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El canto de cisne de los movimientos revolucionarios: La Revolución de los Claveles

Durante toda la Edad Contemporánea las dos principales características de Portugal han sido, por un lado, ser uno de los países más pobres de Europa y por otro, tener una gran diáspora por diferentes zonas del mundo, especialmente en el norte y centro de Europa. Lógicamente, estas dos constantes del devenir portugués nunca dejaron de acompañar la vida política, social y económica del país. No obstante, durante los 18 meses que duró el Proceso Revolucionario en Curso, Portugal fue un país lleno de esperanzas y temores a partes iguales.

Así, cuando el 25 de abril de 1974 el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) puso fin a la dictadura del Estado Novo, se abrió en Portugal un panorama revolucionario que funcionaba en tres niveles distintos pero que estaban estrechamente conectados: el anticolonial; democrático; y el de revolución social, donde también se incluye la contrarrevolución.

Mural sobre el 25 de abril en Portugal. Sin lugar a dudas, el 25 de abril es el evento más importante en la Historia de Portugal desde la caída del Estado Novo.
Mural sobre el 25 de abril en Portugal. Sin lugar a dudas, el 25 de abril es el evento más importante en la Historia de Portugal desde la caída del Estado Novo.

La dictadura más longeva de la Europa del siglo XX: el Estado Novo

Durante casi medio siglo Portugal había vivido bajo un régimen dictatorial. En 1926 un golpe de estado protagonizado por el ejército portugués acabó con la I República Portuguesa. En 1928, Oscar Carmona, recién escogido como presidente de Portugal, convocó a Oliveira Salazar para que ocupase el cargo de ministro de finanzas. Salazar accedió, siendo este cargo el que le auparía a finales de 1932 al puesto de primer ministro de Portugal, y lo que fue más importante posteriormente, a ser el máximo líder y representante del Estado Novo portugués, el cual nació en 1933 y desapareció el 25 de abril de 1974.

El Estado Novo era un estado autoritario, con un líder único y con la prohibición de los partidos políticos y los sindicatos a excepción de aquellos que representaban directamente al régimen. En la década de 1930, el éxito de un modelo autoritario al estilo del fascismo italiano era la regla y no la excepción. Lo que resultó extraordinario del caso portugués fue la larga trayectoria del régimen salazarista. Nacido en la época de entreguerras, el Estado Novo fue capaz de sobrevivir a la II Guerra Mundial y a parte de la Guerra Fría. Su supervivencia se debió, por un lado, a su carácter anticomunista, que le permitía encuadrarse dentro del bloque occidental en la confrontación Este-Oeste, y por otro lado a su privilegiada posición geoestratégica en un hipotético conflicto contra la URSS y sus aliados.

No obstante, a pesar de englobarse en el bloque occidental, Portugal continuó siendo uno de los países más pobres y subdesarrollados de Europa. Su economía era básicamente agraria, los niveles de analfabetismo eran altos, y los resortes de la economía quedaban en manos de un número reducido de personas muy cercanas al poder político. Y lo que era aún peor, a Salazar esa situación le agradaba y la fomentaba. Obsesionado con el equilibrio macroeconómico, Salazar siempre buscó mantener las cuentas ordenadas y para ello visaba la austeridad como el mejor medio, aunque ello supusiese un estado de empobrecimiento en la economía para la mayoría de la población lusa.

Sin embargo, y aunque Portugal era uno de los países más pobres de toda Europa, era también un imperio. Angola, Mozambique, Guinea Bissau y otros territorios de ultramar continuaban bajo dominio de la metrópoli portuguesa aún a fines de la década de 1960, un momento en el que las demás ex potencias imperiales comprendieron que aquello del imperialismo de iure no tenía ningún sentido. Pero para Salazar y los demás políticos del Estado Novo, la cuestión del imperio portugués era innegociable, y si para defenderlo era necesario usar la fuerza, se usaría. Se produjo entonces el comienzo del fin del Estado Novo, aunque entonces era imposible vaticinar dicho resultado.

