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Ecuador, ¿extracción de recursos o extractivismo?

De manera general, podemos señalar que el siglo XX para América Latina resultó ser un periodo histórico de acomodo estructural geopolítico, respecto a la proyección mundial que la Doctrina Monroe determinó para la región. No obstante, las contradicciones propias de un proceso de tal envergadura, posibilitaron la generación de un movimiento social de resistencia a los distintos estadios por los que transitó el continente. Dicha resistencia, mantuvo cierta homogeneidad hasta los años 60, con respecto al marxismo de procedencia soviética, como matriz teórica de las organizaciones de izquierda que fueron articulándose en los distintos países, situación que con el surgimiento de las Revoluciones China y Cubana, así como los posteriores acontecimientos históricos como Mayo 68, el movimiento hippie, la “década perdida”, la caída del Muro de Berlín y finalmente el levantamiento de los zapatistas, fueron ‘diversificando’ a la izquierda hasta convertirla en un umbral ideológico variopinto que, en los albores del siglo XXI, obligó a la academia y a las organizaciones sociales a concebir las izquierdas.

Precisamente, en medio de las disyuntivas teóricas y prácticas de las izquierdas, los primeros años del siglo XXI han resultado cruciales para latinoamérica, en cuanto a la consolidación de lo que genéricamente se ha denominado “gobiernos progresistas”, que a breves rasgos se han planteado a nivel regional la construcción, por distintas vías y a distintos ritmos, de una agenda heterodoxa en cuanto al manejo político y económico de sus países, lo que ha generado una polarización de las izquierdas respecto al respaldo u oposición a estos proyectos “alternativos”.

Así las cosas y a tono con los progresismos latinoamericanos, el proceso político del Ecuador desencadenó en el emplazamiento de la Revolución Ciudadana, como único proyecto político a largo plazo, que ha logrado mantenerse y ser ratificado plebiscitariamente por las y los ecuatorianos desde el “retorno a la democracia”.

En el Ecuador, como sucede con la mayoría de los gobiernos progresistas, uno de los temas nodales dentro de la discusión entre las izquierdas ha sido la perspectiva y las políticas concretas respecto al usufructo de los recursos naturales; posiciones que han decantado en dos argumentos centrales y mutuamente antagónicos:

– Desde el gobierno: La extracción y aprovechamiento de los recursos naturales es el mecanismo para la superación de la pobreza y la desigualdad, así como la garantía de derechos ciudadanos.
– Desde la oposición de izquierdas: El gobierno ha profundizado el esquema extractivista, que profundiza las asimetrías sociales y no permite salir del esquema primario exportador.

MÁS INFORMACIÓN: El extractivismo

Posiciones políticas frente al extractivismo

Esta disyuntiva, es abordada por Boaventura de Sousa Santos (2014), que señala que “los intelectuales de América Latina (…) han cometido dos tipos de errores en sus análisis de los procesos políticos de los últimos cien años, sobre todo cuando contienen elementos nuevos, ya sean ideales de desarrollo, alianzas para construir el bloque hegemónico, instituciones, formas de lucha, estilos de hacer política. (…) El primer error ha consistido en no hacer un esfuerzo serio para comprender los procesos políticos de izquierda que no encajan fácilmente en las teorías marxistas y no marxistas heredadas. (…) El segundo tipo de error ha consistido en silenciar, por complacencia o temor de favorecer a la derecha, las críticas de los errores, desviaciones y hasta perversiones por las que han pasado estos procesos, perdiendo así la oportunidad de transformar la solidaridad crítica en instrumento de lucha.”

Para el caso ecuatoriano, se identifican la comisión de ambos tipos de errores, que podemos adjudicarlos a la oposición los primeros; mientras que a la izquierda dentro del gobierno los segundos.

En el marco de una disputa respecto a la conformación, y necesario control hegemónico, de un campo popular desde las izquierdas, la extracción de los recursos minerales, que son propiedad de las y los ecuatorianos, ha sido ubicada como solución o como problema dependiendo del sector que provenga. A pesar de lo antagónico de las posiciones, existen coincidencias: el constante uso de argumentos performativos y conclusiones apriorísticas; características que han configurado un contexto aporético de disputas netamente dogmáticas e ideologizadas.

