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Los EAGLEs o el ascenso del Sur global

El siglo actual va a ser, sin duda alguna, un siglo de cambios a nivel global. En el aspecto político, económico, energético o demográfico nada será como antes. Ni siquiera como en algún otro momento de la Historia. En el mundo occidental disminuye poco a poco la inercia ganada durante los siglos XIX y XX; sus economías pierden competitividad en muchos campos al mismo tiempo que la actividad se traslada al arriesgado mundo financiero; políticamente no se consigue dar una respuesta integradora a los desafíos que el escenario global plantea, y cada día perdido en este aspecto es otro paso más hacia una futura irrelevancia internacional; además, a esto se le añade la nada despreciable cuestión demográfica, un estancamiento poblacional que, si bien ayuda a gestionar mejor los ya de por sí escasos recursos actuales, plantea serios retos de cara a las generaciones venideras. El Norte, por tanto, acabará cediendo el testigo de la hegemonía global en la segunda mitad de este siglo o en el siguiente. La pregunta, sin embargo, es a quién.

Desde hará algo más de una década, el concepto “emergente” cada vez es más habitual. Lo que durante la Guerra Fría eran “países subdesarrollados” luego fueron rebautizados – también por una cuestión de sensibilidad – como “en vías de desarrollo”. De ahí algunos han pasado a ser “emergentes” en la actualidad, pero el término ha sido tan manido que en parte ha perdido su significado. No es raro ver un país catalogado como emergente por presentar durante un corto espacio de tiempo unas cifras de crecimiento económico anormales – del 12% o el 15% – sin considerar otros factores que despejarían toda duda sobre la inexistencia de tal emergencia.

Por este motivo se ha acabado creando toda una colección de acrónimos para agrupar en base a unos criterios bastante estáticos una serie de países determinados que, acorde al análisis de su creador, tienen algún nexo común de cara a futuro. Así, nos encontramos desde los conocidos BRIC(S) – hasta en la inclusión de Sudáfrica hay debate – a los CIVETS, los MINT o los VISTA. Sin embargo, la gran flaqueza de estas formaciones es la de una identidad forzada y las ataduras del concepto del propio acrónimo a la adecuada marcha de los países incluidos. Los BRICS es el único bloque que ha conseguido institucionalizar de manera mínima ciertos aspectos mediante un foro, algo que en el resto de grupos emergentes no ha ocurrido.

Distintos bloques emergentes que se manejan en la actualidad
Distintos bloques emergentes que se manejan en la actualidad

Sin embargo, y dada la afición anglosajona por los acrónimos – que tiene buena parte de marketing –, existe otro grupo, más dinámico, que resulta interesante de cara a analizar este fenómeno de los países emergentes, que en su mayoría son del Sur global. Así, los llamados EAGLEs y su “nido” – Nest – se han conformado como una alternativa a los grupos estáticos, abriendo nuevas posibilidades al estudio del fenómeno emergente y, sobre todo, a contemplar distintos escenarios en un futuro no muy lejano.

Repensando el Sur del futuro

EAGLEs proviene de Emerging and Growth-Leading Economies, o lo que es lo mismo, Economías Emergentes que lideran el Crecimiento Global. Este término fue acuñado en el año 2010 por BBVA Research con el fin de identificar aquellas economías que iban a contribuir de forma notable al crecimiento global en la década siguiente. Además de las características propias de este conjunto de países, estos estudios proveen también de un contexto mundial en el que se desarrollarán dichas economías y que marcarán en buena medida su papel en el escenario internacional.

