¡Lanzamos nuestro crowdfunding! Apóyanos en Goteo ¡Apóyanos! Crowdfunding en Goteo

La batalla pendiente en la lucha contra el VIH

En 2014, la cifra de afectados por el virus del VIH superó los 36 millones de personas. Los nuevos contagios se mantienen al alza en las zonas más desfavorecidas del mundo, donde esta epidemia supone una lacra para toda la comunidad. El desarrollo económico, político y social de muchas regiones está profundamente ligado a la enfermedad. La falta de acceso al tratamiento, el contagio de madres a hijos durante el embarazo, y las altas tasas de mortalidad entre la población joven merman el crecimiento de aquellos lugares con mayor número de afectados.

En países más desarrollados los infectados pueden mantener una buena calidad de vida, pero el estigma social que acarrea tiene serias consecuencias para los enfermos. Aparte de la discriminación que ejercen al establecer restricciones de entrada a personas con VIH, los estados hacen que se vulneren los derechos de muchos individuos y que la situación, lejos de normalizase, se vea agravada. Los esfuerzos de las organizaciones internacionales por universalizar el acceso al tratamiento, fomentar la visibilidad y la aceptación de la enfermedad entre el resto de las comunidades y reducir el número de contagios año tras año van en la buena dirección pero aún queda mucho trabajo por hacer.

Más de treinta años de lucha

En muchas ocasiones, se habla de ‘VIH’ y ‘sida’ como si fuesen términos sinónimos cuando no lo son. Cuando el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) no recibe tratamiento se convierte en el Síndrome de la Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA). Sin embargo, muchas personas viven con VIH y no tienen sida porque reciben el tratamiento adecuado que permite frenar el avance del virus. En África hay en torno a 17 millones de personas que están infectadas y no reciben ningún tratamiento. De hecho, casi dos tercios de las nuevas infecciones tienen lugar en África subsahariana. El tratamiento antirretroviral es esencial para reducir la mortalidad de la enfermedad y evitar que el virus se desarrolle y sus efectos sean más agresivos. Los avances en los tratamientos son cada vez mayores y más rápidos pero el sida sigue siendo una de las mayores amenazas en muchos países.

Se calcula que el origen de la transmisión del virus a los humanos tuvo lugar en África entre 1884 y 1924. Ya en la década de los 70, los médicos africanos comenzaron a observar un alarmante aumento de infecciones oportunistas. Será en Nueva York en el año 1981 cuando se detecte el primer caso de sida pero faltarían tres años más hasta que los científicos identificasen el VIH como la causa del sida, en 1984. A mediados de los años 80, se habían identificado más de 38.000 casos de sida en 85 países diferentes. Las Naciones Unidas lanzaron su programa contra el sida (ONUSIDA), que concentró su actividad inicial en la lucha contra la epidemia en países menos desarrollados, con un presupuesto de 300 millones de dólares. Un año más tarde, las estadísticas mostraron que en todo el mundo ya existían 22 millones de personas diagnosticadas de VIH. Una vez comenzado el siglo XXI, la ONU estableció en 2001 objetivos contra el VIH/sida a medio y largo plazo. En el año 2006, se estimó en casi 15.000 millones de dólares la cantidad necesaria para dar una respuesta efectiva contra la epidemia. Ya en 2009, Barack Obama dio un paso adelante en la lucha contra la discriminación, eliminando las restricciones existentes que prohibían la entrada a los Estados Unidos a las personas VIH-positivas. ONUSIDA anunció en 2013 que desde el mayor pico de muertes a causa del sida que tuvo lugar en 2005, las defunciones por esta causa se habían reducido un 30%. De esta manera se muestra una tendencia positiva en los últimos años, dejando atrás la época más oscura de la epidemia.

