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Black lives matter: la continua lucha por la igualdad racial

REUTERS/Jonathan Bachman

La historia de los Estados Unidos está llena de largos capítulos donde la discriminación racial se constituye como el constante enemigo contra el progreso y la igualdad. De la misma manera que la discriminación ha tomado muchas formas a lo largo del tiempo, lo mismo ha sucedido con los movimientos que emergen para luchar contra ella. El siglo XXI, sin embargo, ha traído consigo la ruptura con el modelo anterior de movimiento social y el Black lives matter —“Las vidas negras importan”—, heredero de la lucha por la igualdad racial, es mirado con recelo y desaprobación por muchos. ¿Qué hay detrás de este movimiento y qué lo hace diferente a sus precursores? 

El verano de 2014 pasará a ser recordado en la memoria colectiva de los Estados Unidos como uno de los más agitados en su Historia reciente. El 9 de agosto de ese mismo año Michael Brown, de 18 años, y Dorian Johnson, de 22, se encontraban caminando de vuelta a casa en Ferguson (Misuri) cuando una patrulla de policía paró a su lado. El agente Darren Wilson había recibido un aviso de robo en una tienda local y ambos jóvenes encajaban con la descripción de los ladrones.

Minutos antes, los dos chicos habían hecho una parada en esa misma tienda donde habían robado un paquete de cigarrillos. Lo que ocurrió a continuación es, cuando menos, confuso. Las versiones de los testigos se contradicen: mientras unos aseguran que Brown intentó atacar al agente de policía cuando este les pidió que pararan en la acera, la mayoría asegura que, cuando el agente le disparó —hasta doce veces—, el joven tenía las manos en alto.

Lo que desató los acontecimientos que vendrían en las horas y días siguientes no fue tan solo el hecho de que el Michael Brown estuviera desarmado en el momento en el que le dispararon ni que su cuerpo estuviera más de cuatro horas en el asfalto hasta que los oficiales lo retiraron. La chispa que verdaderamente despertó del letargo a un movimiento que venía revolviéndose entre la sociedad estadounidense desde hacía mucho tiempo: el hecho de que Michael Brown fuera negro.

“Tengo las manos en alto, no dispare” se convirtió en uno de los lemas y símbolos de los manifestantes en Ferguson, que se extendió por todo el país. Fuente: Slate

Lo que poco después pasó a ser conocido como el movimiento Black lives matter (BLM) ha supuesto una verdadera revolución a la hora de dar forma al descontento social causado por la discriminación y la desigualdad racial en Estados Unidos. Muchos los han comparado al Movimiento de Derechos Civiles y al Poder Negro.

Otros —en su mayoría, quienes estuvieron vinculados a estos movimientos de los años 60— rechazan esta comparación y aseguran no entender los objetivos del BLM ni sus medios. Por su parte, el propio BLM ha ido adaptándose y metamorfoseándose en lo que podría ser un ejemplo del nuevo modelo de movimiento social del siglo XXI. ¿Qué es entonces el movimiento Black lives matter?

Los jóvenes herederos de la Historia

Las comparaciones del BLM con los movimientos sociales citados son inevitables. La Historia estadounidense de las décadas de 1950 y 1960 está marcada profundamente por la lucha contra la discriminación racial y la igualdad de derechos para los afroamericanos. El movimiento se desvaneció tras lograr sus objetivos y la adopción por la sociedad en general de los principios que le eran propios: la segregación racial o la imposibilidad de ejercer el derecho al voto son ciertamente impensables hoy en Estados Unidos.

Sin embargo, mientras que estos dos movimientos tenían unos objetivos claros marcados y un plan de actuación que seguir —independientemente de que uno profesara la vía pacífica y el otro la violenta para lograrlos—, el propósito final del BLM es aún difuso y no del todo comprensible para muchos.

