceses que puede considerarse uno de los hitos de la rebelión de las colonias frente a la metrópoli. Fue esta misma población rural la que, utilizando las técnicas de guerrilla, venció al ejército de la gran superpotencia de nuestro tiempo en un conflicto que todos calificaban de “David contra Goliat”. La lucha por la autodeterminación en Vietnam tuvo, además de la impronta comunista, un fuerte cariz campesino que forma parte de la construcción de su identidad nacional. Otro envite contra esta identidad es el crecimiento de Monsanto en el país, cuyos productos inseminan ya las tierras de los que en otro tiempo fueron sus víctimas.

Poco queda de los valores socialistas que se erigieron contra los Estados Unidos: explotación laboral, sindicatos de postín y empobrecimiento de la población rural. La importancia de los efectos de la contaminación es notable en este país, calificado como uno de los más frágiles frente al cambio climático. El Gobierno vietnamita se ha fijado en las experiencias de sus vecinos con el desarrollo para elaborar políticas que los alcancen, pero quizá su ansia por acelerar el proceso se vuelva contra el país en el medio o largo plazo.

Relaciones vecinales: una sinfonía dirigida desde China

Asia-Pacífico estuvo en sus relaciones regionales muy marcada por las dinámicas de la Guerra Fría: la misma Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN por sus siglas en inglés) se erigió como una organización defensiva frente al comunismo. La noticia de la caída del muro de Berlín llegó a los despachos del Partido Comunista vietnamita, que tomó una firme resolución: “más amigos y menos enemigos”. Así, en 1992 solicitó su entrada en la ASEAN, que se haría efectiva en 1995.

Los intereses comerciales y económicos, junto con el objetivo común de hacer de la ASEAN un foro regional multilateral que contrarrestase el potencial chino, se tradujeron en un progresivo acercamiento de Vietnam a sus vecinos. Desde su entrada en 1995, el país ha sabido adaptarse tan bien a las dinámicas regionales que incluso se antoja un buen candidato para llevar la delantera en el avance del papel de la asociación en la gobernanza regional. Su rápido crecimiento y su relativa firmeza en los enfrentamientos con China suman puntos a favor de un mayor liderazgo. Esta adaptación tan rápida le permitiría hacer de país puente entre los fundadores de la ASEAN y los países de la segunda generación, a la que este país pertenece.

En lo que parecía la era del comercio interregional —ahora en duda por el auge de visiones más proteccionistas—, la ASEAN servía de plataforma para la inserción de Vietnam en el comercio internacional. Pero en toda comunidad de vecinos hay un presidente, y sin duda en Asia-Pacífico la batuta la lleva Pekín. La entrada en el 2017 comenzaba para Vietnam con un simbólico encuentro entre su actual secretario general, Nguyen Phu Trong, y el líder chino, Xi Jinping, en Pekín. Más allá de lo que ambos líderes acordaran y pudieran discutir en aquel encuentro, esta reunión enviaba un mensaje claro sobre el posicionamiento estratégico de Vietnam en los próximos años. Pero, antes de examinarlo, se hace necesario atender al recorrido de las relaciones entre ambos países.

La cercanía cultural entre ellos es indudable; de hecho, Vietnam fue provincia del Imperio chino durante siglos, aunque su población siempre se mostró rebelde ante la imposición de poderes foráneos. Las influencias del confucianismo y la lengua se siguen sintiendo, y la trayectoria histórica de buena parte del siglo XX ha sido compartida: la llegada de las potencias coloniales occidentales, el paso del imperialismo japonés y la opción socialista con brochazos campesinos siguen hermanando ambos Estados en lo ideológico-simbólico.

Pero estamos ante una relación compleja: el acercamiento vietnamita a la URSS fue de la mano con el distanciamiento frente a la vecina China durante la Revolución Cultural. Esta tendencia se marcaría aún más con la invasión vietnamita de Camboya en 1979, por su enfrentamiento con el régimen de los Jemeres Rojos, cercano a Pekín. Más recientemente, las disputas territoriales en el Mar de China complicarían unas relaciones afectadas, además, por el roce de la cercanía.

Fuente: Cartografía EOM

Para ampliar: “Asia-Pacífico en 2017: el dragón, el islam y la ley del plomo”, Daniel Rosselló en El Orden Mundial, 2017

No obstante estos choques, que de hecho casi desencadenan un enfrentamiento directo entre ambos países en 1979 primero y en 1988 después, la relación económica es cercana y Vietnam recibe cuantiosas inversiones del Imperio del Centro, con el que mantiene además una buena relación comercial, aunque deficitaria. Los enfrentamientos territoriales y en materia de seguridad contrastan con esta innegable dependencia económica. Vietnam es además para China un enclave geoestratégico central, un importante proveedor de recursos alimenticios —esencialmente arroz— y un difícil adversario: si bien los factores que frenaron a China a la hora de enfrentarse directamente al régimen de Ho Chi Minh en el 79 y el 88 no se dan hoy y la victoria militar china sería casi incuestionable, los vietnamitas han demostrado ser un contendiente duro de roer.

Junto con estos precedentes históricos, encontramos que dentro del régimen vietnamita conviven dos tendencias: un sector más conservador y, por ello, más fiel a la revolución y otro más reformista o prooccidental, que sigue una estrategia de acercamiento a Estados Unidos y se plantea una alianza con él para contrarrestar el poder chino.