El Imperio Portugués a lo largo de los siglos. Para la década de 1960 las principales posesiones lusas eran la de Angola, en la costa oeste de África, y Mozambique, en la costa este de África
El Imperio Portugués a lo largo de los siglos. Para la década de 1960 las principales posesiones lusas eran la de Angola, en la costa oeste de África, y Mozambique, en la costa este de África

Nova Lisboa já não existe mais. La Revolución Colonial

Como sucedió en la Revolución Rusa de 1917 o con la creación y llegada al fascismo al poder a Italia en 1922, la Revolución de los Claveles también surgió en las trincheras. En este caso, en las trincheras de una guerra desfasada como fue la Guerra Colonial Portuguesa, aunque bajo los términos de aquel Portugal subdesarrollado y agrícola, aquellos territorios de ultramar, especialmente Angola y Mozambique, tenían una importancia relevante en la vida económica, política y social de Portugal. Por consiguiente, la Revolución de los Claveles fue, al menos en sus inicios, una revolución anticolonial.

Para un país industrializado resulta más bien sencillo manejar territorios a través de los resortes económicos, como son tratados de libre comercio, empréstitos y otros mecanismos de dominación directa. Sin embargo, para Portugal, dicha dominación era clave para poder mantener a flote su ya débil economía. Angola y Mozambique eran mercados destinados exclusivamente para productos portugueses, lo cual era bastante importante para productos lusos que en condiciones de libre competencia apenas podrían competir con productos de otros países desarrollados. Eso sin contar que desde el punto de vista político, el hecho de que un país en la periferia de Europa tuviese un imperio era motivo de orgullo para las élites portuguesas, más allá que el resto del mundo lo observase como un sentimiento trasnochado y caduco. Y por otro lado, desde el punto de vista social, el gobierno de la metrópoli intentaba hacer, aunque sin gran éxito, atractivas las colonias portuguesas para que la emigración de Portugal se desplazase hacia África y no hacia países de Europa como Luxemburgo o países de América Latina como Brasil.

Sin embargo, como todo imperio de ultramar, el portugués también tenía fecha de caducidad. Así, a comienzos de la década de 1960, diferentes grupos de Angola, Mozambique y otros territorios del imperio comenzaron a organizarse para la resistencia armada. Aquello no era más que el principio del fin. Sin embargo, las autoridades lusas se obcecaron en luchar contra dichos grupos, en una guerra que duraría 13 años (1961-1974) y que llevaría a la desaparición del Estado Novo.

El esfuerzo militar pasó factura en todas las facetas de la vida de Portugal. El gasto económico en aquella guerra perdida de antemano fue creciendo año tras año. Esto endureció todavía más las condiciones de vida de la población portuguesa, y especialmente las de aquellos jóvenes que debían hacer el servicio militar obligatorio. Así, dicho servicio pasó a durar cuatro años, dos de ellos en territorios de ultramar, lo que en la práctica significaba dos años en la guerra. Aquello comenzó a ser demasiado para los cuadros medios del Ejército –provenientes mayoritariamente de la clase trabajadora–, los cuales observaban cómo tenían que luchar –y morir– en una guerra que no podía ser vencida y por un Estado inepto, ineficiente y dictatorial. Fue en este contexto de agotamiento por la guerra en África y por las ansias de tumbar el Estado Novo para instalar una democracia en el cual nació el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA), el cual sería la pieza clave del éxito de la Revolución de los Claveles.

Los claveles sólo florecen en primavera. El fin del Estado Novo

En aquel 25 de abril de 1974 muy pocos sabían que la Revolución de los Claveles se iba a producir. Sin embargo, las condiciones para una revolución estaban allí. Empobrecimiento, insatisfacción social, despertar de la conciencia social, deseos por libertades y derechos políticos, económicos y sociales, todo ello conectado y despertado por la guerra colonial que fue el hecho que desencadenó la toma del poder por parte del MFA.