El VIH sigue siendo tabú

Actualmente, miles de personas no pueden viajar libremente por el mundo por el simple hecho de tener VIH/sida a pesar de que en el año 2011, los estados miembro de Naciones Unidas acordasen eliminar cualquier tipo de restricción relacionada con el VIH. Brunei, Omán, Sudán, Yemen y los Emiratos Árabes Unidos prohíben totalmente la entrada a su territorio a este colectivo. Sin embargo, hay otros países que pueden exigir a los viajeros que prueben que no están infectados por el virus para poder quedarse en el país. En otros lugares del mundo, si se descubre que una persona extranjera tiene VIH/sida, puede ser deportado –esto ocurre actualmente en 17 países, entre ellos Egipto, Jordania, Rusia o Singapur. Por otro lado, la cifra de países que no imponen ningún tipo de barrera para que una persona con VIH entre en su país supera ya los 140. Sin duda, la situación ha mejorado considerablemente desde el comienzo del siglo hasta 2015. Países como China o Estados Unidos han eliminado recientemente las restricciones para entrar a su territorio a personas con VIH. Sin duda, son pequeñas victorias pero que suponen un avance considerable en el camino hacia la eliminación de la discriminación que sufren las personas con VIH/sida por parte de los Estados.

Welcome notSin embargo, la lucha por la aceptación y visibilidad de las personas infectadas tiene más frentes. Además de las leyes que promulgan los Gobiernos, el otro gran desafío actual es la lucha contra el estigma social, que supone un obstáculo en la lucha por la prevención del VIH. El miedo al rechazo social hace que la gente que vive con la enfermedad decida no informar a sus amigos, familiares y parejas sexuales sobre su situación. Esto, en la mayoría de los casos, desemboca en que no comiencen el tratamiento necesario para controlar la enfermedad y mejorar su calidad de vida a medio y largo plazo, y tiene como consecuencia una reducción de la protección de la comunidad en la que viven por el aumento del riesgo de contagio.

Reducir tanto el estigma como la discriminación es fundamental para asegurar un acceso a tratamientos adecuados a las personas que ONUSIDA denomina ‘población clave’: los grupos de personas que tienen más probabilidades de estar expuestos o trasmitir el VIH y cuyo acceso al tratamiento es crucial para dar una respuesta efectiva contra el virus. Dentro de este colectivo, la ONU incluye a los hombres que tienen sexo con otros hombres, a los transgénero, a aquellas personas que se inyectan drogas, y a los trabajadores sexuales y sus clientes. A pesar de esta limitación, cada país tiene un grupo de población concreto que debe estar en el foco de su acción para luchar contra la epidemia, y que dependerá del contexto epidemiológico y social.

Un freno al desarrollo

Cuando el virus del VIH no se trata de manera adecuada, pasa a convertirse en sida, agravando las consecuencias de la enfermedad y reduciendo la calidad de vida de los infectados. En África, actualmente hay 17 millones de personas que deberían estar recibiendo tratamiento y que, sin embargo, no tienen acceso a él. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el 95% de las nuevas infecciones por el virus del VIH se producen en países en vías de desarrollo, de las cuales, dos tercios tienen lugar en África subsahariana. La epidemia afecta a todos los sectores de la población por igual, pero es innegable que golpea más duramente a los grupos más vulnerables. En todo el mundo, las infecciones por el virus han descendido un 33% desde 2001 y el número total de muertes por sida sigue una tendencia similar. Sin embargo, la cifra de niños que viven con VIH sigue siendo muy elevada: más de 3 millones fueron infectados por el virus a través de sus madres durante el embarazo, el parto o la lactancia. África es sin duda el foco de las nuevas infecciones y de las personas que no tienen acceso a tratamiento. En términos porcentuales, Suazilandia es el país con mayores tasas de población infectada, seguida por Botsuana, Lesoto, Sudáfrica y Zimbabue.

Adult prevalence

A principios del siglo XXI, muchos países subsaharianos estaban experimentando procesos de transición a la democracia. El éxito de las transiciones se basa, entre otras variables, en la prosperidad y el nivel de desarrollo de la sociedad. El sida presenta serios problemas desde la perspectiva económica ya que muchas zonas rurales están experimentando graves cambios, especialmente en las prácticas agrarias y en la gestión agrícola. Estos cambios están remodelando el conocimiento rural y, en muchos casos, las enfermedades o la muerte del cabeza de familia tienen consecuencias directas en la producción, que sufre un grave descenso. De esta manera, las familias no reciben el sustento alimenticio que necesitan para su vida cotidiana. Si a ello se suma la mala salud del sustentador principal de la familia, el resultado es una situación crítica para toda la unidad familiar. Estas circunstancias se extienden en toda la región y su relación directa con el VIH proporciona una explicación clara de los bajos índices de desarrollo y de la terrible situación a la que miles de familias se enfrentan día a día.