El triángulo Washington-Pekín-Hanói

Las dos tendencias anteriores se manifiestan dependiendo del equilibrio de fuerzas en el politburó. El anterior Ejecutivo buscó el acercamiento con Estados Unidos, favorecido además por los intereses de la Administración Obama en aumentar su presencia en la región. Pero el equilibrio de fuerzas cambió tras el último congreso del Partido Comunista de Vietnam, en 2016, y a esto se le sumó la reciente elección de Donald Trump como presidente, quien parece querer frenar en parte el ritmo de inserción en la región, como demuestra su retirada del Tratado Transpacífico. Los costes de avanzar en una alianza defensiva supondrían además permitir bases navales estadounidenses en suelo vietnamita, condición que difícilmente podría asumirse en el país.

La caída de la URSS dejaba a Vietnam sin su gran aliado y comenzaba una época de restructuración del modelo económico y de las relaciones exteriores del país. En 1995, con Clinton como presidente, se hace oficial la normalización de las relaciones entre ambos países: Hanói seguía con su política de “más amigos”. El nuevo milenio traía una mayor inserción en la economía de mercado y Vietnam acogía con los brazos abiertos la inversión estadounidense. Al tiempo que se abrían McDonald’s en Hanói, Estados Unidos se convertía en el principal destino de sus exportaciones: en 2015 el 21% de las exportaciones vietnamitas fueron a parar allí. Un socio comercial central al que, además, vende numerosos productos con valor agregado, especialmente tecnológicos.

Tras unos años de acercamiento a Washington y la escalada de tensiones con China —2014 fue un año cargado de provocaciones y en el que la intercepción de buques en el Mar de China preocupaba profundamente al Gobierno vietnamita—, 2017 parece que va a ser un año para aplacar tiranteces. Esta relativa distensión no impide que Vietnam siga invirtiendo sumas millonarias en capacidades defensivas —que compra especialmente a Rusia, India e Israel— y opte por continuar la diversificación de sus relaciones comerciales, incluido el ahondamiento, de ser posible, en su relación con Estados Unidos y la Unión Europea.

Del “Made in Vietnam” al VieTech

Actualmente, un tercio de la población en Vietnam se encuentra en riesgo de pobreza. La brecha campo-ciudad se acentúa y la pobreza extrema azota a las minorías del país. El modelo de crecer a cualquier precio no solo tiene fecha de caducidad, sino que ya está teniendo efectos adversos sobre el medio ambiente y los derechos laborales, algo que podría costarle su legitimidad al Partido Comunista y que tendrá consecuencias irreversibles. Sin embargo, hay que admitir la rápida transición del país, que ha tenido que adaptarse en un breve periodo de tiempo a un nuevo escenario internacional que le era, además, desfavorable.

La ajetreada vida urbana de Hanói. Imagen cortesía de Francisco Vidal (2016)

Su papel como posible líder en la ASEAN y su rápida industrialización —frente a su anterior dependencia de las materias primas— son admirados por los países vecinos. Es notable el hecho de que Vietnam apueste cada vez más por los productos tecnológicos; ya hay quien habla del “Silicon Valley asiático”. De seguir el camino de la innovación tecnológica frente a la competitividad a la baja, Vietnam pasaría del “Made in Vietnam” al VieTech y terminaría por posicionarse como una potencia media fundamental en la gobernanza regional.

Su astuta diplomacia tiene su límite natural en China, con respecto a la que existe un imponente desequilibrio de poder. Las tensiones con el eximperio son compartidas con buena parte de los países vecinos y tienen, además, difícil solución, dadas sus numerosas implicaciones para el transporte y el comercio regional.

En el pasado, Vietnam supo hacer del entorno su mejor aliado. Queda por ver si esta potencia media sabe introducirse en la cresta del desarrollo regional sin ser absorbida por los sacrificios del crecimiento apresurado. Como diría Joseph Conrad en El corazón de las tinieblas, “la fuerza no es sino un accidente nacido de la debilidad de los demás”.

Acerca de Inés Lucía 15 Articles

Inés Lucía Orea (Madrid, 1992). Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense. Máster en Gobernanza Global y Derechos Humanos por la Universidad Autónoma de Madrid. Ha realizado prácticas en el Institut de Drets Humans de Catalunya. Twitter: @inesorea

1 comentario en De Saigón a Ho Chi Minh

  1. Me ha gustado tu artículo. No se escribe mucho ni sobre el país ni sobre ella zona del sureste asiáticoMe parece que ganaría en consistencia si hicieses relación al “Doi moi” o renovación, que es el soporte ideológico de la política vietnamita desde los años 80, dominen los más liberales o los más conservadores del partido. Su objetivo enunciado: una economía de mercado de orientación socialista. En ese mismo sentido, podrías señalar a Singapur como el modelo que siguen: un fuerte control político y una progresiva liberalización económica.
    Señalas bien que el mantener distancias frente a China es uno objetivos de Vietnam. Yo diría que es el otro eje vertebrador de la política exterior vietnamita. Visto así ayuda a entender mejor su acercamiento a la ASEAN, la mejora de sus relaciones con EE.UU. o los intereses compartidos, entre otros países, con la India que también teme los afanes expansionistas chinos. El estado indio de Arunachal Pradesh, las islas Spartly y la islas Parcelso vietnamitas.
    Un saludo.
    Miguel Echániz.

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