El choque generacional

“No sé lo que Black lives matter hace, así que no puedo compararlo con lo que fue el Partido de las Panteras Negras”, expresaba recientemente Elaine Brown, activista y presidenta del Partido de las Panteras Negras (PPN) de 1974 a 1977. “Sé lo que el PPN era. Sé de las vidas que perdimos, de la lucha, de los esfuerzos, de los asaltos de la Policía y del Gobierno. Sé todo eso. Lo que no sé es lo que hace el BLM”.

Si se analizan detenidamente las características de los movimientos, las palabras de Elaine Brown tienen cierto sentido: las diferencias entre lo que fueron la oleada de movimientos de los 60 y la actual nos obligan a hablar de dos corrientes totalmente separadas que se desentienden la una de la otra a efectos prácticos.

Por un lado, a pesar de compartir el mismo fondo, las bases ideológicas presentan diferencias muy remarcables. Si tomamos como ejemplo el Movimiento por los Derechos Civiles observaremos tres aspectos claves: un activismo con fuertes raíces cristianas, roles predominantemente masculinos y un líder carismático al frente, representado por Martin Luther King Jr.

Existen grandes diferencias de percepción y comprensión del movimiento en función de la raza. Fuente: Pew Research Center

En cambio, en el BLM podemos observar la desaparición completa de estos elementos: la militancia ha abandonado las bases religiosas como justificación ideológica del movimiento —lo que no implica que algunas agrupaciones o activistas sí se identifiquen de esta manera—, hay figuras fuertes tanto masculinas como femeninas e incluso transgénero liderándolo a todos los niveles y, finalmente, ha desaparecido la figura del líder carismático.

Esto último supone una revelación importante sobre las características de los movimientos sociales en el siglo XXI que ya pudo observarse en el movimiento Ocupa Wall Street en 2011. A pesar de tratarse de un arma de doble filo, la ausencia de un liderazgo unipersonal puede suponer una ventaja para el BLM, ya que a menudo la supervivencia de un movimiento social va vinculada a la de sus líderes: el Movimiento por los Derechos Civiles no pudo recuperarse tras perder a Luther King.

Las diferencias en cuanto a organización y actuación también son destacables. Por un lado, el éxito de los movimientos de los 60 dependía en parte de lograr la atención de las cámaras y de los reporteros. En la actualidad, cualquier persona con un teléfono es capaz de transmitir al instante imágenes y vídeos de los ataques de la Policía y viralizarlo en cuestión de minutos.

Por otro lado, la capacidad asamblearia y de movilización también se encontraba casi limitada al boca a boca y dependía de la base provista por las agrupaciones locales. Hoy, en cambio, las redes sociales y el activismo digital mediante hashtags y posts abren un mundo de posibilidades e incrementan la capacidad de convocatoria y respuesta por parte de la sociedad.

Sin ir más lejos, el propio BLM recibe su nombre de un hashtag creado en julio de 2013. Ese mismo día, un jurado popular encontraba no culpable a George Zimmerman por el asesinato de Trayvon Martin, ocurrido el año anterior. Martin, de 17 años, también era afroamericano y fue disparado mientras iba desarmado. El hashtag surgió a raíz de una entrada en Facebook escrita por la activista Alicia Garza que rezaba en su conclusión “Gente negra. Os quiero. Nos quiero. Nuestras vidas importan”. Minutos después, Patrisse Cullors creaba el hashtag, que comenzaría a circular y alcanzaría su punto álgido el verano de 2014 tras el asesinato de Michael Brown en Ferguson. Estas dos mujeres, junto con Opal Tometi, dieron vida al que se convertiría en uno de los elementos más característicos y definitorios del movimiento BLM.

Un movimiento de movimientos

¿Qué fue antes: el hashtag o el movimiento por las vidas negras? Lo cierto es que el desconcierto provocado en las generaciones anteriores viene dado no solo por el empleo de métodos y terminología de la era milénica, sino por designar con un mismo nombre a cosas diferentes.  Como ya se ha establecido, la idea en torno al concepto “Las vidas negras importan” surgió en Facebook y Twitter, pero pronto se convirtió en algo más: puso nombre a un sentimiento colectivo y lo transformó en un ideal palpable.

