Europa Política y Sociedad

Europa y su regreso al futuro: el avance de la extrema derecha

Europa y su regreso al futuro: el avance de la extrema derecha
Seguidores de Amanecer Dorado se manifiestan en Atenas en marzo de 2015. Fuente: Wikimedia

Al calor de la crisis económica que está viviendo la Unión Europea, distintos grupos y partidos de extrema derecha que hasta ahora tenían una representación minoritaria, casi marginal, están viendo cómo ganan peso gracias al descontento popular y al rechazo del sistema político.

A mediados de la década de los años treinta del siglo pasado, en Europa había más dictaduras que democracias. Todas ellas, acorde a la situación de la época, eran enormemente nacionalistas y tenían poco apego a las libertades que hoy se disfrutan en esos mismos países. Con la excepción de los checoslovacos, el resto de europeos del centro y del este vivían en autocracias, con los máximos exponentes de la Alemania nacionalsocialista y la Italia de Mussolini. 80 años después, han revivido viejos fantasmas del continente como consecuencia de los resultados de los comicios al Parlamento Europeo. Algo que se creía bien enterrado en la cultura política europea como eran los pensamientos y los partidos de extrema derecha ha resurgido en los últimos años, con la correspondiente preocupación de las sociedades democráticas que, ahora sí, dominan la vida de Europa.

Dictaduras Europa 1930
Hasta 17 países europeos constituían dictaduras durante los años 30. Fuente: La Historia con Mapas

Un fenómeno ignorado

El 11 de octubre de 2008 Jörg Haider, gobernador de Carintia, una región al sur de Austria, moría en un accidente de tráfico. Aquel hecho fue especialmente llamativo en los medios de comunicación europeos, dado que el político nacido en Klagenfurt formaba parte del partido Unión por el Futuro (BZÖ por sus siglas en alemán), un partido de extrema derecha xenófobo y cuyas simpatías por algunos elementos y políticas del régimen de Hitler dejaba clara su posición respecto a ciertos temas. Solo dos semanas antes, el BZÖ y un partido de la misma tendencia, el Partido de la Libertad, habían cosechado un 30% de los votos en las elecciones parlamentarias austriacas. Aquella mezcla de Austria y extrema derecha sorprendió y alarmó a partes iguales. A pesar de que la crisis económica mundial había estallado el mes anterior, partidos abiertamente extremistas ya se habían hecho con casi un tercio del poder parlamentario en un país que se creía avanzado en cuestiones democráticas como era Austria.

Para ampliar: “Austria, a las puertas de la revolución”, Diego Mourelle en El Orden Mundial, 2017

A partir de ahí, el fenómeno de la extrema derecha empezó a expandirse por Europa al mismo ritmo que se hacía más visible para la opinión pública de muchos países. Se estaba reproduciendo un fenómeno que hacía muchas décadas que no tenía esa proyección en el continente. Ya existían partidos extremistas en bastantes países europeos, pero siempre habían tenido un apoyo muy bajo en las elecciones y una presencia política marginal; sin embargo, ahora se empezaban a inflar a medida que la crisis iba arreciando. Formaciones como el Frente Nacional en Francia, el Partido de la Independencia del Reino Unido (conocido como UKIP), Amanecer Dorado en la maltrecha Grecia o el Jobbik húngaro empezaban a ser nombres comunes en los oídos de muchos ciudadanos.

Los partidos tradicionales, fuesen populares, democristianos, socialdemócratas, socialistas o liberales, habían perdido cada vez más terreno como consecuencia de su mala gestión de la crisis y el desencanto popular que esta provocaba sobre el sistema político y sus partidos, lo que dejaba un hueco que con enorme habilidad comenzaban a ocupar estas formaciones con un discurso simple y directo, aunque potencialmente peligroso para las democracias europeas. Seis años después de que Haider desapareciese, la burbuja se sigue hinchando sin saber cuándo ni cómo parará.

Fuente: Heber Longás (El País)

Un mensaje que no envejece

El declive de la economía real y la ausencia de soluciones para atajar la sangría del empobrecimiento se han debido fundamentalmente a la incapacidad política para diseñar soluciones efectivas y el hecho de que muchas de esas soluciones tenían que pasar por el consentimiento de la mayoría de los 27 países miembros de la Unión. La inexistencia de una vía cooperativa y los deseos de refugiarse cada uno bajo su alero a esperar que pasase la tormenta han sido vistos por un gran sector de la sociedad europea como una muestra de incapacidad y una confirmación de la ineficiencia de ciertos mecanismos de actuación comunitarios.