Uno de los puntos a favor de estos EAGLEs es la propia posibilidad de cambios en la composición del grupo. Como tal, un país emergente se considera “águila” si su contribución al crecimiento económico global – cuantitativamente hablando – será mayor en los próximos diez años que la media de los países del G6 – G7 menos Estados Unidos –. Sin embargo, y obviando el hecho de que los países desarrollados no pueden entrar dentro de este término, existen por debajo una serie de divisiones al más puro estilo deportivo cuyos miembros suben o bajan de categoría en tanto en cuanto su situación económica vaya mejor o peor. Así, la “Segunda División” de los EAGLEs son los llamados “países del nido”, economías de menor tamaño pero con un potencial interesante. Estos países Nest se rigen por criterios similares a sus hermanos mayores, solo que en vez de ser comparados con los países del G6, su aportación al crecimiento global en la década siguiente debe ser superior a la media de los países desarrollados, excluyendo G7, cuyo PIB en paridad de poder de compra (PPA) sea superior a 100.000 millones de dólares. Para hacernos una idea, los países con estas características serían aquellos de la Europa occidental, Israel, los cuatro Dragones asiáticos, Australia y Nueva Zelanda.

Por debajo de las águilas y su nido encontraríamos varias decenas de países que, si bien algún día puedan aspirar a ser emergentes, lo cierto es que su situación actual dista mucho de ser óptima, a menudo lastrados por la inestabilidad política, económica o incluso la guerra. La zona de Asia Central y buena parte del África Subsahariana se encuentra en ese limbo entre lo emergente y la irrelevancia económica a nivel internacional.

En verde, países EAGLE. En amarillo, los países del nido. Fuente: BBVA Research
En verde, países EAGLE. En amarillo, los países del nido. Fuente: BBVA Research

A pesar de los pocos años que se llevan haciendo estos estudios, ya se ha podido constatar por otra vía lo que ya es un hecho casi consumado: la emergencia de Asia-Pacífico como un futuro centro de gravedad de la economía internacional. No obstante, tampoco hay que menospreciar el hecho de que en general, es el Sur global el que emerge, aunque Asia aglutine a buena parte de los países; todo un arco de posibles potencias que abarca desde el continente más grande del mundo a América Latina, pasando por la orilla norte y sur africana. Un factor que evidencia la creciente multipolaridad global en términos económicos.

Sin entrar a analizar uno por uno los treinta países que componen este grupo, sí es interesante pararse en algunos de ellos y en especial en las zonas en las que se sitúan. No debemos olvidar que, a pesar de ser emergentes y por este motivo frágiles, su preponderancia económica o internacional queda patente, y en un futuro cercano querrán sacar ventaja de ese potencial, especialmente en su radio de acción más cercano.

En este sentido, Asia es el gran centro emergente. Los tres BRIC asiáticos, cómo no, son EAGLEs. Sin embargo, toda una serie de países aparentemente complementarios están en un estatus similar o en el Nido. En el sudeste asiático, por ejemplo, no hay un solo país de cierto tamaño que no tenga excelentes perspectivas futuras. Indonesia, Tailandia y Filipinas juegan, en esta zona, en el primer nivel, acompañadas en un segundo plano pero ni mucho menos de manera secundaria por Vietnam, Malasia y Birmania. Este potencial, unido al de países ya consolidados como Japón, Corea, Taiwán y las “ciudades-estado” de Singapur y Hong Kong, conforman – y conformarán – un área económica y comercial de enormes dimensiones, tanto en términos geográficos como en cifras productivas y de intercambios.

En dirección oeste, el subcontinente indio, en su concepción geopolítica más amplia, también es otro polo de desarrollo, ya que tanto la India como sus escindidos vecinos musulmanes, Pakistán y Bangladesh, están dentro del grupo EAGLE, pero también forma parte del segundo nivel Sri Lanka, un país que por estar a la sombra de tan importantes colosos suele pasar muy desapercibido, cuando lo cierto es que al haber superado buena parte de sus conflictos internos, su posición en el Índico como país “comodín” podría ser considerable.

