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Agua y sostenibilidad: una unión necesaria

Hacer posible que todos los habitantes del planeta tengan acceso al agua potable de una manera universal y equitativa para el año 2030 es el sexto Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) establecido por Naciones Unidas. A día de hoy, más de 750 millones de personas aún se encuentran en una situación en la que poder beber agua limpia es un lujo inalcanzable. Los habitantes de las regiones más desfavorecidas del mundo son los que más problemas tienen para tener agua potable cotidianamente. Un ser humano puede sobrevivir semanas sin ingerir alimentos. Sin embargo, no puede pasar más de varios días sin beber agua. Es, sin duda alguna, el recurso más fundamental para la supervivencia de cualquier persona en cualquier lugar del mundo.

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Teniendo en cuenta que el 85 % de la población mundial vive en la zona más seca de la Tierra, garantizar el acceso para todos hace que este asunto deba estar en la primera línea de la agenda de los principales actores involucrados. A todo ello, hay que sumarle las enfermedades generadas como consecuencia de beber agua contaminada o, simplemente, no apta para el consumo humano. Esta situación, radicada en un contexto de pobreza o marginalidad, necesita de manera urgente una solución. Los países más desarrollados están obligados a repensar sus patrones de gestión y consumo del agua al mismo tiempo que las principales organizaciones internacionales deben continuar sumando esfuerzos para que antes de 2030 no haya ninguna persona que no pueda beber agua en buen estado.

Agua limpia y segura

Agua7El cuerpo humano está compuesto en un 60 % por agua. Por lo tanto, una correcta hidratación es crucial para el adecuado funcionamiento de nuestro organismo. Sin embargo, de acuerdo con datos del Banco Mundial, unos 220 millones personas viven en zonas urbanas en las que no tienen acceso al agua potable cerca de sus casas. La inclusión del acceso al agua potable entre los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), – dentro del séptimo objetivo, dedicado a la sostenibilidad medioambiental y de los recursos – ha tenido como consecuencia una mejora considerable en este punto: en 1990, 2.300 millones de personas tenían agua potable en sus hogares a través de un adecuado sistema de tuberías. En 2015, la cifra alcanza ya los 4.200 millones de personas. Es decir, un 58 % de la población mundial puede hacer uso de este servicio, de acuerdo con los datos suministrados por Naciones Unidas en su informe de 2015 de los ODM. Estos datos tienen, innegablemente, una doble lectura ya que el hecho de que el 40 % de la población global sufra escasez de agua no es un porcentaje aceptable.

La escasez de agua puede darse por tres causas diferentes: en primer lugar, puede tener un origen físico, es decir, que en el territorio en cuestión no haya suficiente agua para abastecer a la población; en segundo lugar, puede existir una escasez hídrica por motivos económicos, ya que a pesar de contar con agua, no se dispone de los recursos necesarios para su correcta explotación; por último, puede deberse a motivos institucionales, en otras palabras, la ausencia de una estructura que asegure el suministro y la distribución de agua de calidad a los ciudadanos. En la actualidad, un 41 % de los países sufre estrés hídrico, – una demanda superior al agua disponible – lo que pone en riesgo la salud de los ciudadanos que están expuestos a un agua potable de baja calidad o incluso a la ausencia de la misma. La agricultura, especialmente el riego de cultivos, constituye la principal causa de extracción del agua, ascendiendo a un 69 % del total. Las industrias y los municipios conforman el 31 % restante. La creciente demanda de agua dulce está dando lugar a la sobreexplotación de los recursos hídricos renovables y se ha registrado una importante crecida en el desarrollo de métodos de extracción de agua como la desalinización del agua o el agua de drenaje agrícola. Actualmente, más de 10 países extraen el 100 % de sus recursos de agua renovable, aumentando notablemente las cifras de estrés hídrico.

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El tratamiento incorrecto de las aguas para hacerlas aptas para el consumo humano desemboca en numerosas enfermedades que tienen severas consecuencias para la salud, especialmente en aquellas regiones del mundo con índices bajos de desarrollo, e incluso puede ocasionar la muerte. Precisamente, cada 90 segundos se registra una muerte infantil por enfermedades relacionadas con el mal estado del agua -la diarrea, directamente relacionado con el mal estado del agua, es la tercera causa de mortalidad infantil-. 1.500 millones de personas se ven afectadas anualmente por una de estas enfermedades. La escasez y las malas técnicas empleadas en ciertas regiones del mundo suponen un duro contraste con los hábitos de vida de los países occidentales. Sin un consumo responsable y una debida concienciación respecto a la realidad de millones de personas en otros lugares nunca podrá cerrarse el círculo vicioso de la desigualdad con respecto al agua.

