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“El mundo después de Obama”, por Carlos Franganillo

WASHINGTON D.C. – A finales de 2008, las grandes economías del mundo vivían los primeros meses de la Gran Recesión. Las potencias emergentes, como Rusia o China ganaban voz en los asuntos mundiales y, en el caso de Moscú en Georgia, dejaban clara su determinación a recurrir a medios militares para defender sus áreas de influencia. Fidel Castro había dejado de ser presidente en Cuba, las tensiones entre Colombia y Venezuela se habían disparado tras la operación contra las FARC en territorio venezolano y EE.UU. se disponía a sacar a sus tropas de Irak en un plazo de 3 años. La campaña en Afganistán alcanzaba su séptimo año.

Ése era, a grandes rasgos, el mundo que el presidente Barack Obama heredó cuando llegó a la presidencia en enero de 2009. Hoy, a 8 meses de que abandone la Casa Blanca, es un lugar aún más complejo que entonces:

– Tras las llamadas “primaveras árabes” una parte del norte de África y Oriente Medio se han desestabilizado gravemente, llevando la guerra a escenarios como Libia o Siria y desencadenando en ocasiones el concurso de grandes potencias y organizaciones supranacionales con intereses en la región, como Rusia, Turquía, Irán, EE.UU. y la OTAN. Las consecuencias de esa inestabilidad han llegado a Europa, impulsando un movimiento migratorio de cientos de miles de refugiados que cruzan mares y fronteras en busca de seguridad en la UE.

– El populismo y el nacionalismo ganan peso a ambos lados del Atlántico, tanto en el proceso de primarias estadounidense como en muchos países europeos.

– La región Asia-Pacífico se asienta como uno de los mayores focos de tensión mundial, especialmente en el Mar del Sur de China donde los países de la zona (China y varias naciones –algunas aliadas principales de EE.UU.–) se disputan la influencia de una región por la que discurre aproximadamente un tercio del tráfico marítimo mundial.

– Rusia, inmersa en una grave crisis económica, vive un renacimiento nacionalista en torno a su líder Vladimir Putin, que ha acentuado el discurso contra Occidente y no ha dudado en intervenir fuera de sus fronteras en defensa de los intereses estratégicos de Moscú, sin temor al enfrentamiento con EE.UU y la UE.

Todos estos acontecimientos y procesos en marcha han contribuido a moldear el estado actual de las cosas y se han desarrollado durante la presidencia de Barack Obama que, como líder de la nación más poderosa del mundo, ha tenido un papel y una gran influencia en todos ellos.

Asia y el Mar del Sur de China

La Administración Obama oficializó en 2011 una intención de cambio de estrategia en la política exterior de EE.UU.: el llamado “pivote” hacia Asia, para convertir el eje Pacífico en principal foco de interés para Washington. El cambio relega teóricamente a un segundo plano a Europa y Oriente Medio y confirma la tendencia estadounidense hacia el continente asiático ante la emergencia de China.

Aunque muchos analistas consideran que ese vuelco hacia Asia no ha sido tan contundente como podía esperarse, Washington ha asumido un papel activo en el patrullaje marítimo de la zona ante las pretensiones de Pekín que ha construido islas artificiales para ganar influencia en busca de una política de hechos consumados; ha establecido nuevas alianzas con naciones como Filipinas, donde desplegará más activos militares en 5 bases del ejército local; y ha defendido con claridad las reivindicaciones territoriales de aliados históricos como Japón, respecto a las islas Senkaku por ejemplo. Las intenciones de control del Mar del Sur de China por parte de Pekín han acercado a muchas naciones a Washington para defender sus intereses nacionales, esperando que la superpotencia actúe como fuerza de equilibrio en la región.

Según la última Estrategia Marítima de los Estados Unidos, en 2020 Washington tendrá desplegadas en el área del Índico y Asia-Pacífico el 60% de los buques y aeronaves de su Armada, y contempla una mayor cooperación con aliados como Australia, Nueva Zelanda, Filipinas, Corea del Sur y Tailandia, además de fomentar la colaboración con Bangladés, Brunei, India, Indonesia, Malasia, Micronesia, Paquistán, Singapur y Vietnam. Es decir, con todos los vecinos costeros de China excepto con Rusia, Corea del Norte, Birmania y Camboya.

Otro aspecto relevante es el impulso de la Administración Obama al TPP, el Acuerdo Comercial Trans-Pacífico, que engloba a 12 países. Cuando entre en vigor, podrá ser una herramienta comercial frente al poder económico de China y dará un mayor protagonismo e influencia a EE.UU. en la zona con mayor crecimiento del planeta.

Aunque todas estas medidas contribuyen a reforzar la presencia de Washington en la región en los próximos años, Estados Unidos no ha podido distanciarse de otras regiones donde probablemente tenga ya menos intereses en juego.

Oriente Medio

En diciembre de 2011 el presidente Obama cumplió el plazo de retirada de las tropas de combate estadounidenses de Irak, dejando en el país a unas 20.000 personas al servicio de embajada y consulados, en el Cuerpo de Marines o como contratistas de seguridad. Sin embargo, dos años y medio después, Estados Unidos volvió a desplazar a sus militares al país en junio de 2014, oficialmente en calidad de asesores para apoyar al ejército iraquí ante la ofensiva del Estado Islámico en el norte.