Todas estas derivas fatales son el caldo de cultivo perfecto para el empoderamiento de formaciones de extrema derecha, para las que estas situaciones de desafecto, preocupación y hasta desesperación suponen el terreno en el que mejor se mueven. Soluciones mesiánicas que apelan al sentimiento, a la unidad de un grupo —a menudo, la nación— contra un enemigo común y externo; desde que el nacionalismo irrumpió en Europa a principios del siglo XIX, este tipo de arengas han sido una constante que le han dado al continente más disgustos que alegrías.

Por norma general, las herramientas que estos partidos políticos usan para recorrer el camino hacia el poder no son demasiado variadas, pero sí efectivas. Lo primero es encontrar una amenaza para el grupo mayoritario al que se dirige el discurso de estos partidos, que viene a ser, salvo contadas excepciones, la práctica totalidad del censo —tradicionalmente han sido grupos minoritarios con los que se puede establecer rápidamente una distinción entre nosotros y ellos, tanto visual como identitaria—. En este proceso de diferenciación, los inmigrantes son, por norma, los primeros en convertirse en esa amenaza para los partidos de extrema derecha. En muchos países europeos, se han ido conformado con el tiempo importantes sectores poblacionales de inmigrantes que, mejor o peor integrados en su nuevo país, participan en la vida económica, social y política del mismo. Sin embargo, argumentos fáciles, simplistas, como el manido “Vienen a quitarnos el trabajo” o “Se llevan todas las ayudas sociales” calan con rapidez en las clases trabajadoras y medias del país. Así se consigue que ese grupo, el de los inmigrantes, sea demonizado por la mayoría de la población bajo unos pretextos poco elaborados, pero muy fáciles de asimilar. Si a esto le añadimos distinciones de tipo racista o etnocentrista de manera sutil y moderada —pocos partidos se atreven a hacerlo de manera descarada—, el cóctel es una bomba de relojería.

El sentimiento antiinmigración se sitúa por encima del 25% en diversos países de la Unión. En algunos de ellos se aproxima o sobrepasa incluso la mitad de la población. Fuente: Statista

Tampoco es que los inmigrantes sean el único recurso de este tipo de partidos e ideologías. Es fácil echar mano de ellos porque en la práctica totalidad de los países europeos existen comunidades extranjeras lo suficientemente grandes como para poder intentar convertirlos en peligro nacional. A pesar de ello, el espectro de “enemigos potenciales de la nación” también puede ser extendido a otros grupos. En Hungría, al no haber demasiados inmigrantes fácilmente distinguibles de los húngaros —como africanos o asiáticos—, el Movimiento por una Hungría Mejor (más conocido como Jobbik), tercera fuerza política en el país, ha concentrado sus esfuerzos en perseguir a los gitanos y judíos —en Hungría hay 700.000 gitanos y unos 100.000 judíos—, ya que considera que, además de no ser racialmente equiparables a los húngaros, fomentan la delincuencia y son un núcleo de pobreza en el país.

Para ampliar: “Jobbik, ultras húngaros a la caza de gitanos y judíos”, Silvia Blanco en El País, 2013

Ser musulmán también es un riesgo para la supervivencia del país y la estabilidad social, según estos grupos. Muchos inmigrantes africanos y de Oriente Próximo profesan el islam y, al llegar a un nuevo país en Europa, siguen manteniendo su fe. Sin embargo, a partir del 11S y con el auge en esa década del terrorismo islamista transnacional en Europa, se ha interiorizado en ciertos grupos y sectores de la población occidental un sesgo negativo hacia los musulmanes. Así, en países donde existen comunidades de musulmanes numerosas —entre el 3 y 6% de la población—, como Francia, Reino Unido, Bélgica o Países Bajos, la baza de la islamofobia ha sido y es habitual para colocarlos en el rol de amenaza para el resto de la sociedad. Además, las previsiones de que la proporción de musulmanes aumente en estos países durante las próximas décadas, al igual que los frecuentes debates políticos en torno a ciertas costumbres del islam como el uso del velo, han alimentado la retórica de los grupos extremistas.