Desplazamiento del centro de gravedad económico global para 2045 y previsiones de aportación al crecimiento global en 2024. Fuente: BBVA Research
Desplazamiento del centro de gravedad económico global para 2045 y previsiones de aportación al crecimiento global en 2024. Fuente: BBVA Research

La región de Oriente Medio es otra zona de notable densidad emergente. El trío que en buena medida maneja el devenir político y económico de esta parte del mundo, Turquía, Arabia Saudí e Irán, en una década deberían haber mejorado sustancialmente su papel económico internacional, cada uno, lógicamente, con sus propias características. El país persa, por ejemplo, vería facilitadas sus perspectivas de levantarse las sanciones occidentales. Además, a este triunvirato se le sumarían Irak, Emiratos Árabes, Qatar y Egipto, quedando excluidos del grupo emergente los países más pequeños o empobrecidos de la zona, como los más meridionales de la península arábiga y los estados del Levante. Se podría pensar que buena parte de estos países están dentro del grupo de los EAGLE por sus hidrocarburos, lo que potencia el crecimiento de forma inusitada. Si bien es cierto que el petróleo y el gas natural han ayudado considerablemente al desarrollo de estos países, especialmente de los arábigos, no conviene olvidar que, siendo conscientes de su dependencia de los hidrocarburos – exportadora en este caso –, las “petromonarquías” están diversificando su economía hacia actividades inmobiliarias, financieras y logísticas – en 2013 el aeropuerto de Dubái fue el 13º en número de pasajeros y 6º en volumen de carga –. En definitiva, terciarizando su economía.

El continente africano, a menudo gran olvidado en las dinámicas de la economía y la política internacional, tiene pocas aportaciones al mundo emergente, pero no por ello menos importantes. De hecho, se estima que el relevo del auge asiático actual lo tomará África, pero entremedias todavía quedan bastantes décadas por ver. Así, excluyendo a Egipto por considerarlo más enfocado a los sucesos de Oriente Medio que a los propios africanos, curiosamente el continente tiene un país emergente por región, algo que conviene tener muy en cuenta. En la zona del Magreb encontramos a Argelia, que ha declarado sus intenciones de convertirse en una potencia regional ahora que Libia se ha venido abajo y Marruecos tiene una orientación claramente “occidentalista”.

En la región subsahariana, y en una posición envidiable, tenemos a Nigeria, que lleva muchos años intentando emerger sin llegarlo a conseguir, y no precisamente por carecer de potencial. Sin embargo, cuestiones como la mala gestión de sus hidrocarburos, el auge de Boko Haram, que ha incendiado el ya empobrecido norte del país y la piratería en el golfo de Guinea son cuestiones de índole transnacional que claramente han desbordado a Nigeria, posponiendo de nuevo su irrupción en el panorama africano. En el extremo sur sí hay perspectivas más halagüeñas con Sudáfrica, si bien su localización geográfica limita en buena medida la proyección exterior del país dentro del continente africano. Por ello, ha procurado insertarse en el nivel global mediante el foro de los BRICS.

Cruzando el Atlántico, en América Latina encontramos la dinámica regional habitual: México y Brasil disputándose el liderazgo mientras una serie de países circundantes complementan el dinamismo económico de la zona. En este caso, las águilas latinoamericanas han mostrado evidentes signos de flaqueza en materia económica, incapaces de soportar una carrera de fondo en parte por las fuertes desigualdades existentes, la conflictividad social y, en el caso de México, la fragilidad del propio Estado. Del mismo modo, es igualmente interesante ver cómo los países más potentes de la Alianza del Pacífico se posicionan como referencias de futuro, algo que unido a un larguísimo “quiero y no puedo” de Argentina, acabarían conformando la ruptura latinoamericana con una cara mirando al Pacífico y otra al Atlántico.

Una larga transición

El destino de todo lo que ahora son emergentes, sean de primera o segunda categoría, es convertirse de aquí a unas décadas en países económicamente similares a lo que hoy día son los países desarrollados o industrializados. Y ese avance económico debería traer consigo más cambios en la demografía, la cultura e incluso la política de los emergentes de hoy. Así pues, no todo se limita al concepto crecimiento, sino que sería mucho más adecuado hablar de “cambio”.

