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Mujer y terrorismo: de la Declaración de Beijíng al Estado Islámico

No hay una visión completa del terrorismo global. No es cuestionable que el sexo femenino viva consecuencias cada vez más complejas en situaciones de violencia extrema. Pero tenemos que ir más allá. Nos encontramos en una época de continua evolución tanto de las políticas contraterroristas que tienden cada vez más hacia una metodología más pasiva, como de los grupos terroristas que involucran a mujeres entre sus filas. ´Mujeres, víctimas del terrorismo´ es una percepción muy común y cierta, no obstante, proviene de una vista inconclusa si nos aproximamos a la materia integrando una perspectiva de género. ´Mujeres, victimas, perpetradoras, captadoras y promotoras del terrorismo global´ sería algo más acertado.

Históricamente, han estado involucradas en conflictos, principalmente en Asia Central, Europa y América Latina desde la década de los sesenta. El grupo español ETA, el IRA irlandés, las FARC colombianas, el movimiento maoísta, el Ejército Rojo Alemán, los Tigres de Liberación Eelam Tamil de Sri Lanka (LTTE) son algunos ejemplos de organizaciones en las que ellas llegaron a integrar un tercio de los miembros dando apoyo logístico y operativo. Se posicionaron en las primeras líneas y asumieron roles versátiles al escenario y a las necesidades a los cuales se enfrentaban.

Desde los ataques del 11 de Septiembre, en Europa y Estados Unidos, el terrorismo se encuentra en una continua evolución y tiende a adaptarse a las políticas antiterroristas, mientras que en Oriente Medio actualmente ocurre el caso contrario. Por ello, el contraterrorismo deberá acondicionarse y tomar en cuenta todos los factores involucrados en el conflicto jihadista, esto incluye las diferentes caras de la mujer en el terrorismo islámico, mayoritariamente representado por Al Qa´ida, Boko Haram y del autoproclamado Estado Islámico (EI). Oriente Medio y el Norte de África (MENA) sobrepasan a Afganistán y el Sudeste Asiático, convirtiéndose así en la región más violenta del mundo; Europa mantiene su posición como la región más pacífica, según el Índice de Paz Mundial. Por ello son destacables los datos migratorios recogidos por el Centro de Estudios sobre Radicalización y Violencia Política (ICSR) y el Instituto para el Dialogo Estratégico (ISD), que reflejan el aumento de mujeres migrando hacia la región. En estos datos se cifran a más de 550 mujeres procedentes de Europa actualmente habitando en territorio controlado por el Daesh, cuya edad oscila entre quince y treinta años e integran el 13,7% sobre un total de 4.000 europeos ya en la sociedad creada por el EI mantenida por más de 20.000 combatientes extranjeros.

COmbatientes extranjeros Daesh

 

Mujeres europeas Estado Islamico

Mientras que las cifras y las complejidades aumentan, superando los límites de la jihad afgana, han pasado veinte años desde la Declaración de Beijing. En 1995, se acordó, entre muchos otros objetivos, elaborar una metodología para incorporar perspectivas de género en todos los aspectos de la formulación de políticas, así como incrementar la participación de la mujer en la solución de los conflictos a niveles de adopción de decisiones y proteger a las mujeres que viven en situación de conflictos armados, de otra índole o bajo ocupación extranjera. Esto mismo se encuentra reflejado en las Resoluciones del Consejo de Seguridad 1325 y 2178. Desde 1992 a 2011, menos del 4% de las firmas en acuerdos de paz y menos del 10% de los negociadores son mujeres. La involucración de la mujer en el liderazgo de las Relaciones Internacionales todavía no ha tenido lugar. Ellas deben de estar en la primera línea para construir medidas antiterroristas y formar parte de las fuerzas pacificadoras, pues también hay féminas integrando las primeras filas de los grupos armados y sosteniendo estas organizaciones.

ARTÍCULO RELACIONADO: Un mundo para las mujeres, análisis de la Plataforma de Acción Beijing (Diego Vintimilla, Marzo 2015)

Boko Haram y Ansar al Sunnah, de victima a terrorista

Encontramos a las mujeres como víctimas en un grado mucho mayor que perpetradoras. Esta es la cara más habitual de la mujer en un conflicto. La violación sistemática de mujeres es considerado por resoluciones de la ONU y debe de ser considerado por centros antiterroristas como una forma más de terrorismo. Los actos de Boko Haram comenzaron a ser conocidos por el público como violaciones y secuestros de féminas. Algunos expertos sostienen que la violación es una estrategia de guerra y es utilizada por grupos armados para avanzar hacia sus fines y realizar una limpieza étnica. En ciertas comunidades islámicas la violación se traduce a deshonra para las familias y las víctimas. Las posibilidades en la vida de estas se ve muy reducida y por ello la radicalización es más factible.