Para ampliar: “El fantasma de la media luna en Europa”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2017

En este camino por encontrar un chivo expiatorio de la mala marcha del país, los inmigrantes y demás grupos étnicos y religiosos han perdido protagonismo en los últimos años en favor de un insospechado actor: la Unión Europea. Desde 2008 y a medida que la crisis fue endureciéndose, el desatino y las fieras condiciones de la Unión para ayudar a los países en dificultades han creado un enorme desafecto hacia las estructuras comunitarias, tanto en el sentir popular como en algunos tramos del espectro ideológico. Así, especialmente en el último lustro, muchos grupos políticos de extrema derecha acusan directamente a la UE de ser una causa fundamental en el deterioro de la economía y la situación social del país. Bajo esta premisa, estos partidos extremistas de derechas proponen disolver la comunidad y volver a una Europa de naciones sin integrar —eurófobos—, mientras que otros partidos pretenden que la integración comunitaria no avance más de lo que ya ha avanzado y, a ser posible, que algunas competencias cedidas por los Estados miembros sean devueltas —euroescépticos—.

La lenta deriva hacia el borde derecho

El fenómeno no ha sido repentino. Sí lo ha sido la sorpresa de sus éxitos, concretados en casi un 13% de asientos en las elecciones al Parlamento Europeo de 2014. El impacto está condicionado al hecho de que son unas elecciones simultáneas en 28 países en un momento concreto, lo cual facilita más el análisis que país a país. Así pues, esas elecciones del 22 al 25 de mayo eran el momento para que todos esos partidos sacasen músculo. Y vaya si lo hicieron. Para muchos, esa noche electoral y el día posterior fueron preocupantes a causa de este auge, pero los resultados de estos partidos no se habían conseguido de la noche a la mañana: venían fraguándose desde hacía tiempo.

Sin remontarse al inicio de los tiempos para analizar la trayectoria y el ascenso de estos grupos, ya en 1999 tenían una presencia pequeña, pero representativa. Por aquel año, en el que las elecciones al Parlamento Europeo a mediados de junio dieron paso a la sexta legislatura comunitaria, el partido de la Unión por la Europa de las Naciones fue el que canalizó toda esa tendencia euroescéptica y extremista. Sin demasiada consistencia, aunó a eurodiputados del Frente Nacional francés o el Partido Popular Danés para formar una plataforma que daría resultados en los comicios siguientes.

En 2004 la recién inaugurada Europa de los 25 tuvo que decidir acerca de la composición parlamentaria. Por aquella época, los partidos de extrema derecha habían tenido cierto acogimiento en bastantes lugares. Solo dos años antes, Francia se había convulsionado al comprobar cómo Jean Marie Le Pen, líder del ultraderechista Frente Nacional, había conseguido pasar a la segunda ronda de las presidenciales galas tras superar por unas décimas al candidato socialista. El frente que se formó para que no ganase el ultraderechista y sí Jacques Chirac, el candidato de centroderecha, fue un cierre de filas de la sociedad contra este tipo de partidos. Del mismo modo, desde ese mismo año llevaba en vigor el euro, que en los primeros instantes causó cierta inflación en muchos países; la presión inmigratoria había sido bastante fuerte en el sur y el este del continente y la adopción de la libertad de movimientos en una ampliación hacia el este que se concretó un mes antes de las elecciones hizo que los recelos en cuanto a las políticas conciliadoras de la UE aumentasen.

Los diez nuevos países en integrarse favorecieron el empoderamiento de la extrema derecha. Por lo general, eran países que habían estado tutelados bajo el poder soviético durante medio siglo y, una vez libres de ese bloque, se habían producido movimientos identitarios muy fuertes, siempre buscando su singularidad como nación, bien fuese por su Historia, su cultura o su religión, por lo que en su reentrada en un bloque como la Unión muchos votantes del este europeo optaron por una opción que luchase por mantener esa identidad nacional.

Con esta situación, los resultados de estos partidos fueron francamente notables. El partido Independencia y Democracia, liderado por Nigel Farage, consiguió 37 eurodiputados con una mezcla de los parlamentarios del británico UKIP o la Liga de las Familias Polacas, que se vieron complementados por la ya comentada Unión por la Europa de las Naciones, que casi duplicó su representación gracias a las aportaciones de la Alianza Nacional italiana y a los polacos de Ley y Justicia. A estos dos grupos se le sumaron además partidos que iban por libre dentro del grupo de los no adscritos, donde es habitual que habiten este tipo de formaciones al no encontrar cabida en los grandes partidos políticos a escala europea. Aquí se situaron desde el Frente Nacional de Le Pen hasta los nacionalistas flamencos o un partido italiano liderado por la nieta de Mussolini. Juntando a todos, hicieron 87 eurodiputados, solo uno menos que la tercera fuerza política en la Eurocámara, el Partido de los Liberales y Demócratas, a pesar de que por separado los euroescépticos habían obtenido tres puntos más de voto que los liberales europeos.