El hashtag se emplea para canalizar el descontento y reunir a activistas, agrupaciones o cualquier persona decidida a expresar su rechazo por la violencia racial o cualquier acto que coarte los derechos y libertades de los afroamericanos. De este modo, un símbolo y tres letras han pasado de ser una declaración efectiva de asociación a dar pie a un movimiento político, social y cultural en pro de la plena igualdad en la sociedad estadounidense.

El concepto #BlackLivesMatter se ha convertido en el ideal de un movimiento social, cultural y político que aúna a todos aquellos en contra de la violencia y la discriminación racial en Estados Unidos. Fuente: Wisconsin Bail Out the People Movement

Por otro lado, todo movimiento social que desee alcanzar unos objetivos más allá de la expresión de descontento en las calles debe pasar por una fase de burocratización. En ella, gran parte de esa energía popular toma una forma concreta y las distintas agrupaciones comienzan a organizarse a todos los niveles. Es en este punto donde la plataforma Black Lives Matter, fundada por las tres promotoras del hashtag, emerge como la organización oficial del movimiento —aunque no se trate de la única que persigue los objetivos detrás del mismo—.

Estas plataformas permiten la definición de unos ideales propios y más específicos como organización, así como el contacto con los líderes políticos, con el objeto de lograr medidas a largo plazo. También es aquí donde parte del afecto popular de los que se identifican con los ideales del movimiento general se pierde y surgen otras agrupaciones con el objetivo de representarlos. Un ejemplo es el Movimiento por las Vidas Negras, que se presenta como una plataforma alternativa más amplia que Black Lives Matter.

#AllLivesMatter y la desilusión pos-Obama

Adoptando una forma u otra, cuatro años después de su aparición, el movimiento sigue vivo. Las bases de acción local y las plataformas inmersas en la actividad política que sobrevivieron al clamor inicial se han ido perfilado y enraizando con el tiempo. También el hashtag resurge en cada ocasión que algún acto de violencia contra la comunidad afroamericana tiene lugar y permite lograr difusión, visibilidad y apoyo internacional.

Sin embargo, tras el fervor de su primer año de vida, el movimiento ha ido perdiendo apoyos en algunos sectores de la sociedad. Esto ha sucedido tanto por la división y reagrupación en plataformas con diferentes objetivos y líneas de acción como por un desencanto hacia el movimiento general en 2016 tras la muerte de cinco agentes de policía en Dallas, que convirtió una marcha pacífica en protesta por los asesinatos de Philando Castile y Alton Sterling en una masacre.

Si el concepto tras el BLM se configuró a través del ciberlenguaje, así surgió también su oposición: #AllLivesMatter o “Todas las vidas importan” se convirtió en el lema de los críticos al movimiento en noviembre de 2014.

El hashtag #BlackLivesMatter ha ido consolidándose como una forma de activismo social que indica la pervivencia del movimiento. Fuente: Pew Research Center

El argumento de las críticas parece una afirmación difícilmente oponible: todas las vidas importan, da igual la raza. Pero lo cierto es que, social y políticamente, se ha convertido en una suerte de eslogan incendiario a todos los niveles de la sociedad y que a más de un político le ha costado un mal rato.

El problema no deriva de afirmar el valor inherente de todas las vidas humanas, sino de obviar implícitamente el hecho histórico de que los afroamericanos en los Estados Unidos han sufrido y sufren discriminación racial. El objetivo de proclamar que las vidas negras importan es el de visibilizar a un colectivo que no goza de los mismos derechos; siendo aún más concretos, el lema enfatiza el hecho de que las vidas negras parecen valer menos que las de las personas blancas en el marco de la Justicia estadounidense.