A continuación presentamos los argumentos expresados por la oposición, en los que es posible apreciar lo señalado anteriormente. Pablo Dávalos (2014), quien en su texto “No podemos ser mendigos sentados en un saco de oro”: Falacias del discurso extractivista, a partir de análisis económicos establece conclusiones tales como:

El gobierno de la Revolución Ciudadana ha sido el régimen político que más ha invertido en salud y educación, qué duda cabe, empero este gasto cumple un rol político preciso al interior de la dinámica extractiva al legitimarla y posibilitar su expansión y consolidación (Dávalos, 2013: 191)

En la misma línea, Alberto Acosta (2009), señala como parte la Maldición de la Abundancia:

La miseria de grandes masas de la población parecería ser, por tanto, consustancial a la presencia de ingentes cantidades de recursos naturales (con alta renta diferencial). Esta modalidad de acumulación no requiere del mercado interno e incluso funciona con salarios decrecientes. No hay la presión social que obliga a reinvertir en mejoras de la productividad. El rentismo determina la actividad productiva y por cierto el resto de relaciones sociales. Estas actividades extractivas –petrolera o minera– promueven relaciones sociales clientelares, que benefician los intereses de las propias empresas transnacionales, pero impiden el despliegue de planes de desarrollo adecuados (Acosta, 2009: 12)

Por su parte, el discurso oficial, representado por el Presidente Correa, en varias ocasiones ha utilizado argumentos como:

“Los recursos naturales hay que usarlos bien”, dijo el Jefe de Estado, al tiempo de explicar que se trata de decisiones complejas, pero que para poder tener buenos colegios, viviendas y conseguir el desarrollo de las comunidades de la Amazonía, en especial, es necesario recurrir a la explotación de la minería, con responsabilidad ambiental .

“Vamos a desarrollar una minería social y ambientalmente responsable”, aseguró, al tiempo de destacar que más dañina y contaminante es la minería a menor escala, por cuanto no sigue lineamientos técnicos y ambientales. (…) “Hemos tenido un gran costo político y social, y lo que hemos avanzado es muy poco. Nosotros, en nuestra actitud transparente, dijimos, desde 2009, vamos a desarrollar la minería. La consecuencia: un poco de ‘tirapiedras’ oponiéndose,  distorsionando noticias, afortunadamente son pocos” .

Se observa cómo por ambas partes se exponen criterios sumamente generales, en los cuales se desvanece, en apariencia, cualquier circunstancia determinada o voluntad política con capacidad para actuar de forma distinta; siendo imposible poder hablar de extracción de recursos naturales como mecanismo válido para la cobertura de necesidades de los ciudadanos, ni tampoco habría como hablar de financiamiento del gasto público por fuera del rentismo producto de la extracción.

MÁS INFORMACIÓN: Extractivismo en el Ecuador del S.XXI

unnamed_fullOtro de los conflictos que se generan en la confrontación de este tipo de argumentos, es que la politización del tema se realiza en función de las subjetividades y de las capacidades mediáticas de colocar a la extracción de recursos naturales como asunto público, que además reifica elementos más amplios de la política como son la necesidad de generar alternativas económicas efectivas al neoliberalismo, considerando la realidad y capacidad concreta del país en medio de un contexto capitalista neoliberal.

Por otra parte, el enfrentamiento de posiciones respecto a la política extractiva, colateralmente ha generado una disminución del nivel de debate, en términos conceptuales, ya que categorías como “protesta” se traducen en “tirapiedras”, mientras que “aprovechamiento social de recursos naturales” supondría un entreguismo a las transnacionales y al imperialismo.