Un ejemplo de cómo la situación de victima puede evolucionar hacia un papel activo en organizaciones fueron la violaciones y posterior radicalización de mujeres organizada por la iraquí Samira Ahmed Jassim, que recluto a 80 mujeres para la organización Ansar al-Sunnah, actual grupo insurgente aliado con el frente Al-Nusra. A fecha de hoy 32 de ellas han llevado a cabo ataques, muchas de ellas con un mayor alcance que los realizados por hombres.

Samira Ahmed Jassim representa la segunda cara de la mujer en áreas de conflicto, una de las muchas captadoras y promotoras que podemos encontrar entre las mujeres miembros de grupos jihadistas. En estos grupos las mujeres no tienen la oportunidad de jugar un rol más decisivo ni de incrementar su liderazgo, por ello, los dos papeles centrales que juegan dentro de la organización son de madre y mujer. Transmiten valores a las siguientes generaciones y glorifican el extremismo. Entre el EI está evolucionando la propensión de mujeres llevando a cabo esta acción a través de Internet, especialmente en blogs para la radicalización y apoyo de jóvenes europeas. Prototipo de ellos es el blog Umm layth llevado por Aqsa Mahmood, escocesa que desde 2013 apoya a las jóvenes que decidan llegar hacia Siria e Iraq y abandonar el corrupto sistema occidental en el que viven.

MÁS INFORMACIÓN: Blog Umm Layth y Blog Abu Sa’eed Al Britani

De matrimonios estratégicos a mártires en Al-Qa’ida

En Bangladesh se encuentra un creciente número de mujeres apoyando la jihad. Están en la primera etapa del reclutamiento indirecto. En Al-Qa’ida su papel como reclutadoras fue relevante, ya que especialmente desde 2004 fueron incluidas en las primeras etapas formativas de los guerrilleros. En Iraq llevaron a cabo misiones suicidas y el actual líder de la organización Ayman Al-Zawahiri las llegó a reconocer como mártires. El papel más relevante que jugaron dentro de Al-Qa’ida fue en matrimonios estratégicos realizados con otras organizaciones, principalmente con Jemaah Islamiyah en el sudeste asiático. Estos solidificaron la base de las alianzas y la expansión de la que un día fue la mayor red terrorista a nivel mundial.

Mientras el Estado Islámico reniega la posibilidad de que las mujeres asuman el papel de mártir o mujahidin, se enfrentan a una milicia kurda compuesta en un 30% por mujeres. 7.500 se han unido en los últimos años a la Unidad de Protección de Mujeres o la Unidad de Defensa del Pueblo para combatirlos. Su objetivo es luchar contra las fuerzas que amenazan las áreas kurdas. No se les puede considerar como una brigada antiterrorista, aun así, su labor contra el EI ha sido relevante en el norte de Siria, especialmente en el área de Rojava. Existe la creencia entre los integrantes masculinos del EI de que si mueren a causa de actos llevados a cabo por una mujer no irían al paraíso ni recibirán su prometida recompensa.

Siria Estado Islámico Mayo 2014 y 2015

Mujeres del Estado Islámico y kurdas en la línea de combate

En 2014 el EI creo la Brigada Al-Kanssaa, cuadrilla femenina con la finalidad de controlar a los hombres que visten de mujer en los puntos de control para confundir a sus autoridades. Actualmente, aunque la brigada no se utiliza con la finalidad de que las mujeres estén involucradas activamente en el conflicto, su papel si está en vías de evolución. ‘Sean tus hijos ladrillos y almirez de la torre majestuosa y los minaretes del Estado Islámico’ es una cita de su último manifiesto, en el que se refleja uno de los claros deberes de las mujeres dentro del territorio del Daesh. Son ellas las encargadas de inculcar los valores islamistas a sus hijos y de comenzar la radicalización. Esto también sucede aunque en menor medida en el jihadismo local en occidente. De hecho, la policía británica está solicitando a las mujeres musulmanas que colaboren en la persuasión de jóvenes en sus comunidades en las que las intenciones de luchar en Siria e Iraq están aumentando.