En los años sucesivos, más partidos de toda Europa se fueron adhiriendo a esta ideología. Si bien no ganaron en votos ni eurodiputados para 2009 —de hecho, perdieron casi la mitad de los asientos—, acumularon más formaciones en su seno, de manera que, en el contexto de crisis de por entonces, tendrían cinco años para trabajar a destajo en sus países y así forzar la situación en la que hoy nos encontramos. Además, 2009 aparecerían partidos fundamentales un lustro después, como los Verdaderos Finlandeses, el Partido por la Libertad neerlandés o el Jobbik, sin contar con todo el apoyo posterior de partidos nuevos que aparecerían hasta 2014.

¿Qué futuro tiene la extrema derecha?

Y llegó el día. Entre el 22 y el 25 de mayo, la Unión votó. Y en casi todos los países, desde Alemania hasta Suecia, la opción que basculaba entre el euroescepticismo y el extremismo de derechas estuvo fuertemente recompensada, del eurodiputado neonazi proveniente de Alemania a los uno de cada tres europarlamentarios franceses del Frente Nacional de Marine Le Pen, sucesora de su padre y artífice del éxito de la formación ultraderechista. En los países nórdicos también hubo petróleo para las formaciones más radicales, así como en Austria, Hungría o los ya conocidos neonazis griegos de Amanecer Dorado, que ocuparán tres asientos en la Eurocámara hasta 2019. Y eso sin contar con las opciones fuertemente euroescépticas, como los británicos del UKIP o la moderación que no conocen muchas formaciones de la derecha polaca. Diferenciando dentro de toda esta mezcla de euroescepticismo de derechas, de los 130 podemos considerar de extrema derecha unos 95, lo que supone que un 12,6% de la bancada del Parlamento Europeo estará ocupada por esta opción política los próximos cinco años con eurodiputados de 15 de los 28 países.

La extrema derecha arrasó en las elecciones al Parlamento Europeo. Fuente: AFP

A pesar de estos resultados, la preocupación no reside en el uso que hagan de su poder dentro del Parlamento Europeo —que, rozando un 13% de asientos, tampoco es excesivo—, sino el papel que puedan jugar dentro de la política nacional de sus respectivos países. En ningún país de la Unión gobierna una formación de este estilo, pero no es menos cierto que en los últimos años el voto fluye en aumento hacia ellos. El pulso de mayo de 2014 es solo una parada en el camino, una medición de salud de cara al verdadero objetivo de la extrema derecha: competir en las elecciones locales, regionales y nacionales de sus países. En Reino Unido no es raro encontrar encuestas que posicionan al UKIP como tercera fuerza, una posición fundamental para el próximo que quiera llegar a Downing Street, como tampoco es extraño que el partido de Marine Le Pen en Francia sea el favorito según los sondeos en cuestión de afinidad, por encima de un Partido Socialista sobrepasado por la crisis y que se ha visto obligado a sacar también la tijera para aligerar gastos.

No es fácil predecir qué ruta seguirá este fenómeno. Que ganen poder o lo pierdan siempre estará en manos de quienes meten su voto en la urna. Quizás reflexionar y mirar la Historia del continente bajo este tipo de pensamientos debería ser suficiente para encontrar la solución.

Para ampliar: Entrevista a Marine Le Pen, El Objetivo, 2014

12 comentarios

  1. Los Pueblos que Olvidan sus Historia están condenados a Repetirla

  2. Un buen artículo. ¿Para cuándo uno sobre el avance de la extrema izquierda? Los extremos se tocan y son muy malos.

  3. Excelente articulo!

  4. bla bla bla, prácticamente el discurso que repiten en la TV y un “copia y pegar” de otros artículos sobre lo mismo.
    revela la falta de conocimiento histórico, demuestra la doble moralidad y hipocresía liberal-capitalista al criticar que estos partidos sean legales, ignora la tensión social generada por el multiculturalismo forzado (con sus consecuencias de aumento de inseguridad, record de violaciones a mujeres europeas, etc) y sólo atribuye a algo económico la causa del auge nacionalista, manipula diciendo que Jobbik persigue a los judíos (cuándo ellos se manifestaron anti-sionistas, no anti-judíos), acusa de neonazis a Amanecer Dorado (demostrando que no leyó su programa político), etc. una mierda el artículo, penoso que publiquen esto. De análisis no tiene nada, es repetir lo que dicen los medios privados con intereses claros.