Finalmente, la consecuencia de esta disputa ha conformado colectivos ciudadanos, al estilo hinchadas deportivas, que han desplazado la necesaria discusión respecto al modelo social que se impulsa en Ecuador, colectivos que se encuentran entre un ambientalismo radical, que desvía la mirada de conflictos sociales históricos generadores de marginación e injustica estructural; y una vía unívoca de modernidad del siglo XXI que se sostiene en la lógica costo beneficio cortoplacista.

Ante esto, las expectativas para las izquierdas se vuelven cada vez más limitadas, pues si desde el Gobierno se sostiene la dinámica del rentismo, solo se logrará una progresiva reinserción al esquema neoliberal, por fuerza de las condiciones históricas y económicas de nuestro país, a pesar de que los esfuerzos no se hayan orientado a eso; o construiremos discursivamente, desde la oposición de izquierdas, una sociedad postcapitalista, incapaz de sostener la materialidad de una empresa como esa.

INTERESANTE: El buen vivir más allá del extractivismo (Eduardo Gudynas, 2009)

Como conclusión: La bifurcación antagónica de las izquierdas respecto a la Revolución Ciudadana y su política extractiva, ha terminado por excluir del debate una de las características fundamentales de la izquierda, la consideración de la relación de clases como eje central para la construcción de la política, así ambas propuestas se configuran, como Bensaid (2012) señala: “versiones actualizadas del “socialismo burgués” predicado por “filántropos humanitarios”, dedicados a organizar beneficencia y proteger a los animales” (Bensaid, 2012: 25).

Consideramos que como parte de una posible vía para promover un acercamiento entre las izquierdas –que ambos sectores reivindican y que hablan de socialismo como objetivo de su accionar–, podemos utilizar lo que sugiere Boaventura de Sousa, “La transición al postextractivismo se hace con cierto postextractivismo y no con la intensificación del extractivismo. El capitalismo, abandonado a sí mismo, sólo conduce a más capitalismo, por trágicas que sean las consecuencias” (de Sousa Santos, 2014). Teniendo en cuenta a la vez la necesidad de, “reconocer que la patria de todos tiene en sus raíces una injusticia histórica que está lejos de ser eliminada y que es trabajo de todos eliminarla gradualmente” (de Sousa Santos, 2014).

MÁS INFORMACIÓN: Ecuador, del extractivismo al neo-extractivismo

Acerca de Diego Vintimilla 4 Articles

Ecuador. Licenciado en Filosofía (Universidad de Cuenca, Ecuador) Estudiante de Maestría de Relaciones Internacionales (Instituto de Altos Estudios Nacionales Ecuador). Asambleísta de la República del Ecuador 2013-2017.

Contacto: Twitter

2 comentarios en Ecuador, ¿extracción de recursos o extractivismo?

  1. Muy buen artículo. Es un debate muy complicado hasta que punto es justificable prolongar las acciones propias del capitalismo neoliberal para justificar el desarrollo de políticas sociales. Sin embargo, en relación a este país creo que se omite un detalle. Me refiero al enorme esfuerzo que está realizando Ecuador invirtiendo en el sector educativo, tratando de orientarse hacia la “economía del conocimiento”, y tratar de paliar la gran dependencia económica que tiene la nación respecto del crudo. Es decir, el propio Estado reconoce que están encadenados al petróleo, y trata de estudiar alternativas invirtiendo en las mentes, eso si, utilizando para ello el dinero procedente del oro negro, que a su vez tiene un impacto ambiental muy negativo. Gobiernos de izquierdas al servicio del capitalismo? o capitalismo al servicio de la gente? difícil debate.
    Ánimo chicos, da gusto leeros.
    Un saludo.

  2. Qué gracioso.

    En Ecuador se están dando cuenta de que el Estado del Bienestar cuesta mucho dinero y que el dinero hay que producirlo ¿Y no se había enterado hasta ahora?
    Éticas o no, las políticas del gobierno son coherentes. Si quieren iniciar un proceso masivo de burocratización para consolidar un Estado Social necesitan capital permanente y una actividad económica considerable. Eso de dejar la mitad del país (que ya de por sí es pequeño) como reservas naturales para nativos es incompatible con el Estado del Bienestar.

    Que elijan.

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