El golpe de Estado llevado a cabo por el MFA tuvo un éxito inmediato y rotundo. Un nuevo tiempo comenzaba para Portugal. Un nuevo tiempo en donde el estado lusitano pasaría a ser una democracia. Un tiempo en donde nadie sería perseguido por profesar una determinada ideología política, en donde la gente pudiese asociarse libremente, en donde los derechos económicos serían reconocidos, en donde no existiría ya policía secreta. En resumen, el 25 de abril de 1974 comenzaba, nada más y nada menos, la democratización de Portugal.

A la izquierda la portada del diario A Capital donde se anuncia la toma de poder por parte del MFA. A la derecha un cartel propagandístico destinado a fortalecer las relaciones entre el MFA y el pueblo portugués
A la izquierda la portada del diario A Capital donde se anuncia la toma de poder por parte del MFA. A la derecha un cartel propagandístico destinado a fortalecer las relaciones entre el MFA y el pueblo portugués

Durante el año y medio posterior, en Portugal se formarían tres grupos de poder con diferentes objetivos, pero todos ellos legitimados por el momento histórico en el que estaban viviendo. Por un lado, encontramos el gobierno provisional instalado por el MFA y el cual era apoyado por el Partido Comunista Portugués. En segundo lugar, el bloque formado por el Partido Socialista, el Partido Popular Democrático y el Centro Democrático y Social surgido en las elecciones de abril de 1975 a la Asamblea Constituyente. Y por último, los grupos de autogestión y organización que se iban formando a lo largo del todo el país en las universidades, en las fábricas o en los campos, que apostaban por un modelo de democracia directa. Esto sería la cuestión de la revolución y la contrarrevolución.

Apostar al rojo. Revolución Social en Portugal

Los sucesos del 25 abril tenían el objetivo de derrocar a la dictadura que suponía el Estado Novo. Lo que sucedería después era completamente desconocido, tanto dentro como fuera de Portugal. Sin embargo, el primero de mayo de 1974 estableció que a corto plazo lo que vendría tras el 25 de abril sería una revolución social.

Aquel día, millares de personas salieron a las calles de Portugal, principalmente de Lisboa, con el objetivo de celebrar la caída del régimen y la liberación de los presos políticos. Además, en la capital portuguesa, Mario Soares, líder del Partido Socialista portugués, y Álvaro Cunhal, el secretario general del Partido Comunista Portugués, hablaron para el público reforzando la idea de que ambos partidos deberían ser los principales en el gobierno provisional porque eran los principales representantes de la clase obrera portuguesa.

Video sobre el Primero de Mayo en Portugal en el año. Muestra parte de las intervenciones de Alvaro Cunhal y de Mario Soares

Lo cierto es que cada revolución o cambio brusco tiene su propia idiosincrasia y vocabulario. En el caso portugués esa idiosincrasia y vocabulario apelaba directamente al socialismo. Todas las organizaciones políticas, al menos aquellas que tenían más representatividad, hablaban de conseguir alguna forma de socialismo. No sólo se trataba del PCP, sino también del Partido Socialista, que popularizó la forma de “Socialismo com liberdade”, e incluso el PPD de Sá Carneiro, un partido liberal, también se refería al socialismo como objetivo a conseguir. Lógicamente, el ritmo de los tiempos obligaba a usar aquella dialéctica y retórica.

Más allá de lo anterior, el proceso revolucionario puede ser dividido en tres fases diferentes. Una primera etapa que iría desde el 25 de abril hasta el 11 de marzo de 1975, en donde se forjaría un amplio frente social y popular entre la clase trabajadora y las clases medias agotadas tras años de ineficiencia de Salazarismo contra las élites económicas y políticas de aquel tiempo. Este frente social apoya abiertamente al movimiento MFA, la unidad de acción entre el PS y el PCP, y la implementación de amplias libertades y derechos económicos, sociales, políticos y culturales. Por otro lado, existe una segunda fase que va de marzo a julio de 1975 que es claramente pre-revolucionaria.