Un estilo de vida no-sostenible

La escasez de agua en muchas regiones del mundo contrasta con el consumo desmedido que el modelo de vida occidental lleva aparejado. La falta de percepción del agua como un bien escaso, e incluso de lujo, hace que el derroche en su utilización sea una práctica generalizada en todos aquellos países que tienen las instalaciones necesarias totalmente integradas en la vida diaria de sus ciudadanos. Es, sin embargo, un recurso preciado cada vez menos disponible. La mala gestión del agua y las pautas de consumo irresponsable están conduciendo hacia una situación extrema. La agricultura, especialmente el riego de los cultivos, es el principal indicador de que la mayor parte del derroche del agua tiene lugar en este ámbito, sin olvidar los miles de litros de agua anuales empleados en mantener verdes instalaciones como campos de golf, símbolo de la falta de concienciación por parte de diferentes sectores de la sociedad. A todo esto, debemos sumar la conducta doméstica en los hogares que gozan de acceso al agua potable y en los que el ahorro de agua no es un hábito cotidiano. Para el año 2025, de acuerdo con el Fondo Internacional para el Desarrollo de la Agricultura, 1.800 millones de personas estarán viviendo en países con absoluta escasez de agua.

Sin duda, las directrices emitidas por Naciones Unidas sobre el consumo de agua diario recomendado por persona no se ajustan a la realidad en cuanto se compara con la cantidad de agua necesaria para producir un alimento, también conocido como huella hídrica. La ONU sugiere que se usen entre 20 y 50 litros diarios por persona para su correcta hidratación, higiene y preparación de alimentos. Sin embargo, estos datos se disparan si se contraponen con las cifras reales de utilización de agua para la producción y elaboración de comida. Una hamburguesa requiere 2.400 litros hasta que llega a la mesa de cualquier hogar o restaurante. Los números crecen aún más si se mira la huella hídrica para obtener un kilo de carne de ternera: 16.000 litros de agua.

Las amenazas a la disponibilidad de agua limpia y a que ésta pueda ser usada para el consumo humano son diversas. Otro de los grandes desafíos a los que se debe hacer frente es el de la contaminación. En todo el mundo, más del 65 % de los residuos industriales se vierten al agua contaminándola y poniendo en riesgo a la población y dificultando su tratamiento para hacerla apta para el consumo humano. La implicación por parte de las empresas es crucial para poder frenar el ritmo descontrolado de contaminación industrial de las aguas.

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Otro asunto que generalmente escapa del foco de atención pero que es de una extraordinaria importancia es el del acceso a servicios de saneamiento. Más de un tercio de la población mundial no dispone de las instalaciones de aseo necesarias para su correcta higiene, lo cual genera unas drásticas consecuencias en términos de salud pública. Los efectos también tienen repercusión económica ya que, según la Agencia de Naciones Unidas para el Agua, los países que no tienen un servicio de saneamiento adecuado pierden hasta un 7 % de su Producto Interior Bruto. Por ello, un compromiso por parte de los países más desarrollados económicamente es un asunto crucial. Por un lado, llevando a cabo prácticas responsables de gestión y consumo del agua a todos los niveles para reducir el derroche. Por otro lado, prestando su ayuda para erradicar las prácticas insalubres de los países menos desarrollados económicamente que, por falta de medios y recursos, se siguen llevando a cabo a día de hoy.

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El momento del cambio

Los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio fijados para 2015 han pasado a ser diecisiete y han de lograrse para el año 2030. Además, tienen un matiz diferenciador: la sostenibilidad. El carácter limitado de los recursos debe estar presente en cualquier plan o análisis realista que tenga como fin dotar al mundo de un carácter más justo y equitativo. Por ello, han de tenerse en cuenta numerosas variables, siendo crucial la del crecimiento demográfico y, por ende, la de la urbanización. En este aspecto, los BRICS -Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica- están jugando un papel fundamental ya que son estas potencias emergentes las que mejor ilustran la tendencia que van a seguir muchos otros países en el futuro. Un rápido crecimiento económico impulsa un incremento en los datos demográficos, que acaban acarreando un éxodo rural hacia ciudades ya existentes o, incluso, nuevas. En este sentido, se está abriendo una extraordinaria oportunidad para implementar los Objetivos de Desarrollo Sostenible prácticamente desde cero. La promoción de hábitos de gestión y consumo responsables de los recursos es crucial para que se empiece a virar hacia una forma de vida alejada del derroche imperante en la cultura occidental.

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Naciones Unidas establece que en 2030 el acceso al agua potable y segura ha de ser equitativo y universal. Igualmente, insta a que se mejore la calidad del agua, luchando contra la contaminación procedente del vertido de residuos químicos e industriales. También se recomienda un aumento de los porcentajes de tratamiento de las aguas residuales y de su reciclado. En este contexto, los ecosistemas tienen un lugar relevante, siendo crucial su protección y renovación. Por otro lado, el sexto Objetivo de Desarrollo Sostenible llama igualmente la atención sobre la situación de los saneamientos. Se fija como meta que el acceso a servicios de higiene y saneamiento adecuados sea universal para 2030, igual que la erradicación de la defecación al aire libre.