  5. Soy imigrante 22 años y nunca note odio o rechazo hacia mi o mi familia. Hay comentarios sobre los que entran en España igual que yo tengo comentarios sobre estos o Españoles. Creo que si uno respeta pais que le recibio sin exigir que por su llegada cambien su forma de vida y es una persona honrada y trabajadora no tendra nunca problemas de ningun tipo. Es mi opinión sincera

  6. No estoy muy al tanto de qué significaron los sentimientos nacionallitas en los años 30, pero decir que es el mismo fantasma regresando… no me parece acertado.
    La gente que vota al FN en Francia, al AfD en Alemania o al PFÖ en Austria me imagino sienten algo parecido a esto: Teníamos un país, con sus defectos y aciertos, pero una instancia superior (EU) se ha revelado como contraproducente en ciertos aspectos para continuar teniendo ese país.
    Amén de las prédicas de que una Europa del futuro pasa por aumentar ése 5% de musulmanes a un máximo posible. Si hasta el más idiota del poblado ve que una integración, como la puede tener un inglés en Francia por ejemplo (que nunca será completa), es totalmente imposible por parte de ciertos extranjeros en Europa, se preguntará los porqués y no es difícil concluír que lo que se persigue es atomizar el cuerpo social, debilitarlo para que los poderes económicos puedan campar a sus anchas. Tal fenómeno se ve claramente en los adelantados países nórdicos: política agresiva pro renuncia a todo sentimiento de identidad nacional para dar paso a una nueva sociedad multicolor.

    Ahora, hay quien en la urna dice no, yo no quiero esta Europa. Y la Democracia peligra. El fascismo-racismo (nadie ni puta idea de lo que esto es) han renacido.

  7. I el avance de la derecha en España? I de las subenciones estatales que disfrutan determinadas asociaciones? I de las campañas electorales que han hecho algunos que se llaman demócratas para conseguir votos en los barrios ? I del uso del termino nazi que se hace de forma gratuita en las redes contra grupos independentistas i que nadie penaliza? I del consentimiento legal de las organizaciones extremistas que hay en España y que en otros paises estaeian prohibidas? ….

  8. Nunca entenderé el miedo tremendo que algunos le tenéis al “avance de la ultraderecha”, como la llamáis. Algunos de esos partidos son marginales y seguirán siéndolo, otros difícilmente pueden calificarse de ultraderecha si atendemos a su programa (que obviamente no leemos y ni idea de lo que dicen, pero por si acaso, ya vamos clasificándolos en anquilosadas y desfasadas categorías que ya no sirven en las circunstancias actuales), y otros son bastante menos radicales que los de “ultraizquierda”, cuyo “avance” no parece preocupar demasiado a pesar de ser a veces mucho más extremistas en varias de sus posturas (y de que algunas de ellas sí parecen más propias de “ultraderecha” irónicamente, por ejemplo, posturas anticlericales extremas que incluyen agresiones a curas o a sus lugares de culto, o antijudías -los famosos Boicots a Israel y señalamiento de negocios judíos, al más puro estilo de las SS-)

    Lo de criticar que estos (o cualquier otro) partidos sean legales, cuando viviendo en democracia está fuera de lugar que deben serlo (de lo contrario, no sería una democracia), ya me parece el remate del ridículo, pero bueno…Parece que a algunos les gustaría que fueran legales solo los que nos caen bien y nos gustan, olvidando que en una sociedad libre la gente puede pensar lo que le venga en gana (se supone) y eso implica que haya gente que piense como no nos gusta ni nos cae bien.

    Y decir que el islam no es un peligro para la democracia, o dar a entender que eso es solo una parte del discurso de esos partidos para ganar votos a base del miedo, es de una ceguera o de un pelotismo acojonante. Se conoce que por aquí no se está al corriente de las no-go zones de Suecia y Holanda, con la policía aconsejando a mujeres que no vayan a ciertas zonas de la ciudad para no ser agredidas sexualmente. Y no precisamente por los Sorenson y los Larsson de toda la vida, que digamos. ¿Y la “ultraderecha” (o lo que a nosotros nos apetezca tildar de ultraderecha porque no nos agrada lo que piensan determinados partidos políticos) es el mayor problema para la democracia europea ahora mismo? Sí, seguro.

  9. Una noticia de actualidad:

    https://www.msn.com/es-es/noticias/espana/las-mezquitas-se-plantan-ante-la-presi%C3%B3n-del-proc%C3%A9s-para-poner-urnas/ar-AAreNMp

    Menos mal que solo la “ultraderecha” usa el populismo para alcanzar sus objetivos, y menos mal que, como me dijo por aquí alguna vez mi disclaimer personal Nacho, no existen partidos políticos abiertamente islamistas en Europa… XD
    Qué afortunados somos de que solo la “ultraderecha” amenace los valores democráticos y los derechos humanos.