Si nos basamos en los números, los defensores del All lives matter encuentran una base bastante sólida para sus afirmaciones: estadísticamente, son más los estadounidenses de raza blanca que mueren al año por disparos de la Policía. En 2015, del total de 991 personas que fueron disparadas de forma letal por las fuerzas de seguridad, 495 eran de raza blanca, 258 de raza negra y 172 hispanos —el resto pertenecían a otras razas—.

Sin embargo, ajustando los datos teniendo en cuenta el total de la población estadounidense, la lectura de los datos cambia. Las personas de raza blanca constituyen el 62% de la población total, lo que significa que el porcentaje de blancos disparados de muerte por un policía equivaldría al 49%. La población afroamericana constituye por su parte el 13% de la población total estadounidense; en cambio, el porcentaje equivalente a los muertos por disparos de la policía asciende al 24%. Es decir, un afroamericano tiene una probabilidad 2,5 veces mayor de ser disparado letalmente por la policía que un estadounidense blanco.

Los datos tampoco han mejorado significativamente tras el paso de Barack Obama por la Casa Blanca. A pesar de sus promesas de un país más libre e igualitario, entre la población parece haber aumentado la sensibilidad hacia las desigualdades raciales y, al mismo tiempo, la opinión de que son necesarias más reformas para lograr la igualdad. De hecho, el 60% de los estadounidenses considera que los encuentros con consecuencias mortales de la comunidad afroamericana con la Policía son una manifestación de un problema más grave dentro de la sociedad y que no se trata tan solo de incidentes aislados.

Los dos últimos años del mandato de Barack Obama han visto un incremento en la opinión pública sobre la necesidad de continuar con reformas que garanticen la igualdad de derechos para los afroamericanos. Fuente: Pew Research Center

Una misma lucha, distintas representaciones

Lo cierto es que, independientemente del nombre que reciban y de sus aparentes diferencias técnicas o ideológicas, tanto los movimientos de los años 60 como el BLM son la materialización del descontento de una época ante la discriminación racial en los Estados Unidos. “No existe un problema negro. No existe un problema del sur. No existe un problema del norte. Tan solo hay un problema estadounidense”, dijo el presidente Lyndon Johnson en la sesión ante el Congreso donde se votó aprobar la legislación que permitiría votar a los afroamericanos sin restricciones.

Por otro lado, ante la tendencia actual de inclusión de unos movimientos dentro de otros —por ejemplo, la lucha por los derechos del colectivo LGTB está incluida en muchas de las plataformas BLM y viceversa—, nos encontraremos con un mapa de movimientos sociales complejos que, intercalados los unos en los otros, fomentan su supervivencia y alcance. De esta manera, abarcan numerosos retos al mismo tiempo lo que les permite no ignorar otras luchas que también abogan por la igualdad.

Estados Unidos aún tiene un largo camino que recorrer y tal vez con el tiempo serán los miembros del propio Black lives matter quienes mirarán con ojos desconfiados y confusos a los movimientos que lo sucedan en la batalla contra la desigualdad racial. Lo importante es no olvidar el hilo conductor de la Historia: la lucha por la igualdad y el goce pleno dentro de la sociedad de los derechos y libertades que les son inherentes.

Tanto los movimientos de los años 60 como el BLM son la materialización del descontento de una época ante la discriminación racial en los Estados Unidos. Fuente: Washington Post.
Acerca de Lorena Muñoz 7 Articles

Madrid, 1994. Graduada en Relaciones Internacionales y actual estudiante de Derecho. Interesada especialmente en temas de derechos humanos y asilo. Gente pequeña en lugares pequeños haciendo cosas pequeñas.