MÁS INFORMACIÓN: Acceder a una traducción y análisis completo del Manifiesto de la Brigada Al-Kanssaa ‘Mujer en el Estado Islámico’

La tercera cara de la mujer en conflicto es como perpetradoras. El primer ataque suicida femenino registrado relacionado con el movimiento jihadista tuvo lugar contra un convoy israelí en 1985 y fue llevado a cabo por una joven libanesa de tan solo 17 años de edad. A partir de entonces, desde las Viudas Negras de Chechenia a Muriel Degauque, la primera mujer europea en llevar a cabo un ataque suicida terrorista en nombre de Al-Qa´ida, el número de mujeres perpetradoras sólo se acrecienta al igual que la atención recibida por los medios de comunicación. Cuando las mujeres están tan involucradas en este tipo de actos, el miedo y la amenaza es mayor. Es un hecho que los ataques llevados a cabo por mujeres son tres veces más efectivos y producen más fatalidades que los perpetrados por el otro sexo. Los medios tienden a una interpretación sexualizada de los motivos detrás del ataque cada vez más abstractos. Principalmente, no se considera la idea política detrás del acto y se inclinan por razones puramente sentimentales. Esto nos lleva a pensar que el suicidio femenino terrorista no representa nada relacionado con la igualdad entre géneros sino otra forma más de sumisión a nivel mediático y terrorista.

La cuarta cara de la mujer sería como participativas. Tras la expansión del jihadismo a nivel internacional y el surgimiento de Daesh, es más común entre las mujeres el sentimiento que les impulsa a sumarse a la jihad. Las mujeres migrantes al EI podrían evolucionar de su rol actual dentro de la estructura como mujeres, madres y profesoras a perpetradoras dentro del Estado Islámico, pues muchas ya han expresado su deseo en formar parte de las primeras líneas combatientes. En enero de este año la brigada Al-Khanssaa publicó el ya mencionado manifiesto bajo el título de ‘Mujeres del Estado Islámico’ no sólo como propaganda sino como una llamada o gesto de reclutamiento. Tiene el propósito de definir la posición de la mujer en su sociedad y llamar a la oposición ante el modelo occidental de vida en lo que al ámbito femenino respecta. También podemos encontrar en este documento cómo se debe desarrollar la vida entre los bordes del Daesh, sus principales funciones diarias y como era de esperar, una principal importancia a la maternidad y al apoyo familiar.

Sólo bajo ciertas circunstancias está permitido que abandonen sus hogares, como en el caso que desee estudiar teología o si es médico o profesora. En el caso de que una fatwa, pronunciamiento legal emitido por un mutfi, especialista reconocido en la ley islámica sobre una cuestión específica, las llame a luchar porque la situación de la comunidad islámica, ummah, está en peligro, deberán luchar como las mujeres de Iraq y Chechenia lo hicieron. Si las mujeres combatientes llegan a las primeras líneas del EI, dos escenarios son posibles: o bien están teniendo dificultades operativas y sostener el territorio no es posible si se realiza sólo por hombres o están evolucionando hacia otra concepción de la mujer. Hasta ahora las mujeres juegan un papel concluyente en la mantención y apoyo del Estado Islámico y de otras organizaciones terroristas, sin embargo, no podemos afirmar que hasta el momento esté en la misma línea que el hombre, por cuestiones religiosas y políticas. Esto se refleja en los videos y propaganda del Estado en los que rara vez aparecen imágenes de mujeres o niñas.

En vista de la creciente complejidad de la situación de la mujer en áreas de conflicto el contraterrorismo debe reaccionar. Los matrimonios estratégicos de Al Qa’ida, las violaciones sistemáticas de Boko Haram, el aumento de migrantes femeninas al Estado Islámico, además de los posibles papeles atribuidos a la mujer dentro de las organizaciones terroristas como perpetradoras, sustentadoras vistos en este artículo deben de ser interpretados como una llamada al avance en el campo antiterrorista y de las Relaciones Internacionales. Involucrando a la mujer entre sus filas para poder mitigar las consecuencias que el terrorismo ejerce sobre la vida de muchas féminas y antes de que este aplique una perspectiva más práctica sobre el género femenino, ser consciente de esto es algo necesario para combatir a una de las primeras grandes amenazas del siglo XXI.

MÁS INFORMACIÓN: Para más información sobre el papel de la mujer en el terrorismo y contraterrorismos: Perspectiva Global y Estado Islámico

Acerca de Michelle Delgado 1 Article

Michelle Delgado Van Demen. Málaga, 1994. Estudiante de Relaciones Internacionales entre la Universidad Rey Juan Carlos y la Universidad Argentina de la Empresa. Actualmente colaboro con el departamento de Sostenibilidad en Ferrovial Reino Unido. A nivel personal trabajo con varias organizaciones para la promoción y protección de Derechos Humanos. Me apasiona el cambio climático y la política y literatura latinoamericana.

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