Para 2024 se estima que esta treintena de economías emergentes crezcan a un ritmo del 5,5% anual tras haber superado el bache de la actual crisis global, una recesión que si bien se ha notado especialmente en los países desarrollados, también algún estado de la periferia ha sufrido sus efectos. Por el contrario, el Norte no conseguirá repuntar demasiado, estabilizando su crecimiento en torno al 2,2% en la próxima década, unas cifras bastante alejadas del vigor económico. De hecho, ese diferencial que durante tanto tiempo ha sido y será sostenido a favor de los emergentes provocará que en poco más de cuatro décadas el peso internacional de uno y otro grupo se revierta. Así, si en 1980 el conjunto de los actuales emergentes suponían un 44% del PIB global en PPA frente a un 56% de los desarrollados, en el año 2007-2008 ambas proporciones estuvieron parejas para, desde entonces, iniciar un lento avance a favor de los emergentes, que en 2024 debería ser de un 64% a su favor, en contraste al 32% de los países desarrollados.

cambioordenmundial

No obstante, los factores principales que motivarán dicho crecimiento serán principalmente internos, y no promovidos – o no tanto – por cuestiones como la deslocalización o la venta de commodities en mercados internacionales. Así, será el vertiginoso auge de la clase media, la reducción de la pobreza y la desigualdad y la sustancial mejora de la educación lo que promueva el desarrollo económico de estos países.

Analizando el concepto de clase media, el BBVA lo define por ser un segmento con ingresos anuales de entre 5.000 y 40.000 dólares en PPA, si bien el grupo que con diferencia se dispara es el de la clase media baja – de 5.000 a 15.000 dólares de renta –. Dicho despegue comenzaría, según las previsiones de la entidad bancaria y el FMI, en el año 2000, momento en el que apenas había 1.200 millones de integrantes de las clases medias en los países emergentes del mundo, coincidiendo además con el cénit de las clases empobrecidas con cerca de 3.600 millones de personas. A partir de entonces, la clase media empieza a aumentar su peso relativo a medida que el estrato más desfavorecido ve aumentar sus ingresos, pasando a formar parte de la clase media-baja. Así, en la actualidad, habría unos 3.000 millones de individuos de ingreso medio, cifra que aumentará hasta los 4.200 millones aproximadamente de aquí a diez años.

Clases medias emergentes

Este milmillonario aumento es causa y a la vez consecuencia de la reducción de la pobreza en el mundo de manera ininterrumpida durante las últimas décadas. A esto se le suma el hecho de que la extrema pobreza – vivir con menos de 1,25$ al día –, si bien permanecía en un 17% de la población mundial sufriéndola en el año 2011, lo cierto es que algunas regiones históricamente sensibles a este fenómeno se encuentran cerca de su erradicación, como Asia-Pacífico, que ha pasado de un 35% en el año 2000 a un 8% en 2011, o América Latina y el Caribe en un 5%, la mitad que la década anterior.

Responsable de todo este proceso de desarrollo es en buena medida la zona oriental de Asia, también por ser el gran centro demográfico del planeta. Así, la salida de cientos de millones de personas de la pobreza en países como China, India o Indonesia tiene un claro efecto arrastre a nivel global – de hecho desde Asia se incorporarán 2.600 millones de personas a la clase media en el primer cuarto de siglo XXI –, sin menospreciar los sustanciosos avances que también se han producido en otros países emergentes tanto de la región asiático como del mundo.

De este auge de las clases medias en el Sur en general y en Asia en particular, se derivarán dos cuestiones importantes: un desplazamiento de la demanda global hacia esos países, hasta ahora más productores-exportadores que consumidores-importadores y un empoderamiento de las estructuras estatales gracias al aumento de la recaudación, lo que en teoría derivará en una mejora de la educación, la salud, las políticas sociales y las infraestructuras de estos países emergentes. Este reforzamiento de los estados puede a priori parecer positivo, pero lo cierto es que dados los escenarios en los que se desarrollarían, la nueva situación no está exenta de riesgos.

Un mundo en plena ebullición

La unipolaridad estadounidense posterior a la Guerra Fría parece diluirse a marchas forzadas, siendo sustituida progresivamente por un escenario multipolar. Ahora bien, y en vista de la cantidad de emergentes con prometedor futuro que podrían erigirse en una o varias décadas, cabe preguntarse si esa multipolaridad no va a derivar en una atomización excesiva del poder a nivel internacional, o lo que es lo mismo, en apolaridad.