Portada de la revista Time en la cual alude al peligro comunista en Portugal. Los tres personajes que se ven en dicha portada son Otelo Saraiva Carvalho, Vasco Gonçalves, y Costa Gomes
Portada de la revista Time en la cual alude al peligro comunista en Portugal. Los tres personajes que se ven en dicha portada son Otelo Saraiva Carvalho, Vasco Gonçalves, y Costa Gomes

En este sentido, “los de abajo” sienten que en la unión está la fuerza, y comienzan a auto organizarse para tomar el poder en las fábricas, en los campos, en las universidades, etc. Además, la mayor parte de las élites abandonan el país, las nacionalizaciones de empresas y sectores económicos clave se suceden día tras día y el imperio colonial se liquida concediendo la independencia oficial a casi todas las colonias.

Además, sería en este momento cuando las desavenencias entre las diferentes legitimidades en la Revolución Portuguesa comienzan a sucederse. Y por último, un último periodo que va desde julio hasta noviembre de 1975 y que se puede catalogar como de crisis revolucionaria.

Así, parte de las masas rompen definitivamente con el PS y el PCP, Angola obtiene oficialmente la independencia, el MFA se divide y organizaciones que usan la violencia aparecen en los dos espectros políticos. En este sentido, se producen las condiciones para que o bien triunfe definitivamente la revolución social, o bien triunfe un golpe contrarrevolucionario. Finalmente ocurrió lo segundo.

El blanco gana. La victoria de la contrarrevolución en Portugal

Sin embargo, a pesar de que “avanzar hacia algún tipo de socialismo” era el objetivo declarado tras el triunfo del 25 de abril no todos estaban de acuerdo con esa estrategia. Las clases dominantes, que no tenían el objetivo de ceder sus privilegios tan fácilmente, decidieron organizar una contraofensiva contra lo que catalogaban como una deriva hacia el bolchevismo en Portugal. Para ello, le encargaron a Antonio de Spínola que se hiciese cargo de la situación.

El 28 de septiembre de 1974 Spínola encabezó un pequeño grupo de conspiradores que intentaron hacerse con el poder a través de un golpe de Estado apelando a la “minoría silenciosa”, esto es, a los sectores más reaccionarios de las áreas rurales portuguesas. La intentona golpista fracasó gracias a la resistencia de varios grupos de la izquierda radical, entre ellos el PCP, que formaron barricadas en los accesos a Lisboa para impedir que los manifestantes entrasen en la ciudad.

Aunque este primer intento de golpe por parte de los sectores más reaccionarios fracasó, su líder, Spínola se salió relativamente intacto. Más aún, cinco meses después de los acontecimientos del 28 de septiembre, el mismo general volvió a encabezar otro intento de tomar el poder el 11 de marzo de 1975. Sin embargo, al igual que sucedió en la primera intentona, y a pesar de contar con ciertos cuerpos del Ejército de Portugal a su disposición, este intento de putsch también finalizó en fracaso absoluto. Tras esta segunda tentativa, el crédito de Spínola para liderar la contrarrevolución estaba agotado. Era necesario buscar una nueva figura, alguien que también pudiese apelar a las clases trabajadoras. El escogido fue Mario Soares.

Mario Soares, y el Partido Socialista por extensión, habían vuelto a Portugal hablando de socialismo y de alianzas con el PCP. Sin embargo, ese discurso fue liquidado después de las elecciones a la Asamblea Constituyente de 1975. Aquellos comicios dejaron claro que en términos de rendimiento electoral el PS estaba muy por encima del PCP. Sin embargo, a pesar de la victoria, el PS no tenía los resortes del poder, sino que estos recaían en el Gobierno Provisional, liderado en aquel momento por Vasco Gonçalves, y que estaba fuertemente apoyado por el PCP. Además, el PCP tenía aún una gran capacidad de convocatoria entre las masas portuguesas, algo de lo que el PS carecía.

Sin embargo, la elección de Soares como líder de la contrarrevolución no sólo se dio por las clases medias y las clases dominantes portuguesas, también por la diplomacia internacional y los servicios secretos internacionales, entre ellos los de Estados Unidos, que hicieron que la balanza se decantase del lado de los socialistas portugueses. Además, en el verano de 1975 el propio Soares comenzó a acusar con que el PCP preparaba un golpe al estilo del golpe de Praga de 1948 debido a que cada vez tenían mayor fuerza dentro del ejecutivo provisional. Los comunistas no supieron cómo reaccionar ante las acusaciones de Soares, mientras el PS supo capitalizar todo el apoyo que ahora recibía por parte de diferentes sectores para erosionar al PCP y al gobierno de Vasco Gonçalves, el cual recibía su principal apoyo del PCP y parte del MFA.