Se estima que en la actualidad hay entre 4.500 y 5.000 militares estadounidenses en suelo iraquí. A grandes rasgos, la estrategia de EE.UU. se resume en el uso de Fuerzas Especiales de Washington que operan en el norte de Irak y en territorio sirio –en acciones contra el Estado Islámico y en apoyo de fuerzas aliadas–; una campaña de bombardeos en los 2 países liderando una coalición internacional; y en el entrenamiento/apoyo a las FFAA iraquíes junto al aprovisionamiento de armas y la formación de grupos combatientes en Siria –aunque esos programas no han dado el resultado deseado–.

A pesar de que muchas voces en EEUU han pedido una mayor implicación, desplegando tropas de combate sobre el terreno a gran escala, el presidente Obama no ha tomado esas medidas, aunque se ha visto obligado a incrementar gradualmente el número de militares en la zona. Ante una sociedad estadounidense menos dispuesta a aventuras en el exterior, el presidente apuesta por una intervención limitada, con una exposición reducida de sus tropas para evitar bajas, que se centra en la contención y degradación del ISIS a medio plazo y sin una urgencia extrema.

A estas alturas del conflicto en Siria e Irak, y con la intervención militar de Rusia e Irán sobre el terreno, Washington se encuentra ante un dilema: por un lado, Oriente Medio ya no tiene la prioridad estratégica que tuvo en el pasado para EE.UU. y reducir su implicación allí permitiría mayores esfuerzos en otras zonas del mundo, como Asia-Pacífico. Por otro lado, naciones como Rusia e Irán ganan terreno en la región, dispuestas a ocupar el hueco que Washington deje tras de sí. Por mucho que EE.UU. quiera centrarse en la región Asia-Pacífico, no parece conveniente facilitar una mayor influencia a sus adversarios en Oriente Medio. En perspectiva, sería el peor resultado posible después de más de una década de implicación directa con enorme gasto en vidas humanas y recursos materiales.

Hasta el momento, el papel de EE.UU. en Siria y Libia, apoyando o colaborando en la erosión/caída de regímenes sin un plan alternativo para ocupar el vacío tampoco ha contribuido a la seguridad regional sino más bien a una mayor desestabilización, con graves implicaciones también para la seguridad en Europa.

Rusia

Durante la presidencia de Obama las relaciones entre Rusia y Estados Unidos han sufrido un vuelco. Se ha pasado del Reinicio o Reajuste de relaciones impulsado en 2009 a lo que muchos expertos definen como una Guerra Fría 2.0, configurada no sólo por la relación entre Moscú y Washington sino también por el papel de un amplio bloque de naciones enfrentadas a Occidente, como Irán o la Alianza Bolivariana.

La crisis de Ucrania, en 2013 y 2014, fue el gran catalizador de estas tensiones. Tanto EE.UU. como la Unión Europea apoyaron desde el primer momento las revueltas contra el presidente Yanukovich, elegido en las urnas, y se apresuraron a reconocer al nuevo poder que emergió tras los enfrentamientos sangrientos en Kiev, en febrero de 2014, al margen de los acuerdos alcanzados en los días anteriores. Moscú entendió los hechos como una ofensiva amparada por Occidente para atraer a una pieza estratégica –Ucrania– de su esfera de influencia y respondió anexionando Crimea y enfangando el Este del país con una guerra que el Kremlin inflamó a capricho.

La respuesta de EE.UU. y la UE, principalmente por medio de sanciones y con el refuerzo del papel de la OTAN en zonas fronterizas entre Rusia y Europa, no han alterado por ahora la determinación de Moscú, que ha logrado importantes objetivos estratégicos, a pesar del coste económico y político. Por otro lado, la crisis deja a EEUU en una mejor posición de cara al futuro para contener a Rusia en su flanco occidental. Refuerza su presencia militar en la zona y sus lazos con algunos países del Este de Europa y el área báltica, dota de un mayor sentido a la OTAN en ese aspecto y establece una alianza con Kiev, o al menos con las fuerzas políticas que hoy tienen el poder allí.

Apuntes pendientes

A lo largo de este artículo he tratado de resaltar tres áreas geográficas principales pero la presidencia de Barack Obama deja muchos otros aspectos importantes para la Historia. El acuerdo nuclear con Irán es uno de ellos y puede considerarse un notable éxito diplomático, a la espera de que se cumpla con detalle. También lo es el cambio de política hacia Cuba, que adquiere un enfoque más práctico para facilitar la futura influencia de EE.UU en la isla, a las puertas de un inexorable relevo generacional en La Habana. Puede servir para mejorar la relación entre Washington y muchas capitales del continente y para fortalecer su posición en una región en la que China y Rusia tejen alianzas y ganan terreno desde hace años.

El hombre o mujer que releve a Obama en enero de 2017 heredará un mundo convulso y cada vez más multipolar, con nuevas amenazas y frentes abiertos pero también con esperanzadoras vías por explorar.

El Orden Mundial en el Siglo XXI no se hace responsable de las opiniones vertidas por los autores de la Tribuna. Para cualquier asunto relacionado con esta sección se puede escribir a [email protected]

Acerca de Carlos Franganillo 1 Article

Carlos Franganillo es corresponsal de Televisión Española en Washington D.C. desde el año 2014. Antes de su etapa en Estados Unidos, entre los años 2011 y 2014 fue corresponsal de esta misma cadena en Moscú.

Contacto: Twitter

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