Buena parte de la región llamada a emerger en las próximas décadas, especialmente Asia-Pacífico, Oriente Medio y Rusia – considerando su situación en dos continentes – es a la vez una de las más conflictivas de la actualidad en el sentido más amplio de la palabra. A cuestiones de índole geopolítica se le suma malestar social y político, amenazas transnacionales de tipo terrorista y dependencias económicas importantes, especialmente de recursos naturales. Así, el surgimiento de este Sur global no va a ser ni mucho menos pacífico.

La región de Asia-Pacífico, que casi se puede extender hasta el Índico para el tema que nos ocupa, va a ser una habitación demasiado pequeña para tantos deseos de expansión. Así, la centralidad china y sus deseos hegemónicos sobre la vecindad van a chocar irremediablemente con los otros emergentes en todas direcciones. Así, y como consecuencia de la carrera armamentística que vive la zona de Extremo Oriente, Japón ha decidido dejar progresivamente de lado su impuesta neutralidad para contrarrestar los cada vez menos disimulados intentos de China de acaparar recursos y territorios, por pequeños que estos sean. Y es que dentro de esa misma zona, la cuestión de las islas Spratly y en general de todo el Mar de China es crucial, con hasta cuatro países emergentes – además de Taiwan – implicados en uno de los puntos más calientes del mundo actual. Todo esto sin incluir un más que probable despliegue político y económico estadounidense en dicha región una vez termine sus eternos compromisos en el Gran Oriente Medio.

Pero es que también la zona del Índico es otro polvorín. Al sexagenario conflicto en Cachemira, que en la actualidad está muy lejos de resolverse satisfactoriamente, se le suman las amargas relaciones de India con sus vecinos chinos del norte, con el recuerdo de una guerra y la indefinición actual de unas fronteras que no calman a ninguna parte. En los mares circundantes, más de lo mismo, con China abriéndose hueco en su estrategia del Collar de Perlas mientras los indios tratan de recomponer el creciente desequilibrio que está creando Pekín mediante el reforzamiento de sus islas de Andamán y Nicobar, un punto absolutamente crucial en la situación geoestratégica de Asia-Pacífico.

En Oriente Medio la situación es peor si cabe. La irrupción del Estado Islámico en Irak y Siria amenaza con diluir ambos estados. De hecho, habrá que ver si en próximas actualizaciones Irak mantiene su estatus de EAGLE, ya que el debilitamiento del propio estado y la economía iraquí, así como la posible escisión del Kurdistán, harían inviable no ya su condición de águila, sino también pertenecer al nido. A cambio sería Irán el que subiese de rango, aupado por el fin de las sanciones occidentales y por el aumento de su influencia en Irak y la órbita chií, alimentando todavía más su particular pulso con Arabia Saudí y sus estados afines.

Y es que la resaca de las primaveras árabes todavía se hace notar. Esto, unido a otros factores como la propagación del Estado Islámico y sus filiales han incendiado también buena parte de la región del Magreb y el Sahel. Libia es un estado fallido, Egipto tembló de tal manera que acabaron recurriendo a otro golpe de estado – y perdió además su condición de EAGLE – y el terrorismo yihadista se ha extendido por la mitad septentrional de África con efectos devastadores, algo que será un importante reto tanto para los débiles estados de la zona como para aquellos que deseen despuntar, caso de Argelia.

La década venidera se plantea por tanto tan apasionante como inestable. El mundo va a cambiar de manera muy rápida y a gusto de muy pocos. Nuevos actores, nuevas dinámicas y nuevos centros de poder se abrirán paso en una etapa sin ningún parecido a otra vivida en el mundo. Los EAGLEs, tan prometedores como volátiles, tendrán buena parte de responsabilidad en ello.

MÁS INFORMACIÓN: Informe Anual 2015 EAGLEs

Acerca de Fernando Arancón 76 Articles

Nacido en Madrid, en 1992. Graduado en Relaciones Internacionales en la UCM. Máster en Inteligencia Económica en la UAM. Analista de Inteligencia. Especialista en geopolítica y entornos estratégicos. Twitter: @Feraru92

Contacto: Twitter

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