El nuevo empuje del PS provocó el desgaste del PCP, del ejecutivo de Vasco Gonçalves y de la división interna del MFA, dentro del cual se creó el Grupo de los Nueve. Lo curioso es que dicho grupo, liderado por Ramalho Eanes, fue quien llevó a cabo un autogolpe con el que se acabó el Proceso Revolucionario en Curso. Los principales partidos, a excepción del PCP, apoyaron el golpe militar que acabó con la posibilidad de implementar una revolución social en Portugal, al mismo tiempo que recuperaba la “legalidad democrática”, esto es, un sistema democrático liberal y una economía de libre mercado. Fue así como la contrarrevolución comenzó a triunfar en Portugal.

A cuatro décadas del 25 de abril

Todo lo que vino después de aquel golpe militar del 25 de noviembre se puede considerar como el triunfo de la contrarrevolución en Portugal. Las tierras se fueron desocupando, la auto organización en fábricas, universidades y centros de trabajo fue decayendo hasta desaparecer finalmente. La movilización política pasó a ser una cuestión que se canalizaba mayoritariamente a través de las instituciones, mientras que muchas de las conquistas sociales fueron erosionadas o directamente eliminadas. Lógicamente este proceso no se produjo en un lapso de tiempo pequeño, sino que se fue desarrollando a lo largo de la década de 1980 y 1990 con momentos como la entrada en la Unión Europea. Así, la revolución social y el camino hacia el socialismo fue sacrificado con el objetivo de seguir formando parte de la periferia del capitalismo occidental.

No obstante, el 25 de abril y su significado como revolución social siguen vivos en parte de la población lusa, lo cual se puede observar claramente en las celebraciones anuales que se suelen dar en torno a este evento. Aún así, claro está que en la confección del Portugal actual el nivel democratizador y contrarrevolucionario ha tenido mucho más peso que el nivel social.

Acerca de Marcos Ferreira 13 Articles

Marcos Ferreira Navarro (1990). Graduado en Historia. Interesado en los Balcanes y el Cáucaso, especialmente en los fenómenos relacionados con Yugoslavia o el espacio pos-yugoslavo. Aquí escribo sobre geopolítica y asuntos internacionales, en otros sitios sobre deportes. Todo tema es relevante si se trata con rigor.

5 comentarios en El canto de cisne de los movimientos revolucionarios: La Revolución de los Claveles

  1. Gran artículo, me ha encantado leerlo. Lamentablemente la contrarrevolución venció y el cambio real no fue posible en Portugal, ahora soportan el empobrecimiento y la humillación de la Troika. El 4 de octubre tienen elecciones, lo mismo hay sorpresas…

  2. Consigue un ejemplar del libro Les nouveaux centurions, escrito por Daniel Brignon (Daniel Bequignon) del diario Libération, el mejor relato de los acontecimientos de esa madrugada. Ese golpe de estado dio el poder a Alvario Cunhal y al partido comunista. Hubo que repetirlo por disposición del stay behind para poner a un lado a los comunistas y llevar al poder al socialista Soares, fiel al Gladio.

  3. Soares y Felipe González simbolizaron la consumación del anuncio de que en los años setentas el “marxismo” llegaría al poder en Europa. Vaya marxismo bendecido por el operativo gladio. El canalla stalinista Santiago Carrillo, cabeza de una fuerza política mayor que la de los socialistas optó por la rendición para evitar su defenestración como ocurrió a Cunhal. ¿Revolución de los claveles? Cuéntaselo a otro.

  4. Decir que ganó la contrarrevolución me parece, cuanto menos, contradictorio y confuso, sobre todo cuando el concepto contrrevolución no sería correcto aplicarlo a la instauración de una democracia multipartidista.

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