Las consecuencias políticas son muy preocupantes –tal y como ha apuntado Nana K. Poku, antiguo director de la Comisión sobre el VIH/Sida y la Gobernanza en África– ya que afectan a los pilares de la democracia, a los procesos de transición y a la estabilidad. En términos de participación política, se ha presenciado una modificación en los patrones demográficos de los electorados así como un debilitamiento de las bases de apoyo de los partidos políticos, lo que ha desencadenado un aumento en la cantidad de elecciones parciales celebradas y un mayor número de cambios de poder a nivel local y regional, traduciéndose en una falta de continuidad en los gobiernos y en políticas locales de desarrollo inconexas. En cuanto a la administración de estas crecientes elecciones, se ha perdido competencia y recursos humanos por lo que los procesos carecen de eficacia, lo que resulta en una disminución de la transparencia y la confianza electoral al tiempo que han aumentado las oportunidades de fraude.

En términos de opinión pública, ha aumentado el número de personas entre el electorado que se han visto afectadas de manera directa o indirecta por el VIH, por lo que el asunto ha ascendido en la lista de prioridades que los electores buscan en las políticas prometidas por los candidatos. Ello degenera en una politización de la epidemia y en un aumento de la actividad de la sociedad civil, lo que da lugar a un mayor descontento con los políticos que no dan respuesta a las demandas de mayor protección social y prevención para los enfermos. Por último, en cuanto a la Administración pública, la fuerza de trabajo se ha visto reducida por el virus y se ha perdido conocimiento institucional. Así, la capacidad para implementar las decisiones democráticas se ha reducido y se ha generado un círculo vicioso de pérdida de calidad en la prestación de servicios, dando lugar a un aumento de la corrupción, a un debilitamiento de las estructuras del Estado y a una pérdida de la legitimidad. Todo esto se traduce en una enorme inestabilidad interna en los Estados, lo que unido a la pobreza hace muy difícil que estos países se instauren en la senda del desarrollo.

Mucho camino por recorrer

Es innegable el alto coste económico que supone la lucha contra la epidemia, pero muchos países desembolsan grandes cifras para reducir sus consecuencias. En 2012, los países que más invirtieron en prevención –sólo el sector público– fueron: EEUU (925 millones de dólares) Canadá (45,4$ mill.), Reino Unido (27$ mill.), Francia (13,6$ mill.) y Sudáfrica (7,5$ mill.). La inversión en investigación para encontrar una vacuna contra el virus choca a menudo con los intereses de las empresas farmacéuticas, que obtienen unos ingresos millonarios con la venta de antirretrovirales y otros medicamentos relacionados con el VIH y supone un asunto de gran controversia.

Al margen de esto, las Naciones Unidas ha desarrollado un programa ad hoc –ONUSIDA– que, desde 1996, lidera la acción global contra la epidemia. Aunque actúan a nivel internacional, su trabajo más importante se desarrolla a nivel nacional, con el despliegue de equipos locales establecidos en países en vías de desarrollo. Actualmente, hay más de 130 equipos de Naciones Unidas operando en asuntos relacionados con el VIH. La mayoría de ellos han establecido grupos de trabajo en los que involucran a donantes, a diversas ONG y a asociaciones de personas que viven con VIH. Hay innumerables ONG y fundaciones que se dedican a trabajar y a obtener fondos para desarrollar programas que ayuden a mejorar la vida de las personas con VIH y facilitarles el acceso al tratamiento que necesitan como Médicos Sin Fronteras o la Fundación Bill y Melinda Gates. La ONU ha dedicado varias resoluciones específicas sobre el VIH/sida y sesiones especiales de la Asamblea General. También ha incluido la lucha contra la epidemia en el punto 6 de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, y el número 3 de su continuación, los Objetivos de Desarrollo Sostenible, relativo a la buena salud y al bienestar, tiene al VIH/sida como uno de sus piedras angulares.