3 comentarios en Black lives matter: la continua lucha por la igualdad racial

  1. Muchas gracias por el artículo. Es increible que desde medios de comunicación que cuentan con numerosos periodistas y corresponsales sean incapaces de ofrecer reportajes con un nivel de detalle como el que documentas. Sin embargo, he de reconoder que cada vez que escucho algo de Black Lives Matter en medios estadounideneses, a los que que se presenta como una rama más de los SJW (Social Justice Warriors), suele ser para mostrar el rechazo que suscitan entre grandes sectores de la población por su apoyo a medidas como los “espacios seguros” en la universidades y la lucha contra los “discursos de odio” con los que califican a sus críticos.

  2. Buen artículo, aunque algo sesgado. No se debería olvidar que, curiosamente, la mayor parte de los negros asesinados en EEUU por armas de fuego lo son a manos de otros negros: ronda el 93% de los casos, según estadísticas públicas del FBI y fechadas al año pasado.

    Pero supongo que esas otras vidas negras “no importan” tanto…Son vidas de segunda división, o de tercera regional. También cabe recordar que en uno de esos casos de negros tiroteados por la policía del pasado año que levantaron toda esta cuestión, uno de los autores de los disparos también era negro -sí, en EEUU un negro puede ser policía, que a veces parece que se nos olvida- Y en varios de esos casos, se trataba de delincuentes reincidentes con antecedentes penales: en EEUU la policía abate a muchos más delincuentes blancos, tal como de hecho destaca el propio artículo, y esto no parece concitar la indignación de nadie.

    Solo lo menciono por evitar caer en el discurso estereotípico de que los negros son siempre víctimas inocentes de los desmanes de policías blancos racistas o de un sistema legal que busca su exterminio en una especie de complot racial gigantesco y perverso. Si un policía ve a un tipo armado con un cuchillo abalanzándose sobre él, se defiende y no se para a plantearse si al hacerlo a lo mejor parece que es racista. Si un sospechoso huye, trata de detenerle. Es lo que se supone que debe hacer la policía, ¿no? A ver si, a cuenta del racismo, vamos a tener ya hasta “cuotas” de delincuentes según raza, por si no hubiera pocas “cuotas” ya en prácticamente todo.

    También veo preocupante que se proteste por el porcentaje de delincuencia en relación a la población. ¿No cabe la posibilidad de que una población, aunque sea inferior en números generales, pueda generar mayor delincuencia? En Birmania, y también hay estadísticas por si alguien desea consultarlas, los rohinga -población musulmana de ese país- son una minoría, y sin embargo, producen la mayor parte de la criminalidad, especialmente crímenes violentos, de toda la nación -ahora me llamáis islamófobo y demás perlas del estilo que me resbalan, pero los datos están ahí-

    La comunidad afroamericana de EEUU siempre ha presentado índices de criminalidad altos. Esa es la realidad. No pretendo estereotiparlos como criminales, ni decir que todos los negros de EEUU sean criminales. Pero la realidad objetiva está ahí. Así, “un afroamericano tiene una probabilidad 2,5 veces mayor de ser disparado letalmente por la policía que un estadounidense blanco”, cierto, pero también cierto es que esa probabilidad aumenta cuando el afroamericano también tiene más probabilidades de ser un delincuente con antecedentes, que el estadounidense blanco promedio. La policía no se dedica a disparar indiscriminadamente a la población, ni salen a “cazar negros”. Si echan un vistazo más pormenorizado a los casos sangrantes en cuestión, se verá que, salvo contadas excepciones, la mayoría de los abatidos por la policía suelen ser personas con antecedentes delictivos, e incluso alguno acababa de cometer un crimen.

    ¿La policía debe permitir que un delincuente se salga con la suya, según sea el color de su piel, o según la “cuota” de criminalidad por raza, o para no parecer que se es racista? ¿Y las vidas de los negros asesinados por otros negros…no cuentan nada? Ahí lo dejo. Un saludo.

  3. Los Black Lives Matter son otros supremacistas negros y con ideología comunistas y defensores de la nefasta ideología de género.

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