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Agua4Las organizaciones internacionales -a través de agencias como el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo-, de las organizaciones regionales -por su conocimiento de la zona y de las necesidades específicas de cada territorio- y de los gobiernos nacionales y locales -siendo los verdaderos catalizadores del cambio real en los hábitos de gestión y consumo- conforman la madeja que debe trabajar de manera activa y coordinada para que se logren los Objetivos fijados para 2030. Los programas educativos para las nuevas generaciones, basados en la formación de una conciencia sobre la escasez de los recursos y de la imperante necesidad de hacer un uso responsable de los mismos, han de ser la piedra angular sobre la que se asiente todo el trabajo del entramado de actores encargados de potenciar el cambio.

Todo ello debe incluirse dentro de una nueva concepción de la forma en la que evolucionan las ciudades, promoviendo un carácter más ecológico e integrador. Es, por lo tanto, responsabilidad de los países emergentes liderar esta oleada de cambio hacia un mundo más seguro e igualitario, en el que un gesto tan sencillo como poder beber agua limpia en tu domicilio sea una práctica universal y en la que se valore el carácter limitado del recurso fundamental que se está consumiendo.

Las cifras existentes relativas al acceso al agua potable no son aceptables. La tasa de mortalidad infantil por enfermedades relacionadas con el mal estado del agua sigue siendo demasiado alta. La situación se encuentra en un momento crítico que obliga a todos los actores involucrados, en los diferentes niveles, a tomar medidas de manera urgente y efectiva. Por ello, la gestión del agua es uno de los pilares sobre los que debe generarse el cambio. Una gestión eficiente tiene que ir acompañada por un compromiso social. Únicamente si los ciudadanos, en su vida diaria, deciden adoptar comportamientos que impulsen un giro de 180° en las pautas de consumo, el cambio podrá ser real.

Por ello, el papel fundamental lo juegan aquellos ciudadanos que comienzan ahora una vida nueva con acceso al agua potable y servicios de saneamiento adecuados. Ellos deben encabezar la nueva forma de consumir el agua en la que el derroche no tiene cabida. Las nuevas ciudades que están surgiendo tras la explosión demográfica que se está experimentando en diferentes regiones del mundo han de ser el espejo en el que las ciudades occidentales se miren para seguir una planificación urbana orientada a obtener la máxima eficiencia de los recursos. El rol del reciclado y la reutilización del agua para evitar su uso descontrolado tienen en este escenario una oportunidad para demostrar que, a pesar de la escasez, si se actúa de manera innovadora y consciente, puede haber agua para todos reduciendo las tasas de estrés hídrico.

Nada de esto tendría sentido si no se involucrara a la ciudadanía en los procesos de gestión del agua. De esta manera, se plantea una nueva forma de actuar en la que el individuo es el protagonista y está implicado en las diferentes etapas hasta que el agua llega a sus hogares. Allí es donde actuarán de manera más responsable porque conocen de primera mano el funcionamiento del proceso. Si realmente se quiere llegar al año 2030 con un acceso universal al agua potable, la nueva forma de gestionar y consumir debe emprenderse sin dilación, y la reducción de las tasas de mortalidad infantil por no tener acceso a agua limpia ha de ser la prioridad en la agenda de todos los actores implicados.

Acerca de Borja Lucas Dominguez 6 Articles

Madrid, 1992. Estudiante del grado en Relaciones Internacionales de la Universidad Rey Juan Carlos. Interesado en la Unión Europea, Mediterráneo, Organizaciones Internacionales y Derechos Humanos. Apasionado de la cultura, los viajes y los idiomas.

2 comentarios en Agua y sostenibilidad: una unión necesaria

  1. Muy interesante el artículo. El agua y la energía dos vectores esenciales de la nueva sociedad mundo que esta prefigurandose y el agua en especial un recurso que esta detrás de las guerras climáticas que están aflorando y aflorarán con fuerza

  2. Amigo Borja Lucas Dominguez, felicitaciones, soy del Perú, exacta!entre Callao – Lima , soy del Consejo Directivo de la ONG “Amigos del Medio Ambiente\ AMIGMA ONG”, En la actualidad estamos abocados a dar charlas tanto en las escuelas como a diferentes grupos recientemente estamos con grupos de Adultos mayores, por que están bien organizados, pero es difícil en un país como el nuestro, donde muchos intereses no quieren que nuestra gente reciba cultura, nuevamente felicitaciones,esperó seguir recibiendo sus publicaciones aquí al otro lado del mundo, luchando por concientizar a las personas de la importancia de el tema, mi e-mail: [email protected]

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