La hoja de ruta contra el sida pasa por una universalización de los antrirretrovirales, ya que el tratamiento es crucial para evitar que el VIH se transforme en sida y que, si esto ya ha ocurrido, sus consecuencias no se agraven. Estos medicamentos han permitido que la enfermedad deje de ser mortal para ser crónica. Por lo tanto este acceso a los medicamentos antirretrovirales sumado a la implementación de terapias profilácticas para los grupos de población clave identificados por ONUSIDA hace que las tasas de riesgo de transmisión se reduzcan considerablemente. El objetivo primero debe ser aumentar la cifra de personas con acceso a terapia antirretroviral, pasando de los 15 millones actuales a los más de 36 millones de infectados totales. Las campañas de educación sexual y los programas de prevención son los otros dos ejes sobre los que debe pilotar la acción global para lograr frenar las infecciones y mejorar la vida de aquellos que ya viven con el virus.

FullSizeRender

Los líderes mundiales siguen teniendo ante sí un gran desafío que dura más de 30 años. El descenso en el número de defunciones a causa del sida así como en el número de infectados arroja algo de esperanza a los afectados por el virus. Los esfuerzos de la comunidad internacional deben centrarse en garantizar la universalidad en el acceso a los medicamentos; en aumentar las campañas de detección del VIH, para que todas aquellas personas que viven con el virus sean conscientes de ello y puedan iniciar el tratamiento adecuado; en fomentar y ampliar la educación sexual tanto en adolescentes como en otros grupos de edad para evitar que tengan prácticas de riesgo, incrementando su conocimiento sobre la epidemia y reduciendo las posibilidades de contagio; y en facilitar el acceso a métodos anticonceptivos, especialmente en países menos desarrollados económicamente, al mismo tiempo que se lucha por eliminar los tabúes y prejuicios morales o religiosos contra el uso de los anticonceptivos, cuyo único resultado ha sido un aumento de los contagios y las muertes a causa del virus.

En los países más desarrollados, así como en los menos, sigue muy presente el estigma social que soportan los enfermos por VIH, y las campañas a favor de la visibilidad, aceptación e inclusión del colectivo son cruciales para que se sientan parte de la comunidad, acepten su enfermedad y acudan a recibir el tratamiento adecuado así como que se lo comuniquen a su entorno y parejas sexuales, caminando de esta manera hacia la normalización y reduciendo los niveles de riesgo. El África subsahariana debe ser el foco de la acción contra la epidemia, por lo que la comunidad internacional debe marcarse como meta reducir las infecciones en esta región, así como el número de muertes a la vez que deben garantizar el acceso a tratamiento a los millones de personas que actualmente no lo reciben.

Tras los Objetivos de Desarrollo del Milenio, los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible se presentan como una oportunidad, ampliada y mejorada, para luchar contra la pobreza y las epidemias como la del VIH/sida; constituyen una nueva oportunidad para lograr que una de las regiones más vulnerables del mundo vea una posibilidad realista de desarrollo y crecimiento, consiguiendo que su población viva más años y en mejores condiciones, que la situación política de los países de la zona mejore y caminen hacia democracias de calidad, y que su camino hacia la prosperidad sea dentro de la sostenibilidad y la inclusión. La lucha contra el VIH se presenta como una de las claves para dar una vuelta de tuerca a la situación de pobreza y vulnerabilidad que millones de personas viven en el mundo y, si se adoptan las políticas adecuadas, la situación aún está a tiempo de revertirse.

Acerca de Borja Lucas Dominguez 6 Articles

Madrid, 1992. Estudiante del grado en Relaciones Internacionales de la Universidad Rey Juan Carlos. Interesado en la Unión Europea, Mediterráneo, Organizaciones Internacionales y Derechos Humanos. Apasionado de la cultura, los viajes y los idiomas.

Be the first to comment

Si tienes algo que aportar o comentar sobre este artículo no dudes en hacerlo!